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Camino del Norte

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12

Cultura

Noja




Las primeras noticias de la existencia de esta villa datan de los siglos VIII y IX, durante la invasión árabe, momento en el que los eclesiásticos construían pequeños templos rurales para aglutinar a los campesinos, que construían sus cabañas al amparo de sus muros.

Noja se levantó en torno al monasterio de San Pedro de Nogga.

Durante el periodo medieval Noja asiste a los frecuentes enfrentamientos nobiliarios en pro o en contra del poder real, hasta la llegada de los Reyes Católicos que consiguieron fortalecer el poder de La Corona frente a los intereses nobiliarios.

En el año 1644, Noja solicita al monarca Felipe IV el título de villa y éste le concede el privilegio.

En época Moderna, uno de los hechos de mayor trascendencia para Noja fue el otorgamiento, en el año 1644, del Privilegio de Vara o de Villazgo de manos de Felipe IV. En virtud del mismo, la ahora villa quedaba eximida de la jurisdicción de la Junta de Siete Villas y recibía la potestad de nombrar sus propios alcaldes.

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Castillo




En el paleolítico ya había hombres que habitaban en la cueva de la Ojáncana.

En la edad media ya pasaban por nuestro pueblo de Castillo, peregrinos que iban a Santiago de Compostela, en Castillo había un hospital de peregrinos que se encontraba entre la iglesia de San Pedro y nuestro colegio.

Los de Castillo destacaban como ebanistas doradores. De la época medieval tenemos la torre de Venero que hoy se encuentra restaurada. También en la Edad Media y en estilo gótico tenemos la iglesia de San Pedro Apostol, que tiene una de las portadas más bonitas de Cantabria.

En Castillo hay dos ermitas, la de San Juan y la de San Pantaleón. Podemos encontrar, por otra parte, casas y casonas de los siglos XVII y XVIII, algunas con escudo.

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San Miguel de Meruelo




El valle de Meruelo se encuentra en una estratégica zona de paso, a pocos kilómetros del mar, a medio camino entre la bahía de Santander y el estuario del Asón. Ya en la Antigüedad por estos pasajes cruzaban las rutas romanas que enlazaban los puertos que jalonaban la costa. En textos escritos, la villa de Meruelo aparece por primera vez documentada en el año 1085, en el Cartulario de Santa María de Puerto de Santoña. En el Becerro de Behetrías, de 1351, se describe cómo sobre el valle de Meruelo ejercían su jurisdicción los señores de behetría Pedro González de Agüero y los nietos de Martín Muñoz de Castillo, el rey y la abadía de Santa María de Puerto (desde 1156 dependiente de Santa María la Real de Nájera). Asimismo, la Orden de San Juan llegó a ejercer su poder sobre la zona.

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Bareyo




Las referencias documentales sobre su origen se encuentran en las menciones que el Cartulario de Santa María de Santoña hace sobre los lugares de Bareyo (Baredio) y Ajo en el S. XI y XII.

Del siglo XI es una referencia a Bareyo que menciona la existencia de unas casas «in villa Güemes».

Los primeros pobladores de estas tierras pertenecen a la época prehistórica. Los restos encontrados en la cueva de Arín son muestra de ello.

Las primeras referencias que se conocen de estas tierras se remontan al año 923. En estos escritos se nombra la Iglesia de Asio (Ajo). Posteriormente, en el siglo XI, textos pertenecientes a la Abadía de Santoña nombran a las tres localidades de este Ayuntamiento.

El paso del Camino de Santiago por estas tierras dejó importantes obras e infraestructuras para atender a los peregrinos. En los siglo XII y XIII, Bareyo paso de pertenecer de Trasmiera al señorío de Haro, para terminar perteneciendo al señorío de Agüero y al concejo de las Siete Villas.

En el siglo XIX, se constituye como Ayuntamiento, desapareciendo el concejo de las Siete Villas. Desde siempre estas tierras fueron cuna de muchos artistas y artesanos, reflejado en la actualidad en sus calles y comercios. En el siglo XX, la mejora de las infraestructuras, comunicaciones y el sector servicios hacen de Bareyo un pueblo turístico a la vez que entrañable.

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Güemes




Típica localidad de los valles bajos y cercanos a la costa. En la Iglesia de San Vicente Martir destacan los retablos, que aun cuando no conservan la imaginería original, son notables el retablo mayor, de estilo prechurrigueresco del siglo XVII y el que se sitúa en la capilla del lado del Evangelio de estilo rococó.

Güemes posee una historia rica y antigua cobrando especial importancia como paso del camino de Santiago. Todo ello se conserva aun hoy reflejado en el numeroso numero de ermitas, iglesias, monumentos, casonas, palacios , palacetes, escudos

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Galizano




En Galizano podemos admirar la casa de Agustín del Pontón y Calderón de la Barca, diputado general de Trasmiera por la Junta de Ribamontán, que data de la segunda mitad del siglo XVII, junto a una torre de tres pisos; y también en este pueblo destacan la casa de Calderón-Güemes, la casona de Campo Velasco, ambas del mismo siglo, y la casa del maestro de cantería Pedro de la Cuesta, del 1619.

Son de señalar en este pueblo las Escuelas de Galizano instituidas a comienzos del siglo XX, similares a otras proyectadas por Alfredo de la Escalera y Amblard. En el siglo XX comienza a constituirse como uno de los principales exponentes turísticos de la costa cantábrica, con unas excelente playas y una mejora progresiva de las comunicaciones y del sector servicios.

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Somo




Los yacimientos al aire libre de Loredo son muestra de la existencia de vida en la época prehistórica.

El primer documento en que se hace referencia a esta zona del litoral cántabro es del siglo XI. Posteriormente, en el siglo XIII, se vuelve hacer referencia en distintos manuscritos a estas tierras, que pertenecían al señorío de Agüero.

el siglo XX comienza a constituirse como uno de los principales exponentes turísticos de la costa Cantábrica, unas excelente playas y una mejora progresiva de las comunicaciones y del sector servicios.

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Santander




Los primeros datos del poblamiento de la bella capital de Cantabria se remontan al año 21 a.C., fecha en la que el emperador romano Augusto envía la armada de Agripa para someter al levantisco pueblo cántabro, situando su centro de operaciones en una ensenada a la que bautizaron como Portus Victoriae.

Volvemos a tener información sobre la ciudad ya en el siglo III d.C., en el que esta puebla aparece citada como Sancti Emeteri, que según el erudito Menéndez Pidal, daría lugar al nombre actual por derivación de este primitivo término. Santi Emeteri Sant em, Ter y finalmente Santander.

Según la piadosa leyenda, San Emeterio y San Celedonio fueron legionarios romanos que sufrieron martirio en Calahorra, desde donde llegaron sus cuerpos sin vida en una barca de piedra por el río Duero hasta el mar, no sin antes abrir una hermosa perforación en una roca del paraje conocido desde entonces como La Horadada.

El primer documento en el que se cita el poblamiento de Sancti Emeteri es el privilegio concedido en el año 1068 por el rey Sancho II al monasterio del mismo nombre, fundado por el rey Alfonso el Casto a finales del siglo VIII.

Será en el año 1187 cuando el rey de Castilla Alfonso VIII le conceda el título de Villa de Abadengo. Colaborará en la reconquista de Sevilla, hecho por el cual el escudo de la ciudad luce la torre del Guadalquivir, de la que pende una cadena rota que cae en el agua y un galeón.

El apogeo económico llega a Santander con el privilegio de exportar lanas castellanas a Flandes y Amberes, ya que era una de las Villas de la Mar Castellana. La Universidad de Mercaderes de Burgos acordó en 1453 con Santander un pacto para establecer las condiciones por las que los burgaleses conducirían sus mercancías al puerto cántabro y los derechos que deberían abonarse.

El siglo XVI, especialmente sus últimos años, fueron un período de decaimiento para la ciudad, producido, sobre todo, por la epidemia de peste del año 1597 como consecuencia del desembarco de la Armada que venía de Flandes y responsable de diezmar la población de la ciudad. Esta decadencia se confirmará en el siglo XVII y será ya en el siglo XVIII, cuando inicie el despegue económico con la habilitación de su puerto para el comercio ultramarino. El espaldarazo definitivo se lo daría el rey Fernando VI en 1755 al concederle el título de ciudad.

Sin embargo el período más brillante de Santander llegará en el siglo XIX con la emigración a América en busca de fortuna. Los habitantes que emigraron al sur del Continente serían conocidos como jándalos y los que comerciaron con el oro de las Indias, recibirían el nombre de indianos. Al regresar a la patria, sus fortunas desarrollaron los astilleros santanderinos y crearon el Banco de Santander. El último cuarto de siglo le incluye en la Vida Galante al ser uno de los destinos veraniegos de la Regente María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII. Al llegar a la edad adulta, el rey seguiría acudiendo de forma habitual a Santander desde su residencia veraniega que entonces era San Sebastián, circunstancia que fue aprovechada por el Ayuntamiento de la ciudad para regalar al monarca la Península de La Magdalena y construir una morada regia para los veraneos reales. Todo ello activó la construcción de edificios como el Gran Casino, el Club Marítimo, el Hipódromo, y toda una serie de servicios dirigidos a la nobleza que acompañaba a los reyes en sus desplazamientos.

También es cierto que no todo fue esplendor y brillo en esta etapa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, ya que Santander tuvo que sufrir serios reveses por su participación en la Guerra de la Independencia. En 1893 padeció la ya tristemente famosa explosión del carguero Cabo Machichaco, que dejó tras de sí más de 500 muertos y numerosas pérdidas materiales. En 1941 un gigantesco incendio devoró la mayor parte de la puebla vieja. Con tesón y acierto se inició la reconstrucción y hoy Santander puede presumir de ser un importante centro cultural, comercial y económico.

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