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Cultura

Miño




Ocupada desde la Prehistoria, como toda la Comarca de As Mariñas, cuenta co importantes restos arqueológicos. De todos los restos encontrados, destaca el hallazgo, realizado en Bermaño, de aproximadamente dos mil monedas romanas de plata y bronce.

De la cultura castreña, sólo resta el topónimo Castro, que bautizó al Ayuntamiento, y los restos del de Loios, encontrados bajo el cementerio parroquial de Miño.

Uno de los documentos más antiguos referido a Miñohace referencia al coto de Santa María de Miño, perteneciente en el siglo XII a la bailía templaria en la localidad de O Temple.

Extinguida la Orden del Temple, a comienzos del siglo XIV, el señorío de Miño pasó a manos de la familia Andrade, que donó las propiedades de la feligresía al Monasterio de Montefaro.

En el siglo XVI la población rondaba los doscientos habitantes, dedicados principalmente a la pesca y el cultivo de la vid, bajo el señorío del conde de Sarria.

El escudo del Ayuntamiento de Miño, de 1979, tiene una capilla románica, en clara alusión a la desaparecida iglesia templaria del castro de Loios; las ondas azuladas responden a su carácter marino. La corona que remata el escudo recuerda su carácter de señorío realengo.

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Viñas/Paderne




El linaje de los Andrade, marca desde la Edad Media, la historia de este bello municipio, como se observa en el escudo municipal. Un personaje de esta familia, mandó construir el puente sobre el río Lambre, también llamado Ponte do Porco, nombre que hace referencia al jabalí que simboliza la casa de los Andrade.

Abundan en el municipio magníficos espacios fluviales que ofrecen los ríos Mandeo y Lambre. En ellos los amantes de la pesca fluvial pueden capturar bellos ejemplares de trucha y salmón. Se puede, además disfrutar del paraje natural de Chelo, situado a orillas del Mandeo en los límites entre Coirós y Paderne. En relación al patrimonio histórico, los restos más antiguos encontrados en el término son los castros de Montecelo, Longa y Vilouzás. La influencia de sus moradores celtas se aprecia incluso en el topónimo del municipio. El patrimonio arquitectónico incluye numerosas iglesias, entre las que destaca la de San Pantaleón de Viñas que conserva en la fachada numerosos elementos de su primitiva construcción del siglo XIII. Además de la citada iglesia románica existen otros ejemplos románicos en Santa María de Souto, San Andrés de Obre y San Salvador de Vilouzás, aunque la mayoría de estos templos sufrieron posteriores reformas casi todas datadas del siglo XIX. Muy próximo a la iglesia parroquial de San Pantaleón das Viñas podemos admirar el Pazo de Montecelo, que ha sido donado a una institución religiosa. Destaca su escudo con los símbolos de los Bermúdez y los Andrade.

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Betanzos




Sus favorables condiciones geográficas y de comunicación, así como los numerosos restos encontrados de asentamientos humanos inducen a pensar que fuera poblada ya en el período Paleolítico, aunque la falta de excavaciones arqueológicas hacen que esto no pase de ser una simple hipótesis.

Sí se sabe con certeza que existieron comunidades megalíticas, cuyas construcciones han llegado a nuestros días. Por ejemplo, sus construcciones funerarias: enterramientos colectivos en túmulos monumentales. Los restos más antiguos pertenecen al 3500 a. C. y los más recientes oscilan entre los años 1800 y el 1500 a. C. Se desconocen por completo sus entornos habituales, pero sí se sabe que eran grupos de agricultores-recolectores, en cuya cultura aparece la metalurgia.

No obstante, la cultura por excelencia en Galicia es la cultura castreña. Su característica más conocida es el castro. Al contrario de lo que ocurre con la civilizacion megalítica, se desconocen completamente sus ritos funerarios y enterramientos.

A lo largo de los siglos la ciudad se construye empezando por la cima del castro y se va extendiendo alrededor de la misma. En este punto más alto es donde se encuentra actualmente la plaza de A Constitución, rodeada por los edificios del Ayuntamiento, el Palacio de Bendaña, la Torre, la iglesia de Santiago y una serie de viviendas de madera. Este material en sus edificios provocó la destrucción de estas edificaciones en los incendios ocurridos en 1569 y 1616.

Al principio la ciudad se extendía hasta el primer recinto amurallado; los patios y huertas terminaban en un muro que, con el paso del tiempo, se convertiría en calle. El segundo recinto se abrió en los siglos XIV-XV, aunque los restos pertenecen al siglo XIV; su reconstrucción data del reinado de los Reyes Católicos. De esta muralla, que rodeaba la ciudad, hay pocos restos.

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Abegondo




La rica composición de sus suelos y la existencia de algunos pazos dan idea de una antigua importancia del Ayuntamiento de Abegondo. Conserva restos de algunos castros como el de Meangos. Sobre él se edificó la iglesia de esta parroquia.

Abegondo fue tierra y morada de familias ilustres, persistiendo su presencia a lo largo de la geografía municipal en once edificaciones de esta categoría que en tiempos pasados se repartían por la superficie del municipio. Estas casas solariegas, o pazos, y otras edificaciones de carácter histórico, que se encuentran en su demarcación, nos dan una idea de la importancia social que tuvieron algunos de sus vecinos; por estas particularidades, la tradición histórica de Abegondo hay que buscarla en el discurrir de las familias nobles y sus descendientes que ocuparon relevantes cargos en la milicia, en la Iglesia y en la administración.

Un desafortunado incendio producido en el año 1948 destruyó completamente los archivos municipales y, por lo tanto, toda su riqueza documental.

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Bruma (Mesía)




Las tierras de este municipio le fueron concedidas a un tal Gómez Pérez das Mariñas por el rey Juan II, en el siglo XIV, en régimen de Señorío y Tenencia. El caballero era, igualmente, Señor de A Coruña y de As Mariñas y poseía una torre en Mesía, heredada tras agrias luchas entre varios nobles y arzobispos de Santiago de Compostela. Durante la tristemente célebre revuelta de los lrmandiños, en 1467, fue derribada. Reconstruida de nuevo, le fue concedida a Gonzalo Díaz.

Sus habitantes ven pasar los siglos sometidos al tradicional régimen feudal. Tendrá que llegar el siglo XIX y el desgraciado episodio de las Guerras Carlistas para que Mesía entre en la Historia con mayúsculas. Don Carlos, pretendiente al trono, proclamó abanderado a Antonio López en Mesía. Era éste un antiguo oficial integrante de los «voluntarios realistas», y primer jefe de las partidas carlistas combinadas.

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