Hacia el año 44 d.C., Santiago el Mayor,
hijo de Zebedeo de Galilea, fue decapitado por Herodes Agripa siendo el
primer apóstol que muere martirizado por causa de su fe.
Según un documento conocido como Epístola del Papa León,
los siete discípulos del Apóstol se llevaron el cadáver
hasta el puerto de Jope, donde, milagrosamente, apareció una embarcación
y navegando durante siete días, bajo orientación divina,
alcanzaron un lugar llamado Iría Flavia en la costa gallega. Al
tomar tierra, el cuerpo de Santiago se elevó por los aires desapareciendo
con dirección al sol. Los discípulos, con gran desconsuelo,
recorrieron doce miliarios en su búsqueda, hasta que por fin hallaron
el sepulcro del Maestro bajo un monumento de mármol. Al tiempo,
tres de los discípulos, tuvieron que exterminar, con la ayuda de
Santiago, un gran Dragón en el lugar que hoy se conoce como Monte
Sacro.