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Experiencias en el Camino

 

 

Artículo enviado por Manuel Bailén, en su recorrido por el Camino Aragonés, y dedicado a:  Todos/as y cada uno/a de los/as Peregrinos/as y a los/as Hospitaleros/as, con un recuerdo especial para Feli y José Luís.

Viene del Boletín 66

No puedo asegurar la distancia que estuve andando por aquella senda, pero sí puedo asegurar que la misma era muy estrecha, empinada y de difícil tránsito. Cansancio, calor, peso de la mochila, sed, agotamiento y, dolor, mucho dolor en los pies.

1           La carretera se veía cada vez más alejada y yo, me encontraba cada vez más alto y más solo. En estos momentos aparecen de nuevo a mi lado, varias mariposas. No puedo decir que fuesen las mismas de antes. Lo que sí puedo decir, es que me alegró mucho el verlas. A continuación, el cielo se cubrió con un manto de nubes y la intensidad del sol, suavizó su efecto calorífico. Caminé durante algunos minutos más y de pronto, se realizó el milagro. Apareció el albergue de Arrés, y sentados en la puerta del mismo, los dos chicos jóvenes. Bajé una última pendiente y por fin, llegué a mi destino. Al poco rato de mi llegada, se personaron los hospitaleros: el matrimonio formado por Feli y por José Luís.

Feli te recibe con un té frío y su amabilidad. José Luís te recibe con su simpatía, típica andaluza y, su gran corazón.

Tras mi llegada, con rostro también cansado, efectuó su entrada Pepe, -mi compañero de litera la noche anterior en el albergue de Jaca-. Pepe de un pueblo junto a Zafra en la provincia de Badajoz. También callado, prudente y con apariencia de buena persona. Después comeríamos juntos en el único bar del pueblo y nos contaríamos algunas cosas de nuestras vidas, que por otro lado, es algo normal por estos parajes y en estas circunstancias. Finalizada la comida, regreso cuidadosamente al albergue, -pues mis pies no me permitían grandes avances-. A la puerta del albergue, me doy un masaje en los pies y piernas con alcohol de romero, y observo varias vesículas que se me habían hecho. Intento calmar el dolor con la ingesta de paracetamol. Al rato llegan de comer Feli y José Luís, a los que acompañaban los dos chicos jóvenes. José Luis me dice que se había enterado que éramos compañeros de profesión, solo que él estaba en Torremolinos en Cuerpo de distinta dependencia. Observo a José Luis y a Feli y su trato hacia los peregrinos, fueran españoles o extranjeros; chicos o chicas; mayores o jóvenes. Sencillamente extraordinario.

A Dios se puede ver, o se puede sentir, en cualquier momento y a través de cualquier manifestación, tanto personal como no personal, y aunque nuestras mentes hoy por hoy no alcance a entenderlo, a veces pienso, que se necesita de la ocurrencia de cosas “desagradables o no deseadas”, para que como respuesta a esto, se den las manifestaciones deseadas o cuando menos convenientes.
Yo entendí ver a Dios, a través de José Luís y de su esposa Feli. Con su atención, su dedicación, su entrega, su gracia, su humor, etc., hacia todos los que llegamos a aquél oasis en mitad de la nada. Incluso a los que llegaron cuando estábamos a punto de comenzar la cena, que aunque sencilla, fue perfecta, de agradecer, de acogimiento y de hermandad.

También hubo tiempo para asistir en aquel domingo a misa, a escuchar la palabra de Dios, e incluso de comulgar y tomar fuerzas y saciar el hambre espiritual. Después de la misa y de la cena, disfrutamos de una maravillosa puesta de sol sobre los montes Pirineos y sobre el valle del río Aragón. A continuación, visita a la iglesia, donde momentos antes, se había celebrado la misa.

Es curioso cómo a veces, las personas mismas, contribuimos con nuestra “incredulidad supuesta”, o lo que es lo mismo, cómo nos utiliza Dios, para conocerle, e incluso, para reforzar nuestra creencia. Recuerdo aquel peregrino que, momentos antes de la visita citada a la iglesia, portaba en la mano un vaso con algún combinado de bebida, de la cual había tomado esporádicos sorbos. Dejó el vaso en el exterior y  una vez en el interior del templo y escuchando las explicaciones de José Luís, sobre los años de antigüedad del edificio; destino anterior del inmueble; objetos curiosos que habían dentro; la pila bautismal cuadrado separada en su mitad por una pared, etc., este peregrino comenta: “Yo creo en Jesucristo, pues pienso que fue un adelantado a su época, pero no creo en los curas ni en la Iglesia”.

Se produjo en aquel momento un tenue silencio, quedando los allí presentes, unos ocho peregrinos más Feli y José Luís, pensando sobre lo escuchado, pero respetando en todo momento la opinión de cada uno. Fue entonces cuando José Luís le contestó diciendo: “Yo creo que la Iglesia es mucho más que los curas, que los obispos e incluso mucho más que el propio Papa. Yo creo que la Iglesia es, este cura, que de forma desinteresada, se ha desplazado desde Jaca, para dar la misa a un grupo de peregrinos y a dos vecinos del pueblo. La Iglesia es, aquel hombre, -refiriéndose a Vicente Ferrer-, que al igual que otros muchos menos conocidos, han dedicado y siguen dedicando sus vidas a los demás”. Qué lección nos dio a todos José Luís con tan pocas palabras. Pero fue necesario como requisito previo e imprescindible, la manifestación personal de aquel peregrino.

Tras la exquisita experiencia vivida y con un insoportable dolor en las plantas de los pies, -consecuencia de diversas ampollas-, me retiré al albergue, me preparé las cosas para el día siguiente y tras dar gracias a Dios por el día vivido y por lo aprendido, intenté coger el sueño, cosa que conseguí tras larga espera.

2El tercer día llegó con las mismas dichas y desventuras que los días anteriores, esto es, dolor corporal, pero con una inmensa dosis de ilusión. Tras las curas previas de los pies, desayunar, realizar unos estiramientos y por último, la  despedida de José Luís con un sincero agradecimiento, comienzo a bajar la fuerte pendiente, pues la interminable subida del día anterior, para llegar al albergue, había que bajarla por la mañana. Una vez en la zona más o menos baja, el trazado continúa por un camino de tierra y chinas, pero más o menos aceptable. Se sigue durante varios kilómetros, llegando a la cercanía con la población de Martes, no llegando a entrar en la misma, pues el camino discurre circunvalándola. Se continúa unos kilómetros más, llegando igualmente a las cercanías de la localidad de Mianos, no entrando el trazado tampoco en este pueblo. Cruzo el cauce de un riachuelo con muy escaso caudal de agua, sorteando a través de piedras colocadas al efecto, el meter los pies en el agua. Continúo con mis kilómetros, mi calor y lo más acuciante, mi supuesta soledad.

Sobre las once de la mañana, llego a un cruce de carreteras, a unos escasos cincuenta metros de la localidad de Artieda. Miro las alternativas de carreteras, las indicaciones en los postes de madera, la hora, el calor, el cansancio, observo cercana una cabaña vieja y abandonada en la dirección y sentido del camino hacia Ruesta (destino de etapa), y decido dirigirme hacia la misma, sentándome en una piedra colocada junto a la pared a la sombra. Como unas pocas galletas y bebo una bebida energética. De nuevo en pie, me coloco a la espalda la mochila y con la esperanza de quedar menos kilómetros que al principio del día, emprendo mis pasos, siempre hacia delante, con mis eternas compañías: Dios y mi soledad.

Camino por sendero de tierra y chinas una distancia aproximada de unos dos kilómetros, hasta enlazar con una carretera local que apenas soportaba trafico. En un momento dado, me adelantan dos peregrinos de los vistos en el albergue de Arrés, coincidentes también, con las dos personas mayores que llegaron poco después que yo, al albergue de Jaca. En aquellos momentos, saque mi orgullo personal y sentí rabia, de ver que unas personas que perfectamente podrían tener unos setenta años de edad, me adelantaban con paso fresco, continuo y con aire de paseo, aumentando la distancia de separación conmigo poco a poco.

            Continuaba yo con mi estado de ánimo algo bajo, cuando observé en  los peregrinos mayores que me acababan de adelantar, un gesto de amor, - se detuvieron momentáneamente, se dieron un beso en los labios y continuaron su camino con la misma alegría -. Aquello me dio ánimos y pensé en mi esposa, en la distancia y sobre todo, que cada paso que daba, era un paso que me acercaba a ella. De repente me adelantó otro peregrino, era Pepe el de Badajoz. Me preguntó cómo me encontraba, le contesté que más o menos bien, que nos veríamos en el albergue en Ruesta, continuando con su ritmo y desplazándose poco a poco. Tras varios kilómetros por la carretera, las indicaciones de flechas amarillas, te dirigen hacia arriba, hacia el monte, convirtiéndose el camino en una senda que te introduce en un bosque. Por esta senda, estrecha y de firme variable, con muchas piedras, condicionada con un escaso hueco dejado por las ramas de los árboles, - lo que produce continuos roces en la mochila – y la obligación de tener de agacharte en varias ocasiones, con el fin de librar ramas bajas, continúo durante varios kilómetros, adivinando a la derecha y en la distancia, el embalse de Yesa. Finalmente, sobre la una y media de la tarde, aparecen una serie de edificios abandonados y derruidos. Sigo las indicaciones de las flechas amarillas y por fin llego al albergue de Ruesta.

Continuará………

 

Fuente: Manuel Bailen

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EL LIBRO DEL JACOBEO (CODEX CALIXTINUS)

 

Editorial: Encuentro Autor: Aimeric Picaud.
ISBN: 84-7490-746-2
Publicación: Madrid. 2004.
ISBN: 84-7490-746-2.
Fotografías: Sí
Índice: Introducción: El Camino de Santiago, Camino de Europa · De los Caminos de Santiago · De las jornadas del Camino de Santiago · De los nombres de los pueblos del Camino de Santiago · De los tres buenos edificios del mundo · De los nombres de algunos que repararon el Camino de Santiago · De los buenos y malos ríos que en el Camino de Santiago se hallan · De los nombres de las tierras y de las cualidades de las gentes que se encuentran en el Camino de Santiago · De los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por sus peregrinos · De la calidad de la ciudad y basílica de Santiago, apóstol de Galicia · Del número de Canónigos de Santiago
Resumen: En 1109 el monje cluniacense Aimeric Picaud acompañó en peregrinación a Santiago de Compostela al futuro Calixto II. Este último, fascinado por su experiencia como peregrino, dedicó grandes esfuerzos desde su pontificado a fomentar el Camino Jacobeo, para lo cual dictó cartas, apoyó la investigación histórica sobre sus orígenes y promulgó beneficios e indulgencias para muchas de las iglesias que jalonan el Camino.
Aimeric Picaud recogió el fruto de toda esta actividad en el llamado Liber Sancti Iacobi, más conocido como Codex Calixtinus, por ser el propio Calixto II quien impulsó la obra, cuyo Libro V puede considerarse la primera guía del peregrino compostelano.
El texto lleva una introducción de Monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid y uno de los mayores expertos en la historia, el arte y la espiritualidad del Camino Jacobeo.

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La amistad es una senda


La mayor riqueza que un hombre puede poseer, lo m ás valiosa por encima de todas las cosas, es la amistad, por lo general no surge de la noche a la mañana.

Por ella paseas, a lo largo de tu vida, algunas veces es muy largo y placentero, y otras con trampas que nos hacen caer, produciéndonos heridas dolorosas, cuando esto sucede, es mejor alejarse, no sin antes aprender de esa experiencia y perdonar.
Siembra en ella cariño, alegría, sinceridad fidelidad y bondad.
Camina siempre con la frente en alto, el corazón abierto y el alma presta a perdonar.
Tenemos amigos en las distintas estaciones de nuestra vida. Le damos igualmente diferentes grados de importancia y trascendencia.
Nace de inquietudes, pasatiempos o intereses comunes.
Algunas tardan años en formarse y otras tan solo con unos minutos.
Veras como con los años esta amistad se convierte en una eterna... hermandad.
Lo que hace mágica la amistad es ese don que tiene para crear esperanza, en medio de la desolación y la capacidad de hacer ver a nuestros amigos sus cualidades, recursos y espiritualidad interior.
Los amigos son la luz que día a día ilumina nuestra alma.
Siempre debemos estar agradecidos por su amistad, los de aquí, los de allá, los presentes y los ausentes, los reales y los imaginarios, a aquellos que lo han sido en momentos maravillosos e importantes y a aquellos que diciéndose amigos nos han lastimado.


Con todos seguiré caminando esta senda hasta el final.

 

Ensalada de Arroz

Ingredientes:

arroz de grano largo, 300 gramos
aceituna sin hueso, 150 gramos
espárrago en conserva, 150 gramos
anchoa en conserva, 75 gramos                          
pimiento morrón, 2 unidades
lechuga, 1/2 unidad
aceite de oliva, 4 cucharadas
vinagre de jerez, 1 cucharada
mayonesa, 1 taza

sal,  al gusto

 

Manos a la obra:

Lavar la lechuga, cortarla en juliana y dejarla en un colador para que escurra bien. Cocer el arroz en abundante agua con sal unos 20 minutos, enfriarlo y escurrirlo. Colocar un lecho de lechuga y aderezarla con sal, vinagre y aceite; encima el arroz mezclado con la mayonesa y decorar con las anchoas, los espárragos, tiras de pimiento y las aceitunas cortadas en rodajitas. Servir frio.

Receta cedida por: www.cocinavino.com

Pins de  las Provincias, por las cuales discurre el Camino Francés, con el motivo Flecha

 

 

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En el Camino Francés, en Burgos, junto a la Catedral, se encuentra este magnífico Hotel, pensado para el descanso del Peregrino

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