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Camino del Norte

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13

Cultura

Santander




Los primeros datos del poblamiento de la bella capital de Cantabria se remontan al año 21 a.C., fecha en la que el emperador romano Augusto envía la armada de Agripa para someter al levantisco pueblo cántabro, situando su centro de operaciones en una ensenada a la que bautizaron como Portus Victoriae.

Volvemos a tener información sobre la ciudad ya en el siglo III d.C., en el que esta puebla aparece citada como Sancti Emeteri, que según el erudito Menéndez Pidal, daría lugar al nombre actual por derivación de este primitivo término. Santi Emeteri Sant em, Ter y finalmente Santander.

Según la piadosa leyenda, San Emeterio y San Celedonio fueron legionarios romanos que sufrieron martirio en Calahorra, desde donde llegaron sus cuerpos sin vida en una barca de piedra por el río Duero hasta el mar, no sin antes abrir una hermosa perforación en una roca del paraje conocido desde entonces como La Horadada.

El primer documento en el que se cita el poblamiento de Sancti Emeteri es el privilegio concedido en el año 1068 por el rey Sancho II al monasterio del mismo nombre, fundado por el rey Alfonso el Casto a finales del siglo VIII.

Será en el año 1187 cuando el rey de Castilla Alfonso VIII le conceda el título de Villa de Abadengo. Colaborará en la reconquista de Sevilla, hecho por el cual el escudo de la ciudad luce la torre del Guadalquivir, de la que pende una cadena rota que cae en el agua y un galeón.

El apogeo económico llega a Santander con el privilegio de exportar lanas castellanas a Flandes y Amberes, ya que era una de las Villas de la Mar Castellana. La Universidad de Mercaderes de Burgos acordó en 1453 con Santander un pacto para establecer las condiciones por las que los burgaleses conducirían sus mercancías al puerto cántabro y los derechos que deberían abonarse.

El siglo XVI, especialmente sus últimos años, fueron un período de decaimiento para la ciudad, producido, sobre todo, por la epidemia de peste del año 1597 como consecuencia del desembarco de la Armada que venía de Flandes y responsable de diezmar la población de la ciudad. Esta decadencia se confirmará en el siglo XVII y será ya en el siglo XVIII, cuando inicie el despegue económico con la habilitación de su puerto para el comercio ultramarino. El espaldarazo definitivo se lo daría el rey Fernando VI en 1755 al concederle el título de ciudad.

Sin embargo el período más brillante de Santander llegará en el siglo XIX con la emigración a América en busca de fortuna. Los habitantes que emigraron al sur del Continente serían conocidos como jándalos y los que comerciaron con el oro de las Indias, recibirían el nombre de indianos. Al regresar a la patria, sus fortunas desarrollaron los astilleros santanderinos y crearon el Banco de Santander. El último cuarto de siglo le incluye en la Vida Galante al ser uno de los destinos veraniegos de la Regente María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII. Al llegar a la edad adulta, el rey seguiría acudiendo de forma habitual a Santander desde su residencia veraniega que entonces era San Sebastián, circunstancia que fue aprovechada por el Ayuntamiento de la ciudad para regalar al monarca la Península de La Magdalena y construir una morada regia para los veraneos reales. Todo ello activó la construcción de edificios como el Gran Casino, el Club Marítimo, el Hipódromo, y toda una serie de servicios dirigidos a la nobleza que acompañaba a los reyes en sus desplazamientos.

También es cierto que no todo fue esplendor y brillo en esta etapa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, ya que Santander tuvo que sufrir serios reveses por su participación en la Guerra de la Independencia. En 1893 padeció la ya tristemente famosa explosión del carguero Cabo Machichaco, que dejó tras de sí más de 500 muertos y numerosas pérdidas materiales. En 1941 un gigantesco incendio devoró la mayor parte de la puebla vieja. Con tesón y acierto se inició la reconstrucción y hoy Santander puede presumir de ser un importante centro cultural, comercial y económico.

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Peñacastillo




La degradación que había sufrido la Peña con la explotación de las canteras en los años 60 y 70 del siglo pasado, motivó que acercarse hasta ella supusiera un peligro real al haber desaparecido los caminos o encontrarse éstos muy deteriorados y cubiertos de maleza.

Para su acondicionamiento se han efectuado labores de limpieza y desbroce; se han instalado bancos y mesas en las zonas de descanso y un mirador en la cima desde el que se tiene una vista espectacular de la ciudad de Santander y sus alrededores; en la lejanía una fina cinta azul nos delata la presencia del Mar Cantábrico.

En diversos puntos del recorrido y también en la cumbre, se han instalado paneles panorámicos que indican con su nombre los detalles que pueden verse.

Esta senda es sólo el principio; se pretende repoblar las laderas de la Peña con árboles autóctonos e incluso adecuar la zona de las canteras para instalar allí una zona de escalada.

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Santa Cruz de Bezana




Sus primeros pobladores se remontan al Paleolítico Inferior y al Neolítico. Buena prueba de ello son los yacimientos del Rostrío.

Los primeros documentos históricos sobre esta zona datan del siglo XI. Los documentos de la Abadía de Santillana hacen referencia a Santa Cruz en algunas ocasiones.

Durante el siglo XVII, Santa Cruz forma parte de la Abadía de Santander. El siglo XIX le otorga su independencia y forma el ayuntamiento de Santa María de Bezana.

En el siglo XX, con la aparición del turismo, desencadena la mejora de las infraestructuras y del sector servicios, lo que consolida a esta población como un importante centro turístico.

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Monpia




Esta localidad contiene un moderno templo, dedicado a Nuestra Sra. del Rosario y edificado hacia 1824 gracias a los dineros aportados por Don Juan Francisco López del Diestro, natural de esta población, emigrante a la ciudad mejicana de Veracruz y benefactor de la Escuela de Primeras Letras afincada en la población de Santa Cruz de Bezana.

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Boo de Piélagos




En este valle se han descubierto desde mediados del siglo XIX un buen número de yacimientos en cuevas que testifican la existencia de poblamiento desde el Paleolítico. Las primeras referencias escritas sobre la existencia de iglesias y núcleos de población, datan de poco antes del año 1000.

Piélagos fue el primero de los valles en recurrir a la vía del derecho para emanciparse de la jurisdicción de señorío, entablando el denominado Pleito Viejo hacia 1430. Dicho litigio se prolongó a lo largo de siglo y medio y supuso el antecedente del conocido como Pleito de los Valles, que culminó con una sentencia de revisión, en 1581, que afectó a diversos valles, entre ellos el de Piélagos.

Con el advenimiento del régimen constitucional (1820-1823), el Valle de Piélagos se dividió en los ayuntamientos de Arce y Piélagos para pasar a fusionarse definitivamente en 1835 en un solo municipio.

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Puente de Arce - Mogro




Cuenta con una importante red de cavidades de gran valor arqueológico, entre las que destaca la cueva de Santián, declarada Bien de Interés Cultural en 1995, y la cueva del Calero II, declarada Bien de Interés Cultural en 1997. En el ámbito de la arquitectura civil se cuentan construcciones como Torre de Santiyán o Torre de Velo , declarada Bien de Interés Cultural en 1983, el palacio de la Conquista Real y su portalada, declarados Bien de Interés Cultural en 1994 y una de las obras de ingeniería más emblemáticas de la Edad Moderna en Cantabria el Puente sobre el río Pas , declarado Bien de Interés Cultural en 1985.

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Barcena de Cudón




Durante la Edad Media pertenecía a los territorios de Asturias de Santillana. Las explotaciones de salinas fueron muy importantes para esta población. Los primeros documentos en los que se hace referencia a Miengo tratan sobre las salinas.

Desde el siglo X, va pasando de señorío en señorío, para terminar perteneciendo al Monasterio de Oña hasta el siglo XIV. En el siglo XV, pasa a formar parte del señorío de Mendoza-Vega, del que no se separará hasta el siglo XVIII.

Durante el siglo XIX, se constituye como Ayuntamiento. A principios del XX comienza el turismo, mejorándose las infraestructuras y los servicios de las playas.

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Requejada




Algunos restos prehistóricos dan fe de la ocupación de las tierras del valle de Polanco y su entorno. Uno de los más recientes fue el yacimiento al aire libre puesto al descubierto en las terrazas del río Besaya durante la construcción de la autovía Santander-Torrelavega.

El gran desarrollo económico del lugar se produjo en los siglos barrocos, al convertirse Requejada en puerto de embarque de trigo castellano y recibir cargamentos de hierro, al tiempo que tuvo lugar un intenso tráfico comercial a través del denominado Camino de Burgos. Sin embargo, este impulso comercial no fue paralelo a la independencia administrativa.

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Barreda




Fue sede y capital de sus dominios y en ella se concentraba el poder administrativo y judicial. Precisamente la conjunción de los dos términos fue el origen toponímico de la villa mercantil e industrial conocida desde el siglo XVIII como Torrelavega. Esta fortaleza correspondía al tipo clásico de torre feudal de planta cuadrada, fuertes muros de mampostería, sillería en los esquinales y coronación almenada. Con el paso del tiempo creció, convirtiéndose en un palacio formado por un conjunto de dependencias en torno a un patio central, que también era conocido como ‘corral o corralón de la Vega’.

Como contribución a esta época de apogeo industrial, ya entrado el siglo XX se produjo el progresivo asentamiento de otras destacadas empresas, entre ellas Sniace. Este progreso, reflejado tanto en el ámbito demográfico como en el económico, se vio refrendado por un acontecimiento histórico excepcional para Torrelavega: la concesión por parte de la reina María Cristina del título de ciudad el 29 de enero de 1895

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Santillana del Mar




El hombre ya encontró en esta región su lugar en la Prehistoria, como queda demostrado en las Cuevas de Altamira, una verdadera lección de cómo vivían nuestros antepasados.

El desarrollo en la Edad Media viene marcado por la peregrinación a la ermita de la mártir Santa Illana, que fue enterrada en el siglo XIII. Sobre esa ermita se construye un monasterio, que es el origen de la actual Santillana. Desde los siglos IX al XIII, la villa vivió unos siglos de esplendor comercial y religioso, apoyado por la nobleza y privilegios reales. Se construye la Colegiata y se articula la población a partir de la Rua del Rey.

En el siglo XV, la Casa de los Mendoza pasa a tener el poder, convirtiéndo a Santillana en un villa de acentuado carácter señorial, de lo que nos dan muestra las diferentes casas edificadas en el casco antiguo.

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