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Camino Portugués

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La leyenda cuenta que Teucro, uno de los participantes en la desdichada guerra de Troya, al volver a su patria, cayó en brazos de una bella sirena, de nombre Leucoiña, un tanto esquiva ella, a la que tuvo que perseguir hasta la Ría de Pontevedra. Despechado, llamó Hellenes a la ciudad.

Su existencia documentada se remonta a la parada de postas romana llamada "Ad Dous Pontes", en la Vía XIX, que ponía en comunicación a las ciudades de Braga y Lugo, más tarde se la conocería como "Ponte Veteri".

Ya en la Edad Media, el monarca Fernando II, en el siglo XII, le otorgó numerosos fueros y privilegios, que la ayudaron a convertirse en un importante centro comercial.

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De la época prerromana se conserva el tesoro prehistórico de Caldas que es una ara votiva dedicada al dios indígena Edovio, encontrada en la arqueta del manantial termal. Los restos arqueológicos romanos son muy abundantes, aunque las muestras más significativas son los puentes: dos en la zona urbana y dos que si pueden encontrar subiendo por el río. En la Edad Media se construye un elevado número de iglesias románicas relacionadas al Camino Portugués cara a Santiago, en el que Caldas es lugar de paso obligado para los peregrinos procedentes del sur. Dice la historia que por este camino pasó Santo Tomé de Canterbury, a quien si le dedicó el templo que lleva su nombre.

Caldas fue sede episcopal hasta el año 569, en el que esta pasó a Iria.

Es tradición reiterada que Caldas fue cuna de noble linaje al darle cobijo al rey de Castilla Afonso VII, hijo de señora Urraca y de don Raimundo de Borgoña, conde de Galicia.

Al ser declarada villa de reguengo por Felipe II llegaron a Caldas nobles de todas las regiones que si asentaron allí al amparo de las ventajas fiscales.

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