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Camino Mozárabe

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Etapa

5

Cultura

Huéneja




Hay indicios de asentamientos humanos desde la época del Argar, como lo demuestran los hallazgos de numerosos objetos y sepulturas en un paraje próximo a esta localidad, aunque su topónimo es de época árabe, alusiva a la rotura del terreno y consiguiente paso de aguas.

En la época islámica se caracterizó como fortaleza, construyéndose un castillo llamado de Reniha o Guenichea. Es de destacar la estancia de Boabdil en las alquerías de Huéneja desde el 27 de septiembre al 3 de octubre de 1490.

Debido a su situación periférica en el Sened, no siempre fue incluida en el Zenete. Al producirse la Reconquista por los Reyes Católicos en 1491, el rey Fernando concedió esta villa al alcaide de Fiñana, don Álvaro de Bazán, 1 el 20 de junio de 1492. Los Reyes concedieron otra merced a don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza en atención a los servicios prestados durante la Guerra de Granada. Este hecho es un acontecimiento trascendental para la comarca, por cuanto se recupera con ello la unidad política y administrativa que ya tuviera esta zona en época musulmana.

Su emplazamiento estratégico le ha hecho tener un papel destacado desde tiempos prehistóricos, a esto ha contribuido la abundante presencia de agua y una importante riqueza minera.

Será tras la rebelión de los moriscos, en la que tomaron parte activa los habitantes del Zenete, cuando la represión y las consecuencias de esta lleven a estas tierras a un importante empobrecimiento, debido fundamentalmente a la perdida de población y el consiguiente abandono de unas tradicionales actividades económicas, que eran altamente rentables.

El proceso demográfico ha experimentado un fuerte retroceso igual que en el resto del Marquesado, después de una fase progresiva de incremento, detectado a partir de mediados del siglo XVIII, se mantiene durante el siglo XIX. Sin embargo en la década de los sesenta del siglo XX se produce una migración masiva de los habitantes que merma cuantitativamente los efectos hasta la década de los noventa de este siglo.

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Dólar




Durante el Bajo Imperio romano, probablemente fue una pequeña aldea que se organizó alrededor de un cerro y que con posterioridad se trasladó a zonas más bajas y soleadas.

Dólar en época musulmana llamó la atención del geógrafo al-Idrisi, siglo XII, por su carácter de fortaleza, donde la cima del cerro la coronaba un castillo amurallado. La función del castillo sería guarecer a la población ante ataques exteriores.

En aquellos momentos tenía cercanos otros dos pequeños poblados que permanecieron hasta la Reconquista de los Reyes Católicos, aunque casi deshabitados. Ambos poblados tendrían origen mozárabe.

Tras la Reconquista se abandonó el castillo, y Dólar comenzó a formar parte del Marquesado del Cenete, nombre procedente del título nobiliario concedido a Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, en 1491. Después de la rebelión y posterior expulsión de los moriscos de lo que había sido el Reino de Granada, hubo que repoblar íntegramente este lugar con cristianos procedentes de la provincia de Jaén y de otros puntos.

Origen del nombre del pueblo. Hay tres teorías:

1ª El historiador árabe Ibn Aljathib, al describir los territorios cercanos a Guadix en el siglo XIV, ya hablaba de Dólar (Dollar), cuyo nombre parece hacer referencia a los toneleros que trabajaban la madera con unas hachas que aún se conocen con el nombre de dólar, y que con toda probabilidad se asentaron en este lugar.

2ª Pero también el topónimo Dólar, podría derivarse de Dolaria, alusivo a lugar abundante en madera, lo que conectaría su significado con un primitivo bosque con caserío que daría lugar a este poblado.

3ª El origen de su topónimo puede ser una evolución ocasionada por Dar, la casa, lo que vendría a indicar que ahí pudo estar situada una posada o fonda, camino del Puerto de la Ragua.

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Ferreira




El topónimo del pueblo, "Ferreira", alude claramente al hierro mineral que abunda en la zona.



Ya en época prehistórica el hombre habitaba estas tierras, como se puede comprobar con los restos encontrados en 1987 de la fortaleza minera de El Cardal, conocida también como Fortaleza Ramella. Este poblado fundamentaba su existencia alrededor de la extracción y tratamiento del hierro, como demuestra la escoria encontrada en este. Las cerámicas y restos hallados datan del siglo III a. C. —argárico— y s. II-I a. C. —íbero tardío—.



En el siglo XV, sobre 1490, por las capitulaciones de El Zagal se constituyó el Marquesado del Zenete siendo Ferreira una de las villas que lo integran, pasando a formar parte de la Corona de Castilla y por la política llevada a cabo por los Reyes Católicos convierte al marquesado en señorío, siendo el primer marqués Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza.



En 1494 Ferreira recibió a un peculiar visitante procedente de Alemania llamado Hieronymus Münzer (o acastellanizado Jerónimo Múnzer); era un médico bastante conocido natural de la ciudad de Núremberg, que escribió sobre las tradiciones y costumbres ferrileñas. Gracias a él se han podido saber muchas cosas en relación al pueblo, y en su memoria se creó una ruta turística por caminos antiguos que va desde Huércal-Overa a Granada: la Ruta de Münzer.



Por esa época se produjeron unas sublevaciones de los habitantes que hasta entonces habitaban estas tierras —los moriscos— que acabaron con su expulsión. Estas tierras fueron repobladas con gentes del norte peninsular, principalmente por gallegos.

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La Calahorra




Hay informaciones que confirman la existencia de asentamientos humanos en La Calahorra y comarca del Marquesado en el Neolítico. Igualmente están documentados yacimientos de la Edad del Bronce, de la cultura El Argar, en la zona del Marquesado del Zenete, de los que sobresale El Zabelí en Esfiliana; es probable la existencia de algún asentamiento al amparo del cerro en que actualmente se levanta el castillo.

Se sabe que fue ocupada por los fenicios, y que en época romana perteneció a la provincia Bastetania, en la que están encuadradas las zonas de Acci (Guadix) y Basti (Baza) y en la que se encuentra una población llamada Arcilasis que más tarde cambió su nombre por el de Alcala Horra (Castillo de las Peñas).

El poeta y diplomático Diego Hurtado de Mendoza en su obra Guerra de Granada dice que durante la etapa visigoda el Conde Don Julián fue dueño de la fortaleza de La Calahorra y otros castillos de la comarca, que en tiempos de los moros pasaron a posesión de los Zenete procedentes de Berbería.

En época del reino nazarí de Granada existía en esta comarca una rica actividad económica basada en la ganadería y el cultivo de cereales y moreras, base de una industria sedera. En la novela El manuscrito carmesí Antonio Gala narra que en 1457 Enrique IV de Castilla, continuando las guerras seculares entre cristianos y musulmanes, en lucha contra Abu Nazar Said, abuelo de Boabdil y rey de Granada, se apoderó de Jaén. Entre las escaramuzas que siguieron, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo en julio de 1462 atacó las poblaciones de Aldeire y La Calahorra «llevándose muchos prisioneros y riquezas», señal de una cierta importancia de estas poblaciones en aquella época.

En diciembre de 1489, durante la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos, Cidi Yahya El Nayar, caudillo musulmán, entregó a los cristianos algunos lugares de la comarca del Zenete entre ellos La Calahorra.

Durante el reinado de Felipe II se produce la segunda sublevación de Las Alpujarras entre los años 1568 y 1571. En los relatos de Diego Hurtado de Mendoza y de Luis de Mármol Carvajal sobre esta guerra, La Calahorra es atacada por moriscos que vienen de La Alpujarra, causando graves daños a personas y bienes. Los habitantes cristianos se refugiaron en el castillo hasta que soldados procedentes de Guadix restablecieron el orden. A partir de este hecho La Calahorra, con su castillo, aparece como un importante centro de avituallamiento y estancia de las tropas que procedentes de Guadix se dirigen a La Alpujarra por el puerto de La Ragua, siendo el Marqués de Vélez el capitán que más tiempo permanece en el pueblo. El final de la sublevación supuso la requisa de bienes y propiedades de todos los moriscos y su expulsión y distribución por toda la península.

A excepción de las concernientes al castillo es difícil encontrar referencias a La Calahorra después de la expulsión de los moriscos. Los viajeros ingleses que recorren España en la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX, señalan en sus relatos que los caminos desde Granada hacia Almería y Murcia pasan por Guadix y Baza, sin mencionar los llanos del Marquesado, indicio de su estancamiento económico y sus malas comunicaciones.

Comunicaciones que mejoran con la construcción del tramo de la línea de ferrocarril Linares-Almería entre Guadix y Almería, inaugurado en el año 1895. En él se levantó la estación de La Calahorra, que facilitó sus comunicaciones con el resto de España. También se mejoran la carretera entre Guadix y Almería y los caminos que unen los pueblos del Marquesado y el que lleva a La Alpujarra.

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Alquife




La historia de Alquife está ligada desde muy antiguo a la extracción de minerales en sus alrededores, una explotación que se inició en tiempos del Imperio romano, primeros de sus pobladores que captaron la importancia de los yacimientos de hierro.



En las minas se encuentra un lago interior formado por el fluir de las aguas subterráneas, que en la actualidad es un embalse con una profundidad de unos ciento treinta metros de agua. El enorme cráter forma ya parte natural del paisaje. Otros de los rasgos más impactantes son las grandes escombreras de las minas de hierro y el enorme depósito al que llegaban los conductos de agua encargados de abastecer el barrio minero.



No obstante, su nombre procede de la etapa árabe, cuando fue nominada la población como al-Kahf, que quiere decir la gruta y denota, igualmente, la alusión a las minas que seguían explotándose durante los varios siglos que duró ese periodo histórico.

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