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Ruta de la Lana I

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Etapa

3

Cultura

Villena

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La Historia ha visto pasar íberos, romanos, visigodos y musulmanes por el área de Villena, pero bucear en los orígenes de la ciudad es más complejo. Se considera que la primera noticia que se tiene de Villena es la del tratado de los musulmanes con Teodomiro en el año 713. Según las fuentes escritas que se han conservado, el aspecto general de la ciudad antes de la Conquista cristiana debió ser imponente: jardines en los que el agua de la antigua laguna y de numerosos manantiales jugaría un papel predominante. Además, se sabe de la existencia de una madraza de la que fue profesor de retórica el jiennense Mohamad ben Ahmad ben Hassan alrededor del año 1200. En el área urbana los viajeros verían sus construcciones más sobresalientes, como los castillos de la Atalaya y Salvatierra y, probablemente, la mezquita situada donde hoy día se halla la Iglesia de Santa María.

La situación geográfico-histórica de Villena ha sido siempre la de zona fronteriza, hecho que ha marcado profundamente las diversas influencias culturales recibidas. El Reino Musulmán de Murcia tuvo a esa ciudad de jardines como límite norte, dándole también los cristianos la condición de fronteriza.

La conquista cristiana de Villena, que tuvo lugar en 1240, fue realizada por el comendador de Alcañiz en nombre de Jaime I y de la Corona de Aragón, incumpliendo de esta manera pactos anteriores que dejaban a la órbita castellana esta plaza. El Tratado de Almizra en 1243 la devolvía a Castilla, creándose entonces el Señorío de Villena. Más tarde, en 1261, Castilla necesitaba de nuevo la ayuda de catalanes y aragoneses para sofocar la sublevación morisca.

La imagen urbana de Villena a finales del siglo XVIII es la de una ciudad abierta que ya no tenía murallas. En 1836, tras haber pertenecido previamente a la provincia de Albacete, se incorpora definitivamente a la de Alicante La ciudad se introduce en el camino del desarrollo con el paso, en 1858, del ferrocarril que unía Alicante y Madrid y más tarde con el trazado que la conectaba con Cieza y Alcoy, creciendo con el signo de los tiempos.

El desarrollo actual de la ciudad ha propiciado que Villena sea una ciudad dinámica dotada de una infraestructura cultural y de servicios propia de una ciudad moderna.





Caudete

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El nombre de “Caudete” parece derivar de CAPDETUM, contracción que debieron hacer los romanos de Caput Deitanorum o Cabeza de los Deitanos, tribu ibérica del sudeste peninsular. Aunque puede también tener su origen en el término “caput aquae” (cabeza del agua), y que hacía referencia a la condición del municipio de cabeza de cuenca hidrográfica del río Vinalopó.

Caudete fue nudo de comunicaciones e importante asentamiento en época íbera. Por aquí discurrían el mítico Camino de Anibal, antigua vía de comunicación íbero-cartaginesa desde el s. VII a. C., luego llamada Vía Augusta, nombre que recibe a raíz de las reparaciones que se llevaron a cabo bajo el mandato del emperador Augusto, entre el año 8 y 2 a. C.

Caudete fue, más tarde, asentamiento romano, del que todavía quedan vestigios. Restos de villas romanas han sido encontrados en los parajes de El Real y Los Santos.

De origen musulmán son el primigenio emplazamiento de la villa de Caudete y el poblado o alquería de Bogarra, situado al sudeste del término y del que sólo se conserva la base de su torre defensiva, una construcción de planta hexagonal con muros de tapial y argamasa de cal.

Conquistada por las tropas cristianas de Jaime I de Aragón en 1240, Caudete pasa en 1244 a depender de Castilla en virtud del Tratado de Almizra, otorgándole el entonces infante Alfonso X el Sabio a Sancho Sánchez de Mazuelo la posesión del castillo y la plaza de Caudete. En 1256 Mazuelo vende dicha posesión a Gregorio García, hablándose entonces de que Caudete era un poblado habitado mayoritariamente por mudéjares.

Caudete estuvo entre los siglos XIII y XV en medio de las disputas territoriales que enfrentaron a los reinos de Aragón y Castilla, hecho que determinó su importancia estratégica durante todo este periodo.

En 1425 el rey Alfonso V de Aragón agregó la villa y castillo de Caudete al Patrimonio Real, con perpetua prohibición de enajenarla. Este hecho permitió a nuestro municipio gozar de los privilegios otorgados al selecto grupo de villas reales.

Más tarde, Juan II de Aragón, en 1470, integró a Caudete entre las 29 poblaciones del Reino de Valencia con voto en Cortes.

Con motivo de la Guerra de Sucesión en 1707, la localidad fue ocupada por las tropas inglesas que apoyaban al pretendiente a la Corona Archiduque Carlos de Austria. Con el triunfo del Borbón Felipe de Anjou, nuestra villa pierde sus fueros y privilegios y pasa a formar parte de Villena en calidad de aldea por la Real Provisión de septiembre de 1707. Las tierras de Caudete fueron una de las compensaciones que Villena pidió al nuevo rey por haberle apoyado en la guerra.

Recobra nuestra villa su independencia en 1738, gracias a las gestiones del sacerdote Don Luis Golf. En esta fecha queda incorporada al Reino de Murcia. Desde 1833, con la nueva distribución territorial de Javier de Burgos, forma parte de la provincia de Albacete. Hoy es el quinto municipio de la provincia en peso poblacional.





Almansa

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Los primeros testimonios de poblamiento en el término se dan en torno al V milenio a.C. y se concretan en la presencia de pinturas rupestres prehistóricas de estilo levantino. Yacimientos arqueológicos importantes nos muestran vestigios de poblados de la Edad de Bronce, II milenio a.C., entre los que destaca el del Cerro de los Cuchillos. Posteriormente, se asentaron otras culturas: del I milenio a.C. en la montaña del Mugrón, se encuentran las ruinas de una ciudad ibérica conocida con el nombre de Meca, considerado como uno de los hallazgos más importantes de la zona. Griegos y romanos pasaron por Almansa, dejando constancia del importante nudo de comunicaciones que desde antaño ha sido esta ciudad. Una de sus principales vías, Heráklea o Hercúlea, pasaba cerca del término.

El Islam llega a la Península, y deja su huella en la fortaleza que domina la ciudad; concretamente en el período almohade es cuando tiene origen el Castillo. En el siglo XIII, Almansa dejó de ser musulmana pasando a formar parte de la corona de Castilla. Debido a su importante situación, Alfonso X dotó a la población de los fueros y franquezas de Requena, Cuenca y Alicante, además de otros privilegios.

En tiempos de Don Juan Manuel, Almansa pasó a formar parte de su Señorío, que más tarde con Alfonso de Aragón se convirtió en Marquesado de Villena. Se entra en un período en el que los sucesivos marqueses continúan con sus propósitos de convertirse en un estado independiente de los reinos de Castilla y Aragón. El fin del marquesado fue en la guerra de Juana la Beltraneja contra Isabel la Católica; el marqués tomó parte por Juana la Beltraneja, pero el pueblo, que había estado oprimido durante mucho tiempo por sus obligaciones tributarias, se aseguró una serie de ventajas y privilegios por parte de los Reyes Católicos, decidiendo alinearse a favor de éstos. Ya en la edad moderna, en el siglo XVI se sucedieron transformaciones urbanísticas como la construcción de la Iglesia de la Asunción y la edificación de la Presa del Pantano. Y como contraste, en el siglo XVII, la ciudad sufrió un acusado periodo de despoblamiento debido a la emigración. El 25 de Abril de 1707, tuvo lugar en Almansa, una de las más importantes batallas de la guerra de Sucesión al trono español, librada entre Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos de Austria: el Marqués de las Minas y Lord Gallway, al frente de las tropas aliadas, provocaron el choque con las fuerzas de Felipe V, que mandaba el Duque de Berwick. La victoria fue para las tropas Borbónicas, lo que les permitió el paso hacia el levante.