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Vía Francígena

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Cultura

Roma

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Roma comenzó su historia como una aldea más entre las otras muchas de pastores y campesinos que se repartían las colinas y minúsculos valles de la zona.

Los primeros habitantes fueron posiblemente un conglomerado de gentes de distinta procedencia que vivían al margen del desarrollo económico y cultural de sus prósperos vecinos, es decir, los etruscos al Norte y los sabinos y los latinos al Sur.

Los arqueólogos descubrieron los restos de un primitivo poblado correspondiente al siglo VIII a. C. en el Palatino, con sus enterramientos a los pies. A partir del núcleo original, la población debió de irse extendiendo por las laderas de las colinas próximas y, un siglo después, por el valle que había entre ellas.

Cuando los núcleos latinos que habitaban las colinas del Quirinal, Esquilino y Celio se fusionaron con los del Palatino, fortificaron el recinto habitado, y así se inició la primera fase de la Roma antigua hacia el siglo VIII a. C. (Roma Quadrata). Durante una segunda fase el perímetro de la ciudad se extendió por el monte Capitolino y por un pequeño valle que lo separaba del Palatino (allí se emplazó el Foro romano). Del siglo VI a. C. son las principales construcciones: Palacio Real, Foro, Cloaca Máxima y Tullianum.

Durante los siglos VIII y IX la Roma cristiana se convirtió en la Roma pontificia. Los papas transformaron los antiguos edificios paganos en cristianos y mandaron construir otros nuevos y las grandes basílicas (San Pablo, San Lorenzo, Santa María la Mayor, etc.). En el siglo XI otra invasión (la de los normandos, en 1084) dejó la ciudad en ruinas. Los papas la reconstruyeron y quedó constituida en dos bloques: la ciudad religiosa, que los pontífices reservaron para sí (Vaticano, Ciudad Leonina), y la ciudad seglar, encerrada en la cadena de fortalezas feudales.

Durante los siglos XII y XIII se llevaron a cabo notables mejoras urbanas y se construyeron numerosos palacios y edificios públicos. A este período de esplendor sucedió otro de decadencia (de 1305 a 1378, período aviñonés), durante el cual los monumentos civiles y religiosos estuvieron en total abandono. A partir del papa Nicolás V la ciudad sufrió una gran transformación, y durante los siglos XV y XVI alcanzó una etapa monumental extraordinaria, llegando a la cumbre de su esplendor en tiempo de Julio II. Se amplió el Vaticano, se construyeron y decoraron la Capilla Sixtina y las Logias.

A comienzos de la Edad Moderna, durante el período renacentista, Roma jugó un importante papel cultural al convertirse en uno de los centros artísticos y humanísticos principales de Italia. Las artes y las letras fueron fomentadas por los papas y en ella trabajaron artistas de la talla de Miguel Angel y Rafael. Desgraciadamente, la ciudad fue objeto de pillaje y saqueo de parte de las tropas del emperador Carlos V, en su conflicto con el Papado(primera mitad del siglo XVI). Tal fue el "saco de Roma".

Roma fue un importante foco de la Reforma Católica o Contrarreforma desde mediados del siglo XVI.

La población de Roma volvió a alcanzar los 100.000 habitantes durante el siglo XVII, aunque su economía, así como la de los Estados Pontificios, era deficitaria(p.ej: estaba consumiendo más de lo que producía en alimentos en comparación con otras capitales europeas), característica mantenida en los siguientes siglos.

Después de la Primera Guerra Mundial, Italia quedó en manos de un gobierno fascista guiado por Benito Mussolini, quien tomó la ciudad en 1922. Declaró a Italia un Imperio y fue aliado de la Alemania Nazi. Este fue un periodo en el que la población creció aceleradamente, pasando de 212.000 habitantes durante la unificación a un poco más de un millón, pero esta tendencia fue cesando al empezar la Segunda Guerra Mundial, tiempo en el que Roma fue dañada-aunque no severamente- tanto por el bombardeo aliado como por la ocupación nazi; después de la ejecución de Benito Mussolini y el fin de la guerra, el Referéndum de 1946 abolió la monarquía e instauro la República italiana.





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