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Vocación hospitalera familiar sin cerrar en 15 años

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18 marzo 2010 / icaljacobeo.es

A sus 76 años, Esperanza Román sigue ayudando a su hija Isabel a atender a los peregrinos en el Albergue Nuestra Señora del Pilar de Rabanal del Camino (León), algo que antes hacía en su casa.



“Si me faltan los peregrinos, me falta la vida”, asegura con rotundidad Esperanza Román, vecina de Rabanal del Camino (León) que a sus 76 años lleva toda la vida atendiendo a los caminantes que se dirigen a Santiago, durante mucho tiempo abriéndoles las puertas de su casa y desde 1996 ayudando a su hija, Isabel Rodríguez, propietaria del Albergue Nuestra Señora del Pilar de la localidad.

Esperanza comenta que hace unos años no había bar ni albergue en el pueblo y los escasos caminantes que pasaban por Rabanal llamaban a su puerta preguntando si podía darles algo para cenar. “Les hacía una tortilla, les picaba un poco de chorizo y queso, y les daba una cama; al día siguiente me quería pagar pero nunca les cogía el dinero, yo lo hacía porque me gustaba, con todo el corazón, y bastante esfuerzo hacían ellos yendo a Santiago cargados con la mochila”, rememora.

De aquella época, guarda postales de medio mundo, “muchas por Nochebuena”, y un sinfín de recuerdos, como el paso de un miembro de la Embajada española en Alemania que luego le envió una postal con el sello oficial o el de un médico alemán que insistía en pagarle algo. “Venían muchos extranjeros, pero yo me entendía con todo el mundo”, señala.

En la actualidad, la sonrisa de Esperanza es lo primero que ven muchos peregrinos que llegan Rabanal tras una dura jornada. “Yo ya mucho no puedo hacer, pero sí le echo una mano a mi hija y, si no está, atiendo el albergue”, explica, añadiendo que el día que no aparece ningún caminante es una jornada “triste” para ella y su marido, Serafín Rodríguez. “Para nosotros es una terapia estar con la gente porque hace dos años se nos murió un hijo y, si no fuera por los peregrinos, no sé qué habría sido de nosotros”, explica. Eso sí, se queja de los cambios que está sufriendo el Camino ya que considera que “antes eran peregrinos de verdad y ahora hay más turistas, y encima vienen exigiendo”.

Su hija Isabel heredó este amor por el Camino y en 1993 decidió hacer la peregrinación a Santiago. “Me gustó mucho y empecé a pensar en abrir un albergue en Rabanal aprovechando que mi padre se jubilaba”, explica la hospitalera, quien tiempo después pudo cumplir su sueño.

“Es una experiencia muy bonita porque hay muchas historias, algunas muy interesantes”, asegura Isabel, reconociendo que muchos peregrinos le han dejado “huella”. Así, recuerda a una mujer enferma de cáncer que la llamó unos meses después de haber dormido en su albergue para decirle que se había curado y a una chica japonesa que “venía medio muda y de repente empezó a hablar en la iglesia”. “El patrón sí hace por la gente”, apostilla a su lado su madre.

Además de atender a los caminantes que pasan por Rabanal, Isabel no pierde su condición de peregrina. “He hecho el Camino once veces, la última en noviembre; lo que encuentro aquí no lo encuentro en ninguna parte”, asegura, añadiendo que “da mucha vida y mucha paz”. En su caso, tiene claro que lo mejor es realizar la ruta en solitario: “Ir solo te permite hacer lo que te da la gana; a mí me descarga mucho de lo malo y me deja lo bueno, aunque hay tantos caminos como peregrinos”.

Pese a que el Albergue Nuestra Señora del Pilar es bastante grande, ya que cuenta con 72 plazas, la amabilidad y la cercanía de Isabel y de sus padres confieren al alojamiento un ambiente familiar. “Son gente muy especial, que dan mucha atención y afecto”, asegura un peregrino de origen sudamericano mientras madre e hija reciben a tres cordobeses que acaban de llegar en bicicleta y que buscan un lugar donde descansar. “Hay veces que si sólo hay uno o dos peregrinos los llevamos a casa, les damos de cenar y charlamos un rato”, comenta poco después Esperanza, quien señala con orgullo que en quince años no han “cerrado nunca”.