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Bruselas se va de romería

12 junio 2017 / Mundicamino

El pulpo y la queimada abren el apetito por el Camino de Santiago en Bélgica.

«¿Por qué no está desnudo?», pregunta una turista mientras apunta con el dedo al Manneken Pis. El pequeño niño meón despertó el pasado sábado vestido de peregrino. Con su capa marrón, su esclavina, un calzado minúsculo y la inconfundible vieira en el sombrero. «Tiene más de 800 trajes, más que Lady Gaga», contesta el guía turístico antes de explicar que el infante gamberro se viste de gala solo en ocasiones especiales. Y esa era una de ellas. Es el único día del año que el apóstol Santiago y el Manneken Pis intercambian saludos.La Asociación de Amigos de Santiago de Compostela celebró la vigésima romería en honor al santo paseando su talla por las céntricas calles de Bruselas. Las gaitas y panderetas marcaron el ritmo de una procesión que partió desde la emblemática iglesia de Notre-Dame de Bon Secours hasta Notre-Dame-de-la-Chapelle. El talento de los más pequeños arrancó el aplauso espontáneo del público. «A ver si la gente se va animando. No tenemos este tipo de festividades en Suiza», admitió Daniel, uno de los gaiteiros del C. R. C. Ourense que se desplazaron desde el país alpino hasta Bélgica para disfrutar de un fin de semana consagrado por entero a Galicia. El peregrinaje por la capital despertó sentimientos encontrados. «Me parece estupendo. Hice el Camino de Santiago y creo que es de las mejores experiencias que he vivido», asegura una mujer italiana al paso de la comitiva. Lo saben bien los belgas. Son quienes más se aventuran en el Camino en proporción a su población. Unos metros más adelante, una pareja gay se besa frente al santo, ondeando la bandera arcoíris. Acompañan sus protestas hasta la puerta de la iglesia. Nadie se inmuta. Aquí cabe todo el mundo. De lo que se trata es de hacer que Galicia brille en el mapa de Europa. «Hai quen vén pola procesión, outros pola festa… Cada un leva a Galicia á súa maneira», asegura Marisol Palomo, organizadora del Festival Compostela, que congregó el fin de semana a cientos de personas en la Place du Béguinage para disfrutar de la gastronomía y el folclore gallegos.

«Bon Appétit»

Con el santo a buen recaudo, el apetito empieza a asomar. «¿Dónde está el marisco?», pregunta incrédulo Pablo, un joven valenciano. Él no ha ido a la procesión, pero se le hace la boca agua. No hay. «No puede ser que vengas a una fiesta gallega y veas a gente comiendo paella, bebiendo salmorejo o sidra y cantando flamenco», se queja.Y es que el rey de la gastronomía galaica estuvo desaparecido entre los puestos de comida de otras regiones. No faltó la empanada. Ni el pulpo, por supuesto. Hasta 100 kilos se trajeron de O Carballiño los pulpeiros Olivier. «Delicioso», comentan dos mujeres.Suenan muiñeiras y el público estalla en aplausos: «Este festival sempre terá a súa praza e o temos que protexer. É o mesmo que lles dicimos aos políticos e ao Goberno de Bruxelas. É unha necesidade, compartir coa xente e poder falar e escoitar música. É coma unha romaría galega», asegura Palomo. Pero ¿habrá relevo? ¿Las terceras generaciones de gallegos seguirán manteniendo sus vínculos con Galicia? Ella lo tiene claro: «Está no ADN galego». Entre bailes y cantos cae el atardecer y con él llega la magia de la gaiteira Susana Seivane. Algunos se resisten a poner el broche final a la cita. No sin antes ahuyentar los malos espíritus: «Mouchos, coruxas, sapos e bruxas…», se escucha mientras las llamas de la queimada iluminan la noche en el corazón de Bruselas.