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Camino del Sureste

Etapa

4

Cultura

Ruta principal

Caudete

El nombre de “Caudete” parece derivar de CAPDETUM, contracción que debieron hacer los romanos de Caput Deitanorum o Cabeza de los Deitanos, tribu ibérica del sudeste peninsular. Aunque puede también tener su origen en el término “caput aquae” (cabeza del agua), y que hacía referencia a la condición del municipio de cabeza de cuenca hidrográfica del río Vinalopó.
Caudete fue nudo de comunicaciones e importante asentamiento en época íbera. Por aquí discurrían el mítico Camino de Anibal, antigua vía de comunicación íbero-cartaginesa desde el s. VII a. C., luego llamada Vía Augusta, nombre que recibe a raíz de las reparaciones que se llevaron a cabo bajo el mandato del emperador Augusto, entre el año 8 y 2 a. C.
Caudete fue, más tarde, asentamiento romano, del que todavía quedan vestigios. Restos de villas romanas han sido encontrados en los parajes de El Real y Los Santos.
De origen musulmán son el primigenio emplazamiento de la villa de Caudete y el poblado o alquería de Bogarra, situado al sudeste del término y del que sólo se conserva la base de su torre defensiva, una construcción de planta hexagonal con muros de tapial y argamasa de cal.
Conquistada por las tropas cristianas de Jaime I de Aragón en 1240, Caudete pasa en 1244 a depender de Castilla en virtud del Tratado de Almizra, otorgándole el entonces infante Alfonso X el Sabio a Sancho Sánchez de Mazuelo la posesión del castillo y la plaza de Caudete. En 1256 Mazuelo vende dicha posesión a Gregorio García, hablándose entonces de que Caudete era un poblado habitado mayoritariamente por mudéjares.
Caudete estuvo entre los siglos XIII y XV en medio de las disputas territoriales que enfrentaron a los reinos de Aragón y Castilla, hecho que determinó su importancia estratégica durante todo este periodo.
En 1425 el rey Alfonso V de Aragón agregó la villa y castillo de Caudete al Patrimonio Real, con perpetua prohibición de enajenarla. Este hecho permitió a nuestro municipio gozar de los privilegios otorgados al selecto grupo de villas reales.
Más tarde, Juan II de Aragón, en 1470, integró a Caudete entre las 29 poblaciones del Reino de Valencia con voto en Cortes.
Con motivo de la Guerra de Sucesión en 1707, la localidad fue ocupada por las tropas inglesas que apoyaban al pretendiente a la Corona Archiduque Carlos de Austria. Con el triunfo del Borbón Felipe de Anjou, nuestra villa pierde sus fueros y privilegios y pasa a formar parte de Villena en calidad de aldea por la Real Provisión de septiembre de 1707. Las tierras de Caudete fueron una de las compensaciones que Villena pidió al nuevo rey por haberle apoyado en la guerra.
Recobra nuestra villa su independencia en 1738, gracias a las gestiones del sacerdote Don Luis Golf. En esta fecha queda incorporada al Reino de Murcia. Desde 1833, con la nueva distribución territorial de Javier de Burgos, forma parte de la provincia de Albacete. Hoy es el quinto municipio de la provincia en peso poblacional.

Montealegre del Castillo

Tiene una gran historia, se sabe que ya había núcleos de población en el paleolítico y el neolítico. Han pasado muchas civilizaciones por esta población como los íberos, muestra de ello es el «Cerro de los Santos» yacimiento arqueológico que data de los siglos III y I a. de C. Entre las numerosos objetos encontrados en este yacimiento destaca el santuario ibérico y la Gran Dama Oferente, que es uno de los principales símbolos del arte ibérico, así como símbolo del municipio, al formar parte de su escudo.
También han pasado por Montealegre del Castillo otras grandes civilizaciones como la romana, que dejó «Los Arcos del Molino», la árabe que construyó el castillo y la cristiana con edificaciones como el «Santuario de Nuestra Señora de La Consolación» y la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.
En 1707, durante el conflicto internacional de la Guerra de Sucesión Española, se produjo la Batalla de Almansa que provocó en la Villa una enorme desolación, siendo deforestados prácticamente todos los montes del municipio, siendo sucesivamente ocupado por los distintos ejércitos, lo que provocó su expolio y destrucción. Tras la batalla, hubo una gran hambruna y epidemias que diezmaron la población, que fue recuperándose a lo largo del siglo XVIII.
En el siglo XIX habría de producirse la «Redención del Onceno», ya que la villa de Montealegre del Castillo pertenecía al marqués de título homónimo. El 2 de enero de 1809 (en el contexto de la Guerra de Independencia), el municipio se sublevó para evitar que el marqués nombrara Justicia y Ayuntamiento, hecho que se vio favorecido por un decreto de 1811 por el que las Cortes abolían los señoríos jurisdiccionales. Con el regreso de Fernando VII volvería la situación anterior, hasta que a finales de siglo se produjo, gracias al Administrador del último marqués, José Bernabéu, se produjo la redención del onceno, adquiriendo los labradores la propiedad de las tierras.
En el siglo XX, la Guerra Civil (1936-1939), provocó grandes destrozos en la localidad. El municipio quedó en zona leal a la República, y pese a que no estuvo en línea de fuego sí que tuvo que soportar las nefastas consecuencias del conflicto. Tras el inicio de la guerra, el año 1936 sería el más horrible, al producirse el asesinato de varias decenas de personas por cuestiones ideológicas, así como el saqueo de algunas posesiones. Los templos fueron profanados y quemados, destruyéndose el altar y todas las imágenes de la Iglesia Parroquial y quemándose también la imagen de la Virgen de la Consolación, en el santuario, del cual sólo se pudo conservar la imagen de San Isidro Labrador.

Ruta alternativa

Yecla

Los primeros restos de actividad humana se localizan en la Fuente Principal de Villa donde se han hallado útiles tallados en silex que nos sitúan en el Paleolítico Superior (30.000 a.C)
Las primeras huellas de sociedades agrícolas nos conducen al yacimiento de la Cueva de los Secos, pero es, sin dudas el Monte Arabí y sus pinturas rupestres el mayor exponente de la actividad humana entre el VI y el II milenio a.C. Los abrigos de Cantos de la Visera y la Cueva del Mediodía, junto al poblado fortificado de El Arabilejo, fechado en la Edad del Bronce (II milenio a.C.) y los campos de grabados rupestres (cazoletas) asociados a este poblado, constituyen un complejo prehistórico de primera magnitud en el ámbito del Levante Peninsular.
De época preromana o ibérica contamos con yacimientos como El Pulpillo, El cerro del Castillo, y el Cerro del Los Santos, donde se situaba un importante santuario iberico, donde el Padre Carlos Lasalde, a finales del s.XIX localizo la Dama Oferente o Dama de Yecla, entre una treintena de esculturas en piedra.
De época romana tenemos el yacimiento de Los Torrejones que constituyo , entre el siglo I a.C al siglo V d.C, el centro administrativo de una amplia comarca.
La ciudad de Yecla, como asentamiento estable en el lugar que ahora ocupa, se establece a fines del S.XI con la caída del Califato y la instauración de los reinos de taifas. Se construye el «hisn» o castillo, y se crea un pequeño núcleo de población al abrigo de sus defensas, conocido por las fuentes escritas árabes con el nombre de Yakka que con el período de dominio almohade adquirirá cierto peso específico en el concierto comarcal y regional.
El Siglo XVII supone para Yecla, una centuria de continua recesión en todos los ordenes, propiciado por las guerras, las epidemias, las plagas, la emigración, etc. El S.XVIII supuso una nueva época de esplendor con la deforestación, colonización y conquista para el cultivo de la mayor parte de sus tierras, con un nuevo desarrollo demográfico.
A mediados de la década de los veinte de nuestro siglo, se produce un segundo impulso haciala industrialización de Yecla, debido al abandono progresivo de la actividad artesanal de toneleros y carpinteros que pasarán a convertirse en fabricantes de muebles.
Pese a su fisonomía moderna, Yecla no ha perdido su sabor de ciudad recogida y acogedora, contrastando su barrio medieval de calles tortuosas, cuestas empinadas y rincones recoletos, con la zona moderna de factura geométrica y trazado señorial.

Montealegre del Castillo

Tiene una gran historia, se sabe que ya había núcleos de población en el paleolítico y el neolítico. Han pasado muchas civilizaciones por esta población como los íberos, muestra de ello es el «Cerro de los Santos» yacimiento arqueológico que data de los siglos III y I a. de C. Entre las numerosos objetos encontrados en este yacimiento destaca el santuario ibérico y la Gran Dama Oferente, que es uno de los principales símbolos del arte ibérico, así como símbolo del municipio, al formar parte de su escudo.
También han pasado por Montealegre del Castillo otras grandes civilizaciones como la romana, que dejó «Los Arcos del Molino», la árabe que construyó el castillo y la cristiana con edificaciones como el «Santuario de Nuestra Señora de La Consolación» y la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.
En 1707, durante el conflicto internacional de la Guerra de Sucesión Española, se produjo la Batalla de Almansa que provocó en la Villa una enorme desolación, siendo deforestados prácticamente todos los montes del municipio, siendo sucesivamente ocupado por los distintos ejércitos, lo que provocó su expolio y destrucción. Tras la batalla, hubo una gran hambruna y epidemias que diezmaron la población, que fue recuperándose a lo largo del siglo XVIII.
En el siglo XIX habría de producirse la «Redención del Onceno», ya que la villa de Montealegre del Castillo pertenecía al marqués de título homónimo. El 2 de enero de 1809 (en el contexto de la Guerra de Independencia), el municipio se sublevó para evitar que el marqués nombrara Justicia y Ayuntamiento, hecho que se vio favorecido por un decreto de 1811 por el que las Cortes abolían los señoríos jurisdiccionales. Con el regreso de Fernando VII volvería la situación anterior, hasta que a finales de siglo se produjo, gracias al Administrador del último marqués, José Bernabéu, se produjo la redención del onceno, adquiriendo los labradores la propiedad de las tierras.
En el siglo XX, la Guerra Civil (1936-1939), provocó grandes destrozos en la localidad. El municipio quedó en zona leal a la República, y pese a que no estuvo en línea de fuego sí que tuvo que soportar las nefastas consecuencias del conflicto. Tras el inicio de la guerra, el año 1936 sería el más horrible, al producirse el asesinato de varias decenas de personas por cuestiones ideológicas, así como el saqueo de algunas posesiones. Los templos fueron profanados y quemados, destruyéndose el altar y todas las imágenes de la Iglesia Parroquial y quemándose también la imagen de la Virgen de la Consolación, en el santuario, del cual sólo se pudo conservar la imagen de San Isidro Labrador.