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Camino Castellano-Aragonés

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Etapa

7

Cultura

Ruta principal

Abejar

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Fue señorío episcopal de 1352 a 1580. Entre esas fechas el Obispado de Osma fundó para los peregrinos el Hospital de San Sebastián.

Su economía se basa en la explotación de la madera, la micología y el turismo.

Por su término discurre, de Norte a Sur, la Cañada Soriana Occidental, que fue importante ruta de trashumancia.





Cabrejas del Pinar

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Su historia se remonta a los restos de un castro de la Edad de Hierro, del s. IV a.C. Fue repoblada en el s. XII y amurallada en el XIV, de cuando datan los restos de su castillo. Contó también con hospital para peregrinos.

Cabrejas destaca especialmente por su entorno natural, con gran variedad de tipos de terreno y, por tanto, de especies animales y vegetales.

Al Norte están los frondosos pinares y la Reserva de Caza de Urbión; al Sur, la Sierra de Cabrejas con sus extensos sabinares declarados LIC, particularmente el de Calatañazor, y una joya de la geología, La Fuentona, un sumidero protagonista de varios episodios de «Al filo de lo imposible» de RTVE





Navaleno

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Su nombre parece claro que procede de «Nava del Heno». Su historia está ligada a la de su población vecina, San Leonardo de Yagüe, puesto que Navaleno nació siendo una aldea de la Villa de San Leonardo entre los siglos XV y XVI, hasta hacerse autónoma en el s. XIX.

Como todos los pueblos de Pinares, su economía ha dependido tradicionalmente de la madera y el transporte; en las últimas décadas la micología y la industria relacionada con ella han tomado el relevo, así como el turismo, que se ha consolidado como una gran fuente de ingresos.





San Leonardo

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En su término municipal hay vestigios del Neolítico y el Calcolítico, así como importantes asentamientos en la Edad de Bronce y un castro que, habitado en la Edad de Hierro, llegó a convertirse en una importante población celtíbera que dio origen a Arganza, arrabal de San Leonardo, en época romana, al ser obligados los habitantes del castro a bajar al valle. El origen del actual núcleo de población de San Leonardo es, precisamente, un hospital de peregrinos situado en el cruce de caminos que, inicialmente atendido por monjes benedictinos de San Pedro de Arlanza bajo la advocación del santo francés «St. Leonarde», allá por el s. X, que fue posteriormente auspiciado por el rey castellano Alfonso VIII. San Leonardo se convirtió en villa abacial a finales del s. XII. En el s. XVI, Juan Manrique de Lara se convirtió en señor de la villa de San Leonardo y sus aldeas, Navaleno, Casarejos y Vadillo, gracias a la intervención de Felipe II. De esas fechas datan los restos de su fortaleza-palacio renacentista, pionera de las fortalezas abaluartadas que se prodigaron en el nuevo mundo.

La «carretería» y actividades como la industria de la pez y la resina, antaño, así como la transformación de la madera, la micología y el turismo, hoy, han hecho de esta villa la población próspera que es y que cuenta con una de las mayores fábricas de puertas de Europa.

El turismo constituye en la actualidad una de sus mejores bazas. Alberga numerosos atractivos, entre los que cabe destacar el Parque Natural «Cañón del Río Lobos», que ocupa buena parte de su territorio, y su cercanía a otros parques y lugares naturales de la comarca. Sus frondosos pinares albergan numerosas especies silvestres, gran riqueza micológica y preciosos rincones con áreas recreativas. Su templo parroquial cuenta con importantes obras de arte sacro.