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Camino Mozárabe

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Castro del Río




Los primeros pobladores de Castro del Río, los encontramos ya en la Prehistoria. Los estudios de sus tierras nos demuestran la intensidad de su poblamiento y la benevolencia de las mismas desde la Edad de los Metales.

Se han encontrado restos Eneolíticos, ibéricos (recinto fortificado y exvotos), cerámica griega y campaniense, inscripciones romanas y visigodas.

Las primeras noticias sobre Castro son de 1.236, cuando aún estaba en poder de los musulmanes.

Castro del Río, constituida a principios del siglo XIV por el Castillo, la Villa y un arrabal extramuros, se verá condicionada por su situación fronteriza y su ubicación en la zona de penetración desde Córdoba a Granada por el valle del Guadajoz.

La Villa de Castro del Río, sufrió todos los vaivenes políticos y militares que caracterizan la historia más temprana del siglo XIX provincial.

La enfrentada realidad socio-económica de Castro, junto a la temprana conciencia social de su grupo proletario, fortalecieron el predominio incuestionable de las corrientes libertarias en el periodo finisecular del siglo XIX y en buena parte del XX.

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Córdoba




Todos los datos sobre la historia de la ciudad en épocas anteriores al período romano se basan en los hallazgos arqueológicos. Destacan los datos pertenecientes al período del Bronce final. Se trataría de un poblado indígena cercano al río, en la zona del actual parque Cruz Conde; En el emplazamiento actual del Teatro Municipal de la Axerquía y la zona universitaria, existió un "tell", ha proporcionado los restos más antiguos de finales del segundo milenio A.C.

Roma escogió Córdoba como emplazamiento para sus tropas dado el gran valor estratégico de la ciudad. Desde el año 152 a.C. la ciudad se convierte en una colonia latina hasta fines de la República. El historiador Estrabón da una descripción detallada de su emplazamiento y de su estructura social y administrativa. En este sentido, Córdoba fue considerada capital oficiosa de la Hispania Ulterior.

Su entrada en la compleja política romana viene de la mano del enfrentamiento entre César y Pompeyo. Indecisos sus habitantes entre ambos contendientes, fueron más numerosos los partidarios de Pompeyo. Tras la victoria de César, éste procedió a castigar su desafección con una grave destrucción y una disminución demográfica significativa. La venganza de César no afectó, sin embargo, a los privilegios de que disfrutaba, ya que el gobernador supo tratar convenientemente a la población y mantuvo cordiales relaciones con los aristócratas de de la ciudad.

Hijo ilustre de Córdoba durante el período romano fue Séneca. Preceptor de Nerón, su importancia fue de tal magnitud entre los círculos de intelectuales que, aún en la actualidad, los cordobeses presumen haber asimilado las virtudes de aquel hombre singular.

Tras la Guerra Civil y las reformas administrativas de Augusto, Córdoba se convirtió en la capital de la provincia Bética. Este status favoreció un enorme esplendor para la ciudad.

Córdoba fue amurallada y en las faldas de la sierra se construyeron numerosas villas de recreo.

Tras la caída del Imperio Romano, en el siglo V la ciudad fue saqueada por los vándalos, que dieron su nombre actual a esta región andaluza. A pesar de la caída del Imperio, sus instituciones se mantuvieron y un dux visigodo tuvo su sede en la Bética. Con el establecimiento del reino visigodo en la Península, comenzó la expansión del cristianismo en tierras cordobesas. La figura más importante de la nueva doctrina fue el obispo Osio, participante en los Concilios de Ilíberis y Nicea. La importancia de las nuevas comunidades cristianas queda reflejada en el número de sarcófagos de estilo paleocristiano encontrados.

Durante el dominio visigodo, Córdoba se vería profundamente afectada por las rivalidades entre los candidatos al trono. Las constantes revueltas nobiliarias, propiciarían las guerras civiles que precedieron a la invasión musulmana.

Durante el reinado del católico Recadero, se construyó la basílica de San Vicente, que con el tiempo se convertiría la mezquita aljama.

Durante el verano del año 711, Córdoba fue conquistada por los generales de Tariq. Los nuevos dominadores instalaron sus órganos de poder en el Alcázar visigodo. Al frente del gobierno dejaron un wali o gobernador.

Muy pronto los gobernantes árabes comprendieron la importancia de la ciudad y la nombraron capital de Al Andalus. Fue una época animada por numerosas obras públicas que mejoraron el aspecto de la ciudad y aumentaron el nivel de vida de sus habitantes.

Córdoba pasó a ser la ciudad favorita de los árabes, que fundaron una mezquita aljama.

A las puertas de la ciudad tuvo lugar la victoria del Omeya Abderramán sobre el emir abasida, en el año 756. Primer gobernante de la dinastía Omeya, Abderramán I no fue un monarca especialmente ligado a la ciudad. Sin embargo, sus sucesores en el trono hicieron deCórdoba la capital de la cultura al propiciar el asentamiento de místicos, matemáticos, médicos, filósofos y poetas.

Este esplendor se vió empañado por las luchas entre la población que asumió tranquilamente la arabización, como muchas familias de la nobleza visigoda (los muladíes) y los sectores cristianos, sojuzgados por los mozárabes. Las disensiones se saldaron con la ejecución de muchos cristianos como San Eulogio o San Pelayo, que fueron martirizados.

El período de mayor pujanza económica, social y artística tuvo lugar durante el reinado de Abderramán III, quien convirtió a la ciudad en un califato independiente de Damasco. y la ciudad más floreciente, culta y poblada de Europa. Volvió a ampliar la mezquita, y la dotó de un patio con pórticos. Este esplendor comenzó su declive durante el reinado de su sucesor, un monarca débil, más aficionado al arte y la poesía que a las tareas de gobierno, quien dejó el poder en manos de su favorito, el temido Almanzor. Las contínuas guerras civiles acabaron con el Califato en el año 1013, dando lugar a la aparición de los reinos de taifas. Los beréberes, con la ayuda del monarca Sancho de Castilla, tomaron Medina Azahara, símbolo del poder califal, en el año 1010.

Durante los siglos XI y XII, Córdoba fue un reino taifa. Tomada por el rey de Sevilla, Motamid, comenzó una irremediable decadencia hasta su conquista por Fernando III el Santo.

El 29 de junio de 1236 Córdoba fue conquistada por Fernando III, el Sto. La población musulmana fue obligada a abandonar la ciudad.

El círculo íntimo del rey se repartió las tierras cordobesas dando origen a la formación de los señoríos oligárquicos.


La fuerte política centralista llevada a cabo por los Reyes Católicos hizo posible la picificación de la zona. Hijo de Córdoba era un personaje muy controvertido de la corte isabelina, D. Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.

El reinado de los últimos Austrias supuso para la ciudad andaluza un proceso de disminución de su importancia económica y social.

El siglo XVIII, con el advenimiento de la dinastía borbónica, tampoco sacó a la ciudad de este gradual deterioro.

El siglo XIX supuso para Córdoba un momento de exaltación patriótica dada su activa participación durante la Guerra de la Independencia. A esta contienda, que terminó en una violenta represión se fueron sumando a lo largo del siglo las tremendas disputas entre absolutistas y liberales.

Será a mediados del siglo XX cuando la ciudad cambie su aspecto y comience a modernizarse y potenciar sus tradiciones populares.

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Todos los datos sobre la historia de la ciudad en épocas anteriores al período romano se basan en los hallazgos arqueológicos. Destacan los datos pertenecientes al período del Bronce final. Se trataría de un poblado indígena cercano al río, en la zona del actual parque Cruz Conde; En el emplazamiento actual del Teatro Municipal de la Axerquía y la zona universitaria, existió un "tell", ha proporcionado los restos más antiguos de finales del segundo milenio A.C.

Roma escogió Córdoba como emplazamiento para sus tropas dado el gran valor estratégico de la ciudad. Desde el año 152 a.C. la ciudad se convierte en una colonia latina hasta fines de la República. El historiador Estrabón da una descripción detallada de su emplazamiento y de su estructura social y administrativa. En este sentido, Córdoba fue considerada capital oficiosa de la Hispania Ulterior.

Su entrada en la compleja política romana viene de la mano del enfrentamiento entre César y Pompeyo. Indecisos sus habitantes entre ambos contendientes, fueron más numerosos los partidarios de Pompeyo. Tras la victoria de César, éste procedió a castigar su desafección con una grave destrucción y una disminución demográfica significativa. La venganza de César no afectó, sin embargo, a los privilegios de que disfrutaba, ya que el gobernador supo tratar convenientemente a la población y mantuvo cordiales relaciones con los aristócratas de de la ciudad.

Hijo ilustre de Córdoba durante el período romano fue Séneca. Preceptor de Nerón, su importancia fue de tal magnitud entre los círculos de intelectuales que, aún en la actualidad, los cordobeses presumen haber asimilado las virtudes de aquel hombre singular.

Tras la Guerra Civil y las reformas administrativas de Augusto, Córdoba se convirtió en la capital de la provincia Bética. Este status favoreció un enorme esplendor para la ciudad.

Córdoba fue amurallada y en las faldas de la sierra se construyeron numerosas villas de recreo.

Tras la caída del Imperio Romano, en el siglo V la ciudad fue saqueada por los vándalos, que dieron su nombre actual a esta región andaluza. A pesar de la caída del Imperio, sus instituciones se mantuvieron y un dux visigodo tuvo su sede en la Bética. Con el establecimiento del reino visigodo en la Península, comenzó la expansión del cristianismo en tierras cordobesas. La figura más importante de la nueva doctrina fue el obispo Osio, participante en los Concilios de Ilíberis y Nicea. La importancia de las nuevas comunidades cristianas queda reflejada en el número de sarcófagos de estilo paleocristiano encontrados.

Durante el dominio visigodo, Córdoba se vería profundamente afectada por las rivalidades entre los candidatos al trono. Las constantes revueltas nobiliarias, propiciarían las guerras civiles que precedieron a la invasión musulmana.

Durante el reinado del católico Recadero, se construyó la basílica de San Vicente, que con el tiempo se convertiría la mezquita aljama.

Durante el verano del año 711, Córdoba fue conquistada por los generales de Tariq. Los nuevos dominadores instalaron sus órganos de poder en el Alcázar visigodo. Al frente del gobierno dejaron un wali o gobernador.

Muy pronto los gobernantes árabes comprendieron la importancia de la ciudad y la nombraron capital de Al Andalus. Fue una época animada por numerosas obras públicas que mejoraron el aspecto de la ciudad y aumentaron el nivel de vida de sus habitantes.

Córdoba pasó a ser la ciudad favorita de los árabes, que fundaron una mezquita aljama.

A las puertas de la ciudad tuvo lugar la victoria del Omeya Abderramán sobre el emir abasida, en el año 756. Primer gobernante de la dinastía Omeya, Abderramán I no fue un monarca especialmente ligado a la ciudad. Sin embargo, sus sucesores en el trono hicieron deCórdoba la capital de la cultura al propiciar el asentamiento de místicos, matemáticos, médicos, filósofos y poetas.

Este esplendor se vió empañado por las luchas entre la población que asumió tranquilamente la arabización, como muchas familias de la nobleza visigoda (los muladíes) y los sectores cristianos, sojuzgados por los mozárabes. Las disensiones se saldaron con la ejecución de muchos cristianos como San Eulogio o San Pelayo, que fueron martirizados.

El período de mayor pujanza económica, social y artística tuvo lugar durante el reinado de Abderramán III, quien convirtió a la ciudad en un califato independiente de Damasco. y la ciudad más floreciente, culta y poblada de Europa. Volvió a ampliar la mezquita, y la dotó de un patio con pórticos. Este esplendor comenzó su declive durante el reinado de su sucesor, un monarca débil, más aficionado al arte y la poesía que a las tareas de gobierno, quien dejó el poder en manos de su favorito, el temido Almanzor. Las contínuas guerras civiles acabaron con el Califato en el año 1013, dando lugar a la aparición de los reinos de taifas. Los beréberes, con la ayuda del monarca Sancho de Castilla, tomaron Medina Azahara, símbolo del poder califal, en el año 1010.

Durante los siglos XI y XII, Córdoba fue un reino taifa. Tomada por el rey de Sevilla, Motamid, comenzó una irremediable decadencia hasta su conquista por Fernando III el Santo.

El 29 de junio de 1236 Córdoba fue conquistada por Fernando III, el Sto. La población musulmana fue obligada a abandonar la ciudad.

El círculo íntimo del rey se repartió las tierras cordobesas dando origen a la formación de los señoríos oligárquicos.


La fuerte política centralista llevada a cabo por los Reyes Católicos hizo posible la picificación de la zona. Hijo de Córdoba era un personaje muy controvertido de la corte isabelina, D. Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.

El reinado de los últimos Austrias supuso para la ciudad andaluza un proceso de disminución de su importancia económica y social.

El siglo XVIII, con el advenimiento de la dinastía borbónica, tampoco sacó a la ciudad de este gradual deterioro.

El siglo XIX supuso para Córdoba un momento de exaltación patriótica dada su activa participación durante la Guerra de la Independencia. A esta contienda, que terminó en una violenta represión se fueron sumando a lo largo del siglo las tremendas disputas entre absolutistas y liberales.

Será a mediados del siglo XX cuando la ciudad cambie su aspecto y comience a modernizarse y potenciar sus tradiciones populares.

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