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Buen camino

31 julio 2010 / Mundicamino

Por devoción cristiana, por encontrarse a uno mismo, por una promesa, o simplemente por vivir una experiencia. A pie, en bici, o a caballo. Solo, con pareja, hermanos/as o amigos. En hotel, pensión, albergue, tienda de campaña, o al raso. Desde Sevilla, Roncesvalles, Montserrat, Irún… Sea como sea, sólo existe una sola meta: la Catedral de Santiago.

Apenas unos días después de mi regreso, ya empiezo a planificar mi vuelta el año que viene. Quiero repetir las sobrecargas y tendinitis en las piernas, las ampollas y rozaduras en los pies, las torceduras de tobillo, los kilómetros y kilómetros racionando agua y comida, el sol abrasando a cada paso, los madrugones, las picaduras de insectos.

Por el Camino del Norte, recorrí unos 170 km partiendo desde Lourenzá. Sólo una semana, y mi reacción al alcanzar la Plaza del Obradoiro no fue tanto de alivio y alegría, sino de tristeza, porque la experiencia terminaba, y se me había hecho corta. Cojeando, quería seguir caminando.

Existe un vínculo especial entre peregrinos, y toda la predisposición a ayudar. De países, culturas y edades distintas, todo empieza y acaba siempre con una mano tendida, y por supuesto con una sonrisa. «¡Buen camino!». Y esa expresión, estoy seguro, se refiere a mucho más que al propio Camino de Santiago: «Que tengas una buena vida, peregrino».