En este número:

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Algo de Historia ...

Los peregrinos y los medicamentos en la Edad Media

Cuando nosotros enfermamos acudimos al médico y este nos prescribe un determinado medicamento. No es una situación agradable, pero contamos con medios para solucionarla.
Cuando los peregrinos enfermaban durante su viaje de peregrinación, en ocasiones recorridos de miles de kilómetros, ¿qué podían hacer?, ¿qué remedios tenían a su alcance para vencer las enfermedades?

En los Boletines anteriores vimos cómo era la asistencia sanitaria medieval. En esta ocasión vamos a hacer un breve recorrido por los remedios.
En este periodo la farmacología era fundamental en la acción terapéutica. La botánica médica medieval siempre estará en deuda con la botánica árabe. Avicena y Averroes transmitieron a través de sus obras sus increíbles conocimientos sobre los fármacos y su actuación en el cuerpo humano.

La elaboración de los medicamentos precisaba no sólo de conocimientos teóricos sino, sobre todo, prácticos. La necesidad de saber mezclar los distintos elementos en las proporciones adecuadas dio lugar al nacimiento de un género muy extendido en la Edad Media: Los formularios médicos. El más famoso, titulado Antidotarium Nicolai, fue compuesto por Nicolás Prepósito en la ciudad italiana de Salerno y se convirtió en la base de toda la farmacopea posterior. Así, los “medicamentos” con los que eran tratados los peregrinos eran fundamentalmente aceites, julepes, esencias, pociones, infusiones, píldoras (compuestas con mezclas de hierbas), polvos y cataplasmas.
El acceso a estas sustancias se realizaba a través de los monjes dedicados a su composición y en los hospitales; sin embargo, el pueblo los conseguía habitualmente  a través de sus curanderos, personajes muy considerados por la población por su poder para aliviar el dolor y, en ocasiones, temidos por su capacidad para provocarlo.
Las farmacias fueron propagadas, como tantos otros saberes, por los árabes; en occidente comenzaron a extenderse por todo el orbe cristiano a partir de las Cruzadas. Las más antiguas se abrieron en Sicilia durante el reinado de Rogelio el Normando, en el siglo XI. Finalmente, tras mucho tiempo de ser confundidos con expendedores de drogas y de especias, en el siglo XIII, los farmacéuticos vieron reconocido y reglamentado su trabajo a través de una Ordenanza. En las boticas medievales la elaboración de los medicamentos se hacía, al principio, exclusivamente con productos naturales (drogas galénicas). Los médicos árabes enriquecieron la farmacopea occidental con los llamados “polifármacos” y con aguas destiladas, emulsiones y jarabes.

Así, por ejemplo, imaginemos a un peregrino que llega extenuado a un monasterio. El monje enfermero le lleva a la sala para visitantes enfermos y, viendo que no tiene nada grave, le recomienda un baño de agua dulce fría para que pueda conciliar el sueño y se recupere de la fatiga provocada por su viaje (longo itinere fatigatis). Si nuestro peregrino hubiera tenido un compañero de cama con problemas respiratorios, el buen monje le hubiera aplicado vapores para que el enfermo aspirara el olor de la planta curativa. El resto de los inquilinos del enfermero serían peregrinos con dolores musculares, tratados con emplastos y cataplasmas.
Cuando los remedios no conseguían sacar adelante al enfermo, se trasladaba al moribundo a una sala especial vigilada por el enfermero, quien firmaba el exitus. En esta sala se administraban los Sacramentos.
El mejor estudio realizado sobre medicamentos medievales es obra de la profesora Dolores Ferre Cano, del Dpto. de Estudios Semíticos de la Universidad de Granada.
e-mail.: dferre@platon.ugr.es

 

 


Webs recomendadas ...

En esta nueva sección queremos ofrecer distintas direcciones de páginas en internet que a nuestro juicio merece la pena servisitadas.En esteSamos boletin haremos mención a la web desarrollada por la Comunidad Benedictina de la Abadía de Samos. En esta página web se quier mostrar un poco de lo que encierra esta Abadía milenaria, tanto en su aspecto monumental como en la vida que llevan los monjes que en ella viven. Deseamos que sea de su agrado.

www.abadiadesamos.com


Curiosidades Jacobeas ...

Hoy presentamos una de las muchas versiones de la leyenda titulada “El gallo que cantó después de asado”.

En un pueblecito perdido de Francia, vivía un piadoso matrimonio que incesantemente rogaba a Dios y a Ntra. Sra. la gracia de tener un hijo, ya que después de tres lustros de vida en común no habían conseguido descendencia. Una noche se les apareció en sueños la Virgen María, quien les prometió el anhelado varón, siempre y cuando al crecer el niño lo llevasen en peregrinación al sepulcro del Apóstol Santiago. Al despertar y contarse su sueño, vieron que era una aparición real de la Virgen y dieron gracias a Dios. A los nueve meses la mujer dio a luz un varón al que pusieron el nombre de Jacobo.
Cuando Jacobo cumplió quince años los padres decidieron que era tiempo de cumplir su promesa a Dios y comenzaron su peregrinación a Compostela.

Santo DomingoLlegados a Nájera, decidieron pasar la noche en una posada. Allí fueron servidos por la jovencísima hija del posadero quien, prendada de la belleza de Jacobo, le asedió durante toda la noche, siendo rechazada por él. Humillada por el desdén masculino, ideó una cruel venganza. Así, mientras Jacobo dormía tranquilamente, entró en su cuarto y escondió en su bolsa de viaje un maravilloso cáliz de oro.
Al amanecer, la familia emprendió su viaje pero, recorridos apenas unos kilómetros, se vieron rodeados por el hospedero, su hija y algunos vecinos que les acusaron del robo del cáliz. De nada valieron las rotundas negativas de la familia ante las insistentes y pérfidas acusaciones de la malvada joven, quien propuso hacer un registro entre las ropas del pobre muchacho. Por desgracia allí estaba la joya sagrada. Sorprendidos e indignados, los vecinos condujeron a la familia ante los tribunales, acusando a Jacobo de robo. La condena fue la muerte en la horca. Al llegar el alba, el muchacho fue ejecutado.

Los padres, incapaces de presenciar la ejecución de su hijo, continuaron su viaje a Compostela. Enloquecidos de dolor ni siquiera se dieron cuenta de que no habían dado cristiana sepultura al cuerpo de Jacobo. Así pues, desanduvieron lo andado y volvieron al pueblo; según se acercaban a la población, el padre clamaba a Dios porque la muerte no le hubiera llevado a él en vez de a su hijo, cuyo cuerpo seguía colgado del patíbulo. Al acercarse al cadáver oyeron, incrédulos, cómo su hijo hablaba y les reprochaba su falta de resignación ante la voluntad de Dios y les narraba cómo se le habían aparecido la Virgen María y el Apóstol Santiago y ambos le habían sujetado amorosamente los brazos y el cuerpo para librarle de la muerte; además le habían alimentado durante los cinco días que llevaba colgado en la horca. Los padres corrieron a dar cuenta del milagro a la más importante autoridad. El hombre, que se encontraba comiendo, se negaba con tozudez a creer en el milagro y, burlándose del prodigio, dijo a los padres que era tan imposible y absurdo lo que contaban como que el pollo que estaba en la cazuela saliera volando. En este momento el pollo alzó el vuelo diciendo:”Prodigioso es el Señor en sus santos”.
Demostrada la inocencia de Jacobo, la joven tuvo que confesar su crimen y ocupar ella el lugar en la horca; sin embargo, los padres del joven intercedieron para salvarla la vida a cambio de que expiara su pecado en un convento. Bajo la protección del obispo, la familia prosiguió viaje hasta Compostela. Jacobo consagró su vida a Dios en acción de gracias por su milagro.

 


Mi Relato ...

Nuestra amiga Mª Victoria Trigo Bello es una excelente narradora. Con el relato que hoy presentamos ganó el accésit del Certamen literario del Camino de Santiago organizado por  IBERCAJA en el año 2004

Dedicado a Sarah,
peregrina canadiense que en el año 2004
recorrió el Camino de Santiago
con la mitad de un par de botas.

TOQUE  DE  VÍSPERAS

Llueve, llueve a plomo, como si la tierra quisiera beberse el cielo entero de la nocturnidad. Llueve como llueve la lluvia del sentimiento y el deseo, la lluvia de un poema para recitar en silencio, la lluvia de un beso interminable a la armonía universal, esa entelequia que, apenas surge la necesidad de encontrarla, va dejando de ser entelequia para transformarse en algo que sigue siendo intangible pero que es absolutamente real. Llueve diluviando un empacho de cascadas, como le han contado que llovía la noche en que ella vino al mundo.

El reloj enseñorea su tic-tac de solista en el salón, despuntando su voz entre el coro de gotas que martillea la calle con su letanía plana. Ella quiere dormir, pero el sueño no aterriza en sus ojos y las sábanas le resultan inhóspitas, como si cada fina puntada de bordado fuera una espina enraizándose en su carne. Está en el tramo final de una víspera que comenzó meses atrás. Dentro de pocas horas, el vértigo de Somport tirará hacia abajo de sus rodillas para cubrir la primera etapa de la ruta jacobea a su paso por el territorio del alto Aragón.Dentro de pocas horas, con o sin lluvia, con sus pies y sus latidos como únicas saetas de su tiempo, comenzará a darse a luz a si misma.
           
Este año, para consumir su periodo vacacional –un periodo que podría constar de todos los días del año, privilegio de una titular de cuentas bien saneadas-, en vez de una documentación de agencia de viajes con programa uniforme para la clientela, tiene en su mesilla una austera credencial. Este año, sus tafiletes de andar en atinado equilibrio social han sido derrotados. Este año, la vida se le ha enriscado en puerto y la esperanza se le ha encapsulado en luna menguante. Los castillos de sus naipes fueron baraja perdedora: la catarata de fracasos apresada en su escenario de disimulos, se precipitó como alud incontrolado. La verdad, la tan temida verdad, que le abofeteó sin clemencia hacía un par de otoños, ha terminado por expulsarla de la lona. Ya no es la “señora de” de un alguien de postín. Ya no es la fina esposa de porcelana de aquel vividor. Ya no es la que era, o la que tenía que haber sido, o la que creyó ser. Ya es nadie en el Olimpo de las vanidades de apellidos de noble cuna y cutre moral. El punto final de aquella farsa fue una separación de mal talante y buen talonario. Luego, tras los ánimos de pacotilla que le brindó el cotilleo más próximo, ya no le quedó nada, nada más que preservar, nada más que aguardar, al menos de aquellas coordenadas de amistades ficticias. ¿Y cuáles eran sus coordenadas a partir de entonces...?

Ahora, vertidas ya las lágrimas que tenía que verter, está en el umbral de comenzar, de inaugurar la vida recompuesta, la vida tejida con los retales de la vida perdida, la vida mal vivida. Cuarenta y ocho años, casi cuarenta y nueve. Demasiada amargura para olvidar, demasiadas ojeras para volver a nacer en el atrio de los cincuenta. ¡Casi medio siglo amortajada en su sociedad de pescadito fresco y cava del bueno...!. Demasiadas mañanas de revisar si el servicio había limpiado la plata o abrillantado el parqué. Demasiadas tardes de buenos modales, de cortesía de leve sonrisa disimulando las telarañas de arruguitas que se prendían a sus labios y por las que desfilaba el exceso de carmín. Demasiados saraos de comadreo, acoso y derribo. Demasiada perfección impuesta, demasiado mundo celestial. Y él se marchó, cuando en realidad ya hacía mucho tiempo que se había marchado de su lado aunque ella no quisiera darse cuenta. O quizás fuera ella quien había desaparecido antes de la escena. Ya daba igual. Los hijos, cada cual con su propio timón, con su propia burbuja, con su propia ausencia en universidades sin mapa, en noches sin horario -sin horario y con muchos más rombos de los que ella imagina-, en despertares esquivos al amor maternal. Los hijos, fotos carnet fundidas en su cartera, con la visa, el documento nacional de identidad y la tarjeta del seguro médico. Los hijos del alma, los hijos que fueron sus hijos, los hijos que ya apenas son una voz ocasional al teléfono. ¡Cómo le duele la mordedura de aquel afecto filial tan tibio y tan esporádico que ya no llega ni a ser fingido...!.

cruz

Y ella frente a si misma. Ella, sólo ella. Hace unos meses, un reportaje de revista progre en la sala de espera del psicólogo -sí, había sucumbido a iniciar una terapia consistente en muchas cápsulas de autoestima combinadas con buenas dosis de monedero para el equipo asesor- colocó ante sus aburridas retinas las imágenes de un camino en el que la gente no tiene sexo, ni edad, ni raza, ni nacionalidad, ni religión, un camino en el que se peregrina con o sin nombre, en el que cada cual se auto-redime de lo que prefiere, en el que las botas son amigas y enemigas, en el que el paisaje se desliza a la velocidad que marca la propia voluntad, un camino que se escribe con mayúscula inicial, un camino que es el Camino...

Aquel día no entró a la consulta. Ya no volvió más por allí. Cambió sesiones de despacho forrado de títulos académicos por lectura de una guía en la que se enlazaban etapas, se aconsejaba dónde pernoctar, qué visitar, sin más crédito o aval que las ganas de escuchar a un vecino que mostraba una iglesia, o que regalaba un bastón, o que ofrecía unos higos. Condenó las llaves del deportivo a permanecer aletargadas en el colgadorcito de la entrada y trocó llantas de lujo por deportivas en sus pies. Así, comenzó a ordeñar kilómetros de pasos y más pasos por las avenidas de su ciudad y por las glorietas de las urbanizaciones de lujo, llegando en ocasiones a rozar las fronteras de barrios alejados. Así, comenzó a cubrir las etapas que no son etapas, pero que indefectiblemente forman también parte del Camino.

río Y así, en aquel cuerpo a cuerpo con la arena del asfalto de su ciudad, fue cómo recuperó los ojos que tenía ocultos, los ojos de observar detalles, los de darse cuenta de lo que dice la parada del autobús escolar, los ojos de entender la piel de los árboles, los ojos de fijarse en las manos que venden pañuelos y limpian parabrisas en los semáforos contra la voluntad de los conductores. Así volvió a poner en su rostro los ojos de mirar a otros transeúntes, los ojos de ser sociable más allá de ambientes restrictivos, los ojos de su íntima humanidad. Así también fue cómo se re-encontró con la jovencita que fue, la que corría detrás del coche de su padre para despedirle cuando se iba a cazar, la chiquilla que a escondidas hacía el pino y saltaba hasta seis peldaños de la escalera del patio cuando se escapaba a jugar con los hijos del jardinero. Así fue cómo, con el faro de esos ojos, comenzó a pensar qué mujer quería llegar ser. Y concluyó que quería llegar a ser, ni más ni menos, que la mujer que realmente era.

Y nunca olvidará que, al comienzo de su catarsis, todavía vistiendo sus manos de impecable manicura, luciendo reloj de indiscutible oro y bañada toda ella en aquel perfume tan caro -que a la luz del día se convertía en una horterada-, aquella dependienta de la tienda de deportes le preguntó si la inmensa mochila por la que se interesaba era para llevar a algún chaval a los campamentos... Y por chaval, más bien querría significar nieto.

Una guía con los albergues, el billete de autobús para ir al punto de inicio de su ruta, un pequeño botiquín, ropa de quita y pon, chubasquero, saco para dormir, toalla tipo gamuza, espartano neceser de aseo, máquina desechable de fotos, bastón de caminante... la vida entera allí resumida, empotrada en aquel cúmulo de estrechez que pesaba más de lo deseable. Y es que le pesaba la vida, le pesaba mucho más de lo que podía soportar. Tenía que mudar de piel, liberarse de protocolos, prescindir de corazas que más que proteger le aislaban del oxígeno y del tacto de la vida misma. Tenía que poner quebradas en su encefalograma plano.

peregrinaSuena el despertador. Suena redundantemente. Apenas ha dormido en la noche de un Getsemaní de olivos mustios. Sí, mustios. Mustios pero con ganas de asomarse a vivir bajo los flecos de lluvia que aún campan robando espacio al sol. Desayuno con dos cucharaditas de azúcar revolucionadas en el café con leche, algo de fruta, unas almendras... Vestimenta de género resistente y basamento de suela recia. Última comprobación de que no se olvida de nada: la riñonera con la credencial, el monedero, la cajita azul de tiritas, el protector labial... Todo conforme. Todo allí, siendo tan poco. Y siendo tan poco, pesando tanto, tantísimo.

Se ha puesto la mochila y desde el rictus de incomodidad que aquel madero de lona impermeabilizada transmite a su gesto -y éste al espejo del recibidor-, sobre sus hombros se despliegan las alas de su Fénix, aunque ella aún no las puede percibir porque todavía no sabe que existen.

Ha pasado ya varios purgatorios, varias lluvias y varias páginas de la credencial. Sellos diversos se solapan entre sí, rebasando casi todos la casilla cuadriculada que les corresponde. Ya conoce las prácticas de drenar ampollas con aguja e hilo. Ya se lleva bien con los tapones para dormir. Ya acierta a la primera para encontrar cualquier cosa en su mochila. Ya lleva la estrella de una flecha amarilla incrustada en su norte, un norte que apunta hacia el oeste.

Ha recorrido las soledades del tránsito de Aragón a Navarra, ha participado del ritual circular de Eunate, ha comido el pan parido en hornos inaugurados cada mañana por los peregrinos, ha bebido el vino de Irache y transitado por los laberintos de vides riojanas, se ha zambullido en el románico de Frómista, se ha convertido en sombra plana en las eternidades sin relieve de Castilla, se ha elevado en el gótico catedralicio burgalés y leonés, ha cruzado puentes de piedras, honras y ríos, ha resoplado en Cebreiro, ha alternado conversación y silencio por soledades y grandes ciudades, salpicando esta amalgama de diálogos de convivencia y monólogos interiores en las huellas que acogían a las suyas propias para fundirlas en los senderos, para postrarlas ante los mojones y cruceros... La frontera que marca los cien últimos kilómetros ha sucumbido esta semana, tras una sucesión de toboganes rompepiernas que se prolongará un par de jornadas más. El Camino ya es un prólogo, un salto a Santiago.

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Su minúscula libreta continúa ganando en contenido: un pensamiento por aquí, otro por allá, el nombre de una ermita, la receta de un chupito de hierbas... un surtido de etcéteras y misceláneas, todo ello retazos de mosaico tan intrascendentes como imprescindibles para mudar la piel de su alma. Raro es el día que no añade algo a ese conglomerado de breves líneas por las que va destilando su sangre muerta, su sangre sin pulso que se ve sustituida por savia lozana y con ganas de estrenar auroras.

Cada hora que pasa nota menos el peso de la mochila. Mujer y carga se han domado recíprocamente. Persona y vida se van compenetrando y el barro de sus orígenes se regenera en el abrazo de una lluvia mansa y fina, una lluvia que acaricia, una lluvia que apenas es lluvia, una lluvia que trae recuerdos pero no impide mirar adelante. Portomarín, Palas de Rei, Arzúa... Ya falta poco.

Así, así llueve casi sin llover en el temprano acostar de los peregrinos. Las gotas son hadas con tacones de agua que bailan sobre el tejado del albergue. En el devaneo de luces y sombras del dormitorio comunitario del Monte do Gozo, el péndulo de su pensamiento se mueve incansable entre la impaciencia y la satisfacción. Mañana llegará a Santiago y sabe que allí, al final del prolongado parto de agridulces etapas, le aguarda la persona que ella realmente es.

Se reacomoda en el saco, de un tacto ya muy familiar para su piel, y sonríe en el preámbulo de entrar pocas horas después, con o sin lluvia, en la plaza del Obradoiro, punto cero de su renovada andadura, la que quiere recorrer montada en las alas de su Fénix, como aquella fémina musical que en la voz de Ana Belén pregonaba que desde su libertad era fuerte porque era volcán y que debía alzar el vuelo aunque nunca le hubieran enseñado a volar.

Y la mujer, ya cisne y gaviota, piensa que a esa misma hora, un ánima desahuciada de la esperanza, una entidad descabalgada de la vida, un alguien al margen de la felicidad, cimbrea su insomnio y ansiedad al ritmo de un reloj que, golpeando su sonido contra una inmensa mochila apostada junto a una puerta, desgrana la víspera de comenzar el Camino de Santiago.

Virgendelmanzano

Y piensa también que en Castrojeriz seguirá Restituto alumbrando las mañanas con cantos gregorianos. Y que en Bercianos se renovará diariamente la lista de entradas y salidas de aquellos por quienes se rogará cada anochecer en varios idiomas. Y que en Acebo tocará Casimiro su música para homenaje espontáneo a la calle y a quien la pueble. Y que en Ruitelán continuarán las manos expertas del hospitalero prodigando masajes a los músculos estresados. Y que en donde sea habrá alguien haciendo ramilletes de flechas pacíficas con cuerpo de vieira y punta de corazón.

Y todo esto lo piensa porque un inmenso botafumeiro cósmico envuelto en tules de inciensos atemporales marca con su ida y su venida el pálpito colectivo del Camino, el pálpito del momento y también el pálpito de la víspera. Y ella en el sosiego conquistado, en el sopor acurrucado en su saco, sabe que siempre lloverá lluvia, que siempre lloverá sol y que siempre lloverá humanidad en el Camino.

 


Noticias destacadas ...

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El Fogón...

logococinaEsta receta ha sido facilitada por la web www.cocinavino.com

POLLO A LA ITALIANA

En esta ocasión presentamos una receta sencillísima y de rápida preparación para las personas que llegan a casa cansadas y sin ganas de elaborar complicadas recetas. Una buena idea para cualquier día de la semana. Igualmente hemos optado por este Pollo a la italiana” porque los ingredientes están presentes en todas nuestras cocinas; el único problema podría representarlo el vino de marsala, pero se encuentra en tiendas especializadas y en las grandes superficies a un precio razonable.

receta Lo que necesitamos:

muslos de pollo, 4 unidades
cebolla mediana, 1 unidad
mantequilla, 50 gramos
ajo, 2 unidades
harina, 1 cucharada
 caldo, 1/2 taza
 tomate concentrado, 2 cucharadas
 tomate natural, 200 gramos
 vino de marsala, 1/2 taza
 sal, 1 cucharadita
 pimienta molida, 1 cucharadita.

Manos a la obra:

Lavamos los muslos de pollo y los secamos bien con papel absorbente o con un paño limpio. Pelamos y picamos la cebolla y los ajos. Colocamos la mantequilla, la cebolla, los ajos y los muslos de pollo en un recipiente de vidrio (o porcelana). Lo introducimos en el microondas y conectamos al máximo durante 10 minutos. A los 5 minutos, los sacamos para darles la vuelta. Comprobamos que estén bien hechos. Sacamos el pollo y lo reservamos.
Añadimos el resto de los ingredientes al recipiente, mezclando todo bien; lo introducimos nuevamente en el microondas; tapamos y conectamos 5 minutos. Mientras se terminan de hacer, pasamos la salsa por un tamiz y cubrimos con ella los muslos de pollo. Introducimos en el microondas y conectamos 3 minutos más, sirviéndolo a continuación.

 


Un segundo de Paz ...

Una extraordinaria novelista francesa, Margueritte Yourcenar, recopiló a lo largo de su vida frases y pensamientos de personajes célebres en todos los campos del saber y del arte y llegó a tenerlo como libro de cabecera. En esta nueva sección intentaremos ofrecerles todo tipo de pensamientos y frases que puedan ayudarles en su vida, tanto en las situaciones cotidianas como en momentos especiales.

HAZ LO NECESARIO PARA LOGRAR TU MAS ARDIENTE DESEO

Y ACABARAS LOGRANDOLO.

(Beethoven)

camino

 


El Rincón del Lector ...

 

Una nueva novela sobre el Camino de Santiago y la influencia de la historia de Navarra en España: “Un puente para el Camino»,de Javier Díaz Húder, quien comenzó a escribir hace diez años y  ahora disfruta como nunca al convertir en profesión su afición de siempre.
Esta magnífica novela fue presentada el día 11 de febrero y está editada por la Editorial Martínez Roca.

libroLa construcción del puente románico que dio nombre a la emblemática localidad jacobea de Puente La Reina es la base de este libro centrado en la importancia del Camino de Santiago y de la historia de Navarra como reino que marcó en buena medida la Historia de España.
Según su autor, en la narración tiene más peso la historia que la ficción pues sus personajes no históricos sólo son un soporte del relato. La novela, que transcurre en el siglo XI, se centra en la figura del monarca Sancho III el Mayor y sus descendientes, reyes asimismo de Castilla y Aragón. A pesar de estas palabras, ha novelado los hechos históricos para evitar el tedio del lector.
Al basarse en la construcción del puente románico más largo de Europa Javier Húder reconoce la influencia del famoso novelista  Ken Follet, autor de “Los pilares de la tierra”, quien para esta obra tomó como base la construcción de una catedral inglesa.
Escribir sobre la localidad navarra en el siglo XI, es escribir inevitablemente sobre el Camino de Santiago que en palabras del autor fue «imprescindible» en la historia de Navarra, Castilla y España. «Por el Camino entró Europa, la cultura, la arquitectura, incluso la construcción de las catedrales y de los puentes».
Esperamos que disfruten con ella.

 


Asociaciones ...

Hoy les indicamos la web de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en la Rioja. Su objetivo es la atención y apoyo al peregrino, así como la conservación, defensa y promoción del Camino en la Rioja.

asociacion

www.asantiago.org


 

Novedades del boletín ...

miniguía

Miniguía Mundicamino

Ya está a la venta en esta página, la mini guía de bolsillo del Camino de Santiago de St. Jean Pied de Port a Santiago de Compostela, dividido en diferentes etapas con gráficos y fotografías, así como los teléfonos de interés para el peregrino. También se incluye en esta guía el tramo aragonés, desde Somport a unirse en Puente La Reina (Navarra)
De reducidas dimensiones y poco peso tan solo 95 grs. y de 15 cm. x10 cm. x 0.7mm.

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Rincón de ofertas ...

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