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Cuaderno de viajes de lo que no debes perderte en el Camino Francés: Etapa Logroño-Najera

16 octubre 2020 / Mundicamino

Para esta etapa os aconsejamos los principales monumentos que no debéis perderos :

Navarrete

Iglesia de la Asunción

La Iglesia de La Asunción de Navarrete es una construcción en sillería de tres naves y cubierta con crucerías. Se comenzó su construcción en el año 1553, a cargo de Juan de Vallejo u Haernando de Mimenza e intervinieron canteros de la talla de Juan Pérez de Solarte o Pedro de Aguilera, que la concluyen en 1645.

Hospital de peregrinos de San Juan de Acre

Junto al viejo camino de tierra, un poco antes de llegar a Navarrete, recientes excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos del hospital de peregrinos de San Juan de Acre, mandado construir a finales del siglo XII por María Ramírez. Sus ventanas y su hermosa portada, se conservan por que fueron desmontadas piedra a piedra, a finales del siglo pasado y reutilizadas como puerta del cementerio de la localidad.

Nájera

Puente

Puente sobre el río Najerilla, consta de siete ojos, cuya construcción se atribuye al santo arquitecto Juan de Ortega.

Iglesia y Monasterio Santa María La Real

En 1052 Don García, el gran rey najerense hijo de Sancho «el mayor», fundó el monasterio y la iglesia de Santa María La Real, donde se puede contemplar los elementos de la leyenda de la «Orden de la Terraza» que cuenta que estando Don García de caza, su halcón se adentró en una cueva y descubrió una imagen de la virgen iluminada por una lámpara y con una terraza de azucenas en sus pies, hecho que explica el nombre de la primera orden de caballería hispana, fundada a raíz de este acontecimiento. Bajo la iglesia se encuentra el Panteón Real, donde descansan los reyes y reinas del antiguo reino de Navarra.

San Millán de la Cogolla

Desde el principio de la historia del Camino Francés, los peregrinos que escogían esta ruta para llegar a Santiago, se desviaban, desde la ciudad de Nájera, para visitar los monasterios de San Millán de la Cogolla y Suso.

Este último monasterio tuvo su origen en el cenobio del anacoreta del siglo VI, San Millán, que era conocido por su santidad. Su fama

hizo posible el establecimiento de una comunidad de monjes, que se hicieron famosos por su labor de copistas. De toda su gran colección de códices y manuscritos, destaca por su importancia y belleza el llamado «Códice Emilianense», perteneciente al siglo X.