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Cultura

Colmenar Viejo




El nombre de esta villa se vincula con el lugar que ocupaban las casas de Diego González Primo, donde había un colmenar y cerca de éste vivía un anciano apodado "el viejo". cerca de este lugar pasaba el camino de Alcalá de Henares a Segovia, que cruzaba el Manzanares por los puentes Grajal y Nuevo.

Los viajeros hacían noche en la casa del anciano, que amplió sus dependencias, asentándose definitivamente algunos de los hospedados naciendo de este modo, una aldea que se llamó "Colmenar del Viejo". Hoy día Colmenar Viejo.

Las últimas campañas arqueológicas realizadas en las tierras de Colmenar Viejo y su comarca han sacado a la luz toda una serie de restos que nos permiten asegurar con casi absoluta seguridad la existencia de asentamientos humanos más o menos estables y duraderos, anteriores a la reconquista y repoblación cristianas.

La evolución seguida por las distintas poblaciones del Real entre el siglo XIII y el XVI va a diferir notablemente. Mientras Manzanares crece muy despacio, algunas aldeas, como Guadarrama, Porquerizas (hoy Miraflores) y sobre todo Colmenar Viejo van a experimentar un crecimiento demográfico notable.

De todas ellas, es Colmenar Viejo la que concentra más población de todo el Real y Condado, de modo que será la primera de todas en conseguir el 22 de noviembre de 1504 la segregación jurisdiccional de Manzanares; siendo la villa que logra un mayor término municipal, poco después se erigirá en el centro económico y administrativo del Señorío y residencia del Gobernador y Alcalde Mayor del Condado.

En la España del siglo XVIII, el peso de la agricultura limitó las posibilidades de industrialización.

El siglo XIX supone para Colmenar Viejo un gran avance en cuanto a comunicaciones y transporte.

Al finalizar el siglo XIX, Colmenar Viejo presenta una estructura económica donde el sector primario es el predominante, aunque comienza a verse un pequeño desarrollo industrial donde destacan las pequeñas industrias, como el lavadero de lanas, las fábricas de curtido y otras derivadas, fundamentalmente, del subsector ganadero. Todo ello sin olvidar la extracción de piedra en las numerosas canteras existentes, principalmente tras la crisis surgida durante la Segunda República.

Poco antes de finalizar el siglo XIX se lleva a cabo una obra de gran importancia, no solo por el cambio espacial en la celebración de ciertos festejos tradicionales, sino por la envergadura de la empresa: la construcción de un coso taurino quese inauguró durante la función de las fiestas patronales de 1891. La plaza de toros simbolizaba la modernidad.

Este desarrollo, a principios del siglo XX, vendrá determinado por la acometida de aguas y energía eléctrica, a través de sucesivas contrataciones con la empresa Hidráulica Santillana. No obstante, las fuentes de la población continuaban con su función de abastecimiento. A su vez, la regulación del Manzanares arruinaría los molinos y batanes que tanta importancia tuvieron para la economía colmenareña desde la baja Edad Media.

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Manzanares el Real




Los territorios del Real de Manzanares fueron objeto de agrias disputas

por los Concejos segoviano y madrileño durante el siglo XIII,
a causa del interés de estos terrenos para la explotación de los bosques y pastos del curso alto del Manzanares.

En el siglo XIV pasa a ser propiedad de la familia noble de los De la Cerda(Leonor de Guzmán) hasta el reinado de Juan II, que se lo arrebata para donárselo al noble D. Diego Hurtado de Mendoza, a la sazón, Almirante de Castilla. A este noble se le atribuye la construcción del castillo viejo y aún la del nuevo, que se terminaría por el hijo primogénito de D.Iñigo. El arquitecto fue el afamado maestro de cantería Juan Guas, francés. La utilización del edificio como residencia de la familia señorial fue muy corta ya que acabó tras el fallecimiento del cuarto Duque del Infantado en 1565. A partir de este momento el lugar quedaría abanadonado por los problemas económicos y legales surgidos entre los herederos.

Un personaje ilustre por el que la villa madrileña siente especial afecto fue el famoso Arcipreste de Hita, conocido por su obra "Libro de Buen Amor", quien paseó por sus calles y dedicó varios versos a la Ermita de La Virgen del Espinar.

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