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Alcalá de Guadaíra

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La villa es también conocida como “Alcalá de los Panaderos”, dado que históricamente ha surtido de dicho producto a la vecina capital, Sevilla. Aún se recuerda el conocido como “Tren de los Panaderos”, línea inaugurada en 1873 y que estuvo operativa para los artesanos de este gremio hasta 1962.

Su pasado prehistórico queda atestiguado en los yacimientos de la zona de Gandul, donde existen restos megalíticos. Su proximidad a Hispalis favoreció la presencia de la cultura romana, especialmente por la gran fertilidad de la zona.

Tras la conquista romana, el área de Alcalá quedaría incluida en la provincia Ulterior Baetica, con capital en Cordvba (actual Córdoba), y capital regional en Hispalis (actual Sevilla). El rasgo más destacado del período romano es la completa reorganización de la economía agrícola, especialmente a partir del s. I a. de C., mediante la introducción del sistema de villae.

Aunque existen algunos restos visigodos, su importancia crece con la llegada de la cultura árabe y musulmana. En los años 711 y 756, Sevilla fue la capital de la provincia islámica (la península era toda una provincia). Época de la cual proviene el actual nombre de la localidad, Alcalá de Guadaíra, que deriva de Qall'at Yâbir (‘Qalat Chabir’), junto con la denominación del río Guadaíra Wadi Ayra (‘Wadi Ira’). Su importancia derivó de encontrarse en un cruce de caminos así como ser parte del cinturón defensivo de Hispalis.

La época de la Reconquista es importantísima en su historia, ya que se produce su consolidación como pueblo, dejando de ser un mero asentamiento militar y lugar de tributo de los campesinos de la comarca. En el año 1280, Alfonso X le otorga la carta de poblamiento, creándose la Villa de Alcalá.

Entre los siglos XIV y XV, Alcalá de Guadaíra desarrolla una importante economía agrícola, centrada en el cultivo de trigo y olivar. La producción de cereales potenció la industria molinera alcalareña, de tal forma que en esta época en el curso del Guadaíra y sus afluentes se construyen numerosos molinos (San Juan, El Algarrobo), además de reaprovecharse algunos ya existentes de época andalusí. La producción de harina permitió también el desarrollo de una importante industria del pan, que hacia el siglo XV abastecía ya a la capital.

Durante las luchas nobiliarias vinculadas a la coronación de Isabel I de Castilla (1474 - 1504), Alcalá es campo de batalla entre las familias enfrentadas de los Ponce de León y los Guzmán. El Castillo sería tomado por los Ponce de León entre 1471 y 1477, siendo usado como base desde la que hostigar a Sevilla (en poder de los Guzmán). Tras las "paces de Marchenilla", el Castillo volvería a la Corona castellana.

A lo largo del siglo XIX, Alcalá de Guadaíra se consolidaría como agrociudad de la periferia sevillana, con un importante papel en el abastecimiento agrícola de la capital. Asimismo se mantuvo la importancia de la industria de transformación, centrada en la producción de harina y pan. Es cuando conoce su gran desarrollo la industria panadera de Alcalá, con un elevado número de tahonas (‘obradores de pan’) censados en el casco urbano. A los numerosos molinos situados en el curso de Guadaíra se añaden otros en los cursos de los arroyos circundantes (molinos de Marchenilla y Gandul, molinos de La Tapada y Oromana, etc.).

A principios del siglo XX, Alcalá de Guadaíra es una ciudad de la periferia sevillana centrada en la explotación agrícola del territorio, la transformación de materias primas y su comercialización hacia el mercado de la capital: cereales, harina, pan, aceite y aceitunas, así como otros productos menores (como el jabón) formaban la base de la economía alcalareña. Como fenómeno singular dentro de la urbanización periférica de Alcalá durante la segunda mitad del siglo XX hay que destacar la repoblación del Cerro del Castillo.

Entre los personajes alcalareños destacados está José María Gutiérrez de Alba (novelista, dramaturgo, periodista y poeta), que da nombre al teatro de la ciudad.





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De origen tartesio, en el año 500 es conquistada por los cartagineses, que la van a dar el nombre de Hispalis, y con ese mismo término la conocerán y harán suya los romanos. Estos últimos la elevarán al rango de colonia, más concretamente será Julio César, que durante un tiempo fue cuestor y pretor de la ciudad y llegó a nombrarla capital de la Bética.

Tras la caída y disolución del todopoderoso Imperio Romano, será absorbida por el pueblo visigodo y pasará a llamarse Spali. El relevo político y cultural de la civilización visigoda tendrá lugar en el año 712, momento en el cual, Sevilla caerá en poder de los musulmanes. Dentro de la órbita agarena, sufrirá las divisiones de los reinos de taifas y por ello será conquistada por los almorávides y los almohades. Finalmente será reconquistada por los cristianos durante el reinado de Fernando III el Santo. Su situación geográfica, su privilegiada historia cultural y el monopolio del tráfico de Indias desde el año1503 la convierten en una de las más importantes urbes del mundo cristiano.

Sevilla, como un auténtico calidoscopio, ha recogido a lo largo de su historia la riqueza de tantas y tan diversas culturas que la fueron dotando de extraordinaria personalidad, motivo por el cual guarda auténticos tesoros artísticos. Por ello reseñaremos únicamente

algunas de las manifestaciones artísticas más relevantes dejando al peregrino la oportunidad de adentrarse en la ciudad para descubrir el patrimonio sevillano.