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El Camino de Levante

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Etapa

17

Cultura

Toledo




El primer asentamiento fijo que se conoce en la ciudad es una serie de castros, sobre los que después se levantó la ciudad celtibérica amurallada, uno de los más importantes centros de los carpetanos. Uno de estos primeros asentamientos se sitúa en el Cerro del Bú, del que se han obtenido numerosos restos en excavaciones realizadas, y que se pueden observar en el actual Museo-Hospital de Santa Cruz, en Toledo.

Los romanos dejaron numerosos vestigios en la faz toledana, como un imponente acueducto, del que únicamente se conservan las bases a ambos lados del Tajo, una vía romana, parte de la cual se puede ver en las laderas de los cerros de la margen izquierda del río, y un circo, ubicado en un parque público y parcialmente desenterrado.

Tras las primeras incursiones germánicas, se reedificaron la antiguas murallas con objetivos defensivos; a pesar de ello en el año 411 la ciudad fue conquistada por los alanos, quienes fueron a su vez derrotados por los visigodos en el año 418. Una vez hubo vencido a su rival Agila, Atanagildo estableció su corte en la ciudad y posteriormente, con Leovigildo, se convirtió en capital del reino hispanogodo y en arzobispado, con lo que adquirió gran importancia civil y religiosa.

El 25 de mayo de 1085, Alfonso VI de León y Castilla entra en Toledo, mediante un acuerdo previo con el Taifa que la gobernaba. Mediante el acuerdo de capitulación, el rey castellano y leonés somete al reino, garantizando a los pobladores musulmanes la seguridad de sus personas y bienes. El rey concedió fueros propios a cada una de las minorías existentes: mozárabes, musulmanes y judíos, posteriormente refundidos por Alfonso VII en el Fuero de 1118. Tras la conquista de la ciudad, sobrevino el periodo de mayor esplendor de Toledo, de una gran intensidad cultural, social y política.

Los Reyes Católicos urbanizaron y engrandecieron la ciudad, y en la catedral toledana se proclamó a Juana y Felipe el Hermoso como herederos de la corona castellana en 1502. Isabel la Católica mandó construir en Toledo el monasterio de San Juan de los Reyes para conmemorar la batalla de Toro y ser enterrada allí con su marido, pero tras la reconquista de Granada los Reyes decidieron enterrarse en ésta última ciudad, donde sus restos descansan hoy.

Tras el comienzo de la Guerra Civil Española, la ciudad permaneció en la zona republicana. Sin embargo, en el Alcázar, sede de la Academia de Infantería, se refugió un grupo de nacionales al mando del coronel Moscardó, que resistió al Gobierno desde el 21 de julio de 1936 hasta la llegada de las tropas del general Varela el 27 de septiembre de ese mismo año. El Alcázar, casi completamente destruido en el asedio, fue reconstruido en su totalidad posteriormente.

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Rielves




Los datos encontrados pertenecen a la época romana; son cimientos de termas, tal vez del siglo III después de Jesucristo. De la época visigoda se conserva una moneda del reinado de Wamba y una inscripción referida a San Vicente Mártir. La población hispano-romana continúa viviendo en el territorio a lo largo de la dominación musulmana.En el siglo XVIII fue villa del señorío de don Juan Francisco Melgarejo, marqués de Quiroba. En 1787 pasó a ser propiedad de don Francisco Fernández de Madrid, canónigo de la catedral de Toledo.

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Bercience




Barcience fue una zona fortificada desde los siglos XI-XII. Ya en el siglo XIII pasó a manos de la Orden de Santiago, cuyo Maestre, Don Enrique de Castilla, lo cedería más tarde al Adelantado Don Alfonso Tenorio, linaje de origen portugués establecido en Toledo.

Juan de Silva comenzó las obras de construcción de un castillo, siendo concluido por su nieto.

Juan de Silva fue servidor de don Alvaro de Luna, así como del rey Juan II.

El año 1454 recibió el título de Conde de Cifuentes y más tarde el puesto de Alférez Real, Notario Mayor del Reino de Toledo, señor de Barcience y de Montemayor.

Fue embajador del rey en el Concilio de Basilea, 1434-36, de donde sacó emblema y divisa para sus armas. En la campaña de Granada, tomó Pinos Puente, anterior a la batalla de La Higueruela.

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Torrijos




Parece probado que fueron los vetones quienes primero se asentaron en Torrijos, aunque su nombre parece indicar su origen romano, que vendría de “turris”, torre, lo que supondría la existencia de un punto defensivo en plena llanura castellana desde la antigüedad para proteger el camino que unía Toletum (Toledo) con Avila a través de la Trasierra, es decir la misma ruta que hoy sigue el Camino de Levante. También se han hallado restos de un acueducto, calzada, enterramientos y monedas.

Torrijos ganó importancia en la época visigoda por su proximidad a Toledo, capital de aquel reino, y en esta localidad se asentaron colonizadores que crearon ricas explotaciones, como lo demostrarían topónimos como Las Suertes que recuerdan que los visigodos solían sortear las tierras entre sus gentes. Cercano a Torrijos se encuentra uno de los principales vestigios visigodos de la provincia, la Iglesia de Santa María de Melque.

Más tarde fueron los musulmanes quienes se asentaron en Torrijos, sobre todo en la zona conocida como Puerta de Maqueda (una de las cuatro del desaparecido recinto amurallado), donde aún se aprecia el urbanismo típico de una ciudad árabe, con calles estrechas y tortuosas, o adarves (callejones) sin salida.

Alfonso VI arrebató Torrijos a los musulmanes el mismo año de la reconquista de Toledo (1085). Dos años después de la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) Alfonso VIII regaló Torrijos al arzobispo de Toledo, Jiménez de Rada, y éste lo cedió al cabildo.

Alfonso XI organizó grandes celebraciones en esta localidad por la victoria en la batalla del Salado (1340) y por el nacimiento de su hijo, más tarde Pedro I El Cruel. Asimismo inició la construcción de un palacio concluido en tiempos de su hijo.

Restaurado recientemente, San Gil sirve de sede al Ayuntamiento de Torrijos y a otras instituciones.

El palacio reúne una serie de dependencias muy bellas, destacando los dos claustros y el salón de plenos, con un bellísimo artesonado.

En Torrijos, Cárdenas también adquirió la antigua sinagoga para edificar en ella un Hospital de Peregrinos, el de la Santísima Trinidad, del que sólo restan la Capilla y el Claustro, convertidos hoy en Capilla del Cristo de la Sangre. En su interior se encuentra la imagen de Cristo, de procedencia americana y regalo de un capellán torrijeño.

En la misma época se levantaron el Palacio de los Señores de Maqueda, ya desaparecido, y los hospitales de la Consolación y de Afuera (también desaparecido). Cárdenas y Enríquez fueron los responsables de que Torrijos se convirtiese en una pequeña ciudad, que logró categoría de villa en 1482, y tras su muerte se produjo una cierta decadencia de la localidad.

En la Guerra de la Independencia, Torrijos sufrió el saqueo de las fuerzas francesas y la destrucción de edificios históricos, como el monasterio franciscano de Santa María de Jesús, obra de Juan Guas. Posteriormente se inicia una cierta recuperación económica con la llegada de emprendedores, sobre todo vascos. Desaparece el señorío de los duques de Maqueda, pero llega el ferrocarril de Madrid a Portugal.

El siglo XX marcó el renacimiento comercial de Torrijos, sobre todo a partir de los años cincuenta, y más aún desde los ochenta. La población se ha multiplicado espectacularmente, desde los casi 3.000 habitantes censados en 1900, hasta los 12.900 de la actualidad.

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