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Camino del Norte

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7

Cultura

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Santa Mª de Lezama




La localidad de Lezama, de intenso ambiente medieval, cuenta con magníficos edificios civiles, aunque lo verdaderamente digno de comtemplarse es la iglesia de Santa María, gótica del siglo XIII, levantada a expensas de los señores de Oxangoiti. Muy cerca de ella se levanta, orgullosa y poderosa, otra construcción de gran relevancia artística, la torre de Lezama.

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Bilbao




Según la crónica rosa histórica, la ciudad tiene su origen en una historia de amor. Los protagonistas del lance amoroso, la reina Dña. María de Molina, que según los cronistas de la época debió ser especialmente bella y su rendido enamorado el famoso Don Diego López de Haro. El amor llevó a Don Diego a Valladolid, dicen que para asistir a las cortes convocadas por la reina, pero hay quien opina que había un secreto deseo de conquistar el corazón de tan regia dama. Las intrigas palaciegas que rodean la vida de príncipes y monarcas, legaron a la historia un auténtico enredo en torno a estos personajes y un indiscutible dato histórico. Bilbao se fundó en Valladolid.

El día 15 de junio del año 1300 estaban convocadas las Cortes en Valladolid para que el infante Don Juan yerno de Don Diego López de Haro renunciara al señorío de Vizcaya. Sin embargo, Don Diego tenía reconocido el título por los vizcaínos. Lo que allí ocurrió no se sabe, pero es un hecho cierto la fundación de Bilbao.

"En el nombre de Dios e de la bienaventurada Santa María sepan por esta carta quantos la vieren e oyeren como yo Diego López de Haro, Señor de Vizcaya en uno con mio fijo Don Lope Díaz e con placer de todos los viscaynos, fago en Bilvao de la parte de Begoña, nuevamente población e villa que disen e puerto de Bilvao."

Este título y jurisdicción sobre la ría harán de Bilbao el puerto exportador de la lana castellana y la entrada de las mercaderías extranjeras que llegaban a las ferias castellanas. De esta época es el origen de su núcleo histórico, las famosas siete calles perpendiculares que llegaban a las laderas de Begoña. Pero aun antes de que estuviera fundada la villa, en plena Edad Media, los mercaderes ya anclaban en el puerto de Bilbao. Se llamaba el Vado, era el único puente que había en el cauce del río Nervión y se localizó en la zona de menos calado, allá donde el mar y el río se unían. En 1475 el rey Fernando el Católico otorgó a Bilbao el título de Muy Noble y Muy Leal y dotó al escudo de la ciudad de una corona.

En 1511 la Corona crea el Consulado de Bilbao, que monopoliza la exportación de lana y paños castellanos. Este hecho junto con la importación del bacalao y la grasa de ballena procedentes de Terranova, obligó a aumentar la fabricación de embarcaciones y los astilleros y la villa prosperaron. Todo ello llevó a Bilbao a consolidarse como la más fuerte de las poblaciones de la ría, pero también a crearse numerosos enemigos.

Con el paso de los siglos, Bilbao se va extendiendo tanto en sus zonas históricas como en los ensanches nuevos. De ahí que pueda hablarse de un Bilbao renacentista, un Bilbao barroco y otro neoclásico. Todos ellos están magníficamente representados por su extraordinario patrimonio artístico. El Bilbao más reciente se fue configurando durante el siglo XIX. En esta época tuvo que sufrir frecuentes problemas laborales relacionados con la industria naval.

En el año 1804, la población se levanta contra sus gobernantes, la llamada Zamacolada. Años después el problema lo provoca Napoleón cuando decide hacer suya esta bella tierra. Los bilbaínos tuvieron su particular día Dos de Mayo el día 16 de agosto cuando tuvieron que luchar contra el invasor francés. Más tarde el sufrimiento se lo producirían sus mismos compatriotas escindidos en ramas políticas contrarias durante las largas Guerras Carlistas -terminadas en el año 1874 durante el reinado de Alfonso XII, llamado El Pacificador- ya que en 1836 tuvo que sufrir un durísimo asedio que llevó a toda la población a refugiarse en la Basílica de Begoña, hasta que fueron rescatados por el general Espartero el día de Navidad.

Al llegar el siglo XX Bilbao se encuentra cansada de tanta lucha, pero su gente es valiente y trabajadora y todos a una levantan la ciudad que entra en el Tercer Milenio convertida en uno de los puertos más importantes de Europa y que mira ya hacia el mundo americano. Además de industriosa es intelectual como lo atestiguan su dos universidades. La más conocida es la Universidad de Deusto. Más joven y extraordinariamente activa es la Universidad del País Vasco, que en los últimos años ha dado a Bilbao una brillantísima generación de médicos, periodistas y abogados.

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Castrejana




Esta villa y sus alrededores, conforman un entorno de extraordinaria belleza y nos hace sentir las mismas emociones de tantos peregrinos de antaño al contemplar los bosques de abedules y robles de los montes de la zona.

Senda de peregrinos desde la Edad Media, conocemos a uno de sus famosos romeros, su Ilustrísima Hugo, el obispo de Oporto.

En 1396 ya tenemos noticias de la “ puente de Castrijana”, y en 1402 se cita su arco, por lo que quizás sería la misma construcción que en el siglo XV, el maestro Pedro Ortíz de Lekeitio construyó para salvar las aguas del río Cadagua. De un solo arco de medio punto, perfil ligeramente alomado y sillería dorada muy regular, fue considerado en su tiempo una gran obra de ingeniería, dato más que suficiente para que la mente de los más sencillos lo atribuyera a ocultos tratos con el Maligno y lo rebautizara como Puente del Diablo. Por él atravesaban los mercaderes castellanos con su lana camino de los puertos vascos y también los peregrinos que escogían el Camino de la costa para llegar a Santiago. De ellos, muchos procedían del Norte de Europa y de Las Islas Británicas.

El puente actual no parece corresponder a esa fecha sino que la perfección de su construcción nos hace pensar ya en el siglo XVI. Del puente, pasamos a una pendiente que conducía a los peregrinos al Hospital de Portugalete. Es de destacar la excelente conservación de la calzada construida en piedra arenisca de la zona. Al final de la cuesta encontramos una pequeña y bella ermita cuya titular es Santa Águeda, en la cual sobresale un bajorrelieve de Santiago Matamoros, del siglo XVI y que nos confirma la vinculación desde siempre de toda esta zona con el Camino de Santiago.

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Baracaldo




Sus comienzos no pasan de ser unas pocas casas en la punta de la desembocadura del río Galindo, en la ría del río Nervión. Pertenecía a la anteiglesia de Santa María de Erandio, pero en 1340 se desmembró de ella para unirse a la anteiglesia de San Vicente de Baracaldo. Participó en las luchas de banderizos que asolaron la región durante largos años y en 1384 se separó de Las Encartaciones para integrarse en la Merindad de Uribe, gracias a la concesión de Don Tello, Señor de Vizcaya.

Ya por entonces era importante la actividad de las ferrerías en una zona de huertas y jardines, germen de lo que con los siglos sería su principal actividad y responsable de su nombre según el historiador Esteban Calle Iturrino, ya que Baracaldo procedería de IBARRA -VEGA- y de KALDU - FUNDICIÓN-. Tuvo también el nombre de DESIERTO porque en el siglo XVIII los carmelitas descalzos fundaron un monasterio y para la Orden cada monasterio era un desierto. Uno de los inquilinos del monasterio carmelita fue el célebre fabulista Samaniego, buscando la paz del espíritu, aunque pensamientos menos caritativos apuntan que fue huyendo de la Inquisición.

En 1857 el vergel de paz carmelitano se convirtió en un paraje de intensa actividad pues allí se instaló el primer alto horno de Vizcaya en la fábrica de Nuestra Señora del Carmen de Baracaldo. Este era el primer capítulo de la historia de los altos hornos de Vizcaya. Paradójicamente lo que fue beneficioso económicamente, se convirtió en una fuente de divisiones internas entre la población autóctona y los inmigrantes que acudían en busca de trabajo y que eran conocidos despectivamente como coreanos. Al final, la convivencia resolvió el problema.

A esta industriosa ciudad le quedan como testigos de su pasado algunos edificios entre los que cabe reseñar la iglesia de San Vicente mártir, del siglo XII. El palacio casa solar de los Larrea, una de sus joyas arquitectónicas y una de las casas fundacionales de la anteiglesia de San Vicente de Baracaldo. La casa-torre de Susunaga, del siglo XIV y reformada en el XVI, época de la que datan las escenas cinegéticas de la fachada principal.

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