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Vía Augusta

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Utrera

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Dentro del término municipal de Utrera se han encontrado numerosos restos arqueológicos: ídolos, hachas, puntas de flecha, cerámicas, así como diversos utensilios de piedra que reflejan la presencia del hombre desde tiempos prehistóricos. Es destacable el hallazgo de monumentos funerarios de la cultura megalítica, que tuvo lugar entre el Neolítico y el Eneolítico, extendiéndose hasta la Edad del Bronce —circa 2500 a. C.— y la Edad del Hierro —circa 800 a. C.—.

Hay vestigios de un intenso comercio en la zona durante el período prerromano. Los hallazgos más significativos son de origen fenicio, tartésico y turdetano.

De época romana son los primeros datos escritos sobre la existencia de poblaciones importantes en la zona. Estrabón, en el libro III de su Geografía, relata: “La poblaron soldados del César que fueron eméritos y veteranos”.

Su intensa romanización queda confirmada por los diversos monumentos y asentamientos, necrópolis y demás vestigios que dicha cultura dejó en su término municipal.

Por el “Puente de La Alcantarilla”, de época romana, transcurría la “Vía Augusta” camino de Hispalis. En su término hay abundantes asentamientos de dicha cultura. Asimismo, en Torres Alocaz (perteneciente a su municipio), se ha querido localizar la mansio romana Ugia, que formaba parte del trazado de la citada vía de comunicación.

Se han encontrado restos de sepulturas visigóticas de la época paleocristiana, como demuestran las lápidas y terracotas, los anagramas de Cristo presentes en los enterramientos, así como los símbolos del Antiguo Testamento y las leyendas alusivas a la escatología cristiana.

No existen muchos datos en torno a la Utrera islámica, pero la vaga presencia de la población en los libros de repartimiento de Sevilla denota que no existió una presencia árabe importante. Hay que señalar que los restos arqueológicos indican que existía una mezquita en el lugar donde actualmente se levanta la Iglesia de Santa María de la Mesa.

Los primeros datos de Utrera con rigor histórico se encuentran a partir de la Reconquista cristiana. En 1253, Alfonso X lleva a cabo el repartimiento de las tierras conquistadas en la provincia de Sevilla. A lo largo de los siglos XIII, XIV y XV, la ciudad toma un papel destacado como punto militar estratégico en la defensa de la frontera entre el territorio musulmán y el cristiano.

La población de Utrera tiene su origen en las repoblaciones que se llevaron a cabo durante el siglo XIII, cuando se asentó en la zona una importante colonia musulmana y judía. Tras la conquista de las tierras por Fernando III, a muchas de las familias musulmanas de la zona se les permitió permanecer como mudéjares y continuaron habitando el lugar, dedicándose fundamentalmente a la agricultura y a otros oficios manuales. Se tienen noticias de la existencia de asentamientos de gitanos en la localidad desde el siglo XV. Este grupo ha permanecido desde entonces y en la actualidad la comunidad gitana de Utrera constituye un colectivo plenamente integrado en la sociedad utrerana.

El reinado de Felipe II marcó el punto álgido de la bonanza económica de la localidad. En 1570, Utrera era la primera población del reino de Sevilla después de la capital.

En 1649, la peste bubónica afectó con virulencia a la población de la ciudad. Esta epidemia y los problemas generalizados derivados de la política de los Austrias menores marcaron el fin del auge económico vivido por Utrera durante el siglo anterior.

A lo largo del reinado de Carlos III, entre 1759 y 1788, se puso un especial interés en la repoblación de la comarca y se llevaron a cabo importantes trabajos para mejorar las infraestructuras del pueblo.

Durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas ocuparon Utrera. Este hecho causó gran perjuicio tanto a la población como a su arquitectura, dejando a la villa en una difícil situación. Obtuvo la consideración de ciudad en 1877, durante el reinado de Alfonso XII.

Históricamente, la localidad de Utrera ha tenido un papel importante como nudo de comunicaciones. Esto se debe a que, además de estar bien comunicada por carretera, era el enlace ferroviario entre las ciudades de Sevilla, Cádiz y Málaga. Gracias a esto, la ciudad mantuvo un importante número de empleos fijos en el sector ferroviario. Tras la remodelación del trazado viario, este enlace ha sido trasladado a la cercana ciudad de Dos Hermanas.

En cuanto a la agricultura, es el olivar su mayor riqueza, teniendo una variedad de mesa llamada "gordal", de gran fama, y que se recolecta manualmente en otoño. El término municipal de Utrera abarca unas 67.687 hectáreas, de las cuales 8.465 eran de regadío según los datos del año 2007, número que anualmente sigue creciendo. Además, mantiene su producción tradicional de olivar, girasol, cereal, legumbre, tubérculo, hortaliza, cítrico, algodón y remolacha.

Personajes utreranos importantes son: Rodrigo Caro, poeta, historiador, arqueólogo y abogado utrerano, coetáneo del Siglo de Oro; los dramaturgos hermanos Álvarez Quintero; El Abate Marchena, ilustrado afrancesado; los cantaores Fernanda y Bernarda de Utrera, entre otros.



Inscripción romana AVGVSTVS PONTEM en el Puente de Las Alcantarillas





Alcalá de Guadaíra

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La villa es también conocida como “Alcalá de los Panaderos”, dado que históricamente ha surtido de dicho producto a la vecina capital, Sevilla. Aún se recuerda el conocido como “Tren de los Panaderos”, línea inaugurada en 1873 y que estuvo operativa para los artesanos de este gremio hasta 1962.

Su pasado prehistórico queda atestiguado en los yacimientos de la zona de Gandul, donde existen restos megalíticos. Su proximidad a Hispalis favoreció la presencia de la cultura romana, especialmente por la gran fertilidad de la zona.

Tras la conquista romana, el área de Alcalá quedaría incluida en la provincia Ulterior Baetica, con capital en Cordvba (actual Córdoba), y capital regional en Hispalis (actual Sevilla). El rasgo más destacado del período romano es la completa reorganización de la economía agrícola, especialmente a partir del s. I a. de C., mediante la introducción del sistema de villae.

Aunque existen algunos restos visigodos, su importancia crece con la llegada de la cultura árabe y musulmana. En los años 711 y 756, Sevilla fue la capital de la provincia islámica (la península era toda una provincia). Época de la cual proviene el actual nombre de la localidad, Alcalá de Guadaíra, que deriva de Qall'at Yâbir (‘Qalat Chabir’), junto con la denominación del río Guadaíra Wadi Ayra (‘Wadi Ira’). Su importancia derivó de encontrarse en un cruce de caminos así como ser parte del cinturón defensivo de Hispalis.

La época de la Reconquista es importantísima en su historia, ya que se produce su consolidación como pueblo, dejando de ser un mero asentamiento militar y lugar de tributo de los campesinos de la comarca. En el año 1280, Alfonso X le otorga la carta de poblamiento, creándose la Villa de Alcalá.

Entre los siglos XIV y XV, Alcalá de Guadaíra desarrolla una importante economía agrícola, centrada en el cultivo de trigo y olivar. La producción de cereales potenció la industria molinera alcalareña, de tal forma que en esta época en el curso del Guadaíra y sus afluentes se construyen numerosos molinos (San Juan, El Algarrobo), además de reaprovecharse algunos ya existentes de época andalusí. La producción de harina permitió también el desarrollo de una importante industria del pan, que hacia el siglo XV abastecía ya a la capital.

Durante las luchas nobiliarias vinculadas a la coronación de Isabel I de Castilla (1474 - 1504), Alcalá es campo de batalla entre las familias enfrentadas de los Ponce de León y los Guzmán. El Castillo sería tomado por los Ponce de León entre 1471 y 1477, siendo usado como base desde la que hostigar a Sevilla (en poder de los Guzmán). Tras las "paces de Marchenilla", el Castillo volvería a la Corona castellana.

A lo largo del siglo XIX, Alcalá de Guadaíra se consolidaría como agrociudad de la periferia sevillana, con un importante papel en el abastecimiento agrícola de la capital. Asimismo se mantuvo la importancia de la industria de transformación, centrada en la producción de harina y pan. Es cuando conoce su gran desarrollo la industria panadera de Alcalá, con un elevado número de tahonas (‘obradores de pan’) censados en el casco urbano. A los numerosos molinos situados en el curso de Guadaíra se añaden otros en los cursos de los arroyos circundantes (molinos de Marchenilla y Gandul, molinos de La Tapada y Oromana, etc.).

A principios del siglo XX, Alcalá de Guadaíra es una ciudad de la periferia sevillana centrada en la explotación agrícola del territorio, la transformación de materias primas y su comercialización hacia el mercado de la capital: cereales, harina, pan, aceite y aceitunas, así como otros productos menores (como el jabón) formaban la base de la economía alcalareña. Como fenómeno singular dentro de la urbanización periférica de Alcalá durante la segunda mitad del siglo XX hay que destacar la repoblación del Cerro del Castillo.

Entre los personajes alcalareños destacados está José María Gutiérrez de Alba (novelista, dramaturgo, periodista y poeta), que da nombre al teatro de la ciudad.