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La peregrinación forzosa a Santiago de Compostela fue un castigo penal en el pasado

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15 marzo 2016 / confilegal.com

La peregrinación forzosa a Santiago de Compostela fue uno de los castigos penales que, tanto los tribunales eclesiásticos como civiles de las ciudades de media Europa, aplicaron a los condenados desde la Edad Media hasta la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII.



El derecho canónico medieval, en los llamados “Penitenciales” (normativas penitenciales) empezó a utilizar la peregrinación como método de castigo de determinados delitos cometidos por clérigos o seglares. Según el delito cometido, se graduaba la distancia y la duración de la peregrinación “expiatoria”.



En el Penitencial de los 30 Capítulos, por ejemplo, se imponían sanciones de peregrinación de por vida al obispo que hubiera cometido un homicidio, peregrinación por tiempo determinado al clérigo que, con intención o por odio, hubiera matado a alguien, a los sacerdotes que violaran el secreto de la confesión, a los que hurtaran cosas sagradas, etc.



A los seglares, por su parte, se les imponía la peregrinación forzosa si habían robado dinero a la iglesia, si habían cometido delitos contra sus familiares, si habían “fornicado”, y los que habían cometido adulterio.



AGRAVANTES



Existían también agravantes en estos delitos.



En esos casos a los peregrinos forzosos se les obligaba a arrastrar cadenas, hasta que su uso “o un milagro” le librasen de ellas, o, en el caso de los hombres, a peregrinar desnudos; por lo que a las mujeres se refiere, debían hacerlo llevando una vestidura blanca o con un traje de penitente.



Antes del siglo XIII, como bien cuenta José Antonio Corriente Córdoba en “El Camino de Santiago y el Derecho”, los poderes seculares de los Países Bajos, Francia y Alemania, tomaron del derecho canónico la pena de peregrinación forzosa u obligada.



Su aplicación fue muy variada, en cuanto a las conductas a sancionar.



Iban desde el homicidio, lesiones o heridas de cierta gravedad producidas en lugar sagrado, pasando por el rapto de una mujer, ciertos delitos contra la propiedad, el impago de renta o alquileres debidos a la ciudad, injurias, adulterio, blandir armas de filo contra alguien hasta algunas infracciones a ordenanzas municipales.



A los jueces corruptos también se les aplicaba la peregrinación forzosa. En especial a aquellos que se aprovechaban para comprar bienes o créditos que estaban en litigio.



El poder civil también aplicó la peregrinación forzosa colectiva o masiva a familias enervas o a ciertas comunas o poblaciones rebeldes después de firmar la paz con el Rey; una forma ingeniosa de apararles del territorio durante un largo despacio de tiempo.



SANTIAGO NO FUE EL ÚNICO DESTINO



Santiago de Compostela no fue el único destino de las peregrinaciones forzosas. En el catálogo se encontraban Roma, Jerusalén, Cantérbury (Inglaterra), Colonia (Alemania), Chipre, Notre Dame de Vauvert, Rocamadour, Bolougne-sur-Mer…, y muchas otras, como bien cuenta Javier Aramburu, que se autodenomina “peregrino a pie”, en su “Ley del Talón”, un trabajo muy completo sobre el tema.



Es el caso de Guillermo de Nogaret, profesor de derecho en Montpellier, juez en Beaucaire y canciller de Francia, a quien el Papa Clemente V, en el siglo XIV, le obligó a peregrinar a Notre-Dame de Yauvert, Notre-Dame de Rocamadour, Notre-Dame de Puy en Velay, Notre-Dame de Boulogne-sur-Mer, Notre-Dame de Chartres, Saint-Gilles en Provenza, Saint-Pierre de Montmajour y Santiago de Compostela.



Fue la condición que le impuso para levantarle la excomunión por su papel en el conflicto que enfrentó a Felipe IV, el Hermoso, rey de Francia y Navarra, de quien fue su valido, y su antecesor en el pontificado, Bonifacio VIII, a quien Nogaret secuestró y abofeteó en el llamado atentado de Anagni. El papa Bonifacio murió, dicen, de humillación, un mes más tarde.



Sin embargo, Las peregrinaciones forzosas, en contra de lo que se pudiera pensar, no son cosas del pasado.



En la actualidad, Bélgica sigue manteniendo la peregrinación forzosa como pena. Dentro del llamado proyecto Oikoten, jóvenes condenados por delitos menores evitan ir a la cárcel, o acceden a la redención definitiva de su pena peregrinando a Santiago de Compostela.



Y es que no hay nada como inducir a la reflexión con una buena caminata de 1.777 kilómetros. Una experiencia que transforma a cualquiera.