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La picaresca impera en el Camino

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15 marzo 2010 / lavozdegalicia.es

Las señales realizadas por particulares continúan enviando a peregrinos por lugares que no se corresponden con la ruta y que les obligan a hacer.



La picaresca es desde el comienzo de las peregrinaciones una constante en el camino de Santiago. En la mayoría de los casos es complicada de detectar y puede mantener hasta un cierto tono romántico y nostálgico, pero en la mayoría son actuaciones encaminadas únicamente a conseguir algún beneficio económico.

Hace unas semanas un grupo de hosteleros compostelanos hicieron algunas etapas del Camino Francés y denunciaron varias deficiencias, citando la mala señalización entre las más graves. Criticaban especialmente que en algunos cruces no estaba claro el camino a seguir y en otros había demasiadas indicaciones que podían llevar a engaño.

Un caso más que evidente de señalización pícara por utilizar un término displicente se produce en el cruce en de Pascais en la etapa que une Samos con Sarria, una de las de mayor belleza y más transitadas del Camino Francés.

Los peregrinos que llegan a esa intersección se encuentran con un cruce abierto en el que hay múltiples señalizaciones entre las que se encuentran un panel informativo de la zona y un indicador de madera que señala Gorolfe y Vilachá. El problema no son estas señales, incluso respetuosas con el entorno y perfectamente colocadas, sino las marcas que están pintadas en el suelo indicando el Camino Francés. Por un lado están las flechas amarillas que marcan la dirección correcta camino a Gorolfe pasando por delante de la iglesia de Pascais y de la única casa que hay en el cruce.

Lo negativo es que en la otra dirección también hay las típicas flechas amarillas que señalan el Camino: una de ellas, incluso representando una persona en bicicleta. Estas señales ponen a los peregrinos en el dilema de elegir por la similitud entre las señales oficiales del Camino y las perfectas imitaciones que señalan en otra dirección.

Lo único positivo es que aunque elijan el camino que les marcan los pícaros, volverán a enlazar con el real; eso sí, con unos kilómetros más en sus piernas.