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El éxito continuado del Camino de Santiago

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17 enero 2016 / infovaticana.com

La Ciudad del Apóstol se ha convertido en meta turístico-deportiva-religiosa de primera magnitud. Que crece año tras año. Se ha cerrado 2015 con una cifra de 262.515 peregrinos, un 10,31% más que en el año anterior. Sólo superada y por muy poco en el 2010 que fue el último Año Santo compostelano.



Y esas cifras, elevadísimas, son sólo de los que han hecho por lo menos cien kilómetros a pie o doscientos en bicicleta o a caballo y que han ido a recoger la “Compostela”, documento acreditativo del peregrinaje. En los meses de julio y agosto son tales las colas que se forman para retirar el documento que no pocos desisten de la espera e incluso algunos ni se acercan a buscarlo.



Están además los muchísimos no contabilizados por no cumplir los requisitos de la entrega ya que han acudido a Santiago en coche, moto, tren o avión. Esas cifras son ya millonarias y un río de oro para la ciudad. En los meses mencionados la catedral y las calles próximas son hasta de dificultoso tránsito. Y comer, un problema. Pese a que no creo que haya en España, y hasta tal vez ni en el mundo, una concentración tal de restaurantes, bares, tascas, tabernas y similares como la que se encuentra en los aledaños de la catedral. Aledaños bastante extensos. Más la ocupación hotelera, las infinitas tiendas de souvenirs… Un río de oro. Que también alcanza, aunque en mucha menor medida, a las localidades del Camino sobre todo en los últimos cien kilómetros próximos a Santiago. Portomarín, Palas de Rey, Mellid, Arzúa, Pedrouzo viven del Camino. Hotelitos, pensiones, fondas, restaurantes, bares… Incluso farmacias. Y se están sumando pequeñas aldeas de la ruta.



El gran privilegiado es el camino Francés pero han surgido ya otros propiciados por los municipios, alguno de los cuales, el del Norte, tiene ya una participación, si bien muchos más pequeña, en el río áureo. Y se está propiciando el portugués, el inglés, el de la Plata… Con variaciones en algunos de ellos. Si ya he visto hasta señalizaciones compostelanas en la autonomía madrileña. Es que a la pela intentan apuntarse todos.



Esa masiva riada de gentes no voy a decir que sea de católicos. En algunos hay mucho de eso, en otros algo y seguramente en unos cuantos nada. Pero en todos, de algún modo, está el Apóstol. Y si las colas para recibir la compostelana son disuasorias ya las que se forman para darle el abrazo al Apóstol, inauditas. Abrazos, seguro, de muchos alejados de la Iglesia y hasta ateos. Pero algo hay. A mí ni se me ocurriría ir a dar un abrazo a una estatua de Lutero, de Garibaldi o de Lenin. Si me las encuentro igual les hago una fotografía. Pero nada más. Y eso si no me hace perder más de un minuto. Pues al Apóstol le abrazan tras larguísimas esperas. Malo no es.



Por fin al cabildo compostelano ha llegado alguien con sentido y se nota. En los confesonarios, en la catequesis que se procura a los fieles que la desean, hasta en la facilitación, dentro de ese monumental desbarajuste, de la obtención de la Compostela. Han habilitado en un espacio hoy diocesano un centro de acogida a los peregrinos y de expedición de la Compostela extraordinario. Lo que han hecho en Carretas es cum laude. E irá a más. El alcalde compostelano, de naturaleza perrofláutica, se quiso al margen de la Iglesia. ¡En Santiago! Como alguna neurona todavía debe funcionarle creo que comienza a dar marcha atrás. Porque en Santiago sólo hay una marea. La de los que acuden, con más o menos fe, e incluso sin ninguna, a visitar al Apóstol. ¿O cree que van por Martiño?



Pienso que todas estas manifestaciones, hasta es posible que no comprensibles en días de fe flaca y descaecida, han sorprendido a nuestros obispos. Los muchos que todos los días pasan por el Pilar para saludar a la Virgen y hasta para ofrecerle su bebé al que tal vez ni bauticen. Los que suben a Montserrat. Los cientos de miles, millones tal vez, que acuden sumados a las procesiones de Semana Santa de Sevilla, Málaga, Valladolid, Zamora, León, Medina de Rioseco, Ferrol, Madrid, Murcia…, tantos llevando sobre sus hombros una inmensa carga. Las Vírgenes del Rocío, Desamparados, Fuencisla, Fuensanta, Cabeza… y tantísimas más. El Señor del Gran Poder y las Esperanzas… Tienen ahí un campo que ni a Fernando VII se lo ponían. Hemos dejado sin roturar muchísimos años una tierra que podría dar ubérrimas cosechas. Pongan, señores obispos, un poquito de su parte y ya verán como su episcopado va a ser mucho más feliz. Y con fruto.