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Vía de La Plata

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Camino Francés

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Experiencias en el Camino

Artículo enviado por Manuel Bailén, en su recorrido por el Camino Aragonés, y dedicado a:  Todos/as y cada uno/a de los/as Peregrinos/as y a los/as Hospitaleros/as, con un recuerdo especial para Feli y José Luís.

Viene del Boletín 68                   

 

Desconociendo el trazado de la etapa que me esperaba, yo presumía que sería difícil, o cuando menos dura, dado el estado de mis pies. Lo que nunca podía imaginar, era que el principio fuese tan acuciante. Camino mis primeros pasos y de inmediato me encuentro con una senda de tierra y piedras sueltas, de una estrechez similar a la utilizada en la llegada a Ruesta, con apenas espacio para pasar y, con una pendiente endemoniada. Desconozco qué porcentaje de desnivel tendría, pero bastante pronunciada. Cada paso que daba, era la sensación de que me introducían clavos en los pies, pero daba gracias a Dios, por haber elegido las sandalias, pues de lo contrario, con tanto desnivel y con la presión que hubiese tenido que soportar de las botas, sinceramente pienso, que no hubiese podido llegar a mi destino. Finalmente, llego a la parte baja, camino por una especie de valle entre montañas, paso un puente estrecho de madera, a continuación cruzo un camping y siguiendo las indicaciones de las flechas amarillas, comienzo a caminar por un camino forestal de inclinación hacia arriba, pero aceptable.

Cuando había caminado unos cinco kilómetros, me alcanza Pepe, saludándome, interesándose por mi estado y continuando con ritmo superior al mío. Sobre diez minutos más tarde, me adelantan las dos chicas danesas y unos quince minutos después, los hacen tres peregrinos mayores, dos hombres y una mujer, a los que también había visto en el albergue de Ruesta.

Continúo poco a poco, pensando en lo que ya llevaba a las espaldas, pero sobre todo, la motivación de creer, que sí lo podía conseguir. Sobre las ocho de la mañana, alcanzo la cumbre de los montes por los que había caminado, dejando cada vez más abajo y más alejado el embalse de Yesa.

Me encuentro a los tres peregrinos mayores que me habían adelantado, comiendo unas barritas energéticas, y a unos cincuenta metros, a las dos chicas danesas sentadas en el suelo, viendo que la que llevaba la venda en el pie, estaba fumándose un cigarro, comentándole que el fumar no era bueno para el deporte. Sin apenas detenerme, comienzo la bajada, siendo nuevamente adelantado una media hora después. De repente observo en la lejanía un pequeño poblado, supuestamente Undues de Lerda. Continúo caminando y bajando, hasta llegar a unos trescientos metros de la localidad citada, siendo adelantado en estos momentos, por Susana, que caminaba sola. Observo un cartel con la indicación de “Calzada Romana”, caminando primero hacia abajo, cruzo un pequeño cauce fluvial, subo siguiendo el trazado, hasta entrar en el pueblo por una calle lateral.

Cuando encuentro una vecina, le pregunto por un bar, indicándome su ubicación, hallado en el interior del mismo a todos los que me habían adelantado menos a Pepe. Me pido un bocadillo de jamón serrano y un refresco. Se marchan, acabo el bocadillo y dejo atrás el  pueblo, encontrándome en la salida a Roberto y a su amigo de Zaragoza.

Dejada atrás la localidad de Undues de Lerda, sigo mi camino por todo tipo de senda, camino y encrucijada, hasta que a unos tres kilómetros, veo las indicaciones de los términos autonómicos de Aragón y Navarra (Nafarroa).

Comienzo a caminar ya en Navarra, por caminos anchos de tierra y chinas, bordeados por plantaciones de cereales ya segadas. Kilómetros y kilómetros; sol; cansancio y ganas de llegar.

 Las once, las doce, la una. Por fin dejo los caminos de tierra y me adentro en un camino asfaltado, continuando por este y llegando sobre la una y media a la localidad de Sangüesa. Por las primeras calles de la población, me encuentro con Pepe, el cual se alegra de verme y me indica donde estaba el albergue, así que hasta las cinco de la tarde, no llegan los hospitaleros, pero que el albergue estaba abierto. Por fin llego al albergue sobre las dos menos veinte, saludo a todos los peregrinos, que estaban preparando la comida, y me doy una buena y agradecida ducha. Me cambio, le doy gracias a Dios por haber llegado en bien, me despido de Pepe y de los demás, marchándome con fuerte dolor de pies, hasta la parada de autobús, esperando en la misma al autobús hasta Pamplona.

En esta última etapa, me ocurrió una cosa muy curiosa, esto es, la experimentación de la combinación de compromiso de llegar, la petición continua a Dios de poder cumplir con ese compromiso y el desfallecimiento como humano, como consecuencia de la visión de la imagen grotesca y a la vez de preocupación de mi dedo lesionado, lo que me llevó al autoconvencimiento de que ya no volvería a hacer más veces el Camino de Santiago.

La fragilidad humana llega a extremos insospechados, pues como bien refería al comienzo de este escrito, el ser humano en su imperfección, incluso sin motivaciones externas de terceros, puede pasar fácilmente de un extremo a otro en su forma de pensar y en su toma de decisiones, es lo que podríamos definir como “la inestabilidad emocional controlada”, ya que según las circunstancias reinantes u observantes en cada momento, vemos mejor una toma de decisión respecto de otra dada, incluso cuando tenemos plena capacidad psíquica en el control de nuestros impulsos.

Cuando salí del albergue de Sangüesa con dirección a la parada de autobús, lo hice con la plena convicción de tirar en un contenedor de residuos sólidos urbanos las botas, causantes de las lesiones que sufría, y lo hice, sobre todo, como decisión de no volver a hacer senderismo, ni siquiera los fines de semana, pues pensé que después de diez años de senderismo y siete años haciendo el Camino de Santiago, había llegado el momento de comenzar una nueva etapa en mi vida, dedicándome a otra actividad. Localicé una calle en la que habían varios contenedores, me dirigí a los mismos y sin dudarlo un momento, abrí la tapadera de uno de ellos y dejé caer las botas. En ese momento no sentí nada. Me dirigí a la parada de autobús y en la misma encontré a una chica, me senté y a los pocos segundos me dijo: Hola, has hecho el Camino de Santiago? Contestando que sí, pero solo en parte, comentándole el problema que había tenido. Ella me dijo que le había ido peor, pues tan solo había podido andar un día, sufriendo igualmente fuertes dolores, hasta el extremo, que hoy la habían tenido que trasladar hasta Sangüesa en taxi. Me dio ánimos y seguimos hablando de más cosas, hasta la llegada del autobús.
La grandiosidad de la libertad de pensamiento del ser humano, es que cada uno podemos interpretar lo vivido a nuestra manera, con nuestra toma de decisiones y con el control de nuestros impulsos. El ejercicio del poder de terceros, dirigido hacia cada uno, condiciona en ocasiones nuestras acciones y nuestras omisiones, pero lo que nunca podrá nadie controlar, es nuestra libertad de pensamiento. Qué duda cabe que las personas podemos ser influenciados por otros, pero la decisión final será siempre nuestra. Mientras tengamos plena capacidad intelectiva y volitiva, dominaremos nuestro control de impulsos y con ello, nuestra voluntad. Yo en aquella chica de San Sebastián en la parada de autobús, entendí un mensaje claro: Que cuando nos sentimos abatidos, defraudados, fracasados en nuestro intento, siempre encontraremos alguien que habrá sido capaz de conseguir metas más cortas, al igual que otros conseguirán metas mayores, aun teniendo setenta años; aun haciendo el  Camino de Santiago en sandalias con un tobillera en el pie; e incluso la meta de realizar tan solo una etapa y media, con el único fin, de estar a una hora concreta de un día específico en un banco de una parada de autobús, para dar ánimos y decirte “otra vez será”. A la hora prevista, -tres menos veinte de aquel día siete de julio, San Fermín-, salimos en dirección a Pamplona, llegando sobre las tres y media.

Me encontré en la estación de autobuses de Pamplona, un gran ambiente de gentes venidas de todos los rincones del planeta, ataviados con prendas de vestir blancas y pañuelos y cintos rojos. Aprovecho para comer y a las cuatro y media, me coloco en la cola para cambiar el billete de regreso, permaneciendo en la misma, hasta las seis y media, pues la cantidad de gente era increíble: Norteamericanos, australianos, ingleses, japoneses, en resumen, gentes venidos de todos los rincones del planeta. Tras esto solo quedaba la espera.

Sobre las diez de la noche, me desplazo hasta el andén donde debía parar el autobús, llegando sobre la hora prevista, las diez y media, comenzando el viaje de regreso y dando de nuevo gracias a Dios, por haber acabado todo “bien”.

Ya en el pueblo, a la mañana siguiente, tras una ducha, me fui al centro de salud, donde me atendieron de maravilla, me curaron las heridas, las uñas, las vejigas, me vendaron las piernas, -pues estaban inflamadas-, y me recetaron amoxicilina, un antibiótico.  Posteriormente, recuperación, disfrutando de la paciencia; motivación para seguir luchando y esperanza en el futuro.

¿Cuál sería mi conclusión tras lo vivido?

Que hoy desde lo más sincero de mi pensamiento, creo en Dios.

Que para nada me siendo manipulado por nada ni por nadie.

Que después de la vida, el bien más preciado que tenemos es nuestra libertad, de opinión, de pensamiento, de decisión.

Que podemos ver, o cuando menos sentir, la agradable presencia aun sin mostrarse, de nuestro Creador. Solo debemos querer que eso ocurra.

Que todos formamos parte de la divinidad de nuestro Creador, pues junto al mismo formamos una realidad inseparable.

Que seguirán existiendo caminos que nos llevarán a donde queramos ir, incluso a ningún sitio, si esto es lo que queremos.

Que nuestro camino es nuestro y solo nuestro. Pero a la vez, no podemos evitar que el mismo forme parte del camino de los demás, o cuando menos, interfiera o condicione aquel.

Que cuando comenzamos cada etapa, debemos calcular con conocimiento y voluntad, el peso que cargamos en nuestra mochila, pues de lo contrario, se convertirá en una dificultad continua.Que el camino que se hace en solitario, es el que más acompañado vas.

Bendito Camino, que  como consecuencia del mismo, te ofrece unos momentos de tu vida para pararte, -aun caminando-, reflexionar, pensar lo que somos, lo que tenemos a nuestro alrededor y sobre todo, el inicio de nuestro camino y el destino del mismo.

Como un buen amigo mío me dijo en una ocasión, esto es una carrera de fondo, no hay que tomarla con prisas, pero sobre todo debemos pensar con imaginación de Eternidad.

                              
              
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EL LIBRO DEL CAMINO DE SANTIAGO

(FOTOGRÁFICO)

Disponible en Español, Frances, Inglés, Italiano, Alemán y Portugués

En esta ocasión presentamos este libro fotográfico del Camino de Santiago en el tramo llamado del Camino Francés con su tramo Aragonés y Fisterra, con textos traducidos a 6 idiomas

Editorial: MUNDICAMINO S.L.
ISBN: 978-84-95524-50-8
Publicación: Burgos, 2009

Fotografías: Sí

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Fábula del Tonto

El que se hace el tonto conoce perfectamente su sabiduría y también sus limitaciones, además las reconoce públicamente, y no alardea de sus capacidades.

Se cuenta que en un pueblo, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas.
Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 0,50 euros  y otra de menor tamaño, pero de 1 euro
Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé señor, no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el juego  se acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.
La segunda: ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?
La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
La cuarta: y la conclusión más interesante: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.
MORALEJA: El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente...

 

ENSALADA CATALANA

Ingredientes:

berenjena, 1 unidad
pimiento verde, 2 unidades
tomate, 3 unidades
cebolla, 1 unidad
alcachofa, 4 unidades
limón, 1 unidad
huevo duro, 2 unidades
alcaparra, 1 cucharada
perejil,  al gusto
pimienta blanca molida, y sal al gusto.

Manos a la obra:

Lavar la berenjena, los tomates y los pimientos, pelar la cebolla y colocar todas estas verduras en una placa de horno. Asar las verduras en el horno caliente a media potencia 10-15 minutos. Sacar los tomates y dejar las demás verduras hasta que estén en su punto. Cortar las verduras en tiras gruesas. (Puede pelar las verduras si lo desea).
Limpiar las alcachofas quitándoles las hojas duras. Lavarlas con agua y zumo de limón, y cocerlas unos minutos en agua hirviendo con sal. Escurrirlas y cortarlas en sentido longitudinal. Pelar los tomates y trocearlos.
Asar los dientes de ajo en una plancha, machacarlos en el mortero junto con las alcaparras y unas ramitas de perejil. Incorporar sal y pimienta. Revolver todo y agregar el aceite poco a poco, moviendo bien.
Colocar las verduras de forma decorativa en una fuente de servir, combinando colores, y regar con el aderezo preparado. Pelar los huevos, separar las yemas de las claras y picarlas en trocitos pequeños. Distribuir el huevo entre las tiras de las verduras y servir.

Receta cedida por: www.cocinavino.com

    

Para todos aquellos amantes del coleccionismo,

y también para las peregrinas y esposas de peregrinos,

esta colección de dedales con motivos jacobeos

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Camino Francés

Santiago de Compostela

ALBERGUE SANTO SANTIAGO

Tras largas e intensas jornadas de esfuerzo, kilómetros, anécdotas, experiencias y multitud de sensaciones, son miles los peregrinos que van llegando a Compostela y encuentran en su visita a la catedral de la capital gallega, el porqué de su camino y la satisfacción y recompensa a tantos intensos momentos. Con la intención de proporcionar descanso, comodidad y alojamiento a todo peregrino, se ha inaugurado este sábado 12 de Junio de 2010 el nuevo albergue
“SANTO SANTIAGO”.

Este nuevo albergue turístico y de peregrinos se encuentra en la calle Rúa do Valiño nº 3, situado en el mismo casco urbano de Santiago de Compostela en el recorrido oficial del camino francés a su paso por la ciudad, y tan solo 12 minutos caminando de la catedral y del centro de Santiago.

Servicio de desayuno, comida y cena en establecimiento contiguo, así como parking para bicicletas.

Totalmente novedoso y con una decoración acogedora.

Todo tipo de equipamiento, con aire acondicionado, iluminación particular para cada cama, internet, televisión, lavadora y secadora , etc. Rodeado de multitud de servicios como supermercados, farmacias, cajeros automáticos, piscinas cubierta y aire libre con zona verde justo enfrente y a solo 5 minutos caminando del mayor centro comercial de la ciudad.

Despues de sus primeros días de apertura, sus críticas y comentarios han sido totalmente positivos, ofreciendo muy buen nivel a muy buen precio, de modo que aquí disponeis de un nuevo albergue en el podreis disfrutar de los encantos de Santiago.

Descubre toda su información y servicios en su página web: www.elsantosantiago.com

 

 

La Virgen del Camino

 

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Santander

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