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Ruta del Ebro

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7

Cultura

Escatrón

Varios son los vestigios del origen primitivo de Escatrón, como lo han puesto de manifiesto los trabajos de investigación arqueológicos llevados a cabo en el «Cabezo Muel» (importante yacimiento ibero-romano). En él se localizan bancos basales de construcciones sencillas que fueron destruidas por un incendio, hecho contrastado por un extracto de cenizas localizado en diferentes cuadros y por el abundante material cerámico recuperado de los siglos III y II a. de C.
Existen otros asentamientos en diversas zonas del término: Torre de los Ríos, Torre del Maño y partida de la Mora que se encuentran a falta de un estudio arqueológico completo.
Posteriormente Alfonso I El Batallador, en su afán de ir ganando las tierras del Ebro a los musulmanes para tener una salida hacia el Mediterráneo, conquista este lugar sobre el año 1130 y luego es el primer rey de la Corona de Aragón, Alfonso II – El Casto – el que en 1182 entrega a los monjes del Cister la localidad de Escatrón para que se proyecte y edifique ahí un monasterio según las formas y métodos de la orden.
Este dominio monacal fue confirmado por Jaime I El Conquistador y es en este lugar donde se reúne con Fernando III de Castilla en 1234 para dilucidar el problema de divorcio de su primera esposa Leonor de Castilla.
En 1541 Carlos I tuvo que mediar ante el Abad de Rueda, los vecinos de Escatrón y su señorío por cuestiones de tributos, pero la vinculación monacal terminó con la exclaustración de los monjes en 1835 por la aplicación de la Ley de Desamortización de los bienes eclesiásticos.
El asentamiento de la villa presenta un urbanismo característico destacando las construcciones antiguas en una ladera en forma de semicírculo con la iglesia parroquial ubicada en la parte baja y dedicada a la Asunción de la Virgen.
El pueblo antiguo conserva varias casas renacentistas y también la puerta de Santa Águeda, que constituyó parte de la antigua muralla.

Sástago

La villa de Sástago se encuentra situada en el centro de la depresión del río Ebro, sobre su orilla derecha.
Cabe destacar el Palacio de Sastago, que fue propiedad de los Condes de Sastago, los cuales ejercieron un gran dominio en Aragón entre los siglos XIII y XVII. La restauración del edificio mereció el premio “Europa nostra”.
La villa es también conocida por sus famosos cuchillos de mango de concha de nácar, hechos a mano desde el siglo XIV.
Su iglesia parroquial, dedicada a la virgen del Pilar, es de estilo barroco de tres naves. Durante la guerra civil fueron destruidos sus retablos.

Alborge

Esta pequeña villa se encuentra situada a la orilla del río Ebro y cuenta con 128 habitantes.
La iglesia parroquial del siglo XVII es de estilo barroco y está dedicada a San Lorenzo.
A muy poca distancia del pueblo se encuentra el castillo de Alborge (El Fuerte árabe), construído en 1165 cuando Alfonso II cedió a los monjes cistercienses del Salz la «Almunia de Alborge, sita ante Sástago, para construir un castillo que constara de torre con dos terrados y casa cubierta a doble tapial». Actualmente se encuentra en ruinas.

De esta villa procede un ara de época romana, a la vez votiva y funeraria. En el solar del castillo se hallaron monedas ibéricas y romanas, así como algunas cerámicas medievales. Dentro del término existía un asentamiento de época romana en el lugar conocido como fuente penosa.
Se identifica con el núcleo denominado en la Edad Media «Sangüesa la Vieja», ya que en el siglo X desempeño un papel importante en la defensa de los accesos al reino Pamplonés contra las incursiones musulmanas.

Barcience fue una zona fortificada desde los siglos XI-XII. Ya en el siglo XIII pasó a manos de la Orden de Santiago, cuyo Maestre, Don Enrique de Castilla, lo cedería más tarde al Adelantado Don Alfonso Tenorio, linaje de origen portugués establecido en Toledo.
Juan de Silva comenzó las obras de construcción de un castillo, siendo concluido por su nieto.
Juan de Silva fue servidor de don Alvaro de Luna, así como del rey Juan II.
El año 1454 recibió el título de Conde de Cifuentes y más tarde el puesto de Alférez Real, Notario Mayor del Reino de Toledo, señor de Barcience y de Montemayor.
Fue embajador del rey en el Concilio de Basilea, 1434-36, de donde sacó emblema y divisa para sus armas. En la campaña de Granada, tomó Pinos Puente, anterior a la batalla de La Higueruela.

El nombre de Eo aparece en el documento del rey Silo (año 775), quizá el documento escrito más antiguo de la Península, bajo la forma «IUBE».
Se encuentra ubicado en el extremo nororiental de la provincia, sobre terrenos esquistosos formados por pizarrales uniformes, con niveles de cuarcitas y areniscas atravesados por filones de cuarzo y un esporádico afloramiento eruptivo en las proximidades de Rinlo. Su relieve, de relativa suavidad y con penachos de cresterías de cuarcitas, se resuelven en dos unidades morfológicas, perfectamente definidas: al norte y sobre el mar, una plataforma litoral, que corresponde a la denominada rasa cantábrica; mientras que el resto del territorio presenta una sucesión de colinas.

Aparece citada en el Cartulario de Roda en el año 1106. En el año 1495 sabemos que tenía 59 hogares.

El aislamiento no sólo de Sanabria como comarca, si no entre unos pueblos y otros, pues hasta la más pequeña aldea era totalmente autónoma, llevó a una gran diferencia de matices entre las palabras de una aldea y otra. En cada pueblo se contaba con unas tierras de labranza, praderas para el ganado, molinos, fraguas, curanderos, etc., en definitiva todo para la subsistencia. De esta manera la relación de las gentes de una aldea y otra, se reducía a pequeños encuentros en las lindes de los montes motivados por el pastoreo del ganado y a los encuentros en la feria del mercado.

Es uno de los ejemplos más singulares de «pueblo camino», con una única calle, la Calle Real. Fue un importante enclave en la ruta medieval, hubo una leprosería fundada en 1.156 por Alfonso VII, y otros hospitales dieron cobijo a muchos peregrinos enfermos, entre ellos, quizás el más recordado, sea: La Malatería de San Lázaro, cuyos restos aún se pueden ver antes de entrar en el pueblo.
Su iglesia Parroquial que es un templo gótico dedicado a Santa María recibió en 1.360, de varios prelados de Aviñón y del Obispo de Burgos, el privilegio de conceder a los peregrinos hasta 40 días de indulgencias en determinadas fechas.
Dos puentes medievales, uno sobre el río Hormazuela y otro sobre un riachuelo, son también dignos de mención.
En el año 1936, aparecieron unos sepulcros visigóticos, donde se encontró bastante cerámica y otros metales de gran valor. En la puerta de una de las casas hay un sepulcro esculturado sirviendo de dintel.

Tiene una preciosa iglesia del románico gallego, dedicada a Santiago, que se cita en el Codex Calixtinus. Se sabe de la existencia de un Monasterio, dependiente de la abadía de Samos.
Barbadelo era en el medioevo, junto a Triacastela, un lugar elegido por los rufianes para engañar a los sufridos peregrinos.

En Oreña hay el dicho popular: Si oyes la cueva de Oreña coge el burro y vete a por leña. Al sonar las cuevas quiere decir que la mar está mala y por lo tanto que hará mal tiempo. Esto es debido la considerable cantidad de cuevas en la costa que con el impacto de las olas generan fuertes estruendos pudiéndose escuchar desde muy lejos.
Cueva de Cualventi: Fue descubierta en el siglo XIX y fue publicada en 1877 con el nombre de Cueva de Oreña o Royales por Augusto González de Linares y J. Calderón. Las primeras excavaciones se realizaron en el año 1976. En aquella y sucesivas campañas arqueológicas se ido descubriendo restos que van desde la Prehistoria a la Edad Media. Entre los hallazgos más llamativos se cuenta un bastón de mando decorado con el perfil de un ciervo así como diversos testimonios de arte paleolítico. En 1985 fue declarada como Bien de Interés Cultural.

Ocupada desde la Prehistoria, como toda la Comarca de As Mariñas, cuenta co importantes restos arqueológicos. De todos los restos encontrados, destaca el hallazgo, realizado en Bermaño, de aproximadamente dos mil monedas romanas de plata y bronce.
De la cultura castreña, sólo resta el topónimo Castro, que bautizó al Ayuntamiento, y los restos del de Loios, encontrados bajo el cementerio parroquial de Miño.
Uno de los documentos más antiguos referido a Miñohace referencia al coto de Santa María de Miño, perteneciente en el siglo XII a la bailía templaria en la localidad de O Temple.
Extinguida la Orden del Temple, a comienzos del siglo XIV, el señorío de Miño pasó a manos de la familia Andrade, que donó las propiedades de la feligresía al Monasterio de Montefaro.
En el siglo XVI la población rondaba los doscientos habitantes, dedicados principalmente a la pesca y el cultivo de la vid, bajo el señorío del conde de Sarria.
El escudo del Ayuntamiento de Miño, de 1979, tiene una capilla románica, en clara alusión a la desaparecida iglesia templaria del castro de Loios; las ondas azuladas responden a su carácter marino. La corona que remata el escudo recuerda su carácter de señorío realengo.

Según Antonio Ubieto, experto en la historia de las localidades de la Hoya de Huesca, en el año 1198 se la conocía como Santa María de Jaz. En 1296 cambia este nombre por el de Santa María de Triste y en 1392 pasa a ser conocida como Santa María de Yest.En el año 1495 se sabe que había en ella 4 vecinos.

La primera mención escrita de Zalduendo data de 1025, y aunque se le supone una antigüedad mayor a la localidad; no se han encontrado restos tan antiguos como los de Aistra. En 1025 Zalduendo figura como parte del alfoz de Hegiraz.
Durante la Edad Media Zalduendo tuvo su importancia como punto de paso del Camino de Santiago. Por aquí pasaba una de las rutas secundarias del camino, proveniente de Francia y Guipúzcoa a través del paso de San Adrián. Zalduendo era la localidad encargada de custodiar la vertiente alavesa de dicho paso.
Aunque a lo largo de la Edad Media este camino perdió su importancia como parte de la Ruta Jacobea; siguió siendo la principal vía de unión entre la Llanada Alavesa y Guipúzcoa y consiguientemente entre Francia y Castilla. La prosperidad y cierta importancia que tuvo Zalduendo a lo largo de la Edad Media y Moderna se basó en su ubicación al pie del estratégico paso de San Adrián.
A principios del siglo XIV Zalduendo pertenecía a la Cofradía de Arriaga, señorío colectivo que ejercían los nobles alaveses sobre la tierra llana de Álava. Cuando en 1332 la Cofradía declara su Voluntaria Entrega al Realengo de la Corona de Castilla, el rey Alfonso XI de Castilla decreta que Zalduendo pase a depender de la vecina villa de Salvatierra.
No obstante, alguna décadas después, en 1382, el rey Juan I de Castilla concede al Canciller Pedro López de Ayala, el señorío sobre Salvatierra y sus aldeas, que le son entregadas bajo la fórmula de condado, Zalduendo vuelve a pertenecer a un señorío.
Zalduendo permanecerá ligado durante unos años al patrimonio de los Condes de Salvatierra, la Familia de Ayala. Fue enajenado de dicho patrimonio hacia 1412 o 1413 cuando la nieta del Canciller Ayala, Constanza de Ayala se casa con Pedro Vélez de Guevara, Conde de Oñate y cabeza de la Casa de Guevara. Zalduendo, separado del resto del Condado de Salvatierra, es incluido en la dote de Constanza y pasa a ser desde entonces villa de señorío de los Condes de Oñate.
Durante siglos los vecinos de Zalduendo se enfrentaron a los condes en defensa de sus derechos adquiridos. Los pleitos fueron especialmente duros entre finales del siglo XV y finales del siglo XVI. Durante ese siglo los vecinos lograron dejar de pagar diversos tributos y derechos señoriales; aunque algunos de estos persistieron hasta 1813, cuando fueron definitivamente abolidos. Entre otros derechos el conde tenía potestad de elegir el alcalde.

Su nombre parece claro que procede de «Nava del Heno». Su historia está ligada a la de su población vecina, San Leonardo de Yagüe, puesto que Navaleno nació siendo una aldea de la Villa de San Leonardo entre los siglos XV y XVI, hasta hacerse autónoma en el s. XIX.
Como todos los pueblos de Pinares, su economía ha dependido tradicionalmente de la madera y el transporte; en las últimas décadas la micología y la industria relacionada con ella han tomado el relevo, así como el turismo, que se ha consolidado como una gran fuente de ingresos.

Aunque hay ruinas romanas en las cercanías de esta villa, la documentación más certera sobre su existencia pertenece a la Edad Media, cuando da forma a su carácter estratégico. Conforme avance la Reconquista y comiencen a establecerse las fortificaciones cristianas en la linea del Gállego, los musulmanes se harán fuertes militarmente en la localidad hasta que en el año 1083 sea reconquistada por el monarca Sancho Ramírez. A partir de este momento inicia su papel comercial al ser punto de encuentro y comercio para los pobladores del llano y la montaña; este papel se mantendrá hasta que Jaime I la ceda a su hijo. Este acto supondrá un pesado lastre para su desarrollo puesto que dejó de ser villa de realengo para convertirse en Señorío, constituyéndose la Baronía de Ayerbe que en el siglo XIV pasó a manos de la familia Jordán de Urriés presente en la localidad hasta el siglo XVIII, momento en que se trasladó a Zaragoza. En este punto resurgen en la Villa el comercio, las Ferias y los Mercados.
Ayerbe se vio envuelta de forma muy directa en la Guerra de la Independencia, en el ano 1811, cuando el General Mina obtuvo una brillante victoria militar al derrotar a las tropas francesas atrincheradas en la localidad.
Durante la historia más reciente Ayerbe destacó por ser una villa de ideología republicana. Esta postura política les llevaría a protagonizar una sublevación en el año 1931 liderada por los capitanes Galán y García Hernández. Este fortísimo carácter republicano motivó que durante la Guerra Civil de 1936 viviese los momentos más tristes de su historia.

En varias ocasiones Almonacid de Toledo pasaría de unas manos a otras. En 1086, el rey Alfonso VI dio esta villa a la iglesia de Toledo. Un siglo más tarde, en 1132, Alfonso VII la donaría al Conde Pons de Cabrera. En el 1176, Alfonso VIII, se lo daría a la Orden de Calatrava.
En la guerra de la Independencia, sería famosa por la batalla de Almonacid, en la que el Mariscal Sebastiani, reforzado con la llegada del rey José, consiguió que las tropas españolas se retiraran hacia el Guadiana. En la batalla perecieron cerca de 4.000 españoles y 2.000 franceses. En el Arco de Triunfo de París aparece el nombre de Almonacid como recuerdo de esta victoria.
Según cuenta la tradición, el castillo sería conquistado por el Cid Campeador en los tiempos del reinado de Alfonso VI, pasándose a llamar Almenas del Cid, nombre que se transformaría en Almonacid y que daría nombre a la población.

Poblada desde la antigüedad, en la Laguna de la Janda está la Necrópolis de Los Algrabes, datada en la edad del Bronce. También hay numerosas muestras de arte rupestre, las figuras más antiguas datan del Paleolítico Superior (Solutrense) y tienen una antigüedad de unos 20.000 años, como las que se encuentran en la Cueva del Moro.
Después fueron llegando otros pobladores, fenicios, griegos y cartagineses. Más tarde llegaron los romanos con asentamientos tan importantes como los de Julia Traducta, la actual Tarifa, Mellaria, y Baelo Claudia, que llegarían a alcanzar el estado de colonia romana. Esta ciudad se dedicaba a la fabricación de salazones y de garum, una salsa muy apreciada en esa época.
Los musulmanes ocuparon Tarifa en s. VIII, cuyo nombre parece proceder de Tarif ibn Malluk, el primer jefe bereber allí establecido.
Conquistada para la cristiandad en el siglo XIII, por el Rey Sancho IV, la ciudad sufrió numerosos ataques musulmanes, como el asedio de 1.295 cuya heroica defensa fue protagonizada por Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno”.
En la Edad Moderna adquirió protagonismo al defender las costas meridionales españolas de los ataques de los piratas berberiscos, y en el siglo XVIII como enclave militar frente a la posesión inglesa de Gibraltar.
También tuvo una participación activa en la Guerra de la Independencia al resistir los ataques del ejército francés.

Al acceder a la localidad nos encontramos con un crucero de perfil moderno. Y su principal monumento es la Iglesia Parroquial de San Martín del siglo XIII, es un templo románico de transición que se sitúa en lo alto de una loma.

Texto: Juan Frisuelos
El nombre de esta localidad es de origen árabe. Para unos procede de “maqqada”, que significa estable o firme, y para otros, como Corominas, de “maquida”, con el significado de plaza fuerte o estratégica o astutamente construida.
Existen indicios de la presencia romana, que usaron Maqueda como punto fuerte de vigilancia, como los sepulcros con inscripciones hallados en el prado de Martín de Zulema. En uno de lee “DMS CAYO VALERIO POMPEYANO PATRIS CAYUS VALERIUS LEVINUS FILIUS”. También lo demuestra un capitel de orden corintio de medio metro de altura que sirve de pila de agua bendita en la iglesia parroquial.
Hacia 981, el arquitecto musulmán Fathoben Ibrahim al Omeya, constructor de grandes mezquitas de Toledo y célebre por su saber y sus viajes a Oriente, aumentó y perfeccionó la fortaleza de Maqueda, que fue arrebatada a los árabes por Alfonso VI en 1085, el mismo año de la toma de Toledo por ese monarca.
En 1177 fue donada por Alfonso VII a la Orden de Calatrava. Más tarde perteneció a los Estados de don Álvaro de Luna y está documentada la estancia y residencia en el castillo de Maqueda de la futura Isabel la Católica, durante el reinado de su hermano, Enrique IV, y en compañía de su amiga, Isabel de Bobadilla.
Muy bien restaurado y en la actualidad casa-cuartel de la Guardia Civil, es de planta cuadrilonga, y se forma por cuatro enormes paramentos que a modo de altos muros rematados por almenas le confieren un clásico aspecto. Dado lo irregular del terreno en que se asienta, las cuatro cortinas de este alcázar son de diferente altura. Los muros son de mampostería y buen sillar. En cada esquina hay fuertes torres de planta circular.
El detalle que más ha llamado siempre la atención en este castillo es el coronamiento de sus muros, con un adarve en el que lucen elegantes almenas o merlones de disposición muy particular.
El Emperador Carlos I creó en 1530 el Ducado de Maqueda y lo otorgó a Diego de Cárdenas, Caballero de la Orden de Santiago y descendiente de Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de León y contador mayor con los Reyes Católicos, y de su esposa, Teresa Enríquez, más conocida como La Loca del Sacramento.
La Iglesia de San Juan Bautista de Maqueda guardaba los sepulcros vistosamente decorados con estatuas orantes que se atribuyen a Pompeyo Leoni de Juan de Cardenas, sobrino de Diego de Cárdenas, y de su esposa, Juana de Ludeña. Los sepulcros fueron llevados primero a la iglesia de Santa María de los Alcázares, luego a París y por fin a un museo de Buffalo (EEUU).
Hacia 1500, Diego Sánchez de Cortinas, bisabuelo materno de Miguel de Cervantes, fue Alcalde del Castillo de Maqueda.
Maqueda, como Escalona, aparecen en la primera novela picaresca española: El Lazarillo de Tormes. En concreto, en Maqueda se une Lázaro al mísero cura local.

De la época prerromana se conservan restos arqueológicos en algunas mámoas y castros. El nombre de Cabarcos parece derivar de civarcos, pueblo nombrado por Plinio y situado entre la desembocadura del Masma y la del Eo. En la Edad Media sigue apareciendo el nombre de Cibarcos o Cabarcos como en la confirmación que Ordoño II otorga en el 916 a la iglesia de León, entre las que figura Sancti Justi de Cabarcos.

Los restos arquitectónicos más antiguos de Alerre pertenecen a un santuario ibérico en el que fueron encontradas algunas imágenes de ídolos; son igualmente importantes unas termas romanas de época tardía.
Los restos conservados del castillo-palacio del Conde de Bornos nos recuerdan que este lugar perteneció a Doña Teresa Entenza, esposa del monarca Alfonso IV.

A lo largo del pueblo se pueden todavía apreciar muchas casas al estilo constructivo típico de la Alta Sanabria, con gruesos muros de granito con, pequeñas aberturas al exterior, vigas, suelos y corredores de madera y tejados pizarra. Apenas quedan ya tejados de paja pero sí se pueden apreciar en muchas casas las enormes lastras de piedra escalonadas en los extremos de los tejados que sujetaban esa paja.

La documentación y el arte nos revelan el pasado jacobeo de Azofra, por lo que se sabe tuvo un hospital de peregrinos con su propia iglesia y cementerio, bajo la advocación de San Pedro. En su iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, aparte de una imagen de Santiago Peregrino, hay otra de San Martín de Tours.
Acredita la tradición jacobea de Azofra, la fuente de los romeros, sugestiva y antigua, como revela su estructura por debajo del nivel actual del terreno. Muy cerca, a unos 5 kilómetros, está el monasterio cisterciense de Cañas, fundado en 1170. En el pueblo del mismo nombre fue donde vio la luz Santo Domingo de Silos.
También los monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, merecen una mención especial, pues, aun cuando se encuentran fuera de la ruta, fueron muy visitados por los peregrinos, que no dudaban en dedicarles unas jornadas. De Suso, que es un eremitorio mozárabe construido en plena ladera de la montaña, fue de donde salieron, en el siglo X, las primeras palabras escritas en castellano «Las Glosas Emilianenses».

Una pequeña ermita a la salida, sirve a los peregrinos para dejar avisos y mensajes. Nada más pasar esta localidad se encuentra el mítico km. 100

Cuenta con una importante red de cavidades de gran valor arqueológico, entre las que destaca la cueva de Santián, declarada Bien de Interés Cultural en 1995, y la cueva del Calero II, declarada Bien de Interés Cultural en 1997. En el ámbito de la arquitectura civil se cuentan construcciones como Torre de Santiyán o Torre de Velo , declarada Bien de Interés Cultural en 1983, el palacio de la Conquista Real y su portalada, declarados Bien de Interés Cultural en 1994 y una de las obras de ingeniería más emblemáticas de la Edad Moderna en Cantabria el Puente sobre el río Pas , declarado Bien de Interés Cultural en 1985.

La historia del Ayuntamiento de Narón se remonta a la Época Prehistórica, se han localizado numerosos castros por toda la zona y enterramientos megalíticos, conocidos como mámoas, destacando los de San Mateo, O Val y A Moura, localizados en el Monte dos Nenos. Posteriormente los romanos también ocuparon estas tierras.
Los documentos más antiguos que nos hablan de este municipio pertenecen al siglo XI, cuando a finales de este siglo se realiza una donación a la iglesia parroquial de estas tierras, conocidas como Tierra de Trasancos.
A mediados del siglo XIX la industria del Ayuntamiento de Narón se centra en la fabricación de laminados de cobre, telares y la obtención de harina en sus molinos, algunos de los cuales se conservan en la actualidad. Es un momento de gran importancia económica para todo el municipio.
En la actualidad Narón es un Ayuntamiento rural de gran belleza que concentra su economía en los Astilleros de Ferrol, sin olvidarnos de la agricultura, la ganadería y la riqueza marisquera de la ría.
Breve historia de Narón

Bajo la iglesia parroquial hay una necrópolis medieval excavada a mediados de la década de los setenta por A. Bielsa. No apareció ajuar, contrariamente a lo que es habitual en este tipo de excavaciones. Las tumbas, excavadas en parte en la propia roca y cubiertas de lajas, se encuentran en buen estado de conservación.
Murillo es como un enclave de la provincia de Zaragoza en la de Huesca. Este lugar nunca llegó a ser totalmente sometido por los musulmanes a pesar de sus numerosos intentos.
Los primeros documentos critianos de la Edad Media pertenecen al año 1033, fecha en la que el rey Sancho el Mayor donó a Iñigo Jiménez una heredad en Murillo como premio por sus buenos servicios.
A la muerte de este monarca, Murillo formaba parte de la línea fronteriza de castillos cristianos junto con Ruesta, Sos, Unicastillo, Biel, Loarre, Buil y Monclús. La viudad del rey Pedro I, Doña Berta, reinaba en un pequeño territorio cercano a los Mallos de Riglos al que pertenecía la localidad de Murillo. Posteriormente estos territorios quedaron incorporados a la Corona.
En la actualidad Murillo se ha decantado por centrar su actividad en las empresas dedicadas a los deportes de aventura.(puenting, rafting, senderismo e hípica). Murillo de Gállego se encuentra en grave peligro de desaparición por la inevitable construcción del pantano de Biscarrués.

El municipio de San Millán tiene como antecedente histórico la Hermandad de Eguílaz, que agrupaba a la mayor parte de los pueblos del actual municipio y que hunde sus raíces en la Edad Media. Las hermandades alavesas eran agrupaciones de aldeas que firmaban acuerdos para su defensa y protección mutua durante los tormentosos tiempos de las guerras banderizas en la segunda mitad del siglo XIV. Solían tomar el nombre de la población más importante que formaba dicha hermandad. Se conocen las ordenanzas de la hermandad que datan de 1360, aunque se sabe que esta era anterior. La Hermandad de Eguílaz fue una de las 14 hermandades que se agruparon para formar la provincia de Álava.
Las juntas de la hermandad se reunían una vez al año por San Miguel en la iglesia de San Millán de Erdoñana. De ahí que con el paso del tiempo la hermandad pasara a ser conocida como Hermandad de Eguílaz y Junta de San Millán o simplemente como Hermandad de San Millán, debido a su lugar de reunión. También viene de ahí la tradicional capitalidad de Erdoñana, aunque no se trate de la población más importante del municipio.
Durante mucho tiempo la hermandad dependió administrativamente de la villa de Salvatierra, que se sitúa junto a ella y a cuya jurisdicción fueron entregadas las aldeas de la hermandad. Sin embargo, tras varios pleitos, la hermandad se emancipó de la villa.

En su término municipal hay vestigios del Neolítico y el Calcolítico, así como importantes asentamientos en la Edad de Bronce y un castro que, habitado en la Edad de Hierro, llegó a convertirse en una importante población celtíbera que dio origen a Arganza, arrabal de San Leonardo, en época romana, al ser obligados los habitantes del castro a bajar al valle. El origen del actual núcleo de población de San Leonardo es, precisamente, un hospital de peregrinos situado en el cruce de caminos que, inicialmente atendido por monjes benedictinos de San Pedro de Arlanza bajo la advocación del santo francés «St. Leonarde», allá por el s. X, que fue posteriormente auspiciado por el rey castellano Alfonso VIII. San Leonardo se convirtió en villa abacial a finales del s. XII. En el s. XVI, Juan Manrique de Lara se convirtió en señor de la villa de San Leonardo y sus aldeas, Navaleno, Casarejos y Vadillo, gracias a la intervención de Felipe II. De esas fechas datan los restos de su fortaleza-palacio renacentista, pionera de las fortalezas abaluartadas que se prodigaron en el nuevo mundo.
La «carretería» y actividades como la industria de la pez y la resina, antaño, así como la transformación de la madera, la micología y el turismo, hoy, han hecho de esta villa la población próspera que es y que cuenta con una de las mayores fábricas de puertas de Europa.
El turismo constituye en la actualidad una de sus mejores bazas. Alberga numerosos atractivos, entre los que cabe destacar el Parque Natural «Cañón del Río Lobos», que ocupa buena parte de su territorio, y su cercanía a otros parques y lugares naturales de la comarca. Sus frondosos pinares albergan numerosas especies silvestres, gran riqueza micológica y preciosos rincones con áreas recreativas. Su templo parroquial cuenta con importantes obras de arte sacro.

Molino y herrería de la cual salierón las rejas del Altar Mayor de la Catedral de Lugo en el año 1570. Iglesia con vestigios románicos

De su pasado sabemos con certeza por documentos medievales que en el año 1186 Doña Endregoto de García-Dóniz donaba una pieza de tierra a Santa Cristina de Somport.
Más tarde, Esquedas pasó a ser propiedad personal del Conde de Sobradiel, quien vendió el pueblo a los colonos. Sus herederos, los actuales esquedanos, trabajan hoy día la tierra organizados en una Cooperativa.

No hay acuerdo en su fundación, indicándose a finales del siglo XVIII, dos versiones al respecto. Según una su fundación sería árabe, mientras que según la otra se originaría partir de dos barrios de Toledo.
En 1146 aparece en un documento por el cual Alfonso VII otorga a Pedro Gilbert, Mazdalquez, una aldea despoblada cercana a Nambroca: «illam uillulam modo desertam dictam Mazdalquez, sitam iuxta nonnoco». En 1187 aparece citada Nambroca cum pertennitiis suis en un documento en el que el maestre de la Orden de Calatrava obtiene una bula pontificia de confirmación de sus posesiones. En 1399, al señalar Enrique III las cantidades que los pueblos de Toledo y Madrid han de pagar, aparece como Nanbroca.
A finales de 1836 entró una partida carlista a la población resaltándose el valor de uno de sus vecinos, el cirujano Rojo, que al intentar tomar su casa, sin más ayuda que un muchacho de 12 años, los recibió a tiros y dando vivas a la Constitución y a la Reina. Hiriendo a varios de gravedad, consiguió que se retiraran, pero más tarde le incendiaron la casa, víendosele envuelto entre humo y llamas. A pesar de ello, pocas horas después estaba en Toledo cuidando de sus enfermos como si nada hubiera ocurrido.

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Se entra por el lateral de la iglesia de San Pedro de marcado aire románico, pese a los añadidos posteriores.

Según los historiadores, el nombre de Escalona puede derivarse de su situación geográfica, como un escalón o una escala que es preciso superar para salvar el talud de 30 metros tallado a sus pies por el río Alberche y empezar a ascender la cordillera Carpetana. Otros creen que es de origen judío, al haber sido poblada por hebreos llegados desde Ascalón después de la dispersión por Nabucodonosor.
Se han hallado restos iberos, celtas, romanos y visigodos, pero se atribuye a los musulmanes la construcción de la primera alcazaba amurallada para aprovechar la estratégica situación de Escalona.
Alfonso VI, uno de los principales reyes de la Reconquista, fue quien la arrebató a los musulmanes en 1083 y desde allí se dice que preparó el asalto final a Toledo, dos años después.
Alfonso VII le concedió su fuero en 1118. El 5 de mayo de 1282 nació en el castillo-palacio escalonero Don Juan Manuel, considerado el primer prosista de la lengua castellana, sobrino de Alfonso X el Sabio y nieto de San Fernando, además de uno de los hombres más poderosos de su tiempo.
En 1423 Juan II la cedió a su valido, Álvaro de Luna, que edificó un nuevo alcázar (uno de los mayores por perímetro y más lujosamente decorados de Castilla), gobernó desde Escalona sus Estados y fue Maestre de la poderosa Orden de Santiago. En 1453 sufrió el asedió de las tropas reales cuando Luna cayó en desgracia y su esposa, Juana Pimentel, se atrincheró en la fortaleza.
Fue brevemente propiedad de la princesa Isabel, luego Reina Católica, hasta que en 1470 Enrique IV la entregó a su valido, Juan Pacheco, marqués de Villena e igualmente Maestre de Santiago, cuya dinastía conservó el señorío durante algunos años.
En el siglo XVI también visitaron Escalona y caminaron por el actual Camino de Levante dos santos peregrinos, Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz.
En la Guerra de la Independencia, los soldados franceses del Mariscal Soult causaron la ruina del castillo de Escalona al usar la madera de sus ricos artesonados para hacer un puente de tablas para el paso de sus fuerzas durante la Batalla de Talavera, la primera victoria histórica del célebre Wellington.

Otras manifestaciones del arte religioso son los variados cruceiros conservados sobre todo en las cercanías de iglesias o capillas, éstas últimas también abundan siendo la más antigua, aunque también reformada, la de San Estevo en San Cosme. De arquitectura popular
Antigua cárcel de Cabarcos.
Tenemos varios ejemplos en los hórreos conservados en el barrio de Valdecainzo y en Cabarcos. En lo que respecta al patrimonio civil existen varias casas blasonadas de abolengo señorial, lamayor parte reconstruidas como sucedió con la antigua Fortaleza de A Torre en Reinante convertida en casa de campo que aún conserva su piedra de armas o la Casa-torre de Pumarín con inscripción y escudos de 1561. La torre del Pazo de Outeiro también se destruyó y queda como testigo un escudo de piedra únicamente o la Casa do Barral en Celeiro demolida la original conservando sólo el escudo.

Las manifestaciones culturales sanabresas son una de las consecuencias externas de un carácter hecho a si mismo como consecuencia del aislamiento obligado de esta comarca por su situación en el mapa. Su alejamiento facilitó y fomentó que durante siglos se transmitiera de padres a hijos las canciones, danzas, constumbres, historias, y, en general, tradiciones ancestrales que surgieron de las gentes de esta bella tierra y que solo las necesidades económicas, con la consiguiente emigración masiva de sus hijos en el s. XX, ha ocasionado una desintegración cultural paulatina que sólo podrá ser frenada por los propios sanabreses, recordando y manteniendo las costumbres de sus antepasados.

Más de 3.000 años de historia contemplan la ciudad de Málaga, desde sus orígenes fenicios hasta la hermosa ciudad amable y cosmopolita que enamora a turistas de todas partes del mundo.
El Teatro Romano y las piletas de Garum le transportarán a los tiempos de la Hispania Romana. Por su parte, la Alcazaba es el ejemplo vivo más bello de la dominación musulmana. Viva desde el Santuario de la Victoria la reconquista por parte de los Reyes Católicos. O pasee por la calle San Agustín, antigua calle de los Caballeros, con el Palacio de Buenavista como elemento más significativo.
Conozca el pasado glorioso de nuestras uvas en el Museo del Vino. Descubra el por qué del nombre del puente de Los Alemanes. Vea verdaderas obras de arte, algunas de ellas sacras en la misma Catedral, que han perdurado hasta nuestros días en celebraciones como la Semana Santa de Málaga.
Recorra la principal calle de Málaga para saber más sobre el Marqués de Larios. Llegue a la plaza de la Constitución, donde se han celebrado la mayor parte de los actos sociales de la ciudad. Admire edificios de diferentes épocas y déjese cautivar por todas las historias que encierra la ciudad.

Según la crónica de Alfonso X el Sabio, en el año 959 cayo prisionero en Cirueña el rey de Pamplona García Sánchez I, por el conde Fernán González.
Su iglesia parroquial dedicada a San Andrés, es un edificio de reciente creación (1965), sobre otro anterior del siglo X, destaca en su interior el retablo mayor barroco del siglo XVIII.
Ermita de la Virgen de los Remedios.

Lugar de «Herreros», como su nombre indica, que ofrecían sus servicios a los viajeros claveteando el calzado o herrando las cabalgaduras.
Posee un templo modesto con un precioso pórtico románico.

Algunos restos prehistóricos dan fe de la ocupación de las tierras del valle de Polanco y su entorno. Uno de los más recientes fue el yacimiento al aire libre puesto al descubierto en las terrazas del río Besaya durante la construcción de la autovía Santander-Torrelavega.
El gran desarrollo económico del lugar se produjo en los siglos barrocos, al convertirse Requejada en puerto de embarque de trigo castellano y recibir cargamentos de hierro, al tiempo que tuvo lugar un intenso tráfico comercial a través del denominado Camino de Burgos. Sin embargo, este impulso comercial no fue paralelo a la independencia administrativa.

El pasado histórico de Fene está repleto de importantes restos y yacimientos arqueológicos datados desde el Paleolítico Medio. Menhires, mámoas y castros han sido destruidos a lo largo de los últimos siglos por la concentración de la población en la zona. También se han encontrado restos del proceso de romanización.
Aunque no abundan los datos históricos sobre Fene, los primeros documentos escritos que hablan de su existencia pertenecen a los años 1044 y 1110.
Fene siempre tuvo una fuerte tradición en la carpintería de ribera, pero era una población principalmente rural hasta bien entrado el siglo XX.
En el año 1941 se funda el Astillero de ASTANO, que tendrá un importante auge en los años venideros. Esta actividad constructora ya tenía cierta tradición y aunque sus inicios trabajaban con pequeñas embarcaciones, a partir de los años 60 se convierte en el astillero más importante de Galicia, centrado en la construcción de grandes petroleros.
La expansión del Astillero y la creación del Puente das Pías lo convirtieron en un importante centro de desarrollo. La década dorada de los 70 finalizó con una profunda crisis económica producida por la reconversión del sector naval. En la actualidad centra su economía en sectores como la industria y los servicios.

La voz «Ajofrin» es de procedencia árabe, viene de «ya tar», que es nombre propio.
Quedan ruinas de unas termas romanas, lo que alude a su existencia en esta época. Se funda sobre una dehesa llamada Pozorrubio. En el siglo XV perteneció a la jurisdicción de cabildo de la Iglesia de Toledo, y es en esta época cuando recibe el título de villa. A comienzos del siglo XVI sus cerros estaban cubiertos de monte. En la segunda mitad ya se advertía la falta de agua. La mayor parte de su población son jornaleros y oficiales artesanos, habiendo pocos labradores y sólo un hidalgo, llamado Diego de Mora. Casi todo el vecindario es pobre, habiendo pocos ricos. Algunos ya labraban la lana. Lo más notable que hacen es fabricar estribos y espuelas. Continuaban en este tiempo pagando los tributos que se detallaron a comienzos del siglo XV.

El Cañón del Río Lobos, cuyo lecho sirve de límite a lo largo de varios kilómetros, entre ambos pueblos, fue un excelente cazadero para las gentes del neolítico. También hay otro castro celtíbero y numerosas huellas de su época romana, despoblados medievales y ermitas románicas.
El municipio de Hontoria del Pinar cuenta con notables atractivos turísticos tanto en el paisaje como en los testimonios artísticos de su historia pasada. El entorno de Hontoria y sus dos barrios cuenta con bellos panoramas llenos de contrastes. Los más emblemáticos son el Cañón del Río Lobos, el Pico Navas, el Valle de Costalago y el Pozo Ayrón, además de numerosos monumentos.

Curiosamente, en este lugar, existe una pequeña capilla dedicada a Santo Domingo de Silos.

Se sabe con certeza que ya existía en el año 1198. En el año 1495 contaba con 10 habitantes.

En el siglo XII ya se documenta la existencia de este pueblo En 1216 se cita el pago de Val de Santo Domingo, en un documento mozárabe. En la jurisdicción de la villa tuvieron sendas propiedades los dominicos de San Pedro Mártir de Toledo, los jerónimos del monasterio de la Sisla, las bernardas de Santo Domingo de Silos. Su situación entre dos cañadas de merinas: La Segoviana y el Camino Real de Madrid, debió ser una causa en el origen de este pueblo. Se plantean dos causas de origen: la localización entre varias cañadas y las propiedades en su término de poderosas órdenes religiosas. * Caudilla, fue tierra repoblada por castellanos viejos en el siglo XII. En la villa se aposentó Enrique IV en su camino hacia Toledo, en el siglo XV. En 1477 contribuía al sostenimiento de la Santa Hermandad de Toledo.

Hasta el 1910, el pueblo era conocido como Salinas de Monreal. El nombre de hoy se lo asignaron porque en sus parcelas existían ocho pozos con sus eras correspondientes. En sus tierras se encuentran ubicadas los asentamientos arqueológicos de Equisoain y Gasu o la Mina. Durante el S. XIII, los hospitalarios de Jerusalén poseían una casa en el lugar. En 1376 los vecinos cedieron el patronato de su iglesia de San Miguel al Monasterio de Leire.
En 1847 Salinas contaba con una escuela, los ocho pozos de sal eran particulares y funcionaba un molino harinero. Éste último dejó de funcionar a comienzos del S. XX.

No existen datos acerca de la fecha de su fundación ni de quienes la fundaron, aunque hay quien opina que se debió realizar en tiempos de las invasiones romanas, ya que hay restos de puentes que así lo indican, como el de Barguillas. Parece ser que dada la belicosidad de la zona, el dominio romano fue muy poco duradero, siguiendo un periodo de ocupación celtibérica.
En la época musulmana perteneció al distrito de Alfamín. De este periodo derivan los diversos toponímicos de la villa.
Tras la reconquista, perteneció al Ducado de Escalona, del cual se independizó, junto con otras poblaciones de la comarca, en 1567. Por estos años Felipe II le concede el título de villa, pasando a tener su propia jurisdiccción y justicia.
En los arroyos había en el siglo XIX tres molinos de harina, que junto con otros tres de aceite, eran la única industria de la villa. En 1901, fue inaugurado el ferrocarril Madrid-Villa del Prado-Almorox, clausurado en 1965 y cuya estación cabecera, se encontraba al final de la denominada «Calle de la Estación».

Pertenece al Concello de Barreiros. Su población se dedica preferentemente a la gandería y a la agricultura.
En Gondán (S. Xulián de Cabarcos) podemos contemplar una capillita dedicada a la Virgen del Pilar, con tallas de la Virgen y de Santiago Apóstol; al lado.
Cuenta en las inmediaciones con una fuente muy utilizada por los peregrinos; se la conoce como fuente de Cimadevila.

Su existencia está documentada ya desde el siglo VII. Si desea conocer los hitos históricos más importantes de esta población oscense, pinche en historia de Triste

Lubián siempre ha sido y sigue siendo «tierra de lobos». Las gentes del lugar tuvieron que inventar diversas trampas para evitar que estos acabaran con sus ganados. Una de ellas, El Cortello dos Lobos servía antiguamente para atraparlos. De forma circular hecho de piedra, la parte superior está a la misma altura que el suelo y la parte de abajo está a unos tres metros del suelo y metida hacia dentro de forma que los lobos no puedieran escapar. Para atraparlos había que poner una oveja enferma como reclamo que balaba durante la noche atrayéndolos hasta el Cortello.

Tomó este nombre por ser el lugar de la bifurcación de las carreteras hacia Almogía, Campanillas y Malaga, que se construyó sobre una antigua aldea de tres casas llamada el Cortijuelo, utilizada para dar cobijo a braceros y pastores de cabras.
En los años 1950 el Cortijuelo era una casa de labor donde vivían cuatro familias. Se hizo la escuela rural en el año 1956, después de que los vecinos compraran el solar para la misma y más tarde lo ceden al ayuntamiento. La primera casa que se construyó nueva fue la del poeta José Montiel Brenes, en Calle 4 de Diciembre nº 21, que se hizo en 1963. En 1981 se legaliza como barrio y se hace suelo urbano.

La Compostela riojana, como algunos la denominan, debe su existencia a un vecino de la cercana localidad de Viloria, este hombre se llamaba Domingo pero paso a la historia como Santo Domingo de la Calzada, el mayor benefactor del camino, al que dedicó buena parte de sus 90 años de existencia, aún habiendo sido rechazado como fraile en los monasterios de San Millán y Valvanera. Él sólo desbrozó bosques, trazó el camino desde Nájera hasta Redecilla, levantó un puente sobre el río Oja, construyó iglesias y hospitales y atendió a miles de peregrinos.
Al morir en 1109, fue enterrado en la ruta que tanto contribuyó a mejorar. Sobre su sepulcro se erigiría después la actual Catedral, que luce cabecera románica y su magnífico campanario exhibe un barroco exuberante.
En el interior se conservan en una hornacina dos gallinas en recuerdo al más popular milagro atribuido al Santo De La Calzay que cuenta como una familia de peregrinos se alojo en la posada del Santo, cuya criada se encapricho del hijo, pero despechada por la nula atención que aquel le prestaba, escondió una copa de plata en el zurrón del chico y lo denunció. El joven fue apresado, condenado y ahorcado.
Los padres afligidos, continuaron su peregrinación a Santiago y al regresar encontraron a su hijo aún vivo, colgando de la soga, el Santo lo sujetaba por los pies. Corrieron a contárselo al regidor de la ciudad pero este no los creyó. «Tu hijo esta tan vivo como la gallina que se está asando» les contestó. Acto seguido, la pita se incorporó y cantó, para hacer bueno el refrán: «Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada».
La ciudad se defendía con una muralla, que llegó a tener cerca de 1500 m de longitud, de la que se conservan algunos lienzos y torreones. También destacan la casa gótica del Obispo Juan Pino, donde murió Enrique II, en 1379. El Hospital de Santo Domingo, donde hoy se ubica un espléndido Parador Nacional. El Convento de las Bernardas, que fue construido por Pedro Manso de Zúñiga en el siglo XVIII. Extramuros se encuentra el Convento de San Francisco.

Un poco apartado del Camino y a la izquierda de esta localidad, se encuentra el Monasterio de Loio y las ruinas de una ermita.
Se cuenta que en este lugar, allá por el año 1172, doce caballeros se unieron y juramentaron dar protección a los peregrinos de los asaltos musulmanes. Así nació la Orden de los Caballeros de Santiago.

El hombre ya encontró en esta región su lugar en la Prehistoria, como queda demostrado en las Cuevas de Altamira, una verdadera lección de cómo vivían nuestros antepasados.
El desarrollo en la Edad Media viene marcado por la peregrinación a la ermita de la mártir Santa Illana, que fue enterrada en el siglo XIII. Sobre esa ermita se construye un monasterio, que es el origen de la actual Santillana. Desde los siglos IX al XIII, la villa vivió unos siglos de esplendor comercial y religioso, apoyado por la nobleza y privilegios reales. Se construye la Colegiata y se articula la población a partir de la Rua del Rey.
En el siglo XV, la Casa de los Mendoza pasa a tener el poder, convirtiéndo a Santillana en un villa de acentuado carácter señorial, de lo que nos dan muestra las diferentes casas edificadas en el casco antiguo.

La rica composición de sus suelos y la existencia de algunos pazos dan idea de una antigua importancia del Ayuntamiento de Abegondo. Conserva restos de algunos castros como el de Meangos. Sobre él se edificó la iglesia de esta parroquia.
Abegondo fue tierra y morada de familias ilustres, persistiendo su presencia a lo largo de la geografía municipal en once edificaciones de esta categoría que en tiempos pasados se repartían por la superficie del municipio. Estas casas solariegas, o pazos, y otras edificaciones de carácter histórico, que se encuentran en su demarcación, nos dan una idea de la importancia social que tuvieron algunos de sus vecinos; por estas particularidades, la tradición histórica de Abegondo hay que buscarla en el discurrir de las familias nobles y sus descendientes que ocuparon relevantes cargos en la milicia, en la Iglesia y en la administración.
Un desafortunado incendio producido en el año 1948 destruyó completamente los archivos municipales y, por lo tanto, toda su riqueza documental.

D. Antonio Ubieto Arteta en su libro Los Caminos de Santiago en Aragón asegura que en el mes de marzo del año 1175 los señores de Santa Cristina compraron algunas viñas en Santa María. Algunas lindaban con el camino cercano al río Asón.
Si desea conocer los prrincipales hitos históricos de esta población aragonesa, pinche en historia de Santa María de la Peña

Inicialmente, en la actual ubicación de la ciudad, se encontraba un pequeño núcleo de población con el nombre de Pozo (o Pozuelo) Seco de Don Gil. En el año 1255, el Rey Alfonso X el Sabio renombra el municipio, fundando Villa-Real.
En su término municipal y a pocos kilómetros se encuentra el cerro de Alarcos, antigua población ibérica y de importante valor arqueológico, también por su ermita y castillo medievales. En sus inmediaciones tuvo lugar la batalla del mismo nombre, donde las tropas castellanas fueron derrotadas por los almohades en 1195.
En el año 1420, el rey de Castilla Juan II le concede a Villa Real el Título de Ciudad, en premio a su apoyo en la guerra civil dinástica contra las Órdenes Militares, al salvarle con su Milicia de un secuestro. Otorgándole escudo con la leyenda “Muy Noble, Muy Leal”.
En 1475 se confirman los privilegios de la Hermandad Vieja de Ciudad Real por parte de los Reyes Católicos.
En 1691 fue nombrada capital de la Provincia de La Mancha al tiempo que ésta era creada, pero más tarde, en el siglo XVIII perdió la capitalidad de la provincia a favor de Almagro. Fue en 1833 cuando se creó la Provincia de Ciudad Real.
La ciudad conserva sólo algunos vestigios históricos, como varios fragmentos de la muralla y La Puerta de Toledo (s.XIII), la casa de Hernán Pérez del Pulgar (s. XV), la casa real de la Caridad (s. XVIII), la iglesia de la Merced (s. XVIII), la iglesia de San Pedro apóstol (s. XV) o la iglesia de Santiago apóstol (s. XIV).

Sus orígenes arrancan en la edad de bronce, según algunos hallazgos en cuevas, aunque su primera mención histórica data del 1 de mayo de 1075, en una cita al Monasterio de San Juan de Ravenaria. Perteneció al Alfoz de Hontoria, después a la Merindad de Silos, más tarde fue villa abacial, dependiente del Abad de Fuencaliente; en el s. XVI fue parte de la Tierra del Condestable y en el s. XVIII, villa de realengo. En 1950 llegó a tener 414 habitantes

El origen de Almogía es remoto; se han hallado vestigios de algunas pinturas rupestres de edad prehistórica en algunas cuevas del término municipal; también se han encontrado restos de la presencia romana en varios puntos de la villa,y algo de presencia turdetana (posiblemente de influencia tartésica o feno-púnica), pero no es hasta la dominación musulmana cuando se cree que se creó el núcleo de población actual alrededor de su castillo, del que actualmente sólo quedan unos restos de una de sus torres (La Torre de la Vela).
El nombre de Almogía en el idoma árabe andalusí y romance hispánico era Al-Mexia,3 que según versiones distintas de dos historiadores, uno se decanta por la derivación del nombre de una tribu bereber del linaje de los al-mexíes (cuya existencia aún no está comprobada), y otros afirman que quiere decir «La Hermosa» (que lingüísticamente no está comprobado).
Su privilegiada situación en la parte occidental de los Montes de Málaga debió concederle un gran valor estratégico en la antigüedad como parecen indicar los restos de una calzada romana que se localizan en su término municipal.
Fue importante enclave en la época musulmana. Durante la revuelta de Omar ben Hafsún contra los omeyas cordobeses, la fortaleza de Sancti Petri (Hins-Xan-Biter, según Vázquez Otero [históricamente no comprobado]) desempeñó un papel fundamental en la defensa del Bobastro de Málaga. Aún pueden apreciarse los restos de esa fortaleza.
La villa fue entregada a la Reina Isabel de Castilla (Isabel la Católica) en mayo de 1487, la cual nombró alcaide cristiano al capitan Mosén Pedro de Santisteban.
Los moriscos de Almogia participaron en la rebelión de 1570. Al ser derrotados, fueron expulsados, quedándose despobladas las tierras que fueron repobladas con cristianos viejos procedentes de las poblaciones de Teba y Antequera, en aquel entonces pertenecientes al reino de Sevilla.
Durante la guerra de la Independencia contra la Francia napoleónica, Almogía y su castillo fueron invadidos por las tropas napoleónicas que lo destruyeron en su huida.

Según señala D. Antonio Ubieto Arteta en su obra Los Caminos de Santiago en Aragón, Bailo fue una confluencia de rutas. Existió en ella una cofradía de Santa Cristina de Somport.
Entre los años 1144 y 1155 los señores de Bailo donaron una heredad perteneciente a esta citada cofradía; éstos, con los bienes recibidos, fundaron una congregación en la localidad a cambio de la entrega anual de una arroba de trigo y un cántaro de mosto.
En el mismo documento citado por el autor se aparecen alguna de las rutas jacobeas que llegaban a la localidad: la de Jaca, la de Larués, la de San Felipe y la de Astorito. Además de las ermitas dedicadas a Santiago y San Cristóbal, Bailo contaba con un hospital para peregrinos que sostenía el monasterio de Santa Cristina de Somport.

La proximidad del Valle del Alberche y de la tierra de Pinares con Madrid, así como la belleza de los parajes y el clima, agradable y generoso, han hecho florecer en esta zona el turismo, siendo quizá el elemento más relevante y aglutinador de la comarca, que es por otra parte variopinta. Se trata de un territorio montañoso, en el que la altitud varia desde los casi 1500 m. (La Cañada) hasta los 760 m. (Cebreros). Está situada al este de la provincia de Ávila, en la vertiente sur de las sierras Paramera y Malagón y nordeste de Gredos, y como su nombre indica , en el valle que provoca el río Alberche.

Esta ciudad vasco-francesa es famosa por ser testigo directo de importantes sucesos históricos a lo largo de los siglos. Como referencia citaremos cuatro especialmente relevantes:
En la pequeña isla de Los Faisanes, situada en medio del Bidasoa, se reunieron Luis XI de Francia con el rey de Castilla.
El rey francés Francisco I, capturado en la batalla de Pavía en el año 1525 fue liberado en Hendaya.
En el año 1569 Hendaya asiste a la firma del Tratado de los Pirineos.
En el año1570, tiene lugar la firma de los protocolos de la boda de la infanta española María Teresa con el rey francés Luis XIII. En el desarrollo de esta firma se produjeron dos curiosas anécdotas que recogemos para su regocijo. El encargado de decorar convenientemente el edificio donde debía llevarse a cabo la firma de las capitulaciones matrimoniales, era el excelso y universal pintor Velázquez, quien, por trabajar en traje de baño, cogió un resfriado que acabaría con su vida poco tiempo después.
Como el rey de España no podía abandonar su territorio, la burocracia de la época discurrió una curiosa solución para salvar este pequeño conflicto y salvar el problema diplomático. Para ello nada mejor que trazar una raya en todo el edificio que delimitara con absoluta claridad los territorios español y francés. Y ¡¡Voilà¡¡ problema resuelto.
En el año 1615 fue testigo de un suceso mucho más agradable enmarcado en la política matrimonial de los reyes Austrias y Borbones. Se trataba del intercambio de princesas de ambas dinastías, una de ellas nuestra infanta María Teresa de Austria destinada a la corte francesa por su matrimonio con el rey Luis XIV.
Dentro de la historia más reciente Hendaya, más concretamente su estación de ferrocarril, se hizo mundialmente famosa por ser el escenario de la entrevista entre Franco y Hitler el 23 de octubre de 1940.
En la actualidad esta ciudad vasco -francesa destaca por su puerto pesquero, su preciosa playa y el castillo D,Abbadie.
Textos: Marta Larrosa (Licenciada en historia)

Aun contando con vestigios anteriores, la entrada de San Martín de Valdeiglesias en la historia comienza en el siglo XIII, cuando se formó una pequeña aldea alrededor de una ermita bajo la advocación de San Martín de Tours. Todo ello, en consonancia con los intereses del monasterio de Santa María de Valdeiglesias (Pelayos de la Presa), que fue el verdadero impulsor y aglutinador de la colonización de todo el valle de Valdeiglesias. De entre todas las aldeas pertenecientes a dicho monasterio, fue la de San Martín la que más se desarrolló. En algún año del siglo XIV los monjes le dieron el título de Villa, con fuero y privilegios. En 1430 se produjo una revuelta campesina contra el monasterio, lo que fue aprovechado por Don Álvaro de Luna, privado de Juan II y Condestable de Castilla, para finalmente poner a San Martín de Valdeiglesias bajo su señorío (1434), con lo que se ampliaron las propiedades que ya poseía en la comarca (Escalona o Cadalso).
Su castillo de la Coracera es del siglo XV, siendo algo posterior al momento de posesión de San Martín de Valdeiglesias por parte de Don Álvaro de Luna. Su denominación proviene de uno de sus propietarios, don Juan Antonio Corcuera. Fue una errata en un folleto publicitario de los años setenta la que dio origen a su actual denominación.

Mondoñedo es un enclave muy importante para la historia del pueblo gallego. Figura entre las 10 primeras poblaciones españolas que contó con una catedral. Fue una de las siete capitales del Reino de Galicia hasta 1834. Esta ciudad ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico por la magnificencia de su patrimonio cultural.
Hoy día es un pequeño pueblo, sin instituciones propias, que han sido desplazadas por el gobierno regional. Esta puede ser una de las múltiples causas por las que esta población involuciona.

Según D. Antonio Ubieto Arteta el monasterio de Santa Cristina tenía en la localidad un hospital para peregrinos.

La historia de La Mezquita va unida ya desde el megalítico a la del norte de Portugal (Trás-os-Montes) y a la de Sanabria, con las cuales compartió su cultura predominante de vida pastoril.
El el período romano, este territorio fue administrado por el gobierno del Conventus Bracarensis, con capital en el Municipium Bracara Augusta (actual Braga), estando el territorio noroccidental bajo la administración del Conventus Asturicensis, con capital en el Municipium Asturica Augusta (actual Astorga).
En la época medieval, La Mezquita fue parte de las tierras de los condes de Monterrei y de los Pimentel de Benavente. Junto con Cádavos, A Esculqueira, Manzalvos, O Pereiro e Santigoso, pasó a formar parte de un señorío real del cual la villa de Vilavella fue la cabecera. La actual parroquia de Chaguazoso era señorío del conde de Amarante, en tanto que la iglesia y la casa-palacio de Mezquita estaban entre las posesiones de los marqueses de Láncara.

Dos circunstancias han condicionado la realidad de Grañón: Su situación fronteriza junto a un castillo levantado por Alfonso III, en el siglo X y su posición estratégica en el tramo del camino, estructurado por el Santo Domingo.
Dos hospitales se ubicaron en esta localidad, y la iglesia de San Juan, que fue construida en el siglo XIV, posee en su interior un valiosísimo retablo mayor, construido entre el año 1545 y el año 1556, por Natuera Borgoñón y Bernal Forment.
Su calle Mayor delata la vinculación del pueblo con el Camino.

Con motivo del embalse en el año 1960, que cubrió totalmente el antiguo Portomarín, los edificios más importantes fueron trasladados, al nuevo asentamiento. Así ocurrió con la Iglesia de San Juan, actualmente de San Nicolás, la fachada de la Iglesia de San Pedro y varios Pazos como el que ocupa la Casa Consistorial o el del Conde de Maza.
Primitivamente la villa tuvo un puente romano, que fue destruido por Doña Urraca para frenar el avance de las tropas de su marido, Alfonso el Batallador, y vuelto a edificar más tarde por Pedro, allá por el año 1121.
El magnífico templo de San Nicolás, que fue construido entre los siglos XII y XIII por los monjes-caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, era al mismo tiempo una fortaleza defensiva. Su traslado fue muy costoso y minucioso, hubo que hacerlo piedra a piedra, aún pueden verse algunas numeraciones en uno de sus laterales.

Los territorios del Real de Manzanares fueron objeto de agrias disputas
por los Concejos segoviano y madrileño durante el siglo XIII,
a causa del interés de estos terrenos para la explotación de los bosques y pastos del curso alto del Manzanares.
En el siglo XIV pasa a ser propiedad de la familia noble de los De la Cerda(Leonor de Guzmán) hasta el reinado de Juan II, que se lo arrebata para donárselo al noble D. Diego Hurtado de Mendoza, a la sazón, Almirante de Castilla. A este noble se le atribuye la construcción del castillo viejo y aún la del nuevo, que se terminaría por el hijo primogénito de D.Iñigo. El arquitecto fue el afamado maestro de cantería Juan Guas, francés. La utilización del edificio como residencia de la familia señorial fue muy corta ya que acabó tras el fallecimiento del cuarto Duque del Infantado en 1565. A partir de este momento el lugar quedaría abanadonado por los problemas económicos y legales surgidos entre los herederos.
Un personaje ilustre por el que la villa madrileña siente especial afecto fue el famoso Arcipreste de Hita, conocido por su obra «Libro de Buen Amor», quien paseó por sus calles y dedicó varios versos a la Ermita de La Virgen del Espinar.

Las riquezas minerales de la zona pusieron a estos territorios en el punto de mira de los romanos, quienes arribaron a las costas gallegas en el siglo II a. C. Junto a los intereses militares, tenían un papel fundamental la colonización y el reclutamiento de soldados.
En el año 62 a. C. Julio César llega a Brigantium (La Coruña actual), en busca de la ruta de los metales, para establecer contactos comerciales con Francia, Inglaterra y Portugal.
La colonización de las pobres tribus de pescadores coruñeses fue tan rápida que en muy poco tiempo los romanos convirtieron el primitivo villorrio en una ciudad de cierta importancia en el comercio marítimo (construcción del Faro).
Tras la caída del Imperio Romano, pocos documentos hay de la ciudad. Los historiadores suponen que sufriría las invasiones de los pueblos del Norte de Europa, que en el siglo V, penetraron en España.
Los árabes lo tuvieron mucho más difícil que los romanos, dada la brava resistencia presentada por los gallegos.
El acontecimiento más importante fue el desembarco en el Faro Brigantium de los temidos Normandos en el año 846.
Durante el siglo XVII la ciudad experimenta una dura caída en el favor real y es castigada con numerosos impuestos y onerosos servicios. La Hacienda Real no se cansa de solicitar a la ciudad hombres, ganados y avituallamientos para las numerosas contiendas que mantiene con las monarquías vecinas.
En estos momentos el Capitán General y Gobernador Diego das Mariñas mejorará las fortificaciones de la plaza; se construye la Puerta de San Miguel y se amplía la muralla.
La Coruña vivirá sus particulares experiencias durante el siglo XVIII, el llamado Siglo de Las Luces,traerá a España un cambio de dinastía, poca Ilustración, frenada por los ministros de Felipe V y muchos problemas de distinta índole.
En el siglo XIX, La Coruña participará activamente en toda la agitación política de la muerte del rey Fernando VII sin sucesión, las contiendas entre los isabelinos y los carlistas, las Guerras Carlistas subsiguientes, la expulsión de la Reina Isabel II, el pronunciamiento de Riego y otros hechos políticos que marcarán la historia del país.
Destacada será también la intervención de esta ciudad en los períodos históricos que siguen como la Restauración Monárquica, la República, la Guerra Civil y la Transición Democrática.

Enclave estratégico por excelencia por su proximidad a la ciudad roman de Iria, contó con un gran puente de piedra desde el siglo I, que fue reconstruido en el siglo XII y drásticamente reformado en el siglo XIX. La última intervención en esta hermosa muestra de las obras públicas romanas tuvo lugar en el año 1911.
Se sabe con certeza que Pontecesures existía en la Edad Media y su vinculación con el señorío compostelano. De todo ello son buenas pruebas los vestigios de la iglesia de San Julián de Requeixo, de estilo románico y mandada construir por Diego Gelmírez en el año 1116.

En el periodo que comprende la Reconquista de los territorios pertenecientes al valle del Guadiana, Fernán Caballero quedo conformado como una aldea protegida por el Castillo de Malagón. Posteriormente se separó quedando vinculada a la Orden de Calatrava, como gran parte de los territorios pertenecientes a la provincia de Ciudad Real. Alcanzó la categoría de villa en 1482. El nombre de Fernán Caballero probablemente pertenecería al señor del pueblo, pero no se trata de un hecho constatable.
La Orden de Calatrava se encargó de la Reconquista y posterior repoblación de gran parte del territorio perteneciente a la provincia de Ciudad Real. Tenían su centro en el castillo de Calatrava la Vieja situado en el término actual de Carrión de Calatrava, esta fortaleza tras el avance almohade quedó muy deteriorada. Posteriormente y con el avance de la Reconquista y la Repoblación, la Orden construyo un nuevo castillo en el término de Calzada de Calatrava, el castillo de Salvatierra. Una vez destruido el Castillo de Calatrava la Vieja gran parte de su población pasó a buscar un nuevo lugar donde morar, ya que además, se corría la voz de que el territorio donde se encontraba sito dicho castillo era poco sano, «conviene recordar que se encuentra en pleno valle del Guadiana, en una zona inundable, y con abundantes turberas». Ese nuevo lugar donde vivir fue Fernán Caballero, aumentó su población en poco tiempo ya que también su ubicación era de privilegio, pasaba por el pueblo el camino Real que unía Toledo con Córdoba.

Su primera mención histórica está referida a la alberguería de «El Galego», en 1211. Hospital de San Miguel de Gallego, en 1217. (en otras fuentes se cita como Hospital de los Gallegos). Es, por tanto, otro claro ejemplo de núcleo de población surgido alrededor de un hospital de peregrinos en la Edad Media, como vimos en el caso claro de San Leonardo.

Pese a su juventud como pueblo, la historia de Villanueva de la Concepción hunde sus raíces en los albores de la humanidad. Paso natural entre la comarca de Antequera y los Montes de Málaga, íberos, romanos, musulmanes y cristianos han ocupado estas tierras dejando huella en una rica y variada historia.
Los primeros vestigios de asentamientos humanos en esta zona corresponden al Paleolítico Medio. Mejor documentada está la presencia del hombre durante el Neolítico al haber sido halladas hachas de piedra pulimentada en lugares como La Alhaja, Pilas de Cobos, el Cortijillo y Fuente Pareja, entre otros, sin contar yacimientos similares de la misma época en los cercanos municipios de Casabermeja (Chaperas) y Almogía (cortijo de Gálvez).
Los íberos fundaron la primera villa de la que se tiene noticia en este término municipal, la ciudad de Osqva, que más tarde sería una de las villas romanas de la provincia de Málaga citadas por los historiadores Tito Livio y Plinio en sus obras.
El símbolo del pacífico león echado que aparece en el escudo del municipio procede de esta antigua ciudad romana, la cual, según los últimos estudios, estaría dotada de templos, foro, teatro y otros servicios, a tenor de los restos arqueológicos hallados en el Cerro León. Según el historiador malagueño Juan Temboury, Osqva debió tener su propia necrópolis.
A la caída del Imperio Romano se suceden varios siglos sobre los que no hay documentación alguna, por lo que se desconoce lo que pudo acontecer en estas tierras. Lo más probable es que los pocos habitantes que quedaron buscaran protección en Antikaria, que llegaría a ser una importante ciudad musulmana.
De hecho, durante el período nazarí estuvo defendida por un cinturón de castillos que, a la vez, permitían al paso a la ciudad de Málaga. En este sentido, los castillos de Cauche, Hins, Almara y Xébar, este último en el municipio de Villanueva de la Concepción, constituían la salvaguarda de los tres pasos naturales hacia la costa.
La importancia del castillo de Xébar queda demostrada por el hecho de que tras la conquista de Antequera por el Infante Don Fernando el 4 de septiembre de 1410, los nazaríes volvieron a ocupar la fortaleza en otoño de ese mismo año, la saquearon y destruyeron.
El alcaide de Antequera volvió a reconstruirla, pero una vez acabada la guerra de Granada, el enclave perdió todo su valor estratégico por lo que comenzó a ser abandonado hasta quedar en ruinas.
El territorio de Villanueva de la Concepción, despoblado, volvió a recuperar cierto protagonismo en la segunda mitad del siglo XVIII coincidiendo con la construcción del Camino Real que uniría Málaga y Madrid. Junto a esta importante vía comenzaron a surgir alquerías y cortijos que con el tiempo acabarían configurando la actual villa, que tomó carta de naturaleza oficial como Población Rural el 3 de noviembre de 1880, a la par que recibieron igual tratamiento las ‘villas nuevas’ que surgieron en la zona antequerana por esa época.
El trato especial con el que se vio beneficiada la nueva población -exención de impuestos y servicio militar para los jóvenes empadronados- propició el aumento de población rápidamente.
Después de años de reivindicaciones, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía le confirió a Villanueva de la Concepción la categoría de Entidad Local Menor el 25 de febrero de 1992, iniciando una etapa definitiva en su afirmación como municipio independiente.
El 17 de marzo de 2009 El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó la constitución de Villanueva de la Concepción como el municipio 101 de la provincia de Málaga.

Furelos es la antesala de Melide y toma el nombre del río que atraviesa esta aldea. En el medioevo fue un conocido enclave en el Camino, ya que los peregrinos debían cruzar el río por su puente, de ahí que naciera un importante hospital de peregrinos.

El Herradón fue el pionero de tierra de Pinares en aportación de hombres para la colonización de América. En relación a su economía en el siglo XIX dice Madoz: Produce trigo, centeno, cebada, garbanzos, algarrobas, patatas, lino, alguna fruta y hortalizas; mantiene ganado lanar, cabrío, vacuno y de cerda, tiene dos molinos harineros y un horno de tejas y ladrillos..
Hoy aún mantiene su tradición ganadera con 1800 ovejas y 2000 vacas, destinando para pasto 3000 ha.de superficie.
A finales del siglo XVI fue el más poblado de tierra de Pinares tras las Navas del Marqués; a sí consta literalmente en el censo realizado durante el reinado de Felipe II: El Herradón tiene una pila bautismal y 296 vecinos.
En 1950 llego a sobrepasar los 1000 actualmente de los 510 censados la mayor parte corresponden a La Cañada.
Pertenecen a este municipio el apeadero ferroviario de Navalgrande y la estación de la Cañada, situada 1360,10m sobre el nivel del mar, encontrándose entre las de mayor altitud de España.
En la actualidad la Cañada se ha constituido en excepcional enclave que goza de unas condiciones paisajísticas y climatológicas idóneas durante el verano, lo que hace que se encuentre lleno de urbanizaciones donde se aglutina la población, principalmente en verano

Nada más pasar el Santuario de la Misericordia, nos encontramos con esta singular ermita de forma totalmente circular, dedicada al Calvario.

La constitución de Pasaia como municipio es reciente. Los dos distritos históricos (San Pedro y Donibane) se remontan a las actas fundacionales de Donostia y Hondarribia respectivamente.
Las comunicaciones originaron la formación del distrito Antxo y la actividad pesquera del puerto dio lugar al nacimiento del distrito de Trintxerpe.
Los 15000 habitantes se reparten entre los cuatro distritos.
El nombre de Pasajes se lo otorgaron los Reyes Católicos, aunque actualmente ha vuelto a la primitiva grafía euskérica-Pasaia.
Esta localidad forma con Pasajes de San Pedro y Pasajes Ancho, el mayor puerto de Guipúzcoa.
Pasajes de San Juan es un bellísimo pueblo pescador, cuyos orígenes están ligados a las Actas Fundacionales de San Sebastián y Fuenterrabia, y en cuyos parajes y hogares, cuenta la tradición, se inspiró Víctor Hugo para muchas historias de “Los Miserables”.
No sólo sus hombres de acción, sino también sus Santos parecen hechos para perdurar en nuestra memoria, ya que en la iglesia de San Juan Bautista, se guarda como un tesoro el cuerpo incorrupto de Santa Faustina.
Igualmente interesante es la iglesia del Santo Cristo de la Bonanza, donde se cuenta que se reunieron las tropas flamencas, francesas y alemanas para rogar por el cese de las tormentas y poder hacerse a la mar.
Especialmente obligada es la visita al fuerte de San Marcos y a los montes Jaizkibel, Ulia y la Peña de Aya, en los que todavía resuenan las voces de los aventureros que quisieron sumarse a alarmada Invencible de Felipe II.

Según cuenta la leyenda, debe su nombre a la frase «Tiemblo esta entrevista» pronunciada por la reina Isabel La Católica, momentos antes de prestar juramento en el Monasterio de Guisando.
Otra mujer ilustre visitó en 1562 esta pequeña población : Teresa, la mística doctora de la Iglesia, reposó en la casa de los señores de Henao en su camino hacia la ciudad de Toledo.

Los abundantes y diversos testimonios arqueológicos localizados hasta el presente en las tierras del municipio dan fe de la antigüedad de la ocupación de la zona y, tal vez, de la intensidad de esta temprana ocupación. Lo atestiguan mámoas, un dolmen neolítico y numerosos asentamientos castreños.

El el período romano, este territorio fue administrado por el gobierno del Conventus Bracarensis, con capital en el Municipium Bracara Augusta (actual Braga), estando el territorio noroccidental bajo la administración del Conventus Asturicensis, con capital en el Municipium Asturica Augusta (actual Astorga).
En la época medieval, La Mezquita fue parte de las tierras de los condes de Monterrei y de los Pimentel de Benavente. Junto con Cádavos, A Esculqueira, Manzalvos, O Pereiro e Santigoso, pasó a formar parte de un señorío real del cual la villa de Vilavella fue la cabecera. La actual parroquia de Chaguazoso era señorío del conde de Amarante, en tanto que la iglesia y la casa-palacio de Mezquita estaban entre las posesiones de los marqueses de Láncara.

Queda constancia documental de su existencia en torno a 968, aunque en la zona ya había habido asentamientos anteriores. Su desarrollo e historia están muy vinculados al Camino de Santiago. Su estructura y trazado urbano es el característico del camino que se dirige desde el este al oeste.
Tiene una dotación de servicios pensados para los peregrinos, dignos de mención. Su albergue es heredero del antiguo Hospital de San Lázaro
La iglesia de la Virgen de la Calle guarda en su interior una de las joyas escultóricas del camino: Su pila bautismal, románica del siglo XII. Se trata de una gran copa, asentada sobre un haz de ocho columnas. Frente al templo un moderno refugio se ha levantado sobre el antiguo hospital de San Lázaro.
Un documento del archivo parroquial recoge una curiosa noticia sobre un peregrino francés del siglo XVI, llamado Jean, que allí murió. Para costearle el entierro se subastaron sus ropas que por razones sanitarias, no tuvieron postor, por esta razón se enterró el cuerpo en el coso parroquial a expensas del municipio, que sufragó los gastos de 400 maravedíes.

En este pueblo existió una ermita dedicada al Apóstol, de ella procede la imagen de Santiago Matamoros que se venera en su iglesia parroquial, así como una tabla donde se escenifica el traslado del cuerpo del Santo en una carreta de bueyes. Trobajo es hoy un barrio de León.
El nombre de Trobajo lo comparten tres localidades leonesas próximas entre sí: Trobajo del Camino o «de arriba» , Trobajo del Cerecedo o «de abajo» y Trobajuelo, barrio de Vega de Infanzones. En documentos medievales recogidos en los archivos aparecen estos pueblos con los nombres de TREBALIO, TREPALIO, TROBALLO Y finalmente TROBAJO. De este modo el topónimo Trobajo deriva del nombre de un judío medieval que aquí residió en esa época

El nombre de esta villa se vincula con el lugar que ocupaban las casas de Diego González Primo, donde había un colmenar y cerca de éste vivía un anciano apodado «el viejo». cerca de este lugar pasaba el camino de Alcalá de Henares a Segovia, que cruzaba el Manzanares por los puentes Grajal y Nuevo.
Los viajeros hacían noche en la casa del anciano, que amplió sus dependencias, asentándose definitivamente algunos de los hospedados naciendo de este modo, una aldea que se llamó «Colmenar del Viejo». Hoy día Colmenar Viejo.
Las últimas campañas arqueológicas realizadas en las tierras de Colmenar Viejo y su comarca han sacado a la luz toda una serie de restos que nos permiten asegurar con casi absoluta seguridad la existencia de asentamientos humanos más o menos estables y duraderos, anteriores a la reconquista y repoblación cristianas.
La evolución seguida por las distintas poblaciones del Real entre el siglo XIII y el XVI va a diferir notablemente. Mientras Manzanares crece muy despacio, algunas aldeas, como Guadarrama, Porquerizas (hoy Miraflores) y sobre todo Colmenar Viejo van a experimentar un crecimiento demográfico notable.
De todas ellas, es Colmenar Viejo la que concentra más población de todo el Real y Condado, de modo que será la primera de todas en conseguir el 22 de noviembre de 1504 la segregación jurisdiccional de Manzanares; siendo la villa que logra un mayor término municipal, poco después se erigirá en el centro económico y administrativo del Señorío y residencia del Gobernador y Alcalde Mayor del Condado.
En la España del siglo XVIII, el peso de la agricultura limitó las posibilidades de industrialización.
El siglo XIX supone para Colmenar Viejo un gran avance en cuanto a comunicaciones y transporte.
Al finalizar el siglo XIX, Colmenar Viejo presenta una estructura económica donde el sector primario es el predominante, aunque comienza a verse un pequeño desarrollo industrial donde destacan las pequeñas industrias, como el lavadero de lanas, las fábricas de curtido y otras derivadas, fundamentalmente, del subsector ganadero. Todo ello sin olvidar la extracción de piedra en las numerosas canteras existentes, principalmente tras la crisis surgida durante la Segunda República.
Poco antes de finalizar el siglo XIX se lleva a cabo una obra de gran importancia, no solo por el cambio espacial en la celebración de ciertos festejos tradicionales, sino por la envergadura de la empresa: la construcción de un coso taurino quese inauguró durante la función de las fiestas patronales de 1891. La plaza de toros simbolizaba la modernidad.
Este desarrollo, a principios del siglo XX, vendrá determinado por la acometida de aguas y energía eléctrica, a través de sucesivas contrataciones con la empresa Hidráulica Santillana. No obstante, las fuentes de la población continuaban con su función de abastecimiento. A su vez, la regulación del Manzanares arruinaría los molinos y batanes que tanta importancia tuvieron para la economía colmenareña desde la baja Edad Media.

Por los datos históricos que se tienen, anteriores a la Edad del Hierro, se supone que el origen de esta población sería una aldea habitada por el pueblo celta de los vettones, en el marco de la «Cultura de los Verracos».
Las escultura zoomorfas realizadas en piedra darían nombre a la localidad. Durante la dominación romana, El Barraco cuenta con calzadas romanas y puentes, de los cuales encontramos numerosos restos. Situada esta población en plena vía romana, que, a través de El Tiemblo, llegaba hasta Ávila, era en la antigüedad conocida como «Puerto de Velatorre», en plena frontera con la Imperial ciudad de Toledo.
Durante el periodo de dominación visigoda, el Barraco se incorporó a sus modos de vida, restos de la cual se han encontrado en el Valle de Iruelas.
La presencia musulmana es escasa, aunque visible a través de los abundantes topónimos de zona : Nava, Valmoro, Arrejondo, Cuna del Moro, Arremoro, …
El primer documento escrito que hace referencia a la localidad está fechado en el año 1.215, en él se la cita como aldea de la ciudad de Ávila. A pesar de ésto, sabemos que su origen es anterior, consecuencia de la actividad repobladora impulsada por el monarca castellano Alfonso VI a su cuñado Don Raimundo de Borgoña, desde el año 1.086.
Alrededor del núcleo urbano van apareciendo otros villorrios con funciones defensivas, como Navalpuerco, Navalmulo, Navacarros, Avellaneda, Murueco, El Egido, La Torrecilla, Guijuelo y La Torre de la Gaznata. Todos estos territorios fueron el origen del término municipal de El Barraco. Sus existencia queda demostrada por los restos arqueológicos hallados.
El Barraco pasa a ser una población «independiente» de Ávila en el año 1.307, cuando por decisión del Concejo de esta ciudad, su alcalde, Fortún Velázquez, nombra a cuatro caballeros abulenses para marcar los términos y ejidos de la aldea.
El Barraco cuenta con su propio anecdotario histórico. En este puerto tuvo lugar una conferencia entre dos ilustres personajes de la época : Al Mamum, rey de Toledo y Valencia, y el monarca castellano Alfonso VI. Este encuentro, recogido documentalmente, nos indica que, terminada la reunión, el musulmán volvió a su reino y el monarca castellano se dirigió a la cercana ciudad de Zamora.

Las tierras de este municipio le fueron concedidas a un tal Gómez Pérez das Mariñas por el rey Juan II, en el siglo XIV, en régimen de Señorío y Tenencia. El caballero era, igualmente, Señor de A Coruña y de As Mariñas y poseía una torre en Mesía, heredada tras agrias luchas entre varios nobles y arzobispos de Santiago de Compostela. Durante la tristemente célebre revuelta de los lrmandiños, en 1467, fue derribada. Reconstruida de nuevo, le fue concedida a Gonzalo Díaz.
Sus habitantes ven pasar los siglos sometidos al tradicional régimen feudal. Tendrá que llegar el siglo XIX y el desgraciado episodio de las Guerras Carlistas para que Mesía entre en la Historia con mayúsculas. Don Carlos, pretendiente al trono, proclamó abanderado a Antonio López en Mesía. Era éste un antiguo oficial integrante de los «voluntarios realistas», y primer jefe de las partidas carlistas combinadas.

Los primeros restos arqueológicos encontrados en el municipio datan de época megalítica, como el dolmen de Vilar de Arriba encontrado en Deixebre. De la cultura castreña destacan los castros de Vilalbarro en Deixebre y el de Marzoa, además de los restos del llamado Tesoro de Recouso, encontrado en Marzoa y datado entre los siglos V y IV a. C., que consiste en un conjunto de cadenas y colgantes de oro. Es posible que la villa de Sigüeiro sea la mansión romana de Trigudum, que se encontraba en la vía romana de Braga a Astorga.
En la Edad Media formó parte de la jurisdicción de Montaos, al igual que los territorios de Trazo y Órdenes. Esta jurisdicción abarcaba desde el río Tambre hasta el monte Xalo. Consta la existencia de la misma al menos desde el año 1124, fecha en la que se firmó una donación del rey Alfonso VII al obispado compostelano. En este lugar se construyó un puente en el siglo XIV, por orden de Fernán Pérez de Andrade, El Bueno. El llamado Camino Inglés de peregrinación a Santiago pasaba y pasa por este municipio. Durante el Antiguo Régimen las parroquias que integran el municipio de Oroso pertenecían a la jurisdicción de Folgoso, señorío del conde de Altamira, a la jurisdicción de Mesía, administrada por el arzobispo de Santiago de Compostela y a la de Sigüeiro do Deán, señorío del deán de Santiago de Compostela.
La proclamación de la constitución de 1812 supuso la abolición del régimen señorial y su sustitución por una administración territorial. En aquel momento se produjo la creación de los municipios de Pasarelos y Oroso. En 1823 el rey Fernando VII derogó la constitución, hecho que supuso la supresión de estos municipios y la restauración del régimen señorial. La definitiva recuperación del municipalismo se produjo en 1835, cuando se constituyó el municipio con sus límites actuales. En 1846 tuvieron lugar en Oroso los enfrentamientos entre las fuerzas lealistas al gobierno y las de los liberales sublevados al mando del coronel Miguel Solís cerca del puente de Sigüeiro.

La atalaya prehistórica encontrada en la Sierra de la Calderina y los restos arqueológicos hallados en el paraje conocido como Los Castellones, pertenecientes a la Edad del Bronce, dan testimonio de la antigüedad de los primeros asentamientos en el término de Fuente el Fresno.
Esta constatada la presencia de pobladores durante la época romana, instalándose en la vía que unía Toledo y Córdoba, vía que atravesaba los Montes de Toledo por el actual estrecho de las Guadalerzas y continuaba por Fuente el Fresno hacia Calatrava La Vieja.
El posterior Camino Real cristiano, conocido como el Camino de la Plata, sustituyó esta vía y varió ligeramente su trayecto para hacerlo pasar por el lugar conocido como la Cruz de Piedra.
El núcleo urbano actual se originó probablemente en la Edad Media. El nombre de Fuente el Fresno puede proceder de una fuente denominada Fuente del Regajo.
Durante la reconquista, y bajo el dominio de la Orden de Calatrava, Fuente el Fresno corre la misma suerte que su cabecera, el castillo de Malagón. De esta época se tienen pocas noticias de su devenir, pero se sabe que, alrededor del año 1245, la entonces aldea dependiente de Malagón contribuía con la tercia pontificial al Arzobispo de Toledo y a la Orden de Calatrava.
En el siglo XVI Fuente el Fresno, al igual que el resto de aldeas y términos de los Estados de la Villa de Malagón, pasa a manos del Señorío del mismo nombre, perteneciente a don Ares Pardo de Saavedra.
Cruz de Piedra
Correspondiente al siglo XVI o al XVIII, existe una notable cruz de piedra que se encuentra sobre el Camino Real de Toledo a Córdoba en el límite actual de las provincias de Ciudad Real y Toledo. Ostenta en una de sus caras un escudo bastante deteriorado que posiblemente fuera el del Señorío de Malagón. Este es un monumento muy conocido y da nombre al paraje, “La Cruz de Piedra”, y al anejo existente en sus inmediaciones.
Fernando VI concedió a Fuente el Fresno el título de villa independiente de Malagón en el siglo XVIII, probablemente por la intervención del conde de Valparaíso, ministro de la época natural de Almagro.

Las características naturales de la Depresión de Antequera han hecho de ella lugar de tránsito y asentamiento de las distintas comunidades primitivas que desde el Paleolítico Medio se establecieron en la Península Ibérica. La Edad del Bronce, sin embargo, es la que nos ha dejado los más importantes restos prehistóricos como son el Conjunto Dolménico de Menga, Viera y El Romeral, fechado entre el 2.500 y 2.000 años a.d.c.
En lo que hoy es el cerro calizo sobre el que se asienta el Castillo árabe de la ciudad, existió un núcleo fortificado ibérico que posteriormente se transformó en la Antikaria romana. En la Colegiata de Santa María recientemente aparecieron en este lugar los restos del histórico municipio romano.
Desde el siglo IV y hasta los comienzos del siglo XV, no tenemos demasiada documentación sobre Antequera, sin embargo la llegada de los árabes a la que pusieron el nombre de Medina Antaqira abre una nueva época de conflictos consecutivos tras la caída de los omeyas cordobeses.
Desde mediados del siglo XIII, una vez conquistadas Sevilla y Jaén, es cuando Antaqira comenzó a tener importancia como fortaleza militar fronteriza. Los monarcas castellanos comprendieron su condición de llave del reino de Granada y como tal intentaron conquistarla en distintos momentos. Finalmente sería el Infante Don Fernando «el de Antequera» el que la tomaría definitivamente el 16 de septiembre de 1.410.
Las incorporaciones de Sevilla y Granada (1.492) a la Corona de Castilla cambiaron la condición de plaza militar de Antequera por zona de expansión urbanística y demográfica. En un tiempo inferior a veinte años pasó de tener algo más de 2.000 habitantes a cerca de 15.000. La feracidad de sus tierras, que podían ser cultivadas sin el peligro a los ataques musulmanes, fue lo que originó esta oleada migratoria. Al igual que la agricultura, las actividades artesanales y mercantiles comienzan a tener importancia.
En el siglo XVI, Antequera, llegó a convertirse en una de las más importantes ciudades de Andalucía por su gran actividad comercial, ya que se regulaba el tráfico de mercancias entre los ejes Sevilla-Granada y Málaga-Córdoba.
La fundación por los Reyes Católicos de la Colegiata de Santa María la Mayor, tendría una gran importancia para la vida cultural antequerana. En la misma radicaba una Cátedra de Gramática y Latinidad por la que pasaron los más doctos preceptores, como Juan de Vilches, que propiciaron la gestación del Grupo Poético antequerano del manierismo y el barroco.
La Antequera artística, va acumulando un riquísimo Patrimonio. En este período se construyen las parroquias de San Sebastian, San Juan Bautista y san Pedro, San Isidro y Santa María de la Esperanza. Las órdenes religiosas también comienzan a fundar en Antequera. Los conventos de San Zoilo, San Agustín, el Carmen, la Encarnación van levantando sus muros en una auténtica fiebre constructiva. Junto a las construcciones religiosas también van apareciendo edificios civiles de importancia, tales como: Edificio Municipal, Arco de los Gigantes, Templete del Castillo del Papabellotas, Casa del Cabildo de la Plaza Alta, etc.
En los aspectos artísticos, el siglo XVII en Antequera está marcado por el manierismo y el barroco, que serán los estilos más definitorios de la estética antequerana. Se construyen las iglesias de la Trinidad, Jesuítas (Loreto), y Santo Domingo; y se inician las de Belén, San Juan de Dios y los Remedios. Entre los siglos XVII y XVIII se levanta uno de los monumentos más emblemáticos del barroco antequerano: La Torre de la Colegiata de San Sebastián.
El siglo XVIII una agricultura en auge y una importante actividad artesanal y comercial hacen que Antequera viva el mejor momento de su historia. Por otra, la demanda de obras de arte por parte de la iglesia impulsó la formación de una escuela local de artistas, cuya producción iba destinada en muchas ocasiones a las poblaciones cercanas de las provincias de Córdoba, Sevilla, Málaga.
La Antequera del siglo XVIII en lo artístico es la de las iglesias de blancas y rizadas yeserías, los exteriores de ladrillo y los interiores ultradecorados; de las remodelaciones urbanísticas; la de las Cofradías y devociones a imágenes muy concretas. Se levantan ahora las iglesias de la Victoria, las Descalzas, Santa Catalina, Madre de Dios, Santa Eufemia, Santiago, Santa Clara, la Caridad, la Escuela de Cristo, San Miguel, etc. Todas estas construcciones tenían que ser decoradas de retablos, imágenes y lienzos. Tampoco podemos olvidar la importancia de los plateros antequeranos, que en este siglo se agremian en torno a la Cofradía de San Eloy.
xiste una arquitectura popular de características peculiares, construyéndose además por la nobleza antequerana palacios y casonas de gran belleza. Algunos de ellos son: el palacio del Marqués de Villadarias, del Conde de Pinofiel, del Conde de Colchado, del Conde de Valdellano, del Barón de Sabasona, etc.
En el siglo XIX a causa de una epidemia de fiebre amarilla comienza un descenso demográfico (1.804). En 1.830 empieza la recuperación, con el consiguiente aumento del número de habitantes y la importante reactivación que sufren las actividades económicas. En la agricultura desaparecerían los propietarios jurídicos, sustituidos por una burguesía agraria favorecida por una coyuntura agraria que empezaba a compartir con miembros de la antigua nobleza el poder político local. Esta burguesía tomará la iniciativa de una considerable actividad industrial, partiendo de las actividades artesanales, especialmente la textil lanera.
A mediados de la década del ochocientos casi un 25% de la población activa dependía de la elaboración de los tejidos de lana, que se comercializaron por toda España.
En el siglo XIX el arte religioso, que tanta importancia tenía, prácticamente desaparece y la arquitectura civil enfila hacia un academicismo de corte burgués y ecléctico.
Nuestro siglo comienza en Antequera con una estructura de la propiedad desequilibrada, un sector primario de carácter extensivo y progresivamente especializado en el cultivo cerealístico y olivarero, y cada vez menos competitiva.
Tras la guerra civil vive momentos de declive económico en medio de enormes miserias sociales. Los años sesenta traerán una fuerte emigración, sufriendo la población un momento de considerable regresión.
La Antequera actual vive un momento expansivo, con una agricultura modernizada y una actividad industrial en constante crecimiento.

Valcarlos, fue el lugar donde en el siglo XIII acampó el emperador Carlomagno, dejando en la retaguardia a Roldan y sus doce pares, que cayeron en una emboscada y fueros aniquilados, dando origen a la famosa leyenda «La Chansón de Roldan». Que entre sus preciosos versos de la canción de gesta, el Rey pronuncia las palabras:
«Señores barones -dijo el emperador Carlomagno. He ahí los puertos y los estrechos pasajes». A lo que Roldán responde con determinación: «Pasad los puertos confiadamente».
La batalla duró hasta el atardecer, en cuyo momento Roldan hizo sonar el Olifante en busca de ayuda. El sonido alcanzó el oído del Rey, pero en el fondo del valle las luces del atardecer ya eran sobres de noche, con lo que el emperador no pudo acudir en su ayuda hasta el amanecer. Demasiado tarde.

Es una de las ciudades castellanas de origen más antiguo. Los primeros pobladores que dejaron su huella en suelo abulense fueron los celtíberos. De ellos nos han quedado restos de su vida, costumbres y creencias como las piedras sepulcrales, algunos grupos escultóricos que representan animales (verracos) y, sobre todo, los Toros de Guisando.
Conquistada la Península Ibérica por los romanos, éstos se establecieron en la ciudad, la cambiaron su nombre indígena por el latino «Avela» y la incorporaron, dentro de su administración, a la zona denominada «Lusitania».
El cristianismo en tierras abulenses tuvo su primer mártir en el obispo San Segundo, que ocupó la silla episcopal hacia el año 65-66 dC.
Igualmente durante la dominación romana, durante el mandato del emperador Diocleciano, fueron al martirio en Avila los hermanos San Vicente, Santa Sabina y Santa Cristeta.
Tras la gran crisis de los siglos III y IV, que traería la caída del Imperio Romano, Ávila fue tomada por los visigodos, que la dejarían caer en el más absoluto anonimato.
En el año 711, las tropas del general musulmán Tarik, toman la Península y Ávila caerá bajo sus armas. Las murallas construidas por los romanos fueron destrozadas y levantadas en su lugar otras de hechura árabe. Los cristianos conquistaron la ciudad en el año 742 bajo el mando del rey Alfonso I el Católico, pero fue retomada por Abderramán I cuarenta y tres años después. Habría que esperar hasta que el monarca castellano Alfonso VI reconquistara Toledo en 1085 y encargara a Raimundo de Borgoña la repoblación y fortificación de Avila, para que este territorio gozara de estabilidad política. Sería en estos momentos cuando se construyeran las actuales murallas, terminadas el año 1099.
Durante toda la Edad Media los abulenses llevarán muy lejos el nombre de Avila, que será famoso en todo el orbe cristiano. Así, el caballero Sancho Sánchez Zurraquín, al mando de un puñado de valientes, en el año 1105, se enfrentó con los árabes en territorio aragonésal al grito de: «Avila, caballeros». Victorioso, su gesta se recordaría rebautizando a la ciudad como «Ávila de los caballeros».
También las mujeres dejaron huella de su valor en la historia medieval de la ciudad, como Jimena Blázquez, quien, en el año 1109, al frente de un peculiar ejército de mujeres disfrazadas de guerreros, defendió la ciudad del asedio musulmán, mientras los guerreros luchaban contra los infieles lejos de la ciudad.
Aún en fechas como 1177, los caballeros abulenses salían victoriosos en la conquista de Cuenca y en 1246 en la de Jaén. Alfonso X El Sabio concedió a los caballeros abulenses el derecho de estar en la vanguardia durante la batalla.
Muy importante para la historia de la ciudad fue la decisión del monarca
Juan II en el año 1436, de establecer como unidad de capacidad legal y obligatoria en Castilla el llamado «pote de Avila» -«que equivalía a doce celemines.
Tamibén la Edad Moderna sería un periodo de gran vitalidad para la ciudad gracias a la existencia de numerosas industrias florecientes, especialmente del ramo textil.
Pero no sólo tuvo hijos valientes en el mundo de la guerra, sino también en el mundo del espíritu. El día 28 de marzo del año 1515 nacía en Avila Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, la religiosa carmelita, autora de importantísimos textos místicos. Toda Ávila está impregnada del espíritu de tan gran Santa.
Un tremendo error político como fue la expulsión de los moriscos, a principios del siglo XVII, supuso para la ciudad el declive económico. Este hecho haría que Ávila se fuera encerrando en sí misma durante los siglos posteriores y viviera de la gloria alcanzada en siglos pasados.

Cultura

Delante del convento un cruceiro, situado a la salida de la villa, y donde se observa la huella jacobea con cuatro veneras talladas en el capitel.
En el centro de la zona arbolada del Campo de San Antonio, se levanta un cruceiro, restos del convento franciscano de San Antonio de Padua, fundado por don Rodrigo Enríquez de Castro, en 1503 y que continuaría el Cardenal Rodrigo de Castro. Con la ley de desamortización de Mendizábal, los monjes sufren la exclaustración que traerá consigo la ruina y posterior demolición del edificio.

FUENTERRABIA-HONDARRIBIA Es el acceso más septentrional de la Península. Este privilegio le llevó a ser durante su historia escenario de cruentas batallas. El origen de su fundación es discutido por los historiadores, aunque parece que la primera fundación es romana, como lo atestiguan los restos hallados en la ciudad y la existencia del puerto o fondeadero romano de Asturiaga, bajo el faro, en el paraje de Erdikopunta.
Después se pierden las noticias y aunque la tradición designa al rey Wamba como su fundador, y otros prefieren considerar que fue fundada por el rey visigodo Recaredo, no aparece citada en ningún documento hasta el año 1150 en la Carta Puebla que el rey Sancho VI, el Sabio de Navarra, concedió a San Sebastián.
En permanente estado de sitio por la ambición de reyes y piratas, debe su título de muy noble, muy leal y siempre fiel ciudad de Hondarribia, a su tenaz capacidad de defensa y a su formidable fortaleza medieval, la cual fue sustituida durante el reinado de los Reyes Católicos por la actual muralla, capaz de resistir la potencia de las nuevas armas de artillería desarrolladas a lo largo del siglo XV. De esta muralla podemos admirar aún algunos lienzos entre el baluarte de la reina y el puente de San Nicolás y el magnífico palacio de Carlos V, convertido hoy en Parador de Turismo.
Sin embargo no todo fueron guerras en la historia de Hondarribia, pues fue también durante la Edad Media un próspero puerto comercial desde donde se embarcaban trigo, metales y vino de Castilla y Navarra con destino a Flandes y otros puertos europeos.
Igualmente medieval es su Cofradía de Mareantes de San Pedro, destacada en la espectacular pesca de la ballena.
Monumentos relevantes que nos hablan de la importancia de esta preciosa ciudad, son La Puerta de Santa María, la iglesia de Santa María de La Asunción y el conjunto de antiguas calles empedradas como PamPinot, el Manzano, Las Tiendas, San Nicolás,… su recorrido recuerda, sin duda, a uno de los vascos más universales: Pío Baroja, que situó a muchos de sus personajes en estos mismos lugares.
Si su estancia coincide con el mes de septiembre le recomendamos una de las fiestas más populares de la ciudad: El alarde del día 8 de septiembre, conmemoración de la victoria sobre los franceses, celebrada con un desfile de todas las Compañías por la ciudad al compás de sones militares y descargas de pólvora.
En Semana Santa les recomendamos la “Representación de la Pasión”.

Según la tradición, el nombre de Lourenzá deriva de los nombres de los hijos del Conde Santo, Lourenzo y Ana. Sea cierto o no esta afirmación, la verdad es que, la historia de este municipio está vinculada desde el siglo X al Monasterio de Vilanova y al Conde Santo, Señor de Tierra de Campos y de Galicia. Osorio Gutiérrez fundó este monasterio en el año 969, tras conseguir la aprobación del obispado, para concluirlo ocho años más tarde. Con posterioridad levantó, dependientes del de Vilanova, los monasterios de Santa María Mayor en Mondoñedo, San Adrián en Lourenzá y Santa Cruz en Valadouro.

En la época medieval, fue parte de las tierras de los condes de Monterrei y de los Pimentel de Benavente. Junto con Cádavos, A Esculqueira, Manzalvos, O Pereiro e Santigoso, pasó a formar parte de un señorío real del cual la villa de Vilavella fue la cabecera. La actual parroquia de Chaguazoso era señorío del conde de Amarante, en tanto que la iglesia y la casa-palacio de Mezquita estaban entre las posesiones de los marqueses de Láncara.

Antiguamente llamada Villapún.En la iglesia parroquial de Castildelgado, dedicada a San Pedro, esta enterrado un ilustre hijo de esta localidad: Don Francisco Delgado, obispo de Lugo y Jaén, arzobispo electo de Burgos.
Tuvo un hospital de peregrinos fundado por Alfonso VII.

Pequeña localidad que nace y crece en torno al Santuario de la Virgen. Se fundó en el año 1502 justamente en el lugar donde la virgen se apareció al pastor Alvar Simón y desde el siglo XVI se convierte en el centro Mariano más importante de León, además de su patrona.
Diversas construcciones se sucedieron desde su fundación, hasta que en el año 1961, el arquitecto catalán Subirachs diseña un nuevo templo con una espectacular fachada con trece grandes esculturas de bronce representando a los Apóstoles y la Virgen.

Los primeros datos de asentamiento humano en la zona pertenecen al periodo llamado Bronce Antiguo (1.800-1.600), en el segundo milenio a.C. (varias puntas de flecha relacionadas con vasos campaniformes de yacimientos cercanos).
Se puede hablar de un asentamiento estable organizado y jerarquizado socialmente en la Primera Edad del Hierro(800-500 a.C.)
En la Segunda Edad del Hierro, a partir del 500 a.C., la Cauca clásica es una de las ciudades más prósperas del valle del Duero. Es una ciudad-estado dirigida por una aristocracia guerrera.
Roma logra domeñar a esta valiente población en el año 151 a.C. que queda arrasada. Más tarde, en el 134 a.C., Escipión permite repoblar de nuevo la ciudad. Nuevamente destruida en las Guerras Sertorianas (74 a.C.) logra rehacerse económicamente en los siglos posteriores.
Es en estos momentos cuando se asienta la rica aristocracia romana que decidirá el destino político de la etapa final del Imperio. Teodosio el Grande es el mejor ejemplo del poder de los hispanos en el mundo político de Roma.
La época visigoda es parca en noticias sobre la ciudad. Dividida entre musulmanes y cristianos, fue conquistada por Almanzor y reconquistada más tarde porAlfonso VI en 1.086. En este momento tiene lugar la fundación de la Comunidad de Villa y Tierra de Coca, de la que dependerán 17 aldeas repobladoras.
La Edad Moderna la llevará a pertenecer a D.Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, quien se la cederá a Alonso de Fonseca, quien inicia la construcción de su castillo en 1453.
El siglo XIX traerá a esta tierra la violencia de la Guerra de La Independencia. Napoleón ocupa Coca en el 1.808 ,

De sus orígenes castreños se conservan muy importantes vestigios. Pasada la dominación romana, llega la ciudad a su periodo histórico más importante y extenso: La Edad Media. La primera referencia documental sobre su origen se remonta al año 1087. El Camino de Santiago marcará de modo indeleble la historia y el carácter de sus habitantes.
Tras más de tres siglos bajo el dominio de la Casa de los Andrade, el siglo XV le hará protagonizar la primera de las infructuosas revueltas Irmandiñas, en 1431 y liderada por Roi Xordo.
Durante el siglo XVI, Felipe II lo convirtió en un punto neurálgico de defensa. Este carácter militar de la ciudad se terminó de definir en el siglo XVIII con el advenimiento de la dinastía borbónica.
Los siglos XIX y XX supondrían para la ciudad una época de vaivenes y agitaciones históricas similares a las sufridas por el resto del país.

Montserrat fue declarado Parc Natural en 1987. Con esta disposición se pretende proteger un macizo único en el mundo por sus características geológicas. En 1950 se creó el Patronato de la Montaña de Montserrat con el encargo de llevar a cabo las actuaciones necesarias para su conservación y restauración.
En los alrededores de Barcelona, la gran urbe catalana, Montserrat es mundialmente famoso por albergar uno de los monasterios marianos más importantes del mundo. Geológicamente, Montserrat es un macizo ubicado en la margen derecha del río Llobregat, entre la llanuras de Bages y la de la Depresión Litoral. Este entorno, antaño de difícil acceso, motivó la decisión de la comunidad religiosa que dirige el santuario de asentarse en estas soledades tan propicias para la meditación. Sin embargo, la devoción a la Sagrada Imagen de la Moreneta, como cariñosamente la apodan sus devotos, terminó con la soledad monástica convirtiendo el lugar en un centro de masiva peregrinación mariana.

Los orígenes de Malagón se remontan a la época neolítica, tartesia y oretana, habiendo sido asentamiento de romanos, visigodos y árabes, siendo éstos últimos los que levantaron en el 711 un castillo-fortaleza (hoy desaparecido) cercano al de Calatrava la Vieja, situado a 15 km al Este. Al ser zona de paso entre Toledo y Andalucía, Malagón pasó alternativamente de manos cristianas a manos musulmanas, hasta 1212 que se tomó definitivamente por D.Diego López de Haro, comandante de los ejércitos cristianos unidos con numerosos cruzados franceses
Posteriormente Malagón fue Encomienda de la Orden de Calatrava y durante el reinado de Carlos I fue vendido al Mariscal de Castilla don Ares Pardo de Saavedra, que ofreció como dote de boda a su mujer Dª Luisa de la Cerda. Comprendía los actuales términos de Malagón, Fuente el Fresno, Los Cortijos, Porzuna y el Robledo, constituyendo los ahora denominados “Estados del Duque”. Es de destacar la gran relación personal que, en su viudedad, mantuvo Dª Luisa con Santa Teresa de Jesús. Fruto a esa amistad se debe que la Santa hiciera en Malagón su Tercera Fundación, en 1568.
Actualmente pertenecen a Malagón las poblaciones agregadas de El Cristo del Espíritu Santo, Fuencaliente, Las Peralosas, El Sotillo, Piedralá, Los Quiles y Valdehierro. Formando dos preciosos valles separados por la sierra de Malagón. Sigue siendo un pueblo eminentemente agrícola, con florecientes industrias de transformación como queserías, cooperativas de aceite y vino, conservas, dulces y mazapanes.

Camijanes tiene una mención documental más antigua en el Ayuntamiento de Herrerías. En efecto, en un documento del Monasterio de Santo Toribio de Liébana del año 951 aparece una donación de tierras en Camilianes. En la Edad Media formó parte de la Merindad de las Asturias de Santillana. Esta localidad tuvo un especial desarrollo al ser un barrio de ferrerías. Camijanes, junto con Casamaría, Cades y Rábago, formó parte del primer ayuntamiento constitucional de Herrerías, durante el Trienio Liberal.

Muy próxima al Camino de Santiago, se encuentra la fuente conocida como «La Fuente Romana» de Villalval. Se trata de una preciosa fuente abovedada con arco de medio punto. Su construcción es bastante similar a las fuentes del Santo de los monasterios de Santo Domingo de Silos y de San Juan de Ortega.

Debido a la falta de restos materiales, obligados para atestiguar la existencia de poblamiento humano en una zona, no se conocen los orígenes de la villa abulense.
A pesar de todo, los historiadores piensan que la privilegiada situación geográfica y estratégica de la villa propiciaría el establecimiento de sociedades prehistóricas.
Ya dentro del periodo histórico de la dominación romana, existen restos suficientes para documentar la permanencia de la población (un puente del camino de la Vega, sillares funerarios de granito, berracos mutilados y restos de la calzada del s. II Ávila – río Duero).
Del reino visigodo no existen más restos que un sarcófago, recogido en las dependencias del Ayuntamiento.
Durante la invasión musulmana (711), estos territorios fueron ocupados por tribus de pastores bereberes. La población que había vivido anteriormente en esta zona, en unos casos emigró hacia el norte, mientras que otros decidieron permanecer en su tierra integrándose con los recién llegados, formando la población mozárabe.
Hasta la Alta Edad Media no hay documentación sobre la villa, datada hacia el año 1090, fecha en que la ciudad fue reconquistada y repoblada por orden del monarca castellano Alfonso VI.
Según avanza la Reconquista, los reinos cristianos establecen sus fronteras en el Duero y Arévalo queda situada en la llamada «Extremadura Castellana», zona comprendida entre el Duero y el Sistema Central.
Tras un período de estancamiento debido al contínuo cambio de fronteras, Arévalo a veces musulmana, a veces cristiana, se integra dentro del reino cristiano durante el reinado de Alfonso VI.
Con este hecho, la ciudad se convierte en uno de los núcleos más importantes y prósperos de la comarca durante toda la Edad Media. En ese momento sería, además, un ejemplo de convivencia y tolerancia entre culturas. De hecho, contó con una de las juderías más importantes de Castilla. La administración era llevada a cabo por cinco linajes señoriales, hecho que se resume en la frase por la que también se conoce a la villa :»ciudad de los cinco linajes».
Tras la importancia y la prosperidad de la ciudad durante la Alta Edad Media, la Edad Moderna, sobre todo el siglo XVI, supone para Arévalo el mismo declive general que sufría toda Castilla, perdiendo población, categoría económica e importancia social.

Cultura

Cultura

Conocida en la antigüedad como Oiarso o Easo, sus primeros habitantes fueron pescadores, pero fueron los peregrinos que iban hacia Santiago los que la bautizaron con su nombre actual en honor de San Sebastián, mártir de Roma y patrono de los viajeros. Asentada sobre una bahía con forma de concha y en las dos márgenes de la desembocadura del río Urumea, está rodeada además por tres montes el Urgull, el Ulía y el Igueldo.
De su trayectoria histórica, sabemos que el primero en hablar de la ciudad es el rey Sancho Garcés III, el Mayor, quien en el año 1014, firma un diploma en el que San Sebastián aparece como una donación a la abadía de Leyre. Pero será en 1180 cuando el rey Sancho VI, el Sabio, le conceda Carta Puebla y Fueros (el Fuero de Estella) y con ellos llegaron el comercio y el desarrollo económico de la mano de los gascones.
Durante un tiempo volverá a caer en la oscuridad y será ya en pleno Renacimiento, en el año 1450 con el rey Juan II, cuando comience a construirse el puerto. A partir de este momento la importancia y los títulos van llegando poco a poco.
En 1522 Carlos V le concede el título de Noble y Leal Villa que se vería incrementado con otro apelativo más tras la firma de la Paz de los Pirineos en la Isla de los Faisanes en el año 1662 bajo el reinado de Felipe IV.
Volvemos a tener noticias de esta ciudad en 1813, al final de la Guerra de la Independencia, tristes noticias en esta ocasión, ya que fue incendiada por las tropas inglesas del Duque de Wellington tras la expulsión de los franceses. En recuerdo de aquella tragedia queda una calle en la ciudad llamada 31 de agosto.
Las guerras carlistas también dejaron destrucción y tristeza en la ciudad. San Sebastián renacería finalmente con el derribo de sus murallas y conocería su mayor esplendor durante el siglo XIX, a raíz de la moda de baños de mar impulsada por la Regente Mª. Cristina de Habsburgo-Lorena. Así, al casco viejo escondido al pie del fuerte y contra el puerto, se le añadió un barrio nuevo a lo largo de la playa de la Concha.
Monumentalmente, recomendamos la visita al célebre Museo de San Telmo ubicado en un antiguo convento que conserva un bello claustro herreriano.
Construida en el siglo XVIII sobre unas ruinas románicas, se encuentra la Basílica de Santa María, donde conservan a la patrona de la ciudad, La Virgen del Coro. Cerca de ella puede contemplarse el edificio más antiguo de la ciudad, una construcción de estilo gótico del siglo XV, que fue templo y fortaleza, la iglesia de San Vicente.
Dentro de la arquitectura civil, no conviene pasar por alto el edificio del Ayuntamiento, uno de los más hermosos de España, rodeado de tamarindos, el árbol donostiarra por excelencia.
A pesar de todo, los mejores exponentes artísticos se deben a finales del siglo XIX y principios del XX, momento en el que se desarrolla una arquitectura ecléctica entre clásica y regionalista, que combina a veces con elementos del Modernismo, como pueden apreciarse en el Teatro Victoria Eugenia, el hotel María Cristina, los puentes sobre el Urumea, y el palacio y parque de Miramar. Sin embargo, de todo su patrimonio artístico, el edificio más conocido es además el más reciente, el Kursaal, obra del arquitecto Rafael Moneo y dedicado a Palacio de Congresos y Auditorio.

Estas tierras están llenas de historia. En ellas nacieron y vivieron personajes ilustres, poetas, hidalgos, militares y religiosos que le dieron fama a la comarca.
Existe un documento de los monjes de Meira con fecha del 3 de diciembre de 1254, dándole por el abad Hemerico carta de la población a la Granja de Vilarente a favor de 54 vecinos de la misma y señalando los tributos que tenían que pagar, eligiendo el ayuntamiento siete vecinos del mismo y, entre ellos, el abad escogería uno para alcalde.

La Sierra Tejera y Sierra Gamoneda es algo digno de ver y merece la pena darse una vuelta por la misma, eso sí, mejor llevar merienda y así el disfrute será total. Buena agua en la fuente de la Urz y en la del prado Foxo, en la zona entre Requejo, Padornelo y La Tejera; en plena Sierra Gamoneda. Y la mejor: en La Fuente del Gargalón.

Viloria no aparece documentada hasta el año 1028, aunque su existencia es anterior.
Para la historia Viloria nace a finales del siglo IX. Reinaba Alfonso III y estas partes de la antigua provincia romana de Tarragona habían cobrado un valor político-militar muy fuerte por las presiones que sobre ellas ejercían árabes, navarros y castelllanos. El conde Diego Rodríguez, fundador de Burgos en el año 884, recuperó Oca, sede episcopal y todo el territorio oeste de la actual Sierra de la Demanda y las fuentes del Tirón y Oja, estableciendo un nuevo campo militar cuyos bastiones eran Pancorbo, Cellorigo, Cerezo e Ibrillos. La acción militar fue acompañada de una colonización abundante fundándose entonces la mayoría de los pueblos que hoy existen y otros que han desaparecido como Olmillos.
Santo Domingo de la Calzada, nació en este pueblo el 12 de Mayo del 1019 y fue bautizado en la pila bautismal que aún se conserva en la iglesia. Su casa natal fue derruida hace poco.
A Santo Domingo de la Calzada se debe la reconstrucción de la calzada entre Nájera y Redecilla del Camino, que supuso el desvío del Camino de Santiago más hacía al Sur, haciéndolo subir a la Meseta por los Montes de Oca, donde actuó su discípulo San Juan de Ortega

Al principio este Municipio se llamó Valverde del Camino hasta que en los años finales de primer cuarto del siglo XX, cambió oficialmente su nombre por el de Valverde de la Virgen en homenaje a la que es Patrona de toda la Región Leonesa y cuya coronación solemne se estaba preparando en los años finales del reinado de D. Alfonso XIII,

Habitada desde épocas muy remotas, en los sedimentos del río Henares se siguen encontrando restos de los periodos Paleolítico y Neolítico. En la actualidad, en la provincia madrileña, el Dr. José María Bermúdez de Castro, codirector del Proyecto Atapuerca y uno de los mayores expertos mundiales en dentición humana, y su equipo siguen aportando descubrimientos de extraordinaria importancia para entender el pasado de nuestra especie.También se han encontrado restos de los pueblos prerromanos (íberos y celtas). Durante la época romana y durante el reinado visigodo, Madrid no tuvo apenas importancia. Los datos más dignos de crédito hablan del origen de la ciudad en el siglo IX, con la construcción de una muralla en la ribera del río Manzanares por iniciativa del emir Muhammad I.
En la Edad Media, fue reconquistada por Alfonso VI (1083), repoblada por gentes del norte y albergó distintas comunidades de judíos, cristianos y musulmanes. El primer fuero de Madrid data del año 1118. Era una sociedad agraria, que comenzaría su andadura urbana como testimonia el Fuero del rey Alfonso VIII en 1202. También se creó el Concejo, con cierta relevancia en la sociedad castellana. La ciudad tuvo gran actividad gracias al privilegio de ser municipio libre vinculado a la Corona. Estos privilegios fueron confirmados en los años 1123 y 1202. En el año 1301 las Cortes castellanas se reunieron en la Villa por primera vez.
En 1383, Juan I hizo una concesión de la Villa a León V de Armenia, revocada en el reinado de Enrique III. En el período de los monarcas Trastamara la ciudad fue especialmente protegida lo que le permitió superar las crisis de 1434, motivadas por unas terribles inundaciones,y la del año 1438.
Llegados a la Edad Moderna, durante el reinado de Carlos I, Madrid se unió al movimiento comunero. El día 15 de mayo de 1521 el ejército real tomó la villa. El cambio de monarca supuso un acontecimiento importante para la ciudad ya que en 1528 el heredero al trono, que reinaría como Felipe II, prestó juramento en ella. Este monarca trasladó la corte a la ciudad en 1561, convirtiéndola en capital del Estado y en foco de atracción de variopintos personajes que convirtieron a la ciudad en un lugar muy peculiar, reflejado en la literatura del siglo XVII. A pesar de haber nacido en Madrid, en el año 1601, debido a las opiniones del duque de Lerma, el monarca ordenó el traslado de la capital a Valladolid. Madrid recuperaría la capitalidad en 1606.
En el siglo XVIII, durante la guerra de Sucesión, Madrid apoyó incondicionalmente la candidatura de Felipe V de Borbón.Terminada la guerra, los borbones realizaron grandes reformas y construcciones en la ciudad, como el Palacio Real (1738-60) y la urbanización de la capital. Pero sería el reinado de Carlos III, ejemplo acabado del sistema político europeo conocido como Despotismo Ilustrado, quien más y mejor trabajaría por la grandeza de la ciudad, como queda reflejado en el título por el cual ha pasado a la Historia : «mejor alcalde de Madrid». A él se le deben, entre otras obras, la edificación de La Real Casa de la Aduana, el Museo del Prado y la apertura del Paseo del Prado.
El siglo XIX trae a la ciudad sufrimientos sin cuento ya que el dos de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se alza contra la invasión napoleónica y da inicio a la guerra de la Independencia. Durante el breve «reinado» del francés José I, la ciudad tuvo que vivir momentos realmente apurados como la hambruna del año 1812.
La guerra de la Independencia transformó el país, contribuyendo a la entrada de las nuevas ideas políticas y filosóficas europeas propiciando la aparición de una nueva sociedad burguesa y liberal.
El siglo XIX, sobre todo el movimiento Romántico, convirtió a Madrid en una ciudad romántica con sus cafés, teatros, fondas, partidos políticos y periódicos. Este período sin embargo, también le hizo vivir violentos episodios revolucionarios.
Otro acontecimiento decisivo para la ciudad es la inauguración de la primera línea de tranvía en el año 1871.
Los últimos años del siglo XIX y los albores del siguiente siglo estuvieron plagados de sucesos sangrientos debido a la agitación política por la que estaba atravesando el país. La calle del Turco sería testigo en 1870 del asesinato de General Juan Prim, político liberal y uno de los personajes más influyentes de su época.
El siglo XX se estrena con un atentado de la organización anarquista «Mano Negra» dirigido contra el joven rey Alfonso XIII, el mismo día de su boda.
Además de hacer frente a los atentados contra las principales figuras políticas, la ciudad se vió convulsionada por los acontecimientos políticos en Europa : Iª Guerra Mundial. Aunque España no participó directamente en la contienda, el clima político alcanzó muchos grados de temperatura, lo cual se tradujo en la calle; los españoles tomaron postura ideológica y las tertulias en los cafés fueron un excelente termómetro de la situación al registrar los enfrentamientos dialécticos entre los «germanófilos» y los «aliadófilos».
El año 1919 dará un pequeño respiro a la ciudad con la inauguración del primer tramo del metropolitano. De esta época son también algunas notables edificaciones en la Gran Vía y en la calle Alcalá. En 1930 la ciudad llega a tener un millón de habitantes. A partir de este año y transcurrida la Guerra Civil, el aspecto de la ciudad no experimentó grandes transformaciones. Será en la etapa de los años 50 y 60 de la Dictadura Franquista, cuando Madrid experimente una extrordinaria expansión.
Con la llegada de la Transición Democrática, la Constitución democrática de 1978 le confirmaría como capital de la Nación. En la actualidad, a pesar de las incomodidades inherentes a toda gran capital, sigue siendo una ciudad muy hermosa y un referente político, social y cultural de primer orden.

La riqueza de estas tierras y su situación defensiva privilegiada han propiciado el establecimiento humano desde tiempos prehistóricos. Se han hallado en el territorio de Carral diversos restos de construcciones prehistóricas, siendo los Castros los más destacados y numerosos a lo largo de todo el Ayuntamiento.
Su historia ha estado marcada por ser un lugar de paso entre la ciudad de A Coruña y Santiago. Carral surgió como un pequeño núcleo para el descanso y aprovisionamiento de los carruajes y carrilanas que hacían este camino, de estas carrilanas surgirá el nombre de la población, Carral.
A mediados del siglo XIII Fernando III le concedió a la villa el título de Moi Leal por la valentía de sus habitantes al enfrentarse al intento de ocupación árabe. Dos siglos más tarde, en el año 1497, los Reyes Católicos le otorgan la Carta de Puebla Real, librándose así del dominio del señorío de Santiago.
Uno de los hechos más importantes de la historia de Carral tuvo lugar en 1846 cuando en su lucha por la libertad de Galicia, el coronel Miguel Solís, contrario al gobierno de Isabel II, se alzó contra el presidente Narváez. Esta lucha, conocida como la Batalla de Cacheiras, acabó con el apresamiento de Solís y sus oficiales, que fueron juzgados y condenados a muerte en Carral. En el año 1856 las Cortes les otorgaron la Cruz del Valor y la Constancia, pero no fue hasta 1904 cuando se inauguró el monumento en memoria a Los Mártires de Carral.

Cultura:

Sobre el término «Orgaz» existen diversas etimologías sin que ninguna nos ofrezca plenas garantías. Para Jiménez de Gregorio, uno de los significados podría ser el de ‘fértil’ o ‘abundante’, que parte de la base celta «olca» (campo fecundo). Por otro lado Albaigés, afirma que Orgaz tiene origen vasco, siendo una variante de orbaiz, (madroñal). Otras hipótesis indican raíces prerromanas (orc o urc).
También esta villa pudo ser la antigua Barnices mencionada por Ptolomeo en la Carpetania.
Lo localidad perteneció al condado de Orgaz, incorporado actualmente a la casa de Alba, cuyo título se dice que lo obtuvo El Cid al desposarse en Burgos con doña Jimena. Aparece por primera vez en un escrito de 1183 el puerto de Orgaz, como consecuencia de un acuerdo entre el arzobispo de Toledo, don Gonzalo Pétrez, y el maestre de la orden de Calatrava, don Nuño Pérez de Quiñones.
Por antigüedad en la comarca, el señorío de Orgaz sigue al de Toledo. Alfonso X dio a Ruy Gutiérrez de Toledo el señorío de la villa. Los antiguos moradores de estas tierras se dedicaron simultáneamente al laboreo de sus tierras y al manejo de las armas para defender su territorio ante Roma. Ante el avance del Islam emigraron a otras comarcas, quedando la villa desmantelada

Esta localidad aparece mencionada en el año 1111, en el Cartulario del Monasterio de Santillana del Mar. A finales de la Edad Media, debió existir cierta dependencia señorial, pues aparecen en esta localidad vasallos de los condes de Castañeda. Esta localidad formó parte del primer ayuntamiento constitucional de Val de San Vicente, durante el Trienio Liberal; en 1835 pasó a formar parte del de Herrerías.

Sus primeros pobladores se remontan al Paleolítico Inferior y al Neolítico. Buena prueba de ello son los yacimientos del Rostrío.
Los primeros documentos históricos sobre esta zona datan del siglo XI. Los documentos de la Abadía de Santillana hacen referencia a Santa Cruz en algunas ocasiones.
Durante el siglo XVII, Santa Cruz forma parte de la Abadía de Santander. El siglo XIX le otorga su independencia y forma el ayuntamiento de Santa María de Bezana.
En el siglo XX, con la aparición del turismo, desencadena la mejora de las infraestructuras y del sector servicios, lo que consolida a esta población como un importante centro turístico.

Los hallazgos arqueológicos permiten saber que los primeros pobladores de la zona se asentaron en los alrededores del actual emplazamiento del castillo de La Mota, y pertenecen a la Edad del Hierro.
Durante la segunda mitad del siglo XI La Mota se convierte en un núcleo poblacional, encrucijada de caminos, superadas las barreras físicas del río Zapardiel y su afluente el Adajuela. A través de la sucesiva edificiación de tres recintos amurallados y caminos entre estos enclaves, se afianza la estabilidad del núcleo urbano, que ocupaba un territorio prácticamente idéntico al actual.
Los siglos XV y XVI son la época de mayor prosperidad para la Villa, tanto por su prosperidad económica (la celebración de sus famosas Ferias) como por su intervención en la esfera política. Los Reyes Católicos la favorecen sistemáticamente haciendo de ella una de las ciudades más importantes del momento.
El declive en el comercio de la lana, de las ferias en general y el cese del favor de la Corona llevan al decaimiento a la ciudad. De este modo, se llega a una situación límite que culmina en 1843, cuando Medina pierde la categoría de cabeza de partido judicial.
La implantación del ferrocarril, la reactivación del cuartel militar y el establecimiento del balneario en el paraje de las Salinas contribuyen a relanzar de nuevo a Medina. Su naciente industria comienza su transformación entre 1871 y 1912 y se consolida entre 1913 y 1922. La crisis volvería a estar presente en la ciudad desde 1932 hasta los años sesenta.
La mejora en la urbanización y servicios públicos supone la destrucción de la mayor parte de su patrimonio artístico. Como casi siempre, mejoran las infraestructuras, pero la Historia y sus manifestaciones salen perdiendo.
En la actualidad, Medina del Campo es el núcleo de población más importante tanto a nivel funcional como jerárquico de toda la provincia, excepción hecha de la capital.

Cultura

Con independencia de lo que ofrece esta localidad, muy cerca y a la izquierda, siguiendo la carretera, queda el castro de Castillón, lugar por donde se documenta el cruce de dos vías romanas: la que unía Braga con Lucus y la que desde el Castro Dactonium seguía hacia Belesar, y, donde se encontraron restos arqueológicos que hacen referencia al asentamiento de un campamento romano, e incluso de una ciudad no pequeña.
La iglesia de Santiago de Castillón alberga una hermosa talla de Santiago Peregrino. La fachada presenta el emblema heráldico del Hospital Real de Santiago, un símbolo que aparece en el dintel de la puerta lateral sur. Emblema que también aparece en la fachada principal de la iglesia de San Vicente de Castillón, muy próxima a ésta, levantadas en el castro de Castillón. Es curiosa su torre, exenta, que según indican los historiadores, ocupó el lugar de otra anterior, seguramente románica.
Pasar por las tierras de Pantón es obligada la referencia a sus numerosas iglesias románicas, restos de monasterios, como el de las Bernardas o San Miguel de Eiré, que se apartan un poco del camino.

Sobre sus orígenes es poco lo que se sabe con certeza, pero su asentamiento, sobre una fértil vega a orillas del mar, nos lleva a suponer con cierta seguridad que su fundación y habitación continuada serían tempranas. Las primeras noticias históricas datan de la Edad Media, más concretamente del año 1237, cuando el rey Fernando III el Santo le concede el Fuero de San Sebastián y en su escudo comienza a figurar una ballena, indicio seguro de su importancia como pueblo marinero. Un documento del año 1878 nos da noticia de su participación en la pesca de la ballena.
No obstante, a finales del siglo XIX, Zarautz destacaba en un aspecto bien distinto, su inclusión en la vida galante, desde su elección por la reina Isabel II como residencia oficial de veraneo. Esta regia predilección hizo famosa a su playa, una de las más bellas del Cantábrico, inmortalizada por las acuarelas de Iñaki García Ergúin.
Pero Zarautz es mucho más que una ciudad playera. Sus monumentos, tanto religiosos como civiles bien merecen una visita por sí mismos. Entre ellos destaca la iglesia de Santa María la Real, gótica y con una original torre adosada que lleva a pensar en su origen como fortaleza para defender a la población de los continuos ataques de los banderizos que asolaron durante largo tiempo los contornos. Junto a ella el palacio del Marqués de Narros y las torres de Lucea y Motza.
Igualmente obligada es la visita al Ayuntamiento, situado en el Palacio de Portu. Y también al Palacio de Makazaga en plena Plaza Mayor.
Célebres hijos de Zarautz son el escultor Jorge Oteiza y el maestro compositor Francisco Escudero.

Parece ser que el nombre de esta localidad pudiera tener su origen en los descendientes del fundador del reino de Taifas en Sevilla, Abul Kasin o Abad I, fundador de la dinastía de los Abaditas. Más creíble es el origen de su nombre por su lejana pertenencia a las abadías de Meira o Lourenzá.
La influencia romana es evidente en los pedregales auríferos, consecuencia de la explotación continuada de las minas de oro. El término municipal de Abadín formó parte de una jurisdicción en la que figuraban lo señoríos de Baroncelle, Costa do Monte y Vilarente. En 1254 el abad del monasterio de Meira otorga una carta-puebla a favor de 54 pobladores de la granja de Vilarente, origen del actual ayuntamiento. Hacia 1500 sobresale por su importancia la familia Luaces, a uno de cuyos miembros le fue concedida carta de nobleza en 1515. Luis Luaces compró al cabildo de Mondoñedo el coto de Abadín con su jurisdicción civil y criminal, con señorío de soga y cuchillo.
Vestigios arqueológicos de esta localidad, que deben ser visitados son: La Mámoa de Romariz y los castros de Os Castros, Terraxis, Abeledo y Romariz.

Los antiguos pobladores dejaron sus huella en A Gudiña como lo demuestra los castros hallados en el paraje de la Ribera y en A Barxa.
Riegan el municipio varios ríos de escaso caudal, aunque en invierno, aumentan notablemente su volumen debido a las intensas lluvias y nevadas: A Ribeira, A Veiga, O Mente, Parada, Pereira, Ribeiriña,y Carracedo. Tomando la carretera hacia Vilariño de Conso, puede contemplarse el embalse de As Portas. Con tanta agua no es difícil imaginar la fertilidad de la tierra de cultivo que produce hortalizas de gran calidad, patatas, pimientos, lechugas, tomates, etc.Los montes están poblados de castaños, pinos, y brezales, habitados por conejos, liebres, tejones, lobos, jabalíes, perdices, codornices, además de varias especies de reptiles.

La Iglesia románica de San Pelagio de Diomondi fue un monasterio dúplice, según consta en documentos con fecha desde 954 referentes a donaciones, que indistintamente aluden a monjas y frailes. Mientras que las escrituras entre los siglos X al XIII reflejan que fue el monasterio de las tierras de Lemos que más prerrogativas disfrutó. Estuvo muy unido a la casa episcopal de Lugo desde los tiempos de Odario, utilizándolo los obispos como residencia de verano, luego usado como casa rectoral, conserva fragmentos de varias épocas. Fue declarado monumento nacional en 1931. En 1164 ya tiene como patrón a San Pelayo.
La iglesia es un magnífico ejemplar del románico compostelano. En la parte norte está adosado el edificio conventual. La fachada principal de gran riqueza, presenta a los lados unos arcos ciegos que parecen indicar la existencia de tres naves en el interior, lo que no acontece. La puerta principal abocinada, presenta cuatro arquivoltas de toro, sobre fustes lisos de mármol del país, con capiteles historiados. El tímpano es liso y en su parte interior se lee: ERA CCVIII HOC LIMEN SITVM EST. Indicando que este dintel se colocó en 1170.

En el diario de un peregrino alemán del siglo XV, Villamayor Del Río quedo plasmado como un lugar a destacar en el camino.
Además el pueblo contó con un hospital de peregrinos.
Lugar perteneciente al partido de Santo Domingo de la Calzada, con jurisdicción de señorío ejercida por el duque de Frías que nombraba su alcalde pedáneo.
A la caida del Antiguo Régimen se constituye en municipio , en el Partido de Belorado perteneciente a la región de Castilla la Vieja, que en el Censo de 1842 contaba con 14 hogares y 47 vecinos. Este municipio desaparece incorporándose al de Fresneña.

Unos restos nos recuerdan que existió un antiguo hospital

Aún no está claro de dónde procede el topónimo de Villalón de Campos. Tal fuera habitado en época romana, aunque no es hasta la Edad Media cuando se le conoce por su carácter marcadamente mercantil y ferial, y por su famoso Fuero de Villalón. Así, Fernando III el Santo concede a la villa poder celebrar feria todos los sábados del año.
En el siglo XV, durante el reinado de Juan II, pasó a ser señorío del conde de Benavente y, en 1486, los Reyes Católicos le autorizaron a celebrar las primeras ferias anuales como venían haciendo Medina de Rioseco y Medina del Campo. Este privilegio enfureció a sus rivales, hecho que llevó a los monarcas a derogarlo; sin embargo la influencia del todopoderoso Conde de Benavente, que favoreció la instalación de los mercaderes más influyentes y poderosos en su señorío, dejó en tablas la situación, que se resolvería durante el reinado de Dña. Juana y su esposo, en 1506, al fallar a favor de Villalón. Hay que señalar que no todas la ferias fueron afortunadas, ya que la desarrollada en 1521 fue desastrosa y llevó a la ruina a muchos de los vecinos. Sin embargo, estos castellanos, acostumbrados a luchar contra todo tipo de dificultades, habían superado este percance como atestigua un documento del año 1523 en el que vemos al Concejo establecer nuevos impuestos para acometer unas importantes reformas urbanísticas.

A principios del siglo XVI, en época de Carlos V, el Concejo levantó el rollo en la Plaza Mayor, símbolo de la riqueza alcanzada por la villa.

Su importancia como núcleo mercantil durará un siglo más, hasta que a principios del XVII, la suspensión de pagos del Estado acabe con las ferias.

Durante la Edad Media la mayoría de los municipios que componen la comarca pertenecieron al antiguo Condado de Trastamara.
El Castillo de Mesía, construido en el siglo XII, es un claro ejemplo del discurrir de la historia. En el año 1467 perteneció a Gómez Pérez da Mariñas, fue destruido en la revuelta irmandiña. Tras quedar abandonado se hace con él arzobispo Alonso de Fonseca. Los caballeros gallegos, coaligados, derrotaron en la batalla de Altamira a las fuerzas episcopales y tomaron el castillo. Posteriormente volvió a pertenecer a Mitra que en el 1523 aún estaba en su pacífica posesión.
Ordes pasa a ser capital del partido judicial de su nombre tras la reforma llevada a cabo con la publicación del R.D. del 21 de abril de 1834. Esta situación se mantiene hasta el decreto 3388/1965 del 11 de noviembre, que disuelve el partido judicial, pasando a formar parte del partido judicial de Santiago. En la actualidad con la nueva ley 38/1988, del 28 de diciembre, vuelve a ser reubicado el partido judicial de Ordes, que tiene a Ordes por capital,

Las primeras referencias de Sant Genís provienen del siglo XIII y hacen referencia a una iglesia que posteriormente, el siglo XVIII, sería reformada.

Hay dos Peralvillo, alto y bajo, formados por dos caseríos. Ambos están agregados al término de Miguelturra. Peralvillo es célebre, porque en él, la Santa Hermandad Real y Vieja de Ciudad Real ahorcaba a los criminales, y para mayor afrenta los asaeteaba después, dejándolos luego insepultos.

La villa chantadina. Casco histórico y paseo de la Alameda. Una de las referencias documentales más antiguas sobre estas tierras de Chantada, data de 1208 por parte del rey Alfonso IX, con una donación al monasterio de San Salvador o Convento.
Chantada fue creciendo por encontrarse en un punto donde confluían varios caminos. Fue convirtiéndose en un importante lugar de la ruta que venía por Valdeorras a Santiago. Las ferias aparecen, al menos, desde Fernando III y sus pesos y medidas se extendían hasta las tierras de Pantón. La villa de Chantada carece de monumentos antiguos destacables. Si bien su municipio está salpicado de numerosas iglesias románicas.

Su término estuvo habitado desde antiguo, como demuestra que aquí se localice el yacimiento prehistórico de La Pica, donde hay vestigios del Paleolítico, incluido arte parietal. Esta localidad aparece mencionada documentalmente hacia el año 1000. En la Edad Media formó parte de la Merindad de las Asturias de Santillana. A finales de la época medieval, pasó a depender de la Casa de la Vega. Ya desde el siglo XII, se desarrolló en este territorio numerosas ferrerías o lugares donde se trataba el mineral de hierro, de donde nace el nombre con el que es conocido el municipio. De todas ellas, la más destacada fue precisamente la de Cades, mencionada en el Catastro de Ensenada (1752).En la ferrería de Cades se obtenían lingotes de hierro a partir del mineral, sin fundirlo por entero. Sufrió abandono durante la segunda mitad del siglo XIX y, después de ser restaurada en el año 2000, fue convertida en un centro de interpretación.
Cades, junto con Casamaría, Camijanes y Rábago, formó parte del primer ayuntamiento constitucional de Herrerías, durante el Trienio Liberal.

El monasterio de Santa María La Real de Obona, fue fundado según un discutido documento original desaparecido en el S.XVII por el príncipe Adelgaster (hijo bastardo del rey Don Silo) y su mujer doña Brunilde el 17 de enero de 780. Obona fue un centro cultural y económico de primer orden, los monjes perfeccionaro las técnicas agrícolas y ganaderas, y en sus aulas se impartieron clases de latín, filosofía y teología.
La iglesia es grande y sobria, se construyó en el siglo XIII siguiendo las severas concepciones de la orden del Cister.
Tiene tres naves, la central más alta y ancha reposada sobre columnas, tres ábsides circulares precedidos de arco de triunfo, portada principal de arquitectura románica.
Magnífico Cristo románico EL SANTO CRISTO DE OBONA talla llena de ternura y equilibrio. Las dependencias y el claustro se construyeron en el S. XVIII aunque no se terminaron. Aquí se encuentra la más antigua referencia a la sidra, en un documento de la época se hacia constar que los siervos deberían recibir «sicere si potest ese», sidra si fuese posible.
Este cenobio fue un hito importantísimo en la ruta jacobea, aquí recibían auxilio los peregrinos, incluso el rey Alfonso IX, el que otorgó la carta puebla a Tineo en 1214, despachaba y firmaba documentos en este monasterio, como en el que amenazaba a todo aquel que osara desviar a los peregrinos a Santiago de su pola de Tineo y Obona.
Obona, Oubona, Aubona, Agua-buena son nombres etimológicos referidos al valle. Aquí se encuentra la fuente del Matoxo, que adquirió fama gracias al ilustre pensador y teólogo, fray Benito Jerónimo Feijoo Montenegro, que solía pasar largas temporadas de descanso en este monasterio, habiéndose prendado de las excelencias de esta agua hasta tal punto que se la hacía llevar a Oviedo. Todavía este manantial se le denomina Fuente de Feijoo.

El principio de su andadura fue la existencia de un castillo en las márgenes del río Duero, junto a la embocadura del Trabancos, siendo sus primeros nombres «Castro-Benavente» y, más antiguamente, «Toro el Chico» y «La Gran Florida del Duero». Según dice un cronista nada de ésto sería cierto, sino que la población tomó el nombre de un alcaide del castillo, D. Castro de Nuño, hasta llegar a su forma actual. La fecha que más manejan los historiadores como fecha fundacional sería el período 866 a 910, durante el reinado de Alfonso III de León a cuyo reino pertenecía en esta época de batallas de reconquista contra los musulmanes.
Para otros historiadores su origen era romano. El emplazamiento de esta época estaría en lo alto del cerro, bien comunicado y de fácil defensa. Durante la Edad Media fue plaza fuerte, defendiendo el villorrio existente sobre el alto de la Muela, en torno del castillo.
Que existía en el siglo XI, es más que probado ya que el monarca castellano Alfonso X El Sabio, dice que, cuando Sancho II de Castilla pensaba despojar a su hermana Dña. Urraca, de la ciudad de Zamora en el año 1.072, se detuvo a pernoctar una noche en Castronuño.
Nuño Pérez, alférez mayor de Alfonso VII, la reedificó a mediados del siglo XII. Es alférez se vió ayudado en su obra por caballeros y prebendados.
Alfonso VII le concedió fueros en el año 1.152. Durante el reinado de Pedro I de Castilla (1.358-1.369) el nombre de Castronuño aparece citado en la Crónica del rey.
El monarca Juan I (1.379-1.390) estuvo en la villa el 19 de Mayo de 1.382, cuando, procedente de Portugal, iba a Medina del Campo para apoyar al Papa Clemente VII durante el Cisma.
Durante el reinado del monarca castellano Juan II (1.406-1454) Castronuño se vió envuelto en las intrigas políticas entre este rey, su valido D. Álvaro de Luna y sus enemigos.
Durante el reinado de Enrique IV, el alcaide Pedro de Mendaña, con fama de tirano, oprimía a toda la comarca. Según las crónicas, las ciudades de Burgos, Salamanca, Ávila, Valladolid, Medina, y otras se tenían que pagar tributo, como única medida de librar a sus territorios de aquel tirano. Será durante el reinado de Enrique IV (1.454-1474), y sus tres siguientes sucesores, cuando Castronuño alcance el período más floreciente de su historia.
Tras el inesperado fallecimiento del heredero, el rey Enrique IV y su hermana Isabel firman el pacto de Los Toros de Guisando, celebrado tras la conferencia de Castronuño durante el mes de agosto de 1488. La acusación del monarca a su hermana del incumplimiento del pacto, por contraer matrimonio con Fernando de Aragón, sin contar con su consentimiento, invalida los acuerdos de Guisando y estalla la guerra dinástica. El caos en Castilla fue mayor que nunca, y no dejó de crecer hasta el final del reinado.
En la lucha de los contendientes por contar con partidarios, numerosas ciudades se verán envueltas en la disputa real. Castronuño, Toro y Zamora apoyaban al rey Enrique.Castronuño se vería sitiada por las fuerzas de Isabel, al mando del Duque de Villahermosa.
A pesar de la bravura de los vecinos y del arrojo del alcaide y sus huestes, la villa fue tomada. El alcaide y el futuro rey Fernando negociaron la desaparación de Mendaña en Portugal. Los vecinos se sintieron traicionados y derribaron las murallas para evitar en lo sucesivo episodios tan vergonzosos.

Es uno de los núcleos de población más antiguos de la provincia. Su topónimo indica la antigüedad de la población que puede remontarse a finales del siglo XII, ya aparece en el año 1250 en uno de los primeros documentos que sobre los lugares del Obispado de Ávila se conservan, que es la consignación de rentas ordenada por el cardenal Gil Torres a la iglesia y Obispado de Ávila
Villa perteneciente al señorío del Duque de Abrante con la importancia que derivan de los despoblados que comprendía Minguieches, Santiago Muñomez, Santiago Quemadilla y Bohodoncillo
Bohodón cuenta con historia, con ricas y variadas tradiciones que conserva como sagrado legado de épocas pasadas, cuenta con gentes amables, nobles, sencilla y trabajadores, recias y austeras, forjados en el tesón y el esfuerzo de estas tierras morañegas.
Hace unos años, el paisaje frecuentaba extensas manchas verdes, que correspondían a pinares de los que se extraían grandes cantidades de resina. Hoy ya son esporádicos. Estos pinares se empezaron a talar, para conseguir terreno apto para la siembra de remolacha, girasol o cereales.

Orio, su elegancia señorial y aristocrática es lo primero que nos impacta aún a lo lejos. Muchas de sus casas blasonadas y su iglesia de San Nicolás del siglo XVI nos hablan de su larga trayectoria histórica.
Hoy día Orio es un pueblo pesquero en una ría y debe su fama internacional a su trainera.
Como no podía ser por menos, la patrona de la ciudad también es marinera: La Virgen del Socorro, que según cuentan los pescadores, fue rescatada del mar. Para evitarla nuevos peligros la tienen amorosamente guardada en la Ermita de San Juan.

Como el resto de la comarca, Martiñán presenta un carácter eminentemente rural con numerosos terrenos dedicados a pastizales para abastecer las necesidades de alimentación de su amplia cabaña bovina.

Son interesantes los restos arqueológicos del Castro de Cabanca, en Casteliños, que han dejado constancia de la ocupación humana de estas tierras desde la antigüedad.
La depresión tectónica está avenada por el río Támega, que discurre hacia el sur, por ser afluente del río Duero, y baña las tierras meridionales del municipio. Completan la red fluvial numerosos ríos, el más importante de los cuales es el Camba, que está represado en el embalse das Portas.

Belorado se ubica al este de la provincia de Burgos, próximo a La Rioja en las estribaciones de la Sierra de la Demanda.
Su origen es celta como demuestran los restos arqueológicos y epigráficos encontrados.
El apogeo económico de Belorado fue temprano porque era cruce de caminos entre el valle agrícola y la sierra ganadera, por influencia del Camino de Santiago y porque estaba entre reinos distintos (Castilla y Navarra) que favorecían a la villa para atraerla.
En el siglo X, el primer conde castellano independiente, como agradecimiento a que en Belorado le libraron de los hierros con que le tenía preso el Rey de Navarra, concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado los lunes, costumbre que anima todavía la Plaza Mayor.
Cuando a principios del siglo XI Sancho III el Mayor de Navarra modificó el trazado del Camino de Santiago, desde Nájera hasta Santo Domingo de la Calzada y Belorado, nuestra villa alcanzará momentos de esplendor.
Debemos hacer mención a la importancia que tuvo la judería de esta localidad, que se desarrolló durante los siglos XI al XV. Incluso en algunas épocas gozó del privilegio real de no pagar impuestos en las arcas reales.
En 1116, Alfonso I el Batallador (rey navarro-aragonés), le concedió el fuero y entre los privilegios que recoge, le permite celebrar una feria que es la más antigua documentada en la historia de España.
Su significado como punto importante queda patente en el Códice Calixtino donde Americ Picaud la menciona con el nombre de Belforatus o «hermoso agujero».
El carácter comercial de la villa se vio reforzado tras la concesión en 1128 por Alfonso VII de Castilla de una aduana para las mercancías procedentes de Aragón y Cataluña.
Su desarrollo fue en aumento y a principios del siglo XIII, en el reinado de Alfonso VIII, por privilegio real pudo el Concejo de la Villa usar sello que legitimara sus documentos. Por su importancia en las peregrinaciones quedan en el sello concejil una torre y una estrella símbolo de Compostela, meta de los peregrinos, incluso la inscripción es alusiva: “Señor muéstrame tus caminos”.
Su apogeo pervivió a lo largo del siglo XIII, potenciado especialmente por Alfonso X el Sabio que en sus estancias en la Villa le hizo importantes donaciones, y parte del siglo XIV en que Pedro I el Cruel agradeció a sus moradores el apoyo en las guerras fratricidas; tras su muerte, la nueva dinastía castigó a la Villa que perdió su carácter de realengo y se castigó especialmente a la judería a quien fue agravando con impuestos y trabajos cada vez más humillantes, provocando con su diáspora la decadencia de Belorado.
Los Reyes Católicos con su decreto de expulsión acabaron de arruinarla.
En la Edad Moderna, Belorado perteneció al Señorío de los Condestables de Castilla contando con importantes familias nobiliarias, de hecho se pueden contemplar algunas casas con escudos de gran calidad estética.

Beliforanos de gran relevancia:
Simón Ruiz Embito (1525-1597): financiero entre cuyos clientes se contaba Felipe II. Su archivo es de gran importancia ya que recoge incluso datos sobre acontecimientos políticos del siglo XVI en España.
Hipólito Ruiz López (1754-1816): farmacéutico y botánico. Director de la Expedición Botánica al Virreinato del Perú trajo consigo la quina que tanto proporcionó a la medicina de la época y un gran número de plantas más. Escribió el libro “Quinología o tratado del árbol de la Quina”.
Raimundo de Miguel y Navas (1816-1878): catedrático español de Retórica y Poética. Escribió el “Nuevo Diccionario Latino-español etimológico” (1867).
Feliciano Manuel Vitores: natural de Belorado. Empresario audaz Gracias a él se realizó la primera película sonora del celuloide patrio.

Es una diminuta localidad, una más de las muchas que salpican toda la zona, con vocación ganadera y agrícola.
Su antigua escuela ha sido reconvertida en albergue de peregrinos. En este lugar se encuentra la parroquia de Santa María.

Se sabe que en el periodo neolítico ya había asentamientos humanos en lo que entonces era una isla junto al río Sequillo, rodeada por inmensos bosques.
Durante la dominación romana (siglos III y IV), Rioseco aparece ya citada como la «forum egurrorum»(la plaza de los mercados).
Durante la Alta Edad Media (IX y X) Alfonso III el Magno, rey de Asturias y dueño de todas las tierras situadas al norte del Duero, ordena la repoblación de estos territorios, denominados «Campos Góticos».
A finales del siglo XIV,el rey Juan I concede a la población tener un escudo y le otorga los títulos de «Muy noble y Leal».
A pesar de estar asentada en plena submeseta norte, el 19 de Abril de 1424 se convirtió en sede del almirantazgo del reino de Castilla por decisión de D. Alonso Enríquez, quien la había recibido en propiedad, tres años antes, de manos del rey Juan II, como reconocimiento por sus desvelos en favor de la Corona.
Durante la Edad Moderna, a mediados del siglo XVII, el Rey Felipe IV le concede el título de Ciudad y comienza la construcción de un canal que pretender unir las parameras riosecanas con el mar.
Llegados al siglo XIX, La Guerra de la Independencia va a llevar la muerte y el hambre a estas tierras. La fecha más trágica para Rioseco sería el infausto día 14 de Julio de 1808, cuando, en el teso de El Moclín, las tropas francesas vencen a las españolas y toman la ciudad, que tuvo que presenciar las matanzas por las calles, el robo de los tesoros religiosos, el saqueo a las casas, el incendio de las iglesias, …
Los finales del siglo fueron mejores que los comienzos y, así, en Septiembre de 1884 se inauguraba la línea férrea Valladolid-Rioseco con la circulación del conocido como «tren burra».
En el siglo XX se desmantela el ferrocarril y desaparece buena parte del tejido industrial.

Los primeros indicios de asentamiento están estrechamente ligados con los primitivos caminos que discurrían por las colinas y valles de estas tierras e íntimamente vinculados desde el Neolítico a las necrópolis megalíticas.
Estos datos se deducen de la importancia de los restos de cámaras megalíticas en los límites municipales de Coral y Cambre. Es muy interesante la necrópolis de Culleredo, en el Monte das Arcas, que más tarde comunicaría con el Camino Inglés a Santiago en la localidad de Sigrás. También hay noticias de una mámoa (túmulo megalítico) en el castro de Gosende en la parroquia de Andeiro.
A pesar de todo, los restos más importantes de la prehistoria pertenecen a la Edad de Hierro (varios castros); además de los petroglifos en el impresionante castro de Sigrás, perteneciente a la Edad del Bronce Atlántico.
la importancia de la cultura castreña en esta zona le hace pervivir aún durante la dominación romana y hasta en plena época medieval. Tras la crisis ycaída del Imperio Romano y las sucesivas invasiones de los pueblos del Norte, se piensa que Cambre pudo ser habitada por el pueblo suevos, integrados inmediatamente en la cultura indígena.

El pueblo de Jorba se ha desarrollado a lo largo de la carretera N-II, al pie del Puig llamado de la Guardia, en la cima del cual estaba el castillo.
Las primeras noticias que tenemos de Jorba son del siglo X, momento en que el término quedaba dentro de los límites del castillo de Tous y de Montbui. Un siglo más tarde tenemos ya noticias del castillo. La baronía de Jorba es documentada en el siglo XII y pertenecía a Guerau de Jorba. Años después se incorporó a la casa de los Cardona.
Cuando hubo la Guerra de Juan II, el castillo de Jorba se puso al lado de la Generalitat. Cayó en manos de los realistas en el año 1475.
En el siglo XVIII, el señorío del pueblo y del término lo tenía la cuenta de Aranda, sucesor de los Rajadell, que tanto habían hecho para repoblar esta zona.
Una infraestructura importante, pero que nunca se ha llegado a construir, es el pantano de Jorba, que debía ser la solución para abastecer de agua Igualada y su zona inmediata. Esta obra tuvo su primer proyecto en 1880 y el último en 1973.
La economía de Jorba había sido siempre muy diversificada: molinos harineros y bataneros, agricultura, canteras, regadío para el consumo familiar, hostales en el camino real, etc. Esta diversificación ha continuado en cierto modo hasta nuestros días: canteras, fábricas de yeso, ladrilleras, etc

El término «Sonseca» pudiera derivarse de «som» o «somo», puesto que el caserío se alza sobre un árido altozano dominante, de ahí «altura seca», el término «somo» proviene del «summus» latino, que significa “el más alto».
De origen probablemente romano, fue poblado por visigodos y seguramente por mozárabes. Desde la Edad Media perteneció al señorío municipal de la ciudad, y vecinos y monasterios de Toledo tuvieron aquí numerosas propiedades, como el Monasterio de Santo Domingo el Real; hasta que en 1629 adquiere el título de Villa, tras endeudarse con importante cantidad, separándose de la jurisdicción municipal de Toledo, y fue así como pasó a la jurisdicción realenga. Al no poder hacer frente a dichos pagos, en el año 1640 los habitantes de la población concertaron la venta del señorío, jurisdicción y vallasaje con el portugués Duarte Fernández Acosta. Su hijo Álvaro tomaría posesión de la Villa en 1641. Durante estos siglos, y sobre todo en el siglo XVIII se desarrolló su industria textil, durante el s.XIX se instalaron los primeros obradores de mazapán, y en los años 50 del siglo XX el emprendedor empresario Antonio Moraleda dio lugar a la extendida industria del mueble de Sonseca, sectores industriales principales del desarrollo sonsecano.

El bello conjunto del Pazo e Iglesia, con una fuente a su carón, sugieren un descanso para poder contemplarlos detenidamente.
El Pazo, es conocido por Casa Fuerte de Camba o de los Churruchaos, ya que también perteneció a esta noble familia. En el año 832 se documenta que el rey Alfonso II “el Casto” concedió a San Salvador de Oviedo varias iglesias de esta comarca a efectos de pagar el censo eclesiástico, pero continuando bajo la autoridad del obispo de Lugo. Esta casa fortaleza cuenta con una torre e iglesia, hoy parroquia que data del siglo XII, pero sucesivas reformas conllevaron que se perdieran muchos de sus elementos románicos, como su portada que se transformó en barroca.
La Casa- Fortaleza, según se documenta, sirvió de cobijo para los peregrinos antes de seguir su camino.

Pendes aparece documentado desde la Baja Edad Media (1206). De un primer dominio del Monasterio de Santo Toribio de Liébana paso en la Baja Edad Media a ser de dominio solariego. Durante la Edad Moderna, Pendes fue población de señorío perteneciente al Duque del Infantado, quien administraba justicia en él. A partir del año 1836 y al formarse los municipios, Pendes quedó constituido en el municipio de Castro-Cillorigo, hasta fechas recientes en que dicho municipio paso a denominarse Cillorigo de Liébana.
Antiguamente, Pendes era más conocido como Concejo de Noval.

Es una aldea dedicada a la agricultura de autoconsumo y a la ganadería vacuna.

Era la Albocela del pueblo Vacceo, como se desprende de los escritos del historiador romano Tito Livio. Situada en lo alto de un altozano, domina el puente romano sobre el río Duero. Ya antes de la dominación romana contaba con un potente recinto fortificado.
Los hechos históricos más importantes en los que interviene la ciudad tuvieron lugar en el año 1476, en el marco de las luchas dinásticas por la Corona de Castilla entre la hija del rey Enrique IV, Juana La Beltraneja, y sus partidarios, contra la hermana del monarca catellano y sus seguidores.
En el año 1505 se promulgaron «Las leyes de Toro» que constituyen el precedente directo del derecho actual. Con ellas se eliminaron varios fueros relacionados con los mayorazgos.

La historia del pueblo cuenta que el pueblo viene de otro pueblo situado cerca del río Adaja dicho pueblo se llamaba Booncillo.
Los habitantes de ese pueblo se tuvieron que trasladar a la situación actual debido a una plaga de hormigas que se comia a los habitantes, las casas y cosechas el pueblo se le llamo Dichosillos pero todo el mundo le empezo a llamar Tiñosillos.

En el pequeño núcleo de Río podemos hacer una parada refrescándonos en su fuente y visitando los “pendellos”. Estos son sencillas costrucciones, abiertas, de piedra y cubiertas por tejas de arcilla, bajo los que se ponían a la venta los productos y ganado, guareciéndose de las inclemencias del tiempo.
Río llegó a ser capital municipal hasta 1876, dejando huella de la importancia que adquirió los grandes feriales, celebrados bajos los “pendellos”, que congregaran a muchas gentes más allá de la propia comarca.

Nacida como un asentamiento de pescadores, consiguió el Fuero de San Sebastián de manos del rey Alfonso VIII de Castilla en el año 1204, pero no sólo el Fuero, ya que fue este mismo rey quien la dotó de sus murallas.
La historia posterior no fue muy benigna con esta pequeña ciudad ya que a finales del siglo XVI, en 1597, sufrió un atroz incendio que destruyó gran parte de la villa.
En 1638 tuvo que presenciar el desarrollo de una batalla frente a sus costas entre la armada española y la francesa. Igualmente se vio envuelta en las guerras carlistas y en 1836 fue tomada e incendiada por los absolutistas, a pesar de tantos reveses históricos conserva el plano medieval con todas sus calles fluyendo hacia el puerto y la iglesia gótica de San Salvador.
Hijo ilustre de Getaria fue Juan Sebastián Elcano, el primer marino que dio la vuelta al mundo y que aún vigila las costas de su querida Getaria desde el alma de piedra que le dio el escultor Victorio Macho.
Es difícil escoger un edificio monumental ya que toda la población tiene un aire medieval en sus empinadas callejas. Por destacar algún edificio no se pueden dejar de visitar la torre de Aldamar, la iglesia de San Salvador, la ermita de San Antón, y la iglesia de San Martín.

Como todas las localidades gallegas, cuenta con un importante pasado prehistórico y un esplendoroso momento histórico marcado por la llamada cultura castreña. La dominación romana supuso el fin de la misma y la romanización de esta zona.

Sobre los rios y la fauna cabe decir que su tierra es regada por varios ríos de escaso caudal y que en época de invierno aumentan notablemente su volumen de agua debido a las frecuentes nevadas y lluvias, mientras que en el verano descienden considerablemente.
En lo que se refiere a la vegetación, sus montes están poblados por «carballos» castaños, pinos (especie de la que se repoblaron grandes extensiones de tierra), además de «buxos», «toxais», «breixos», etc., teniendo en las partes inferiores de los valles muy buenas praderas, que son regadas por la abundante agua que poseen.
Tienen además muy buenas tierras para el cultivo de hortalizas, patatas, lechugas, tomates, pimientos, además de centeno, maíz o remolacha

En Rodeiro el recinto estaba amurallado y contaba con dos torres: una la de Homenaje, ligada a la Casa de Camba, y la otra del Arzobispo de Santiago. Estaba rodeada de un foso que el río Rodeiro configuraba a su alrededor.
Delante del edificio, se levanta una bonita fuente de piedra labrada con 4 caños.
Rodeiro cuenta con la iglesia parroquial de San Vicente, de origen románico, conservando algún elemento. También se puede visitar su Museo Municipal y, en los meses de caza se recomienda disfrutar de la gastronomía relacionada con la misma.

En Tosantos cabe destacar la ermita rupestre de la Virgen De La Peña, excavada en la roca. Dentro se venera una imagen románica de la virgen, del siglo XII.

Posee un bonito templo románico dedicado a Santa María. Todavía hoy se pueden apreciar las ruinas de un gran «castro», que dan nombre a la población y que se eleva al noroeste del actual poblado.

La historia, que podemos comprobar documentalmente, comienza a finales del siglo XIV. Hasta entonces era únicamente un conjunto de tierras para el pastoreo. Su entrada en la Historia tiene lugar en el año 1.392, cuando la reina Catalina de Lancaster visita la zona para conocer el lugar exacto donde, según cuenta la tradición, había aparecido enterrada una imagen de la Virgen, a quien, este motivo, se la conoce como Virgen de la Soterraña-. La piadosa reina ordenó construir en ese mismo emplazamiento un santuario en el cual honrar a la Madre de Dios.
El efecto secundario de la construcción del edificio fue el aglutinamiento de población a su alrededor.
En el año 1.395 el rey Enrique III, concedió a su esposa la potestad sobre el lugar y se fijó un pequeño término para la villa.
A finales de 1.399 el santuario se cedió a la Orden de Predicadores de Santo Domingo y se comenzó la construcción de un monasterio.
Siguiendo el camino comenzado por Doña Leonor, durante todo el siglo XV, las reinas de Castilla tuvieron el título de «Señoras de la villa». En el monasterio murió Blanca I de Navarra y en Santa María se encuentra su panteón.

Las formas de vida de los antiguos pobladores del Concello de Oroso no difieren en nada a la de la población del resto de las poblaciones gallegas. Por los restos arqueológicos encontrados los hisotriadores suponen que estos territorios ya es´taban ocupados en el Paleolítico Inferior, 25.000 años a.d
Con el advenimiento del periodo Neolítico aparecen nuevas formas de vida y organización social, cuyos exponentes más significativos son la sedentarización, la agricultura y la domesticación de animales. Los restos arqueológicos que les corresponden son los pertenecientes al conocido fenómeno llamado «Megalítismo». Los vestigios más significativos son las llamadas «mamoas», situadas temporalmente entre los 3.500 e o 1.500 a.d.C.
Con el paso del tiempo, estas comunidades de pobladores se jerarquizan y llegan los enfrentamientos bélicos por el poder político y el consiguiente dominio del territorion.
Finalizada la llamada «Edad del Hierro», se desarrolla la famosa «Cultura Castreña», cuyo comienzo tiene lugar en el siglo VII a.d.C., a finales de la Edad del Bronce, llegando en su desarrollo hasta el siglo V. En estos precisos momentos aparecerá la Romanización, el dominio de los pueblos galaicos por el águila romana.
más información sobre la historia de Oroso

Cultura:

El territorio estuvo habitado por los carpetanos, evitando la romanización de Urda y la posterior entrada de los árabes. Los habitantes del lugar fueron utilizados como soldados durante la Reconquista, por lo cual consiguieron beneficios de los reyes.
Un documento de finales del siglo XVIII afirma que los comienzos del poblado fueron colmeneros. Con la explotación extensiva de las colmenas debió ir la de la caza.
Urda carece de carta de población, pero se la nombra en una concordia habida entre las órdenes de Calatrava y San Juan en 1232, como aldea de Consuegra y perteneciendo, por tanto, a la orden de San Juan. Posteriormente en 1557 se le declara villa separándose de Consuegra.
La localidad es ampliamente conocida en La Mancha y en buena parte de España, debido a su imagen religiosa, el «Cristo de la Vera Cruz» o «Cristo de Urda».

Con su iglesia románica y parroquial de “San Xiao”, del siglo XII, y con un “cruceiro” en su atrio.
En el exterior, se halla una fuente de piedra con abundante agua del monte de A Costa.

Los pueblos que forman el actual municipio de Cillorigo de Liébana aparecen documentados desde la Baja Edad Media; así, Viñón se cita en el año 828; Colio, en el 952; Pumareña, en el 964; Armaño, en el 831, citándose la iglesia de San Juan; Tama, en el año 1204; Bejes, en 1286; el barrio de Casillas, en Ojedo, en el 950; Pendes, en el año 1206 y, Lebeña, en el año 826.
De un primer dominio, que sin duda fue importante en todo el territorio, del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, se fue dando paso en la Baja Edad Media a los linajes locales, cobrando singular importancia el conde don Tello, hijo de Alfonso XI. Colio, Cabañes, Bejes y Pendes, serán de dominio solariego; Viñón, Castro-Cillorigo y San Pedro de Bedoya, de abadengo, Lebeña y el concejo de San Sebastián, abadengo y solariego y, Armaño, solariego, de abadengo y behetría.
Durante la Edad Moderna, los pueblos del municipio fueron población de señorío, pertenecientes al Duque del Infantado, quien administraba justicia en dichos lugares, exceptuando Viñón, Castro-Cillorigo y el Valle de Bedoya, que eran abadengos del obispo de Palencia. A partir del año 1836 y al formarse los municipios, el valle de Cillorigo quedó constituido en el municipio de Castro-Cillorigo, hasta fechas recientes en que ha pasado a denominarse Cillorigo de Liébana.

Unas inscripciones, que aún se conservan, dan testimonio de la alberguería de Pobres Peregrinos y del antiguo hospital que existió en este lugar.

Se cree que esta localidad ya estuvo habitada en época romana, aunque no se tienen documentos escritos ni hallazgos arqueológicos que lo confirmen. Por el contrario, sí es segura su existencia en el periodo visigodo, ya que en el año 675, durante el reinado de Wamba, se celebró el XI Concilio de Toledo, y Tábara quedó incluida dentro de la región astur-leonesa.
Las Crónicas Eclesiásticas afirman que San Froilán fundó el monasterio de San Salvador de Távara por orden del monarca de Alfonso III. Sabemos que este cenobio tuvo una comunidad importante de religiosos de ambos sexos. A finales del siglo IX, el monasterio contó con una escuela de copistas y pintores, los cuales dieron a luz códices tan importantes como el «Beato In Apocalipsim», hoy día en el Archivo Histórico Nacional. Este maravilloso códice conocido como «Códice Tavarense» fue ilustrado por el monje Magio y su discípulo Emeterio. Muy curiosa es la ilustración en la que aparece una miniatura de la torre del monasterio. Emeterio y la religiosa Ende son autores, también del «Beato de Gerona» (975).
Muchos siglos más tarde, en el siglo XVI, el emperador Carlos V creó en 1541 el Marquesado de Távara, título del Reino para concedérselo Bernardino Pimentel y Enrique, señor de Villafáfila mayordomo mayor de los infantes hijos del Emperador.

Los orígenes de esta localidad gallega permanecen envueltos en la indeterminación. Las citas aparecidas en documentos medievales de Burgo do Faro y A Coruña son confusos y no contribuyen a dar una interpretación histórica acertada. Todo ello se debe, en gran medida, a los errores de los historiadores de la antigüedad. Tras el exterminio de la Orden del Temple, el señorío del Burgo pasó a depender de los Señores de Andrade (siglo XIV). La población no olvidó el tiempo de permanenecia templaria y en su recuerdo se mantuvo el nombre de Mariñas dos Frades.
Más recientemente, a principios del año 1809, unos días antes de la batalla de Elviña, entre las tropas inglesas y las napoleónicas, el irlandés Moore ordenó volar el puente de O Burgo para dar tiempo al reembarque de sus tropas hacia Inglaterra.
En sus momentos de esplendor, O Burgo fue una villa fuerte, resguardada de piratas y de los intensos vientos dentro de su estrecha ría. Esa posición privilegiada fue también la «espada de Domocles» para O Burgo, que poco a poco vió como los aluviones fluviales restaban calado a sus aguas y como, por tanto, el comercio marítimo se iba desplazando hacia la vecina A Coruña.
Todos estos hechos hacen de O Burgo una población digna de visita, al ser un reflejo vivo del paso de nuestra historia.

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El nombre de “Caudete” parece derivar de CAPDETUM, contracción que debieron hacer los romanos de Caput Deitanorum o Cabeza de los Deitanos, tribu ibérica del sudeste peninsular. Aunque puede también tener su origen en el término “caput aquae” (cabeza del agua), y que hacía referencia a la condición del municipio de cabeza de cuenca hidrográfica del río Vinalopó.
Caudete fue nudo de comunicaciones e importante asentamiento en época íbera. Por aquí discurrían el mítico Camino de Anibal, antigua vía de comunicación íbero-cartaginesa desde el s. VII a. C., luego llamada Vía Augusta, nombre que recibe a raíz de las reparaciones que se llevaron a cabo bajo el mandato del emperador Augusto, entre el año 8 y 2 a. C.
Caudete fue, más tarde, asentamiento romano, del que todavía quedan vestigios. Restos de villas romanas han sido encontrados en los parajes de El Real y Los Santos.
De origen musulmán son el primigenio emplazamiento de la villa de Caudete y el poblado o alquería de Bogarra, situado al sudeste del término y del que sólo se conserva la base de su torre defensiva, una construcción de planta hexagonal con muros de tapial y argamasa de cal.
Conquistada por las tropas cristianas de Jaime I de Aragón en 1240, Caudete pasa en 1244 a depender de Castilla en virtud del Tratado de Almizra, otorgándole el entonces infante Alfonso X el Sabio a Sancho Sánchez de Mazuelo la posesión del castillo y la plaza de Caudete. En 1256 Mazuelo vende dicha posesión a Gregorio García, hablándose entonces de que Caudete era un poblado habitado mayoritariamente por mudéjares.
Caudete estuvo entre los siglos XIII y XV en medio de las disputas territoriales que enfrentaron a los reinos de Aragón y Castilla, hecho que determinó su importancia estratégica durante todo este periodo.
En 1425 el rey Alfonso V de Aragón agregó la villa y castillo de Caudete al Patrimonio Real, con perpetua prohibición de enajenarla. Este hecho permitió a nuestro municipio gozar de los privilegios otorgados al selecto grupo de villas reales.
Más tarde, Juan II de Aragón, en 1470, integró a Caudete entre las 29 poblaciones del Reino de Valencia con voto en Cortes.
Con motivo de la Guerra de Sucesión en 1707, la localidad fue ocupada por las tropas inglesas que apoyaban al pretendiente a la Corona Archiduque Carlos de Austria. Con el triunfo del Borbón Felipe de Anjou, nuestra villa pierde sus fueros y privilegios y pasa a formar parte de Villena en calidad de aldea por la Real Provisión de septiembre de 1707. Las tierras de Caudete fueron una de las compensaciones que Villena pidió al nuevo rey por haberle apoyado en la guerra.
Recobra nuestra villa su independencia en 1738, gracias a las gestiones del sacerdote Don Luis Golf. En esta fecha queda incorporada al Reino de Murcia. Desde 1833, con la nueva distribución territorial de Javier de Burgos, forma parte de la provincia de Albacete. Hoy es el quinto municipio de la provincia en peso poblacional.

Al pie del monte de Santa Clara y a orillas de la desembocadura del río Urola, se encuentra la villa de Zumaia, fundada en 1347 como Villagrana de Zumaya.
Debe su importancia a la Carta Puebla que le otorga el rey castellano Alfonso XI. Concebida como villa fortificada, sus principales enfrentamientos los mantuvo con su vecina Getaria.
Edificios de interés son hoy día el Museo Zuloaga, antiguo albergue de peregrinos, la Casa-palacio de Olazábal, de estilo renacentista, la casa Ubillos, pero ante todo y sobre todo la iglesia de San Pedro, auténtica joya gótica.

Posee numerosos e importantes yacimientos paleolíticos; varios conjuntos megalíticos y vestigios castreños. Se ha constatado la presencia romana gracias al hallazgo de restos materiales diversos.
Toda su importancia en época prehistórica ha sido recogida en su Museo de Prehistoria y Arqueología.
Durante la Edad Media, concretamente en el siglo XIII, Vilalba formó parte del señorío de Fernando Ruiz de Castro. Más tarde, el monarca Pedro I dona la villa a Fernán Pérez de Andrade o Bo a quien el Trastamara Enrique II otorga el señorío por ayudarle en su lucha contra su hermano Pedro. En el siglo XI los Castro construyen su primer castillo que, con el tiempo, pasaría a ser propiedad de los Andrade. El siglo XIV trae revueltas sociales contra de Nuno Freire de Andrade. Estos sucesos terminaron con el derribo del castillo a manos de los Irmandiños.
Los Reyes Católicos otorgan el Condado de Vilalba a Diego de Andrade quien reconstruye la fortaleza en el siglo XV. Esta acabará en manos de la Casa de Lemos y posteriormente a la Casade Alba. En la actualidad es Parador Nacional.
Durante el siglo XVIII Vilalba fue un importante centro administrativo y comercial, labor que sigue desempeñando en la actualidad.

Se han encontrado restos de asentamientos humanos del período Megalítico.
De la cultura castreña destacan los Castros de Cerdeira y A Medorra.
Existe un miliario que determina que una calzada romana pasaba por la zona.

La Tradición de Villambistia
Cuentan las Leyendas del Camino que un peregrino de no se sabe que siglo, cansado de un duro trayecto comenzado en Redecilla del Camino, bajo un sol de justicia, tuvo síntomas de debilidad unos kilómetros más allá de Belorado.
Cuentan que un ancestral anciano del lugar, al verle en tan precaria situación, le habló de La Tradición de Villambistia, que consiste en remojar por completo tu cabeza en la Fuente del pueblo por la que atraviesa el Camino de Santiago. Ese remojón provoca un despeje absoluto del cansancio en los momentos más difíciles, como los que en ese momento pasaba nuestro peregrino. El peregrino llegó a Santiago, y comentó tal hecho a sus conpañeros peregrinos, que siglo a siglo y de boca en boca, han convertido la Tradición de Villambistia en un ineludible paso por ella si se quiere llegar a Santiago en condiciones.
Se puede visitar la poderosa iglesia de San Esteban, ajada por el paso de los años, pero aún en servicio.
El lugar conserva un tramo del trazado antiguo de la calzada.

Su nombre le viene de un antiguo Hospital de peregrinos, que funcionó hasta finales del siglo XVIII, llamado de la Cruz, la capilla estaba dedicada a San Esteban.

Entre los visigodos parece ser que era costumbre muy arraigada, que se celebrase la elección del nuevo rey en el mismo lugar donde había fallecido el anterior. En Gérticos residía un labriego de reconocida fama, de nombre Wamba ;. También nos cuenta la leyenda que se encontraba haciendo sus labores en el campo cuando le encomendaron semejante responsabilidad. Desde entonces esta villa cambió su nombre por el del nuevo rey: Wamba.
Los siglos X, XI y XII Wamba conoció los mejores momentos de su historia. Por aquí pasó y de ello hay documento que así lo acredita, el obispo Fruminio; pasa a ser una encomienda de los Caballeros Hospitalarios de la Orden se cobijó doña Urraca, esposa de Fernando II de León e hija de Alfonso I de Portugal y también dejaron constancia de su paso como moradores en esta villa la Orden de los Templarios.

Cultura:

El vocablo «Yébenes» es una degeneración del «yebel» árabe, que significa «monte», seguramente ello es debido a que la villa se ubica en el extremo oriental de los Montes de Toledo.
Algunos autores afirman que, en sus orígenes, Los Yébenes fueron dos poblados en torno a una «Venta de los Bienes» de la que derivaría el nombre de «Los Yébenes» cuando se unieron a principios del siglo XIX. Pero ello no es correcto porque el primer asentamiento fue romano, cercano al río Algodor y a unos 5 kilómetros de la población actual. El topónimo viene de «yebel» (monte en árabe) y el plural está determinado por las dos poblaciones, Yébenes de Toledo que pertenecía a Toledo y Yébenes de San Juan, que perteneció a dicha orden. Ambas poblaciones estaban separadas por el camino Real.

No quedan en este municipio vestigios de la Antigüedad, aunque los historiadores suponen que debió estar poblado en la prehistoria, por haber restos en otros lugares de Liébana; que los concanos pudieron ser los habitantes en época prerromana; que los romanos debieron tender por esta localidad la calzada del «Burejo», que partía desde Pisoraca y cruzaba el Puerto de Piedrasluengas.
Este lugar fue objeto de repoblación en época de Alfonso I de Asturias. La primera mención es del año 847, como Pautes. En 947 se cita a la iglesia de San Vicente, que dependía del Monasterio de Santo Toribio. Un conde gobernaba este territorio, recibiendo privilegios reales en 1299 y 1305. En el Becerro de Behetrías (1351) Potes aparece como propiedad de don Tello, hijo de Alfonso XI. Durante la Baja Edad Media, como todo el valle de Liébana, la localidad se vio implicada en la confrontación entre los linajes de Manrique-Castañeda y Mendoza. Juan II, en torno al año 1444, resolvió la cuestión a favor del Marqués de Santillana. Los Mendoza hicieron de Potes la capital de Liébana, y erigieron en la villa una gran torre, llamada del Infantado (siglo XV). De esta misma época son construcciones destacadas como la cercana Torre de Orejón de la Lama y el puente de San Cayetano. De 1468 son las primeras ordenanzas de Potes.
En la Edad Moderna, Potes siguió siendo un lugar de señorío. El Duque del Infantado nombraba a su alcalde. Muchos lugareños emigraron a América, y las riquezas del nuevo continente permitieron la construcción de notables edificios en la villa. Diputados de la provincia de Liébana formaron parte de las Juntas de Puente San Miguel que dieron lugar a la provincia de Cantabria. En 1822, Potes tuvo ayuntamiento propio, siendo cabeza de un partido judicial que abarcaba Potes, Castro y Cillorigo, Cabezón de Liébana, Camaleño, Espinama, Pesaguero, Tresviso y Vega de Liébana. Tres décadas después, pasó a formar parte del partido judicial de San Vicente de la Barquera.
Durante la Guerra Civil, Potes se vio afectada por un incendio provocado por el bando republicano, que destruyó su casco histórico, reconstruido después con los criterios de restauración del autoritarismo. A pesar de ello, su casco antiguo es Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico desde el año 1983.

La Mesa, como población perteneciente al Concejo de Grandas de Salime, cuenta con un rico pasado histórico: cultura de los dólmenes, Edad del Bronce, la extraordinaria cultura castreña y su posterior postergación tras la dominación romana con sus sistemática explotación de los yacimientos auríferos, la introducción del Cristianismo entre sus habitantes y la fundación de algunas villas en el siglo XIII.

Emplazada en el pequeño valle del arroyo Valchano, debe su nombre a una elevación montuosa y próxima que la documentación medieval registra como «Monte ad Boviam», «Monte Bove» o «Monte Boe», topónimo que cabe ya identificar tempranamente en una relación ordenada de límites del territorio diocesano bracarense a mediados del s.VI. Actualmente, y aun siendo accidente geográfico de cierta entidad, solamente recibe denominaciones parciales, perteneciendo en término a distintas poblaciones.
Al contrario de lo que pudiera pensarse, dada la morfología del espacio implicado, existen vestigios de asentamientos castreños en los términos colindantes de Otero de Centenos, Lanseros y Fresno de la Carballeda, destacándose éste último con algunos tramos de muralla, foso colmatado y campo de lajas hincadas, hoy seriamente afectado por el embalse de Valparaiso.
Todo parece indicar que el solar del actual Mombuey fuera ocupado en fecha relativamente tardía. Oscuros orígenes, que los lugareños asocian en modo manifiestamente anacrónico con la «arribada» de los pobladores de una aldea medieval vecina, -S. Martín, 1Km.- despoblado bien localizado, atribuida a razones catastróficas que acabaría por recibir un sobre nombre alusivo a su abandono: San Martin «el yermo», y cuyo término, o al menos una buena parte del mismo, ha perdurado hasta nuestros días como espacio adehesado, algo atípico en la zona (actual Monte de San Martino).
Existen claros indicios que avalan y conceden veracidad a una tradición local que viene de antiguo y que, al margen de relatos legendarios, recoge la pertenencia de Mombuey a la Orden del Temple, presencia y titularidad rubricadas en todo caso con una obra de especial tipología: la esbelta y elegantísima torre románica, una atalaya militar cuya factura parece responder más a la ya consabida ostentación que a razones defensivas, evidentes igualmente, y con la particularidad de haber sido erigida a la vera de un histórico camino.

Se desconoce exactamente quiénes fueron sus primeros habitantes, aunque existen restos de una antigua presencia romana. En los últimos años se han realizado numerosas excavaciones que han desenterrado evidencias de presencia romana en la plazoleta de la Iglesia del Juncal, en la Ermita de Santa Elena y en las minas de Arditurri en Peñas de Aya. En estos yacimientos se han encontrado restos de cerámica, tejas y vidrios y monedas, entre otros objetos. Estas evidencias han llevado a suponer que Irún fue la ciudad vascona de Easo u Oiasso que los geógrafos greco-latinos ubicaban en la costa del territorio vascón, el cual seria el importante puerto romano del Atlántico, junto con el de Burdeos y Londres.
Se puede decir que Irún es la salida natural de Navarra al mar. Aunque Irún está vinculada a Guipúzcoa desde el siglo XIII ha habido varios intentos de reincorporar Irún a Navarra; a la que llegó a retornar durante unos pocos años al principio del siglo XIX.
Un hecho significativo que ocurrió en la historia de Irún fue la Primera batalla de San Marcial, el 30 de junio de 1522, en el que el batallón del pueblo de Irún, el mismo que formaba y evolucionaba en las obligatorias «muestras de armas» forales o Alardes de Armas, más 24 jinetes de Irún, capitaneado por los capitanes bidasotarras, Juan Pérez de Azcue y Miguel de Ambulodi y apoyados además por 200 jinetes de la caballería del Capitán General Don Beltrán de la Cueva, que acantonaba en San Sebastián, a quien los capitanes iruneses hubieron de convencer para que interviniera en una empresa que él veía muy comprometida, venció a las tropas del rey de Navarra, que contaba con apoyo del rey de Francia.
Finalmente, el último hecho bélico en la historia de Irún se dio durante la guerra civil en 1936, exactamente el 2 de septiembre de ese año. En este conflicto quedó destruida gran parte de la ciudad, incendiada por el Ejército Republicano en retirada, y fue tomada la cima del monte de San Marcial. La toma de Irún por las tropas del bando franquista supusieron un duro golpe a la Segunda República, ya que aisló al territorio leal a la República situado en el norte, cortando sus comunicaciones con Francia.

Toda la Historia de Irún

Según la leyenda, los buenos vecinos de la Villa, cuentan por tradición, que el nombre de la Villa, procede de una anécdota ocurrida a Isabel la Católica cuando cabalgaba en dirección a Medina del Campo, y es la siguiente:
«Ocurrió que al llegar a estos parajes la Reina Isabel tuvo que llamar a una de sus doncellas para que le atara el zapato que se le había desatado, dicha doncella tenía por nombre Inés, y le dijo así: “ATA AQUÍ INES” y de la fusión de estas palabras, salió el nombre que se daría en la posterior a este sitio Castellano.”
Sin embargo debe su nombre a los pequeños cerros “Ataquines” que la rodean por el norte y el sur.
Es uno de los los más importantes pueblos de los que integraron el antiguo partido judicial de Olmedo. En la actualidad Ataquines pertenece al partido judicial de Medina del Campo.
Ataquines hasta el año 1420 estaba ubicado a unos 3 Km de la actual situación, el término que confina al Este con el despoblado de San Cristóbal de Matamoros, al Oeste con el de Serranos de Arévalo y San Llorente. Así miso en su término se encuentra el despoblado de Serranos de Nijar, situados entre el Arroyo de la Agudilla y el río Adaja.

La villa de Puerto Real es un municipio gaditano que forma parte de la Mancomunidad de Municipios Bahía de Cádiz.
Si bien su historia empezaría con la fundación por los Reyes Católicos, existen vestigios arqueológicos precedentes, los más antiguos del Neolítico.
Abundan en el término municipal los yacimientos de la época romana, cuando la zona era un importante centro de producción alfarera. Se han encontrado hornos en varias zonas de la ciudad e incluso restos de una villa romana con un mosaico de Baco de enormes dimensiones en el enclave de Puente Melchor. Las ánforas producidas en el actual territorio de Puerto Real servían para transportar vino y salazones a otros lugares del Imperio romano; en Roma, en el Monte Testaccio, se han hallado restos de ánforas producidas en la villa gaditana. Algunos autores sitúan en el actual término de Puerto Real el enclave romano de Portus Gaditanus, cuya localización exacta sigue siendo objeto de debate aún hoy.
La población como tal fue fundada el 18 de junio de 1483 por Carta Puebla de los Reyes Católicos, cuando éstos se encontraban en Córdoba preparando su avance hacia Granada. Su intención era dotar a la Corona de un puerto marítimo en el Golfo de Cádiz, dado que todos los puertos de la región estaban bajo control nobiliario.
Entre los tiempos de decadencia y esplendor cabe destacar la destrucción de gran parte de la villa por los franceses durante la Guerra de la Independencia, las sucesivas epidemias y la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis.
Sobre estos últimos merece la pena contar un hecho curioso: una isla de Puerto Real, llamada Trocadero, da nombre a una plaza de París, precisamente por haber sido el lugar de la victoria de este ejército de la Santa Alianza en su combate contra los constitucionalistas en la batalla del Trocadero. En la actualidad quedan los restos del castillo de San Luis, emplazados justo al norte del actual Puente Carranza.
La población depende en buena medida de la industria, especialmente naval y aeronáutica, y de la agricultura y la pesca. Su centro histórico está declarado Conjunto Histórico Artístico.
Su centro histórico está declarado Conjunto Histórico Artístico y posee el peculiar trazado hipodámico (ortogonal) que los Reyes Católicos, sus fundadores, imprimían a las nuevas ciudades nacidas en el Renacimiento. Es sede de varias facultades de la Universidad de Cádiz y está comunicada por tren, autovía y autopista.

Al igual que su compañero Pasajes de San Juan, forma parte del mayor puerto de Guipúzcoa, conformando un todo, con individualidad propia y un solo Ayuntamiento.
Destaca la Iglesia Parroquial, que está dedicada a San Pedro y en cuyo lateral se encuentra la Erriko Plaza.
La calle de San Pedro contiene diversas plazas tradicionales, entre las que destaca la casa Natal del almirante Blas de Lezo, marinero precoz, perdió diferentes partes de su cuerpo en combates navales, también participó en la defensa de los puertos americanos contra las flota británica. Murió en Cartagena de Indias en el año 1741.

Numerosas son las reseñas históricas que sobre este ayuntamiento nos aparecen en las fuentes: Además de los yacimientos prehistóricos que se conservan en el municipio, existen también numerosos vestigios romanos como la calzada que lo cruzaba, de la que quedan restos en el lugar llamado «Zanca». En la Edad Media aparecen menciones en el inventario donado por los condes de Presaras y sus hijos al monasterio de Sobrado en el año 971.
Relacionada con el ayuntamiento también está la casa Baamonde, fundada en 1428 por D. Pedro de Baamonde en el lugar del mismo nombre y que obtenía rentas de Virís, Bóveda y Carral. En el año 1499, el Obispo dona a Don Ares la casa-fortaleza con todas sus tierras, aldeas y heredades.

Durante la Edad Media, y gran parte de la Moderna, Monterrei tuvo gran influencia en aspectos económicos, políticos y culturales dentro de Galicia y España. Por este motivo, D. Federico Justo Méndez, autor del libro Brotes de Raices Historicas, afirmaba: «los vinos del valle de Monterrei, por su excelente calidad se codearon con los vinos de Oporto, llegando incluso su comercialización a distintas partes de América. Durante la época del V Conde de Monterrey, a quien el Rey Felipe II le concedió el titulo de virrey con el fin de gobernar las nuevas colonias españolas en America, comercializando así los vinos de Monterrei en esas regiones».
Más recientemente, se puede destacar que, a mediados del siglo pasado, Monterrei fue una zona productora de grandes cantidades de vino de buena calidad para esa época. Una buena prueba de esta afirmación son las grandes bodegas que existían en la comarca, con lagares de piedra y grandes cubas de madera de roble.

En la iglesia parroquial de la Asunción, se puede admirar una talla románica de San Indalecio, discípulo de Santiago, al que acompaño en la evangelización Hispana junto con los otros 6 varones apostólicos. Consagrado Obispo evangelizó la comarca de Anca (Villafranca) Sus reliquias se veneran devotamente en la catedral de Jaca.

Este lugar tuvo una relevante importancia en la época medieval, al ser un centro comercial y asistencial, los peregrinos se tomaban un pequeño respiro y reponían fuerzas antes de iniciar el ascenso al Alto de Ligonde.
En el año 820 fue testigo y escenario de una encarnizada batalla entre las tropas Cristianas y Árabes.
A las afueras del pueblo se encuentra una humilde ermita dedicada a Santa María.

Su historia está bastante ignorada. Se supone que tendría asentamientos humanos permanentes en fechas muy tempranas, dadas las especiales condiciones geográficas del lugar (un arroyo y muy cerca no al río Eresma, en un pequeño valle resguardado del frío). Es un pueblo que está en un pequeño valle al resguardo del frío.
Los primeros testimonios escritos datan de la Edad Media, cuando el pueblo recibía el nombre de Santa María de los Huertos, acortándose a su actual nombre a finales del siglo XVI. Perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia.

Aparece citado ya en documentos del siglo XI bajo el nombre de Monte Maneui. Fue cedido al monasterio de Santes Creus en 1242, cesión que fue confirmada por Guillem de Cervera en 1252. Pasó a depender de la corona en 1325. Hasta 1716 perteneció a la veguería de Cervera pasando luego a formar parte del corregimiento de la misma ciudad.
Durante las guerras carlistas, en el área de la Panadella, se produjeron diversos enfrentamientos. En 1837 fueron fusilados 276 soldados por orden del general Rafael Tristany.

Gaceo, que se encuentra a media legua de Salvatierra, pertenecía a su partido judicial. A la localidad de Gaceo le correspondía el ayuntamiento de Iruraiz que dista tres leguas y media de Vitoria. A mediados del siglo XIX contaba con un plano urbano formado por un conjunto de quince casas y, sobre todo, una escuela de primeras letras concurrida por niños y niñas. El correo se recibía de Salvatierra. Gaceo integraba las tierras del señorío del Duque del Infantado. Esta localidad también fue saqueada, por las tropas francesas al retirarse de la batalla de Vitoria, en 1813. Hasta 1965 se conservó, en Gaceo, un curioso pie de crucero gótico llamado el “Mojón del Apostolado” (un prisma de ocho caras mostrando ocho relieves de santos, cinco apóstoles con sus atributos y que fue robado en 1965). Este instrumento señalaba la confluencia de las hermandades y ayuntamientos de Salvatierra, Barrundia e Iruraiz.
Diversos caminos ponían a Gaceo en contacto con las rutas internacionales de peregrinación provenientes de Europa. La propia advocación de la iglesia de Gaceo, a San Martín de Tours, más que probablemente sería una muestra palpable de esta relación. Los peregrinos, tras pasar por Gaceo, solían dirigirse a Ezquerecocha para luego, por Alegría, llegar a Vitoria. En el siglo XVIII esta ruta era conocida como el “Camino de Vitoria para Pamplona”.

La leyenda cuenta que Cale era el nombre de uno de los argonautas griegos que llegó hasta aquí en un viaje que hizo y fundó un enclave comercial.
Se sabe que Cale era un pequeño asentamiento que ya conocían los griegos situado en la orilla izquierda del Duero, cerca de su desembocadura; tenía muy malas condiciones para la navegación por lo que los romanos trasladaron la ciudad a un lugar de mejores condiciones donde se pudiera construir un puerto. Durante las invasiones bárbaras, Cale pasaría a control suevo.
Hacia el 417 los alanos invadieron el territorio de los suevos, empujándolos hasta la orilla derecha del Duero donde hoy se sitúa Oporto. Los alanos, sin embargo, no llegarían a conquistar la villa. Hermerico I, el rey suevo, fortificó un castillo en la colina de Pena Ventosa, construyendo en su interior viviendas para las tropas. A este burgo se le llamó Cale Castrum Novum (castillo nuevo de Cale) adquiriendo la denominación de civitas. En la base de esa colina se situaba Portus Cale (puerto de Cale, actual Ribeira), que dio origen al nombre Portucale, que pasaría a designar también a la ciudad alta a partir de finales del siglo V. Otro castillo, situado en la orilla de Vila Nova de Gaia, quedó como defensa avanzada de Cale. Ambos castillos figuran desde hace siglos en el escudo de armas de Oporto, situados a los lados de la Virgen María, protectora del burgo desde siempre y razón por la que la ciudad también es conocida en Portugal como «ciudad de la Virgen».
Tras la invasión musulmana de la Península, Oporto fue reconquistada y poblada por el Reino de León al que perteneció hasta independizarse, dando lugar al Reino de Portugal. Dicho condado se extendía desde el Miño hasta el Duero. Alfonso VI otorgó este condado a su hija bastarda Teresa, casada con Enrique de Borgoña. El hijo de ambos fue el primer rey independiente de Portugal, Alfonso Henríques.

El concejo tiene gran cantidad de restos tumulares y otros restos materiales como cazoletas, figuras humanas, hachas pulimentadas y metálicas, etc. Todo esto fue encontrado en los túmulos de Chao de Cereixeira, el pico de La Cancela, y en Monte Bornela. También hay restos de estructuras funerarias en la Xorenga y Zarro.
La época castreña también tiene en el concejo sus restos como son: el castro del Chao Samartín, el castro de Pelou o el castro de Valabilleiro, todos ellos con restos de utillaje, como hachas pulimentadas, un hacha de talón de bronce con dos anillas o con una sola anilla. Todos estos castros están enmarcados en lo que era el sector lucense, habitado por pueblos galaicos prerromanos y actualmente están siendo excavados por un equipo arqueológico.
La época romana, afectó a todo este sector, principalmente por la fuerte actividad minera llevada a cabo en esta zona donde hay abundantes yacimientos auríferos. Se conservan evidencias como los túneles excavados en Penafurada para llevar el agua a las explotaciones mineras de Valabilleiro.
Durante la Edad Media se convierte en la última etapa del trayecto asturiano del Camino de Santiago hasta Compostela, siendo lugar de parada obligatoria por su hospital de peregrinos.
De su historia más reciente hay que señalar la construcción del Embalse de Salime. A finales de 1.945 comienzan las obras del embalse, que dejaría completamente anegado el pueblo de Salime, capital del concejo hasta 1.836. Un total de 685 hectáreas fueron inundadas; 1.995 fincas con más de 3.000 parcelas, 25.360 árboles maderables, 13.800 frutales, 14.051 pies de vid, 8 puentes, 5 pequeñas iglesias, 5 cementerios y varias capillas quedaron bajo sus aguas.

Sanabria aparece documentada desde el siglo VII como parroquia sueva y ceca visigoda bajo el nombre de «Senapria». En el siglo X la «Urbs Senabrie» es citada como referente territorial en los primeros diplomas del monasterio de San Martín de Castañeda. La consolidación de este núcleo urbano como cabeza de toda la comarca sanabresa debió producirse a partir del reinado de Alfonso VII, posteriormente Alfonso IX fomentó su desarrollo mediante el otorgamiento de una carta puebla el 1 de septiembre de 1220, inspirada en el Fuero de Benavente. El texto de dicho fuero es conocido a través de un privilegio de Alfonso X (Sevilla, 19 de mayo de 1263) por el que confirma y modifica parcialmente la carta foral de Alfonso IX. Durante el siglo XVII sufrirá la Guerra de Separación de Portugal al estar enclavada en pleno frente de batalla. De igual manera, durante la Guerra de Sucesión ocurrida en España entre los partidarios de Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos, la villa será ocupada por tropas portuguesas siendo recuperada por la Monarquía Hispánica el 24 de diciembre de 1715, de acuerdo a lo acordado en la Paz de Utrecht.

En el paleolítico ya había hombres que habitaban en la cueva de la Ojáncana.
En la edad media ya pasaban por nuestro pueblo de Castillo, peregrinos que iban a Santiago de Compostela, en Castillo había un hospital de peregrinos que se encontraba entre la iglesia de San Pedro y nuestro colegio.
Los de Castillo destacaban como ebanistas doradores. De la época medieval tenemos la torre de Venero que hoy se encuentra restaurada. También en la Edad Media y en estilo gótico tenemos la iglesia de San Pedro Apostol, que tiene una de las portadas más bonitas de Cantabria.
En Castillo hay dos ermitas, la de San Juan y la de San Pantaleón. Podemos encontrar, por otra parte, casas y casonas de los siglos XVII y XVIII, algunas con escudo.

Citado ya en 1208, en 1528 contaba con 9 vecinos; en 1591 figura como privativo del Arcedianato de Olmedo y Obispado de Ávila, aunque dentro de la comunidad de Villa y Tierra de Medina del Campo, y en el nomenclátor de Floridablanca, de 1785, como lugar de realengo. En su término se citan los despoblados de La Mezquina y de Santiago de Olga.
Cuenta una vieja leyenda que durante la invasión de las tropas francesas a principios del siglo XIX, murieron veinte franceses en Medina del Campo, y alguien comentó que había sido gente de un pueblo a dos leguas, por lo que las tropas saquearon San Vicente en vez de Rubí de Bracamonte, que era el que realmente había sido. A tal acto es al que hoy conocen como «La Francesada».

La historia de Cádiz es la propia de una ciudad marcada por su estratégica situación militar y comercial, a caballo entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. La Gadir fenicia, luego Gades romana, fue fundada hacia el 1100 a.C. y es una de las ciudades más antiguas de Europa Occidental. De ella partió Aníbal para la conquista de Italia y el propio Julio César le concedió el título de civitas federata, gozando de gran prosperidad en la época romana y convirtiéndose en la segunda ciudad más poblada del Imperio durante un breve período. Su existencia queda corroborada por las citas de autores como Estrabón, Avieno y Suetonio.
La ciudad fue conquistada por los bizantinos en el año 522, reconquistada por los visigodos en el 620 y de nuevo por las tropas de Tariq Ibn Ziyad en el 711, con la batalla del Guadalete.
El monarca castellano Alfonso X el Sabio, decidido a controlar la Bahía de Cádiz y el norte de África, decide “refundar” la ciudad, tomándola en 1262.
Con la Reconquista se instauran en la Bahía de Cádiz los astilleros reales de la Corona de Castilla y con el comienzo de la era de los descubrimientos es cuando resurge la ciudad. De sus puertos partieron numerosos descubridores, como Cristóbal Colón o Álvar Núñez Cabeza de Vaca, y conquistadores en la época colonial, lo que la enriqueció y posibilitó, siglos después, la creación de una sociedad burguesa gaditana, liberal y revolucionaria. Como ciudad que tuvo el monopolio comercial con América, sede de la Casa de Contratación y Flota de Indias (1717-1790), fue escenario de numerosas batallas navales (Trafalgar, 1805) y de la creación de la primera constitución española en 1812.
En decadencia, después de su implicación en la Guerra de la Independencia y hundida tras la pérdida de Cuba, sin embargo la ciudad no paró de crecer en población (beneficiándose en este sentido del éxodo rural, sobre todo proveniente de La Janda), hasta inicios de los años noventa. Desde entonces, y sobre todo a partir del periodo 1996-2010, alrededor de 20.000 gaditanos han abandonado la ciudad.
En la historia reciente cabe destacar la importancia de la ciudad durante la Guerra Civil como base de apoyo al bando sublevado. Posteriormente, en 1947, destaca la explosión de un polvorín, cuya detonación se oyó al menos hasta una distancia de 120 km. El año 2003 el Ministerio de la Presidencia, le concedió, mediante Real Decreto 1688/2003 una Placa de Honor de la Orden del Mérito Constitucional.
Cádiz es una de las ciudades principales encuadradas en el Área Metropolitana de la Bahía de Cádiz, definida como aglomeración urbana polinuclear formada por Cádiz, Chiclana de la Frontera, Jerez de la Frontera, Puerto Real, El Puerto de Santa María y San Fernando. Tiene una población de 632.249 habitantes (INE 2008), siendo la tercera área metropolitana de Andalucía, tras de las de Sevilla y de Málaga, y la duodécima de España.
No se ha producido el fenómeno de conurbación. El motivo son las barreras geológicas que dividen las localidades, tales como la Sierra de San Cristóbal, las marismas, los ríos o el propio mar. Por tanto, no es un área metropolitana totalmente compacta y construida en todo su territorio.
Su presente se encuentra vinculado a su puerto -especializado en grandes cruceros-, astilleros e industria aeronáutica, así como al turismo y actividades culturales.

La aldea de Igueldo, actualmente un barrio de la ciudad de San Sebastián, fue incluida en el término Jurisdiccional de la referida capital por la Carta Puebla otorgada por el Rey Sancho VI, el Sabio de Navarra, hacia el año 1180.
A pesar de esta dependencia formal, la aldea siempre tuvo Concejo propio y la propiedad y el disfrute de sus montes y términos amojonados.
En la primera mitad del siglo XIX-1845-durante el reinado de Isabel II, se le concedió Ayuntamiento con alcalde, teniente de alcalde y cuatro regidores, pero perdió esta concesión unos años más tarde.

La aldea de Ferreira, como el resto de las entidades poblacionales integrantes del Concejo de Vilalba, compartió avatares históricos, desde las primeras edades de la Prehistoria hasta la actualidad, pasando por la fecunda época medieval y los convulsos acontecimientos políticos de los siglos XIX y XX. .

Los castros de Cerdeira y A Medorra y un miliario de una vía militar romana evidencian el paso y presencia por estas tierras de antiguos pueblos. De hecho existen importantes yacimientos importantes confirman la presencia romana, así como la calzada romana, itinerario del s. XVIII conocido como “Vía nova” de Artúrica Augusta (Astorga) a Bracara Augusta (Braga) que atraviesa la zona. Más adelante, dicha calzada se convierte en Ruta Xacobea, camino medieval de peregrinos y mercaderes que se dirigen a Compostela.

Villafranca Montes de Oca fue antigua sede episcopal de Auca (oca, en latín), trasladada primero a Gamonal y posteriormente a Burgos por Alfonso VI en el siglo XI.
La iglesia parroquial de Santiago es un edificio remodelado, llevado a cabo a finales del siglo XVIII, también tuvo un hospital llamado «El Hospital de la Reina», ya que fue ordenada su construcción por Doña Juana Manuel, esposa de Enrique II de Castilla.
Poco antes de llegar a la población y a la derecha del Camino, se pueden apreciar los restos de la cabecera de un templo prerrománico: San Félix de Oca, lugar donde recibió sepultura el fundador de Burgos el conde Diego Porcelos.
Por el lado del valle (hay que ir expresamente, ya que la ruta se desvía a la derecha) se encuentra la ermita de la Virgen de Oca, lugar donde la tradición cuenta que, junto a un manantial, fue martirizado San Indalecio, discípulo de Santiago

Todavíase conserva un libro de cuentas del que fue un importante Hospital de la Orden de Santiago, también ha sobrevivido el cementerio de peregrinos que era un anexo de dicho hospital. Otro vestigio jacobeo es la finca denominada «Nabal do Hospital.
Se cuenta que el Emperador Carlos V y Felipe II, se detuvieron en esta localidad durante su peregrinación a Santiago.

Las primeras referencias históricas que tenemos sobre su existencia datan de finales del siglo XI. Ya en el siglo XIV, en 1354 Don Juan Alonso de Alburquerque, noble al servicio del rey Pedro I, lo adquiere para sí como señorío.

Este moderno pueblo que se ha remodelado para dar servicio cumplido a todos los peregrinos, cuenta con un casco urbano que sigue intacto y que nos ofrece la hermosa visión de un pozo romano, una ermita que guarda celosamente un bello sepulcro del siglo XIII y su iglesia parroquial en cuya torre se puede admirar una elegante ventana originaria del siglo XI.

Durante la Edad Media, Ezquerecocha formó parte de las localidades que se veían afectadas por la llegada de peregrinos que seguían los caminos jacobeos desde muy diversos y dispares lugares de Europa. El peligro en los caminos se advertía desde el paso de San Adrián. Estos viajeros, provenientes de Salvatierra y Zalduendo tras haber atravesado el puerto de San Adrián, tomaban el camino que, en la actualidad, se dirige por el ramal del ferrocarril de Madrid a Irún para alcanzar las parroquias (luego convertidas en ermitas por efecto del despoblamiento de muchas localidades) de San Juan de Arrarain y la Virgen de Ayala. Antes de salir de Ezquerecocha, encontraban el lugar de “Sojuela” donde se encontraba una ermita dedicada a la Magdalena. Mucho tiempo después, al estar situada esta localidad en el camino de Francia pasaron por ella las tropas en retirada la noche del 21 de junio de 1813 después de la batalla de Vitoria. A través de los libros parroquiales sabemos que el cura de Ezquerecocha explicaba como los franceses se dirigieron a la casa cural y a la iglesia y, rompiendo las puertas, se llevaron lo que encontraron de interés.

En ningún otro lugar de Galicia podemos estudiar los vestigios de nuestros antepasados como en A Guarda. En nuestra ruta por el Castro de de Santa Tecla y el Museo encontraremos las muestras de que la situación privilegiada de estas tierras era ya apreciada desde el Paleolítico hasta la época castreña.
Uno de los posibles orígenes del lugar atribuye su fundacióna una nave maltesa que fue arrojada por la tempestad, episodio que se recoje en el escudo de A Guarda. Durante la época romana, A Guarda era paso de la Vía Per Loca Marítima que llegaba hasta Braga. En la Edad Media, sufrió el acoso de los piratas normandos y sarracenos. Estos últimos, liderados por Almanzor, arrasan la villa en el año 997.
Despues de pertenecer al señorío de los templarios, diversas familias nobles tuvieron el poder de la zona y lucharon entre ellos hasta que el Conde de Trastamara se la cede al Cabildo de Tui. Otro episodio histórico de la villa de A Guarda se produce en el siglo XVII cuando los vecinos refugiados en el castillo de Santa Cruz resiten el ataque de el ejercito portugues.
Durante la ocupación francesa de 1809, su población fue una de las primeras de Galicia en expulsar al enemigo.
En la actualidad, a la riqueza de sus tierras y su pesca, une un gran aumento del turismo proveniente en gran parte del vecino Portugal

Como para el resto de las poblaciones del Concejo, su mayor riqueza reside en su ganadería vacuna.

Esta población fue en su tiempo una encomienda santiaguesa que pertenecía al convento de San Marcos, en León, según hace constar en su libro «De Levante a Santiago» su autora Amparo Sánchez Ribes.

El valle de Meruelo se encuentra en una estratégica zona de paso, a pocos kilómetros del mar, a medio camino entre la bahía de Santander y el estuario del Asón. Ya en la Antigüedad por estos pasajes cruzaban las rutas romanas que enlazaban los puertos que jalonaban la costa. En textos escritos, la villa de Meruelo aparece por primera vez documentada en el año 1085, en el Cartulario de Santa María de Puerto de Santoña. En el Becerro de Behetrías, de 1351, se describe cómo sobre el valle de Meruelo ejercían su jurisdicción los señores de behetría Pedro González de Agüero y los nietos de Martín Muñoz de Castillo, el rey y la abadía de Santa María de Puerto (desde 1156 dependiente de Santa María la Real de Nájera). Asimismo, la Orden de San Juan llegó a ejercer su poder sobre la zona.

Cultura:

Históricamente se desconoce quienes fueron los primeros pobladores de estas tierras de campos, vinos y pinares, pero sí se sabe que fue un lugar destinado a la cacería real; de ahí su nombre. Situado en el extremo sur de la provincia de Valladolid, la llana comarca de Nava del Rey limita al Norte con Tordesillas y al Este con Medina del Campo, jurisdicción a la que perteneció hasta 1559. La Princesa Juana de Castilla fue quien le otorgó el privilegio de su separación de Medina, merced a la debilidad que tenía por los productos de esta tierra, de los que gustaban aprovisionarse los Reyes Católicos para su Real Casa. En esa época, la villa de la Nava era la de más valía y mayor vecindario de la comarca.
Siempre fiel y leal a sus monarcas recibió de éstos muchos honores y gratitudes, siendo siempre objeto de su predilección. Las gentes de Nava del Rey se vieron «libres y exentas de hombres de armas» por Carlos V en reconocimiento a los servicios prestados por los navarreses a la Corona, y Felipe II concedió un blasón a la villa: Las armas y el escudo en el que están representados los reinos de Castilla y León. Y el monarca Alfonso XII le concedió el título de ciudad el 7 de diciembre de 1877, «teniendo en consideración la importancia y desarrollo creciente de la villa de Nava del Rey», según consta en el Real Decreto.

La ciudad de San Fernando (denominada hasta el año 1813 como Villa de la Real Isla de León y llamada coloquialmente como La Isla), es el municipio que colinda con la capital de la provincia por tierra firme.
A pesar de estar habitada desde la Prehistoria, como lo atestiguan los numerosos yacimientos arqueológicos descubiertos en la urbe, no fue hasta la llegada de los fenicios -que construyeron en la Isla Sancti Petri el Templo de Melkart-Hércules e introdujeron actividades tan importantes para la ciudad como la salazón-, cuando se asentó un núcleo de población en la isla. Los romanos establecieron industrias alfareras y construyeron un acueducto sobre el que más tarde se edificó el Puente Zuazo, vía de acceso a San Fernando y, por lo tanto, a Cádiz. En esta época Antípolis (como era conocida) y el Templo de Hércules formaron parte del Conventus Gaditanus, existiendo una pequeña población conocida como Ad Pontem cuya ubicación se ha situado cerca del actual Puente Zuazo, al este de la Isla.
En época árabe se edificó el ribat o Castillo de San Romualdo, en torno al cual creció la futura ciudad de San Fernando. En el año 1264 el rey castellano Alfonso X el Sabio arrebató la región gaditana a los árabes.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, se inicia un periodo de bonanza para la localidad, favorecido por el intercambio comercial con América.
El establecimiento de la Marina fue un hecho decisivo para la ciudad, ya que, debido a la llegada de nuevos pobladores, supuso un importante progreso para la urbe, tanto en lo demográfico como en lo económico y lo cultural. A los militares se debe buena parte de los monumentos isleños: el Real Instituto y Observatorio de la Armada, el Arsenal de la Carraca y el Panteón de Marinos Ilustres, entre otros.
Durante los siglos XVII y XVIII se edificaron otros importantes edificios de la por entonces villa: la imponente Casa Consistorial (una de las más grandes de España), la mayor parte de las iglesias (entre las que destacan la Iglesia Mayor, la Iglesia del Carmen y la Iglesia de San Francisco), el Castillo de Sancti Petri y el Real Teatro de las Cortes.
En el Teatro de las Cortes, por aquel entonces llamado Teatro Cómico, tuvo lugar el acontecimiento más importante de la historia de San Fernando, acaecido a principios del siglo XIX, durante la Guerra de Independencia Española: la redacción de la primera Constitución liberal española y la tercera del mundo, la Constitución Española de 1812. Durante el periodo que va desde septiembre de 1810 hasta febrero de 1811, mientras la Isla de León era sitiada por las tropas napoleónicas y era, junto con Cádiz, el único bastión de la resistencia española frente al invasor, se reunieron en el Teatro de Comedias los diputados que elaboraron el texto constitucional que finalmente se promulgó en Cádiz, y por lo tanto la capitalidad de España se situó en San Fernando. Gracias a este hecho, la localidad obtuvo el título de Ciudad y el nombre de San Fernando, en honor al entonces monarca Fernando VII.
En 1823, a la caída del Trienio Liberal, la ciudad fue invadida por tropas francesas al servicio del absolutista Fernando VII, conocidas como los Cien Mil Hijos de San Luis, permaneciendo hasta 1828. Posteriormente la ciudad fue escenario de acontecimientos relevantes para el conjunto de la nación, como los hechos acaecidos durante la Revolución de 1868 (La Gloriosa), cuando el almirante Juan Bautista Topete se pronunció contra el gobierno de Isabel II, o durante la Primera República, tras la proclamación del Cantón de Cádiz, cuando se produjeron graves enfrentamientos en la localidad entre marinos y republicanos.
El siglo XX comienza con un periodo oscuro para la economía isleña, debido a la crisis de la industria naval, motivada por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este hecho propició el cierre temporal de los astilleros de La Carraca. Además, a la crisis naval se unieron las de las salinas y las almadrabas, actividades que perdieron su anterior importancia y ya no volvieron a recuperarla. Los dos sucesos más importancia para la ciudad en la primera mitad del siglo XX fueron la construcción de la nueva sede de la Capitanía General, en 1917 y el establecimiento en el Arsenal de la Carraca, en 1942, de la Empresa Nacional Bazán.
En la segunda mitad del s. XX y la primera década del XXI el crecimiento demográfico de San Fernando ha sido bastante notable, pasando de los 30.000 habitantes que tenía a principios de siglo hasta los casi 100.000 efectivos con los que cuenta en la actualidad; a pesar de ello la situación económica de la ciudad es mala, debido a la crítica situación del sector naval y a la inexistencia de otras industrias.

Es un pueblo pequeño, pero grande en barrios y sobre todo en historia y arte. Es además uno de los pueblos más antiguos de Guipúzcoa, ya que según las interesantes investigaciones del arqueólogo Onofre Larrumbe, aparece mencionado ya en el año 1027 en los documentos del obispado de Iruña.
Itziar, cobijado a las faldas del monte Andutz, debe ante todo su sobrenombre a una maravillosa talla mariana: La Virgen de Itziar, cuya fama corresponde a los marineros, pescadores y peregrinos del Camino de Santiago.
Esta talla se encuentra en el santuario del mismo nombre, localizada en el retablo del altar principal, es una hermosísima imagen románica del siglo XII y aunque datarla no ha sido precisamente fácil, hay un detalle que la hace particularmente bella y también especialmente sorprendente LA IMAGEN TIENE UNA DULCÍSIMA SONRISA única en el común de las tallas románicas.
Linda es la imagen y más la iglesia que la guarda .El edificio actual está construido sobre el templo primitivo, del cual se pueden aún ver algunos ventanales tapiados.
Del siglo XVI, esta iglesia destaca por el retablo principal ,cuya titular es la citada Virgen de Itziar, es de estilo Plateresco y se atribuye al escultor vasco Araoz, que lo concibió como un libro que narrara los pasajes evangélicos de la vida de la Virgen.
Itziar no sólo tiene un patrimonio artístico de primera magnitud, sino que además es famosa en el mundo de la arqueología por estar situada en ella la Cueva de Ekain, un gran yacimiento del arte rupestre en el País Vasco.
Esta impresionante cueva junto con las de Lascaux, Niaux y Altamira, conforman uno de los santuarios del período Magdaleniense en Europa -15.000-12.000 a.c..El conjunto fue descubierto en 1969 por A.Albizuri y R.Rezábal y estudiado por J.M. Barandiarán.

Según Amparo Sánchez Ribes, autora del libro «De Levante a Santiago», la historia de esta población gira en torno al Monasterio que estuvo en ella asentado. Afirma que, según la tradición, en el siglo IV, La Virgen María se apareció en un juncal. En su honor se edificó una ermitaLlegado el año 955 esta ermita se convierte en una casa monástica gracias al matrimonio formado por Gonzalo Froila y su esposa Ilduara, parientes de San Rosendo. Ya en el año 1150, el monarca castellano Alfonso VII donó este cenobio a la Orden de San Agustín.

Como todas las localidades gallegas, cuenta con un importante pasado prehistórico y un esplendorosa historia marcada por la llamada cultura castreña.<b< La dominación romana supuso el fin de la misma y la romanización de esta zona.

Cultura:

LAZA, Tierra de peliqueiros En este carnaval gallego las estrellas indiscutibles son los peliqueiros, las hormigas, la harina o la morena. Los días que no debes perderte la fiesta: el domingo y martes de carnaval. Todos los que se pasean por Laza sufren las bromas típicas de esta fiesta. Prepárate para llenarte de harina hasta las orejas y para llevarte algún recuerdo animal a casa. Alguna hormiga siempre puede colarse. El domingo comienza la fiesta en serio. A la salida de misa los peliqueiros saludan al pueblo. Este día y el martes serán los únicos en los que podrás verlos por las calles. ¿Quienes son? Son las máscaras típicas de aquí. Se les llama así porque llevan pelica: una piel de perro o de oveja que le cuelga como si fuese una melena. En la cara: el cigarrón, la genuina careta de esta vestimenta. Los peliqueiros van echando harina y hormigas a todo aquel que se cruza en su camino. En la mano cargan con la fusta o zamarra para abrirse camino entre la gente. Es símbolo de autoridad y también sirve para saludar o pegar. Todo este ritual, según la tradición, sirve para parodiar a los recaudadores de impuestos del valle de Monterrei. Los Condes de este valle, en el que están situados Laza y Verín, mandaban a sus cobradores al pueblo y les exigían fuertes tributos.
Los peliqueiros y la morena: Sus reglas son muy estrictas. Un buen peliqueiro no debe hablar, debe caminar a saltos pequeños y bailar constantemente. A cambio el público no podrá tocarlos.

San Bol no es más que una pequeña edificación sobre unas antiguas ruinas, en una zona arbolada con una fuente y una pequeña alberca, el lugar se utiliza como albergue de peregrinos y es uno de los más enigmáticos del camino, por su aislamiento en medio de los páramos castellanos, por su singular belleza y también por su historia.
En San Bol nace un manantial de agua pura y cristalina en el que tradicionalmente los peregrinos se lavaban los pies, cuando no el cuerpo entero y dice la tradición: «que quien así lo hace, a Santiago llega sano».
En otro tiempo existió en este lugar una leprosería (1352) y posteriormente un monasterio de la Orden de San Antonio que contaba con un hospital de peregrinos. Así mismo, existió también una pequeña ermita que estaba situada sobre el Camino de Santiago, y mucho tiempo atrás existió un poblado, probablemente llamado San Baudilio, habitado en su mayor parte por judíos sefarditas. Dicho pueblo quedo abandonado en 1.503, once años después del decreto de expulsión promulgado por los Reyes Católicos. Desde entonces, y hasta hoy, son muchas las leyendas sobre tesoros ocultos que recorren esta región.

El templo da nombre, en gallego, a esta aldea. Románico inicialmente, ha sufrido diversas reformas, pero conserva un importante arco triunfal.

Negreira tal vez fuera «la Nicraria Tamara» romana, lugar de paso de la calzada que desde Caldas de Reis llegaba a Brandomil , lugar en el cual había importantes yacimientos de plata. A finales del s. IX su importancia era considerable y fue entregada como feudo a Santiago de Compostela. En el año 979 fue destruida por los piratas normandos y tendría que esperar al siglo XII para ser reconstruida. Durante el reinado de los Reyes Católicos fue separada de Santiago de Compostela. En esta villa nació el trovador medieval Afonso Eáns do Cotón, mimenbro importante de la corte de Alfonso X el Sabio y maestro de Pero da Ponte.
En el siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, Negreira se puso al lado del pretendiente francés, el futuro Felipe V, quien más tarde la recompensaría con importantes favores.
Muchos siglos más tarde, en el pasado siglo XX, el célebre escritor Ernest Hemingway se acordaría de ella en su novela «Por quién doblan las campanas».

Todos los avatares históricos de este lugar de la provincia de Huesca puede encontrarla si pincha en toda la Historia de Castillo de Castejón

En 1.337 el rey castellano Alfonso XI le otorgó el título de villa quedando anexionados a ella los pueblos de los que aquí se habla más los desaparecidos Arrarain, Garaona y Quilchano. Ejerció la jurisdicción civil y criminal en la zona, conservándose de aquel tiempo una picota en la plaza, próxima a ella hay un antiguo lavadero y una bolera.
Por aquí pasaba el Camino de Santiago que venía de Alegria-Dulantzi y se dirigía hacia Gasteiz.

De la Edad del Bronce se han encontrado relieves y pinturas rupestres en los montes orientados hacia la costa. Hay abundantes restos de castros levantados por los celtas, principalmente, el yacimiento arqueológico de Bouza Fariña, en Mougás, en el cual se encontró un altar de sacrificios que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico de Pontevedra. Y en Viladesuso hubo una villa romana con una ara que actualmente se encuentra en el Museo Diocesano de Tuy.
Sin embargo, la historia de Oya comenzó a girar en torno al Monasterio de Santa María de Oya, fundado por Alfonso VII en 1132 como abadía, siendo su primer abad Pedro de Incio. En 1185 adoptó la reforma cisterciense, sometiéndose a la abadía de Claraval la cual se incorporó en 1547 a la congregación cisterciense de Castilla. Dicho monasterio fue desamortizado y vendido a particulares en 1835, cuando la iglesia del monasterio se convirtió en iglesia parroquial.

Su historia gira en torno al Camino Primitivo de Santiago, que entra en el ayuntamiento por el alto del Acebo atravesando la villa de A Fonsagrada, centro de devoción y visita obligada a la capilla de Santa María, donde existía un albergue y una fuente, cuyo nombre (Fontem Sacra) podría ser el origen del topónimo de «Fonsagrada». Finalmente, la ruta sale del municipio por el pueblo de Paradavella. Su ubicación en la ruta jacobea fundamentó la construcción de un hospital de peregrinos en la aldea de Montouto a mediados del siglo XIV: el Real Hospital de Santiago de Montouto.
El municipio de A Fonsagrada, junto con el de Negueira de Muñiz, formaron parte hasta 1.835 del Concejo de Burón, cuya capitalidad la ostentaba la villa de A Pobra de Burón, fundada en torno al año 1.200.
Hacia mediados del siglo XIV, estas tierras cayeron bajo el dominio de los condes de Trastámara, pasando luego a manos del conde de Altamira (hacia el año 1.480). A lo largo de la historia, los buroneses libraron una gran lucha contra las cargas y tributos que debían pagar, pero los señores feudales aplacaban las revueltas irmandiñas saliendo victoriosos.

Típica localidad de los valles bajos y cercanos a la costa. En la Iglesia de San Vicente Martir destacan los retablos, que aun cuando no conservan la imaginería original, son notables el retablo mayor, de estilo prechurrigueresco del siglo XVII y el que se sitúa en la capilla del lado del Evangelio de estilo rococó.
Güemes posee una historia rica y antigua cobrando especial importancia como paso del camino de Santiago. Todo ello se conserva aun hoy reflejado en el numeroso numero de ermitas, iglesias, monumentos, casonas, palacios , palacetes, escudos

Aniés es una localidad de una belleza geográfica impresionante. Posee «rincones» maravillosos desde los que se dominan unas impresionantes vistas de sus extensos campos cerealistas, de los pueblos que forman la famosa Hoya de Huesca y de las Altas Cinco Villas.. Por ejemplo, la llamada casa del santero cuenta con un mirador desde el que deleitarse con el majestuoso vuelo de los buitres.

Los primeros documentos en los que se vé reflejada la villa de Siete Iglesias son del año 1090 en un recuento de Don Alonso V de los lugares que pertenecen a la sede de Palencia.

La leyenda atribuye la fundación de la ciudad a un caudillo ateniense, Menesteo, que después de la guerra de Troya fundó una ciudad que llevaría su nombre, Puerto de Menesteo. En sus inmediaciones se ha situado la mansio Ad Portus o Portus Gaditanus, citada tanto en los Vasos de Vicarello como en el Itinerario Antonino,. En el año 711 los musulmanes se enfrentaron al ejército visigodo en la Batalla del Guadalete, que supuso la entrada de los árabes en la península. A partir de ese momento, la ciudad pasó a formar parte del territorio musulmán con el nuevo nombre de Alcanatif, que algunos investigadores traducen como Puerto de las Salinas. En 1260, Alfonso X conquista la ciudad a los musulmanes y le cambia el nombre árabe por el de Santa María del Puerto. Más tarde el nombre de la ciudad se cambió por el que se conoce actualmente, es decir, El Puerto de Santa María.
Este hecho es el argumento del texto de la Cantiga de Santa María nº 328, que forma parte del “Cancionero alfonsí de Santa María del Puerto”. El Rey Sabio organizó el repartimiento de las tierras y otorgó la Carta Puebla, pasando a formar parte desde entonces de la Corona de Castilla, como territorio del Reino de Sevilla.
Colón estuvo en El Puerto en 1493 preparando el segundo viaje. Aquí se pertrechó la “Santa María”, propiedad del marino-cartógrafo Juan de la Cosa, que fue piloto de Colón en 1492, y el que en 1500, en El Puerto de Santa María, fecha el primer mapa que incluye América.
Durante los siglos XVI y XVII, El Puerto es invernadero y base de las Galeras Reales y sede de la Capitanía General del Mar Océano
Proclamado rey Felipe V, primer Borbón, la ciudad pide su incorporación a la Corona, lo que sucede en 1729, en que la Corte se traslada a veranear aquí ese año y el siguiente.
Fue cuartel general del ejército francés durante la Guerra de la Independencia, bajo el reinado de José Bonaparte (1810 – 1812).
Con Fernando VII (1814–1833), en el periodo del Trienio Liberal (1820-1823), El Puerto es nuevamente ocupado y tomado como cuartel general por tropas de la Santa Alianza, ejército francés conocido por los “Cien Mil Hijos de San Luis”, al mando del Duque de Angulema, con el fin de acabar con la resistencia liberal refugiada en Cádiz y libertar al rey Fernando VII. Liberado éste, desembarca en la ciudad y deroga la Constitución de 1812, imponiendo de esta forma el poder absoluto de la corona.
Tras un fuerte período de recesión con la pérdida de las últimas colonias de ultramar del imperio español, en el siglo XX se optó por nuevas vías para la expansión económica y para ello se explotó el comercio del vino con prestigiosas bodegas instaladas en la ciudad. Además, se mejoraron las infraestructuras para potenciar el turismo, que ha sido y es su principal fuente de ingresos hasta nuestros días.
Literatos famosos de esta tierra fueron Pedro Muñoz Seca, Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber) y Rafael Alberti, miembro de la Generación del 27.
Atesora un rico patrimonio histórico fruto de su dilatada y rica historia.
Tambien es conocido El Puerto de Santa María como «La Ciudad de los Cien Palacios», aunque el paso del tiempo y la dejadez han provocado que muchos de estos elegantes edificios hayan quedado deteriorados. Producto de la actividad comercial con la América Española o Indias, en los siglos XVII y XVIII se levantaron en la localidad auténticos palacios adaptados a las necesidades de los grandes comerciantes, quienes recibían el nombre de “Cargadores a Indias”.
La ciudad es célebre por sus vinos, incluidos en la Denominación de Origen del Sherry, sus bodegas, historia, gastronomía y excelencias turísticas.
Monumentos visitables: Iglesia Mayor Prioral, Castillo de San Marcos, Convento del Espíritu Santo, casas-palacio de Cargadores a Indias, Casa-Museo de Rafael Alberti, Plaza de Toros y sus bodegas, entre otros.

Fue fundada en 1355 por Don Tello, Señor de Vizcaya, con el nombre de Villaviciosa de Marquina, por su condición de marka, es decir, frontera con Guipúzcoa.
Esta localidad vizcaína se enmarca en el Camino de Santiago, que recorre la costa vasca hasta llegar a Santiago de Compostela.
El hecho de pertenecer a la ruta jacobea ha legado a Markina-Xemein un trazado medieval que aún hoy conserva. Calles paralelas y cantones configuran el urbanismo de esta ciudad, en la que se encuentran bellas muestras arquitectónicas. El estilo gótico-vasco del siglo XVI se puede admirar en las tres naves y potentes columnas de la iglesia de Santa María. Torres como las de los Barroeta o la de Mugartegui aproximan al visitante a palacios renacentistas y barrocos, fruto de un pasado esplendoroso. Llama la atención la ermita de San Miguel de Arretxinaga, de planta hexagonal y con un monumento megalítico en su altar. El cementerio de Markina-Xemein es otra visita obligada, ya que es un excelente ejemplo del pensamiento ilustrado. Su corte neoclásico aúna tanto elementos griegos como egipcios

Desde comienzos de la peregrinación a Santiago de Compostela, fue un lugar muy importante de paso. Su importancia queda confirmada por la existencia de una posada y de un hospital para peregrinos.

Construida en lo que antiguamente fue un castro y en la Edad Media una población amurallada, con una fortaleza de los Castro de Lemos, de la que sólo quedan restos, se supone que el subsuelo de este conjunto histórico esconde vestigios de interés arqueológico. Son numerosos los vestigios arqueológicos con que cuenta el municipio.

De la época prerromana se conserva el tesoro prehistórico de Caldas que es una ara votiva dedicada al dios indígena Edovio, encontrada en la arqueta del manantial termal. Los restos arqueológicos romanos son muy abundantes, aunque las muestras más significativas son los puentes: dos en la zona urbana y dos que si pueden encontrar subiendo por el río. En la Edad Media se construye un elevado número de iglesias románicas relacionadas al Camino Portugués cara a Santiago, en el que Caldas es lugar de paso obligado para los peregrinos procedentes del sur. Dice la historia que por este camino pasó Santo Tomé de Canterbury, a quien si le dedicó el templo que lleva su nombre.
Caldas fue sede episcopal hasta el año 569, en el que esta pasó a Iria.
Es tradición reiterada que Caldas fue cuna de noble linaje al darle cobijo al rey de Castilla Afonso VII, hijo de señora Urraca y de don Raimundo de Borgoña, conde de Galicia.
Al ser declarada villa de reguengo por Felipe II llegaron a Caldas nobles de todas las regiones que si asentaron allí al amparo de las ventajas fiscales.

Son abundantes los restos arqueológicos encontrados en la zona, sobre todo los que se relacionan con la cultura castreña y aquellos que prueban el asentamiento, de los romanos, que llegaron a explotar algunos yacimientos minerales en la parroquia de Retorta. En la época romana, fue una importante vía de penetración desde el sur de la Península y desde Portugal. Contaba con importantes explotaciones de minerales de estaño (Arcucelos) y, se supone, de oro (Camba). Hay, también, restos de Villas romanas, explotaciones agrarias no fortificadas situadas en valles o laderas, enterramientos com elmilenario encontrado en Alberguería.

La hospitalaria villa de las fuentes, de ahí viene el nombre «Hontanas», aún conserva, como vestigio jacobeo, un edificio llamado Mesón de los Franceses» antiguo hospital de peregrinos, hoy magníficamente restaurado y habilitado como albergue de peregrinos.
Su parroquia de la Inmaculada Concepción es una poderosa iglesia del siglo XIV.

No es más que un caserío que queda a la izquierda del camino. Quizás su nombre provenga del himno Jacobeo: «Ave Nostre Jacobus… . «

Históricamente no posee demasiada importancia, aunque en algún documento aparece como lugar de paso del Camino de Santiago. Sí es interesante su historia unida al ferrocarril de Langreo y FEVE.

A pesar de las sucesivas reformas, constituye uno de los monumentos más significativos del arte románico alavés. Se trata de un modelo de iglesia románica, con elementos protogóticos, que tiene planta de cruz latina con amplio crucero, tres capillas asimétricas e independientes y una nave dividida en tres tramos. El crucero pertenece al siglo XIII y se cubre con bóveda de ojivas. El elemento más destacado, por su decoración escultórica, es la puerta principal que se abre en el costado Sur, a la altura del crucero.
Existe constancia del monasterio en el año 1074 y, a partir de ese momento, una sucesión de noticias asegura su pervivencia hasta el siglo XVI. Después desaparecerá el Monasterio y Estíbaliz, con solo el templo como parroquia, conoce tiempos de decadencia y abandono hasta comienzos del siglo XX, cuando la Diputación Foral y el Ayuntamiento de Vitoria aceptan la cesión de parte del Hospital vitoriano de Santiago Apóstol, del que dependía desde el siglo XVI.
Durante el siglo XX se realizan continuamente obras de restauración y mantenimiento en el templo, se edifica un nuevo Monasterio y una Comunidad Benedictina se hace cargo del mismo en 1923.
La imagen de la Virgen es del siglo XII. Ha sufrido, a lo largo de los años, diversos avatares, siendo restaurada tres veces. Remodelada por el escultor Fernández de Viana en 1897. Restaurada en el año 1984. Actualmente se puede apreciar en ella parte de su policromía original.
Estíbaliz era desde el siglo XII, al menos, lugar de reunión de lo que se llamó Cofradía de Arriaga.
La Virgen era llevada en procesión a presidir las Juntas Generales, donde el obispo, la nobleza y los labradores elegían las autoridades civiles y militares.
Nuestra Señora de Estíbaliz es coronada canónicamente en 1923 y nombrada por Pío XII Patrona de Álava en el año 1941.

El pueblo de Caminha se desenvolvió bastante a partir del siglo XII, con base en la pesca y en el comercio tanto fluvial como marítimo, cuando disminuyó la piratería en el litoral. Por la privilegiada situación geográfica, Caminha era un punto avanzado en la estrategia militar portuguesa en la lucha contra castellanos y leoneses, y su piuerto fue de gran importancia hasta mediados del siglo XVI, sirviendo en los días de hoy para la unión por ferry-boat a España, en la costa opuesta. Diversas luchas y conflictos travados en estos parajes, habiendo sido atacada, durante la 2ª Invasión Francesa, en Febrero de 1809, por la tropas de Marechal Soult. La ayuda del pueblo a las pocas tropas del teniente coronel Champalimaud, impidió a los franceses entrar en Caminha. Una defensa que constituyó una página brillante de estrategia militar.
Este pueblo histórico, de calles que respiran historia, por entre casas típicas de dos pisos, y otras, denotando la importancia politica y comercial de la localidad, posee diversos lugares de interés, como la Desembocadura del Rio Miño, que posibilita paisajes bellísimos. De hecho, toda la zona costera del ayuntamiento de Caminha posee playas de gran belleza, extensos arenales y una luminosidad muy propia.

Este pequeño lugar perteneciente a la provincia de Lugo vive de lo que producen sus campos y de su pequeña cabaña ganadera.

La primera referencia a Argoños data del año 942, en relación a un ramal que enlazaba con la vía Agrippa, camino costero de época romana.
Desde el siglo XI el lugar de Argoños estuvo vinculado al monasterio de Santa María de Puerto de Santoña. En 1156 este cenobio pasó a depender del monasterio riojano de Santa María la Real de Nájera, por decisión de Alfonso VII, y con él todas sus propiedades.
Con la formación de los ayuntamientos constitucionales en 1822, Argoños, con sus tres barrios de Ancillo, Cereceda y Santiuste, quedó transformado en municipio.</b<
La primera mitad del siglo XX fue para la población de Argoños una época de notable crecimiento, que se vió interrumpido en las dos décadas posteriores. Veinte años más tarde, entre 1981 y 2001, el crecimiento demográfico en Argoños fue espectacular. Tal es así, que en el año 2003 la localidad tenía 1132 habitantes.
Las principales razones de este comportamiento demográfico residen en el descenso de la natalidad, compensada por el descenso de la mortalidad y la aportación poblacional procedente de los movimientos migratorios, en especial por gentes venidas del País Vasco.

Cultura

El nombre latino de (H)Asta Regia, sin conexión con el nombre actual, se aplica a una antigua ciudad que se encuentra hoy en la pedanía jerezana de Mesas de Asta, unos 11 kms al oeste de Jerez, una mansio documentada de la “Vía Augusta”. El nombre castellano actual viene de la forma árabe Sherish. A Xerez se le añadiría al poco tiempo de la Frontera, al encontrarse en la frontera con el Reino Nazarí de Granada.
Durante los siglos XII y XIII Jerez vivió una etapa de gran desarrollo, construyéndose su sistema defensivo y configurándose el trazado urbanístico del actual casco antiguo. Con la conquista de Sevilla en 1248 por Fernando III el Santo, el área de Sherish quedó sometida bajo una especie de protectorado castellano, entre la zona conquistada y la frontera granadina. En 1264, tras la revuelta de los mudéjares, una campaña militar de Alfonso X el Sabio incorporó definitivamente la ciudad y su reino a la Corona de Castilla, concretamente al Reino de Sevilla. Según el libro de repartimiento de la ciudad, redactado tras la conquista, existían en ella veintiún cascos de bodega y siete mezquitas.
El Descubrimiento de América y la Conquista de Granada, en 1492, facilitaron que Jerez fuera una de las ciudades más prósperas de Andalucía gracias al comercio y su cercanía a los puertos de Sevilla y Cádiz.
Aunque en el siglo XVII la decadencia política, económica y social de la España de los últimos Austrias deja también su huella en la ciudad, esto no impide que durante el siguiente siglo la ciudad continúe con buen ritmo una nueva etapa de modernización y desarrollo. Es a partir de entonces cuando Jerez se hace mundialmente famosa y reconocida por sus vinos y sus numerosas bodegas.
Durante los siglos XIX y XX han nacido y crecido en Jerez artistas de gran prestigio en el cante y guitarra flamencos. En esta ciudad se encuentran actualmente la Cátedra Andaluza de Flamencología y el Centro Andaluz de Flamenco, y se proyecta la construcción de la Ciudad del Flamenco. Por todo ello, Jerez es considerada la cuna de este arte, con gran devoción de aficionados procedentes de diversos países, incluso del Japón.
Tras la crisis bodeguera a comienzos de los noventa, actualmente la ciudad busca diversificar la industria. Un sector económico fomentado con éxito es el turismo, debido a la fuerte identidad de las señas de la ciudad (vino/brandy, flamenco y caballos), el atractivo de los festejos (su inigualable Feria del Caballo en primavera) y al importante patrimonio histórico que posee, además de eventos como el Mundial de Motociclismo.

Es una pequeña aldea que carece de todo servicio, pero tiene una pequeña iglesia rural dedicada a San Ignacio.

Sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Adquirió importancia durante la época romana, gracias a su importancia estratégica por su asentamiento y por ser lugar perfecto de cruce del río Miño. De esos momentos data el origen del famoso Puente Viejo, muy reconstruido, pero emblema de la ciudad.
Durante los siglos medievales tuvo un papel destacado, sobre todo, durante el reino suevo. Repoblada por el monarca Alfonso III, inicia una nueva etapa de desarrollo, que tiene en la construcción de su catedral, su punto culminante. En la construcción de la Seo orensana (siglo XII)intervinieron maestros de diversos países y gustos estilísticos, lo que dotó al edificio de una peculiar personalidad artística
El periodo de finalización de la Edad Media y la entrada en La Edad Moderna supuso para Orense un momento de constantes y violentos enfrentamientos.
En la actualidad, Orense es una pujante ciudad, nudo de comunicaciones y servicios, cuyo potencial industrial está representado en el Parque Tecnológico.

Cultura:

La primera vez que Hernani aparece en un documento escrito es el día 17 de abril de 1014, en una copia del documento de donación que Sancho III de Navarra hace al Monasterio de Leyre «in finibus Ernani ad litus maris» en los confines de Hernani, a la orilla del mar, se trata de un pequeño monasterio bajo la advocación de San Sebastián, origen de la actual capital guipuzcoana. El acta de concesión de la categoría de Villa se quemó en uno de los múltiples incendios sufridos en el municipio, aunque se piensa que puede datar del siglo XII.
Para algunos investigadores la denominación de Hernani, antes que nombre del pueblo, fue un toponímico que designaba a un territorio o
proto-pueblo,
entre los ríos Urumea y Oria y que se extendía entre Arano (Navarra) y acababa en el mar, del que se fueron desprendiendo los nuevos municipios.
Los comienzos de Hernani como núcleo poblacional se encontraban indisolublemente unidos a Navarra políticamente, a nivel religiosos se dirimía una curiosa batalla de preeminencia entre Pamplona y Bayona.
Su economía se basaba en la agricultura, en la ganadería y en la industria del hierro. El puerto era el punto de paetida del ocmercio del trigo y era también astillero.
Hernani representaba el nexo comercial de Navarra con el mar.
No sólo la paz y la prosperidad forman parte de la historia de Hernani. Este territorio fue escenario de numerosas y cruentas batallas durante toda la Edad Moderna. El siglo XIX dejó en este territorio la indeleble huella de las mortíferas acciones del ejército francés de Napoleón.
También sufriría en sus carnes las consecuencias de las Guerras Carlistas.
En las décadas 50 y 60, gracias al aumento de la industrialización, Hernani experimentó una gran emigración, procedente, en su mayoría, de Extremadura y Castilla y León, que fueron creando sus propios barrios en la periferia del casco urbano. Esto suspuso un enorme enriquecimiento cultural debido a la fusión de idiomas y costumbres.

Los romanos también dejaron aquí huellas de su fondo como se manifiesta en los restos arqueológicos encontrados en la zona, y las pruebas de que la explotación de los yacimientos minerales, de los asentamientos o de otros desechos.

Fue un castro celtibérico, posiblemente también romano y posteriormente visigodo, y sin duda su ruinoso castillo fue testigo de toda suerte de batallas entre cristianos y árabes, pero es en el año 1.131 cuando Alfonso VII la hizo definitivamente castellana.
La población se desarrolló en el costado sur del cerro del castillo, y a lo largo del camino, casi un kilómetro y medio de longitud, se levantaron iglesias, hospitales (hasta siete se llegaron a contar a finales de la edad media), mesones y todo tipo de comercios.
Empezando por la Colegiata de Nuestra Señora del Manzano templo románico ampliamente remodelado en el siglo XVIII, continuando con las iglesias de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros y el templo fortaleza de la iglesia de San Juan con su hermoso claustro del siglo XIV, en donde se puede apreciar un artesonado mudéjar, y terminando por el monasterio de Santa Clara situado extramuros, y las evocadoras ruinas del convento de San Francisco podemos decir de Castrojeriz que es una de las localidades del camino con mayor monumentalidad.

Puerto de Somport ( El Summu Portu ), de los romanos o el Puerto de Aspe. Este paso lo utilizaron árabes y romanos, y más tarde los peregrinos del Camino de Santiago. De las cuatro grandes rutas que tomaban los peregrinos jacobeos por el territorio francés, tres se reunían en Ostabat y entraban en territorio español por el puerto de Cisa (Roncesvalles). La cuarta lo hacía por el » Summus Portus «, vía procedente de Arles, donde se fundían los caminos italianos.
Muy cerca se encuentran las ruinas del hospital de Santa Cristina, activo hasta el siglo XV. Tras la expropiación de sus bienes por los calvinistas, fue abandonado por la comunidad en el siglo XVII y sus piedras utilizadas en la construcción de la línea férrea. Según el Codex Calixtino era una de los lugares más emblemáticos y más caritativos.

Perteneciente al Occidente Cántabro, dentro de la Comarca de La Valdáliga, su historia va indisolublemente unida al destino de esta zona.
El Tejo nació como una Eclessia, es decir, su poblamiento se fijó por la concurrencia de algunas gentes que cultivaron las tierras cercanas al pequeño Monasterio que allí se fijó, en el cual conocemos que en los años 1179, el rey de Castilla y león Alfonso VIII, le concedió varias heredades. Aún que da este monasterio una ventana románica con arco de medio punto y algunos canecillos, también románicos, manifestación de aquella arquitectura rural del S. XII. Esta localidad se vinculó a la Orden de San Juan de Acre y así se documenta en 1351 y 1404, al constatarse tal vinculación en el Becerro de las Behetrías.

Cultura

Algunos autores atribuyen la fundación de Abobriga en el año 140 a.C. (primer nombre de Baiona) a Diomedes de Etolia, hijo del príncipe Tideo, fundador de Tui. En esa época, los romanos expulsan de la península ibérica a los cartagineses, pero algunas regiones como Galicia y Lusitania se alzan contra ellos. Para combatir estos levantamientos, Roma envía al cónsul Flavio Serviliano que sitia a los rebeldes de estas tierras en el recinto fortificado de la Erizana. Pero una noche Viriato entra por el mar con su ejército, acorrala a los romanos entre la montaña y la bahía y libera a la población, que horas antes respondiera a las amenazas de Flavio Serviliano de pasarlos a cuchillo de esta forma: «nuestros padres no nos dejaron oro y plata para comprar la libertad, sino hierro para defenderla».
En el año 60 a.C., Julio César llegó a esta Villa con la intención de asaltar con sus tropas las islas Cíes y destruir a los herminios, allí refugiados, que se rindieron ante el bloqueo ordenado por el emperador romano. Posteriormente, en el año 587 es conquistada por el rey visigodo Recaredo. El monarca la anexiona a su reino y decide acuñar una moneda para conmemorar su triunfo. Entre los años 730 y 750, la Villa es dominada por los árabes, que pierden su posesión en beneficio del rey Alfonso I. No sería aquélla la única presencia árabe en esta geografía, puesto que siglos después (en el 997), el rey Almanzor –consciente de la importancia estratégica del lugar y su fortaleza– consigue conquistar la Villa.
Época bajomedieval y principio de la edad moderna
Una de las fechas más significativas en la historia de Baiona es quizá la de 1201, año en que el rey Alfonso IX de León firmó en las islas Cíes una Carta-Puebla por la que otorgaba a Erizana el nombre de Bayona y concedía a sus habitantes importantes fueros y privilegios para el comercio marítimo. De esta manera, dejaba de depender del señorío del monasterio de Oia.
Como quiera que Baiona era valorada como enclave estratégico, sus posibilidades de ser atacada eran elevadas. En 1331, durante la guerra entre los reinos de Castilla y Portugal, fue atacada por la flota dirigida por el almirante portugués Pezaña, lo que provocó en la Villa enormes destrozos. Cuatro décadas más tarde, en 1370, el nuevo rey de Castilla, Fernando I de Portugal, fija su residencia en la fortaleza de Monte Boi, hasta que es derrotado por las tropas castellanas.
Esta época de guerras y pactos arruina a Baiona que no volverá hasta el siglo XV a recibir un nuevo impulso. En 1425, el rey Juan II decide que A Coruña y Baiona sean los únicos puertos gallegos en los que se descarguen las mercancías procedentes del extranjero y, posteriormente, autoriza a este puerto a importar y exportar cualquier clase de mercaduría.
En 1474 es asaltada de manera sangrienta por Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, uno de los personajes más despiadados de la época feudal gallega. Amante de los castillos y fortalezas, Madruga construye en el pico del Monte Boi una Casa-Torre, que aún hoy permanece en pie como parte del actual Parador de Turismo.
Un año más tarde, los habitantes de Baiona toman partido por Alfonso V, rey de Portugal, en su lucha contra los Reyes Católicos. Finalmente, tras un prolongado asedio, el monarca y los baioneses, resguardados en la fortaleza de Monte Boi, deciden rendirse. Aún volvió a intentar cercar sus murallas en 1478 Pedro Madruga, pero se vio obligado a desistir ante las fuerzas reales.
La fecha más señalada de la historia de Baiona es la del 1 de marzo de 1493: ese día arribó a su puerto la Carabela Pinta, comandada por Martín Alonso Pinzón y pilotada por Cristóbal García Sarmiento –natural de esta comarca–. Baiona se convertía así en el primer pueblo de Europa en tener noticia del descubrimiento de América. En 1497, los Reyes Católicos concedieron a los habitantes de Baiona numerosos privilegios y les ordenaron vivir, en previsión de las invasiones extranjeras, dentro del recinto de la fortaleza de Monte Boi, que a partir de entonces tomaría el nombre de Monte Real.
La época moderna
Comenzado el siglo XVI alcanza Baiona gran esplendor: expedía y comunicaba Órdenes Reales, era cabeza de Partido y tenía dominio y señorío sobre los valles de la Louriña y Rosal. Por otra parte, la Villa iba creciendo puerto atrás, pues los habitantes no eran muy partidarios de vivir en la fortaleza. Ese esplendor se ensombrecería años antes de la mitad del siglo, cuando una flota francesa de 56 navíos ataca su puerto (año 1533) y después de que una epidemia menguase considerablemente su población (1540). Antes, en 1512, el marinero baionés Diego Carmona Pérez arribó en Sanlucar de Barrameda con la expedición de Juan Sebastián Elcano, tras haber completado la primera vuelta al mundo. Otro marinero de la Villa, Vasco Gallego, que formaba parte de la tripulación de Magallanes, integrante de la misma expedición, falleció en las islas Molucas.
En 1585 el pirata inglés Francis Drake, al mando de 1500 hombres, ataca la fortaleza, pero la población de la comarca, ordenada por el entonces conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña, le conmina a abandonar la bahía. El propio conde consiguió comprar al rey Felipe II el feudo del Val Miñor, con lo que así pasaba a gobernar a veinte mil vasallos. Después el propio monarca ayudaría con privilegios a la Villa (exención para servir en la Armada Real y creación de una Cátedra de Gramática) y concentraría en la bahía a una Armada de 17000 soldados, con el fin de derrotar a los piratas que merodeaban las costas gallegas.
Los siglos XVII y XVIII fueron también tiempos de asedio constante. Baiona era el puerto principal del sur de Galicia y norte de Portugal y el punto marítimo más difícil de combatir. Se dice que quizás el famoso hundimiento de los galeones en Rande no hubiese ocurrido de haber atracado éstos en la bahía de Baiona, pero los Reyes desatendieron su importancia. A lo que sí llegó a contribuir Baiona fue a la reconquista de Vigo. Los vecinos de la comarca, con la ayuda de batallones portugueses, se zafaron de las tropas del mariscal Soult, que se habían adueñado de Monterreal, frenando así parte de la avanzadilla napoleónica hacia Vigo, la primera ciudad de Galicia que consiguió liberarse del dominio francés.
La época contemporánea
En 1823, Baiona dejó de ejercer su jurisdicción sobre el Val Miñor y su influencia quedó reducida a término municipal. La última vez que funcionaron los cañones de Monterreal fue veinte años después, cuando el general Iriarte intentó sin éxito apoderarse de la fortaleza como etapa de su lucha por mantener el Movimiento Liberal.
En 1859 una Real Orden dispone el fin de Monterreal como fortaleza militar y en 1872 el Estado anuncia su venta en subasta pública. Lo adquiere en 1877 José Elduayen, marqués del Pazo de la Merced. En 1880 Manuel Misa y Bertemati, conde de Baiona, entrega al Ayuntamiento un edificio que funcionará como escuela pública. Su hermano, Ventura Misa, construyó por primera vez una bodega catedral en Jerez de la Frontera, en la que se creó el vino de Jerez, del que se considera inventor.
En 1943 se inaugura el actual consistorio, instalado en la histórica «Casa de Correa», adquirida un año antes por el Ayuntamiento. En 1966 el castillo de Monterreal comienza a prestar servicios como Parador Nacional de Turismo, después de que el Estado lo adquiriese en 1963 a los herederos de Bedriñana.

Es una aldea fundamentalmente ganadera; también se dedica a la agricultura, aunque su carácter es de autoconsumo.

En Galizano podemos admirar la casa de Agustín del Pontón y Calderón de la Barca, diputado general de Trasmiera por la Junta de Ribamontán, que data de la segunda mitad del siglo XVII, junto a una torre de tres pisos; y también en este pueblo destacan la casa de Calderón-Güemes, la casona de Campo Velasco, ambas del mismo siglo, y la casa del maestro de cantería Pedro de la Cuesta, del 1619.
Son de señalar en este pueblo las Escuelas de Galizano instituidas a comienzos del siglo XX, similares a otras proyectadas por Alfredo de la Escalera y Amblard. En el siglo XX comienza a constituirse como uno de los principales exponentes turísticos de la costa cantábrica, con unas excelente playas y una mejora progresiva de las comunicaciones y del sector servicios.

Las partes esenciales del monasterio se edificaron entre los siglos XI y XIV sobre una primitiva iglesia prerrománica. Destaca la cripta dedicada al obispo y mártir San Babil, del siglo XI, la parte más antigua de todo lo conservado. En ella se acumulan inmensas masas de piedra, con fustes de escasa altura y robustos capiteles. El recinto es angosto y cuenta con cuatro naves separadas por arcadas que descansan sobre 11 sólidos capiteles de decoración de estilo primitivo.
Otro de los grandes tesoros del monasterio es la puerta Speciosa, del siglo XII, un perfecto pórtico románico adornado con algunos elementos de la ruta jacobea dispuestos en su arcaico tímpano.

La presencia humana en esta región se remonta hasta el Neolítico y la Edad del Bronce, aunque en sus orígenes los terrenos de las actuales marismas del Bajo Guadalquivir se encontrarían bajo las aguas del llamado Lacus Ligustinus. En época romana se sitúa en una encrucijada de caminos con la calzada denominada Vía Augusta atravesando su término camino de Hispalis, circunstancia que marcaría el futuro de la población.
Muy cerca, en la Sierra de Gibalbín, existen los restos de una ciudad romana y los de varias villas de la misma época, así como los de la torre de un castillo de época medieval en la que son claramente visibles sillares romanos.
Durante la Edad Media, este núcleo de población era conocido como El Cuervo; el propio Alfonso X El Sabio lo menciona en los repartimientos de tierras en el año 1274.
Por su situación en zona de campiña y de grandes haciendas agropecuarias, esta zona demandaba mucho trabajo temporal. Los primeros inmigrantes del pueblo procedían de otras localidades de la comarca, como Algodonales, Arcos de la Frontera, Bornos, Grazalema, Lebrija, etc. Estos inmigrantes trabajaban en los cortijos de la zona y muchos se fueron asentando definitivamente en el pueblo. Es un establecimiento de carácter semiespontáneo, construido por jornaleros y vendimiadores. La mayoría de las edificaciones se levantan sobre pequeñas parcelas agrícolas, con tipologías autoconstruidas (inicialmente chozas).
En la foto: RESTOS DEL CASTILLO ALHOMADE DE LA SIERRA DE GIBALBÍN (TÉRMINO DE JEREZ)

Una pequeña iglesia rural, que desconocemos a quien está dedicada, es todo.

Se sabe que hubo asentamientos prerromanos por los restos encontrados en las poblaciones castrexas y mámoas halladas en A Martiñá, Covas y San Facundo.; sin embargo, la historia de esta localidad discurre íntimamente ligada, desde el siglo XII hasta el siglo XIX, tras las Desamortizaciones, al Monasterio de Oseira, cuando comienza su época histórica más floreciente. Fundado en el año 1137 por monjes del Císter, fue el eje socioecomómico y religioso de estos territorios, llegando a poseer su Abad el título de «Conde de Cea».

Los primeros habitantes de estas tierras nos han dejado su impronta en los abundantes vestigios megalíticos y castreños aproximadamente una veintena de ejemplares, que constituyen el testimonio más antiguo de actividad humana. Posteriormente, los romanos y los visigodos ocuparon estas tierras.

La primera aparición de la Villa en la Historia es en un documento fechado en el año 1.025, con motivo de la donación del Monasterio de San Salvador de Olazábal (Altzo), en él aparecen los topónimos que en el futuro le serán propios a la villa.
Durante el reinado del monarca leonés Alfonso XI (1.185-1.230), la población ya contaba con sus propios Fueros, Usos y Costumbres. Años más tarde, Alfonso X El Sabio, en 1.254, le otorgó el preciado título de Villa, a la vez que dispuso su fortificación, desviando, incluso, el curso del río Oria para convertir a la población en una especie de isla que garantizase su protección.
Este mismo monarca, especialmente interesado en el avance demográfico de la zona, les concedió numerosos privilegios y eximentes tributarios. Bastante antes del año 1.256 la Villa poseía considerable importancia; en el año 1.200, en su Iglesia de Santiago, se reunieron los Procuradores provinciales para tratar el tema de la incorporación de Gipuzkoa a la Corona Castellana.
Entre 1.374 y 1.392 reúne en régimen de vecindad 25 pueblos de los alrededores; esta situación duraría hasta el siglo XVII, momento en que comienzan a desgajarse para configurarse como municipios independientes.
El siglo XV fue especialmente significativo para Tolosa, ya que el monarca Juan II ordenó que todo el comercio realizado entre Nafarroa y los puertos guipuzcoanos pasara por esta villa.

Se han encontrado restos de asentamientos humanos del período Megalítico.
De la cultura castreña destacan los Castros de Cerdeira y A Medorra.
Existe un miliario que determina que una calzada romana pasaba por la zona.
Dice la tradición que en el siglo IV se apareció la Virgen en un juncal (de ahí proviene el nombre de la población) por lo que en ese lugar se levantó una ermita. Entre los siglos VIII a X se erige un Monasterio bajo la advocación de Santa María, y es en 1164 cuando se sabe con certeza que se construye la Iglesia románica.

Itero del Castillo es el último pueblo de la ruta perteneciente a la provincia de Burgos, queda un poco a la derecha del camino. Población ribereña fortificada, que defendía la frontera del Condado de Castilla. De las ruinas de la antigua fortaleza solo queda el torreón o castillo que da nombre al pueblo. La iglesia parroquial es del siglo XVIII y está dedicada a San Cristóbal.
Fue Alfonso VI quien ordenó levantar un puente sobre el río Pisuerga; el Puente de Fitero (Pons Fiterei del Codex Calixtinus), que era el límite entre los reinos de Castilla y León. Un poco antes de llegar a él se encuentra el antiguo Hospital de San Nicolás que perteneció a la Orden de San Juan, hoy restaurado y reconvertido en ermita de San Nicolás y en albergue de peregrinos gracias al empeño de la Confraternitá de San Jacobo de Perugia.

Candanchú era un castillo ( también llamado de Castellar) que se cita en el siglo XIII y del que hoy apenas quedan ruinas. En la actualidad es una de las más antiguas estaciones de esquí de España, situado en un valle limitado por los montes Tobazo, La Tuca Blanca, y la Zapatilla, por cuyas laderas se extienden sus pistas.

En el siglo XX el sistema de comunicaciones era aceptable. Con el regreso de los indianos, sus fortunas acumuladas con años de trabajo ayudan a levantar alguna industria en la zona y como no, la importante arquitectura indiana. E Archivo de Indianos se puede ver en Colombres

Cultura

Tenemos testimonios de la presencia continua de pobladores en nuestro municipio desde antes de la época Castreña, como lo demuestran los numerosos petroglifos que existen y que son anteriores a los castros de Chandebrito y Panxón. Desde esos tiempos hasta nuestros días, el hombre fue dejando huellas de su paso en forma de legado cultural. Edificios y obras religiosas y civiles salpican el municipio y nos dan pistas de las costumbres y usos de sus creadores.

La Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc es un esplendoroso edificio bañado de diversas influencias arquitectónicas que se concibió como gran escaparate de España ante los visitantes extranjeros.
La construcción de la Estación Ferroviaria Internacional de Canfranc se inscribe dentro del proyecto de creación de un paso fronterizo a través de los Pirineos que comunicase España con Francia a través del túnel del Somport. Así, tan sólo se hizo necesario unir mediante el ferrocarril Jaca con Canfranc y abrir el túnel de Somport (finalizado en 1915), situándola en el valle de los Arañones.

Paso a paso, desde sus orígenes, pasando por su etapa castreña, tal vez su período histórico más importante, la Edad Media y su entrada en las Edades Moderna y Contemporánea.
El sector económico más importante es la ganadería de ganado vacuno, productor de leche y primero en importancia. De cerca le siguen la raza rubia gallega, tradicionalmente reservada para carne y el ganado porcino y del ovino.
En cuanto al sector agrícola, se cultiva maíz, patatas, nabos, trigo, centeno y hortalizas. También es una importante fuente de ingresos el aprovechamiento de los recursos forestales, a través de la explotación de madera de pino silvestre.
El desarrollo industrial es escaso y se basa fundamentalmente en las fábricas transformadoras de madera, hierro y aluminio; también hay algunas minas de hierro, zinc y de oro en Mendreiras, parroquia de Martín.
El comercio se localiza en O Cádavo y se centra en restauración y pequeños comercios.

La degradación que había sufrido la Peña con la explotación de las canteras en los años 60 y 70 del siglo pasado, motivó que acercarse hasta ella supusiera un peligro real al haber desaparecido los caminos o encontrarse éstos muy deteriorados y cubiertos de maleza.
Para su acondicionamiento se han efectuado labores de limpieza y desbroce; se han instalado bancos y mesas en las zonas de descanso y un mirador en la cima desde el que se tiene una vista espectacular de la ciudad de Santander y sus alrededores; en la lejanía una fina cinta azul nos delata la presencia del Mar Cantábrico.
En diversos puntos del recorrido y también en la cumbre, se han instalado paneles panorámicos que indican con su nombre los detalles que pueden verse.
Esta senda es sólo el principio; se pretende repoblar las laderas de la Peña con árboles autóctonos e incluso adecuar la zona de las canteras para instalar allí una zona de escalada.

Huelva, ciudad de Andalucía y capital de su provincia, fue punto de encuentro de diversas civilizaciones y culturas. Fruto de los primeros asentamientos recibe el nombre de “Onoba”, y por “Onuba Aestuaria” se la conoce durante la época romana, a la que se debe la mayor parte de su estructura urbana y el gentilicio o nombre que reciben las gentes de Huelva: “Onubenses” Avanzando en el tiempo toma el nombre árabe de “Welba”, del que se deriva el que permanece hasta nuestros días.
Es ciudad de dos ríos, el Iberi (Río Tinto) y el río Odiel. Se considera que el término Iberi (Iberia), que define lo que hoy es la península Ibérica, es exclusivamente griego, si embargo, se cree que la voz “iber” es de origen íbero, ya que era así como este pueblo nombraba a los ríos en general.
En estas tierras se desarrolló una gran cultura gracias al componente indígena, dedicado al pastoreo y la agricultura, y también gracias a sus importantes yacimientos metalúrgicos. Pero por su especial situación marítima, Huelva fue muchas veces invadida y destruida por todos los pueblos guerreros que pasaban por sus costas. Esta es una de las razones por la que no se conserven demasiados vestigios monumentales sobre sus antiguos pobladores.
El reino tartesio desaparece entre los años 530 y 508 adC, cuando los fenicios consiguen un importante dominio en toda la cuenca mediterránea y cortan el comercio de la zona con Grecia, lo cual origina una crisis en la ciudad que hunde la economía y demografía. Pero aún así, la ciudad continúa permanentemente habitada al ser su situación (minas, río, mar) estratégica para nuevos pueblos.
De la época romana quedan pocos vestigios, pero en el año 2000, como consecuencia de unas excavaciones, se encontró una necrópolis que permitió delimitar con mayor definición la antigua ciudad. A partir del siglo VIII el dominio fue árabe, y así hasta que en el siglo XIII (año1.238), momento en que las tropas Cristianas, bajo el mando del Rey Alfonso X (El Sabio), se hacen con el control de este sitio.
Posiblemente uno de los hechos más destacados sea cuando Cristóbal Colón, con un buen número de marineros de la tierra y partiendo de Huelva, fueron protagonistas de una de las gestas más importantes de la historia de la humanidad, como fue el descubrimiento de América en 1.492.

Su origen se confunde con la mitología: el dios Baco la fundó junto al Océano Atlántico. Esta vinculación con el dios romano del vino (el griego Dionisos) continúa en la actual tradición vinícola de la población.
Sin embargo, la fundación de la ciudad, según distintos autores, se atribuye a los fenicios (la llamaron Lepriptza) y a los tartesios (Nebrissa). De estos últimos se han encontrado en la localidad seis “timiaterios de oro” llamados Candeleros o Candelabros de Lebrija, fechados en el siglo VII a. de C., actualmente conservados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Se supone que en sus orígenes Nebrissa fue un puerto del Lacus Ligustinus, bajo cuyas aguas permanecían muchas de las tierras de marismas hoy existentes en el Bajo Guadalquivir.
Su importancia en época de fenicios y romanos (éstos en el siglo I a. de C. la llaman Veneria en alusión a la abundante caza mayor que proporcionaba esta región) se demuestra por el hecho de que acuñó moneda propia, llegando a la categoría de “municipio de derecho latino” bajo dominación romana. Su posición histórica quedaba ubicada en la Vía Augusta, entre Hasta Regia (Mesas de Asta, Jerez) y Ugia (Torres Alocaz).
Tras el oscuro paso de los visigodos, al producirse la invasión de la Península por los árabes en el 711, Lebrija pasó a su poder después de la Batalla del Guadalete y recibió el nombre de Lebri-sah. Tras diversos avatares -fue conquistada por musulmanes y cristianos en dos ocasiones-, finalmente, en 1264, el rey Alfonso X de Castilla la incorporó a la corona de Castilla definitivamente.
Lebrija continúa su antigua tradición vinatera. Las uvas cultivadas en su término pueden ser usadas para hacer “jereces”, pero no los vinos que se críen en él, siendo éstos denominados “Vinos de la Tierra de Lebrija”.
En ella nació Elio Antonio de Nebrija, autor de la Gramática Castellana (1492), primera de una lengua vulgar que se escribió en Europa. Nebrija dedicó este libro famoso a la reina Isabel I de Castilla (la Católica), con el fin de “fijar la lengua” que sería «la compañera del Imperio» que nacería tras la Reconquista de Granada y la llegada de Colón al Nuevo Mundo. Nadie soñaba aún las consecuencias del Descubrimiento de América, pero es como si Nebrija, de algún modo, hubiera intuido que aquella oscura lengua nacida en tierras burgalesas, en el Norte de España, estaba en vías de convertirse en el gran idioma internacional, segundo del planeta, que es hoy el castellano.
Otros personajes ilustres “nebrixanos” son el cantaor Juan Peña “el Lebrijano” o Juan Díaz de Solís, navegante español descubridor del Río de la Plata.
Monumentos importantes: Iglesia Nuestra Señora de La Oliva, Parroquia de Santa María de Jesús, Convento de las Concepcionistas, Iglesia del Castillo, monumento a Elio Antonio de Nebrija o el humedal conocido como Balsa de Melendo.
En la foto: Ayuntamiento de Lebrija.

Habitada desde antiguo, Deba fue fundada por los pobladores de Itziar como población marinera.
Sus habitantes dedicaron durante largo tiempo sus mayores esfuerzos a la pesca de la ballena, pero eran las ferrerías situadas en el río y los arroyos las que dieron consistencia a la economía de la villa.
El comercio de lana y otras especies que llegaban al puerto de Deba también contribuyeron a su auge comercial.
Igual que San Sebastián y Zarautz, también Deba fue elegida por la corte decimonónica como lugar de veraneo.
De su patrimonio hay que destacar el edificio del Ayuntamiento y la iglesia de Santa María la Real, gótica del XIV-XV en la que resalta su portada y su bellísimo claustro.
Dentro de la arquitectura civil, Deba cuenta con varios palacios que, en su mayor parte, tienen su origen en el esplendor económico que la villa vivió en el siglo XVI gracias al transporte naval y a las expediciones balleneras y bacaladeras: Casa Agirre, Casa Aldazabal, Casa Bañez y Torre de Sasiola.

Se sabe que Vallada tuvo una ocupación humana constante desde la época Paleolítica hasta los siglos medievales. Es en la época romana, cuando se piensa que pudo existir una posible habitación en núcleos urbanos, a partir de los restos cerámicos y constructivos hallados en el año 1987. Se trataría de una «villa» de cierta importancia por su amplia cronología y por su situación en una zona de profunda romanización.
Durante el periodo de ocupación musulmana, Vallada parece caer en el olvido y sólo se conservan de ese momento algunos topónimos vigentes en el término municipal, el trazado urbano, que desaparecería tras la Reconquista, y las cerámicas conservadas en el Museo Municipal.
En el año 1244 se sabe que el rey Jaime I pacta, mediante capitulación escrita, con el alcaide musulmán, la permuta del castillo menor de Játiva por la fortaleza mayor al cabo de dos años. A cambio, se quedaba con los castillos de Vallada y Montesa.
Vallada vuelve a aparecer en documentos escritos en el año 1289, cuando el rey Alfonso III de Aragón y I de Valencia, a través de su representante, Bernat de Bellvís, concedía escritura de población a 120 familias de cristianos viejos para repoblar Vallada y Montesa.
Decisivo para los habitantes de Vallada fue el hecho de que el monarca Jaime II otorgara a la reciente Orden Militar de Montesa una escritura
de donación de la villa y castillo del mismo nombre. Así, el destino de Vallada se ligaba inextricablemente al destino de dicha Orden Militar.
Años más tarde, a instancias del segundo Maestre de la Orden, el monarca daba su beneplácito para que el Camino Real pasara por el interior de Vallada, con los consiguientes beneficios económicos.
En el año 1547 el Maestre de la Orden concedía jurisdicción propia a Vallada, gracias a lo cual queda convertida en Villa; su término jurisdiccional propio se le asignó el día 17 de enero del año 1548.
Llegado el siglo XVIII, y con él, la Guerra de Sucesión, las penurias se cernieron sobre Vallada debido al continuo paso de las tropas por su interior y a la obligación del desembolso de fuertes sumas de dinero y alimentos para el mantenimiento del ejército. Terminada esta contienda, aún había de sufrir Vallada otro revés más : los devastadores efectos del terremoto ocurrido el día 23 de marzo del año 1748.
No es fácil derrotar a los valencianos. A pesar de tantos factores en contra, los habitantes de Vallada consiguieron el resurgimiento económico y urbanístico antes del final de esa centuria. Todo ello pese a un nuevo factor en contra : el trazado del Camino Real por el centro del valle.
La segunda mitad del siglo XIX volvió a ser pródiga en catástrofes naturales, pero la voluntad de los valladianos consiguió recuperar el nivel anterior.

Cultura:

El primer dato escrito sobre la Villa data del año 1200 aproximadamente, pues en estos momentos se sabe que se está utilizando el paso de San Adrián, como parte de un camino que, procedente de Alava y del interior, lleva hasta Bidasoa pasando por Yarza. Su carácter de encrucijada de caminos le conferirá una extraordinaria importancia. Junto al puesto de Yarza existirá un señorío con la casa-torre, la ferrería. También se levantarán Dolarea y el Hospital Aguirrezábal, que serán el germen del núcleo de población y de la parroquia.
La historia de esta localidad camina de la mano del mundo del hierro. Desde la Edad Media, Beasáin destaca en el trabajo de este metal, las primeras noticias al respecto las encontramos en las célebres ferrerías de Yarza e Igarzaolea.
Los cambios económicos de esta localidad son consecuencia de la gran actividad mantenida en la industria de transformación siderometalúrgica. La influencia del ferrocarril, los avances en tecnología y la búsqueda de nuevos mercados propicia que se funde en Beasain la primera siderurgia moderna de la provincia en el año 1862. La principal característica de esta factoría es su vocación siderúrgica, evidente por la instalación de los altos hornos de carbón vegetal. Este hecho confluye, ya en el siglo XX, con la construcción de materiales ferroviarios.
El dinamismo y buena salud económica de Beasáin queda reflejada en su vida social.

Restos de ‘castros’ en la vecindad ­Cerdeira, Medorra, Ambía­ y otros indicios ­aras prerromanas de La Siota­ indican que ya los celtas apreciaron vivir en estos lares. En su recuerdo se celebra todos los años la Festa Castrexa.

Antes de entrar en el pueblo se encuentra la ermita de la Piedad del siglo XIII, que conserva una hermosa talla de Santiago Peregrino. Según los habitantes del lugar, también existió un hospital que posteriormente se utilizó como panera.
Poco más que destacar del primer pueblo de la provincia de Palencia, exceptuando la iglesia de San Pedro del siglo XVI, con portada gótica del siglo XIII, y un sencillo Rollo de Justicia

El inicio de la ocupación humana en Ruiloba se remonta a la Prehistoria, pues en las cuevas naturales existentes en la zona se han hallado vestigios que así lo corroboran. De esta forma, en la cueva de Concha, también conocida como cueva de Tijeras, Alcalde del Río descubrió a principios del siglo XX niveles paleolíticos sellados por un conchero austeriense. Estos hallazgos confirman que durante la etapa prehistórica estas cuevas pudieron servir de cobijo para los grupos paleolíticos.
En el periodo romano, la hipotética vía de Agripa, que recorrería la costa a lo largo de toda la región, atravesaría también este municipio, que, además, pudo ser lugar de paso desde las minas de Ruiseñada, en Comillas, hasta el Portus Blendium (Suances).
Este municipio, que recibe su nombre por la denominación fluvial ‘Río de Loba’, perteneció en la Edad Media al valle de Alfoz de Lloredo, uno de los de la Merindad de las Asturias de Santillana. La referencia documental más antigua de este territorio data del siglo XII y se refiere a una donación a la Abadía de Santillana de una herencia de varias posesiones localizadas ‘in Rio de Loba’.

La historia de Villaralbo se encuentra íntimamente unida al río Duero que siempre ha sido fuente de vida y de riqueza pero que también ha contribuido a modificar y esconder las huellas de las diferentes civilizaciones han lo han visto discurrir.
Tres son los asentamientos en torno a los que gira la historia más antigua de Villaralbo: Valcuevo, Los Castros y el yacimiento de El Alba. Aunque en todos ellos podemos encontrar restos de las diferentes civilizaciones que a lo largo de la historia han dejado su impronta por estas tierras, destaca por su importancia el yacimiento del Alba, tanto por lo que se refiere al número y tipología de los restos como por la extensión en la que éstos pueden ser encontrados.
La referencia escrita más antigua sobre Villaralbo data del año 1.116. Se trata de un Privilegio de Dª Urraca en el que hace constar la donación que ésta hizo a la Orden de San Juan.
El S. XIX comenzó con la defensa de Zamora ante las tropas napoleónicas en 1808 en la que participaron vecinos de toda la comarca. Débil y mal organizada no supuso contratiempo alguno para las tropas francesas. En 1836 Villaralbo procedió a la limpieza y profundización de sus aceñas y estuvo en proyecto su ampliación, no llevándose a cabo, principalmente, por diferencias entre los vecinos.
El siglo se cierra con una nueva referencia a Villaralbo esta vez en la Guía Sinóptico Geográfica de la Diócesis de Zamora de F. Gómez Carabias en la que de nuevo realiza una particular visión de las características de la localidad.

Vigo y su comarca estuvieron poblados desde tiempos antiguos. Hasta el momento no se localizo ningún asentamiento paleolítico, aunque se han localizado piezas que se remontan a la Edad de Piedra, son un medio centenar de útiles tallados en cuarzo. La mayor parte de estas piezas prehistóricas se encuentran en la colección del Museo Municipal de Castrelos.
En Vigo, el proceso de romanización fue muy intenso en la ciudad. Las evidencias arqueológicas indican una importante actividad portuaria y comercial en el litoral vigués desde el siglo II a.C., desenvolviéndose un progresivo proceso de romanización, consolidado durante el siglo I d.C., una vez conquistado el territorio y establecida la paz romana.
El proceso de romanización duró cerca de seiscientos años de los que quedaron relevantes vestigios investigados en numerosas excavaciones arqueológicas: villas (villae), esparcidas por todo el litoral (Alcabre, Toralla…), restos de instalaciones portuarias, calles, instalaciones industriales (salinas y factorías de salazón), necrópolis, restos hundidos, además de una intensa romanización de los poblados castreños del término municipal.
Con la propagación del cristianismo, durante la Edad Media la Iglesia dominó la sociedad gallega. Vigo dependió durante mucho tiempo del Monasterio de Santa María de Melón (Orense).
A pesar de los habituales ataques de los corsarios, la villa de Vigo fue creciendo durante a Edad Moderna. Consiguió importancia la actividad artesanal y el comercio pesquero, siendo el gremio más relevante el de mareantes. Algunos documentos reflejan en esta época la importancia que tenía la pesca de la sardina. En 1573 se firmó la primera ordenanza que regulaba la pesca en la Ría de Vigo.
Como otros muchos lugares de España, Vigo fue ocupado por el ejército francés de Napoleón Bonaparte en 1809. La resistencia popular a esta invasión provocó un levantamiento dirigido por los militares Pablo Morillo y Bernardo González del Valle Cachamuíña que terminó con un asalto a las murallas y con la expulsión del ejército napoleónico. Este episodio motivo la concesión a Vigo del título de ciudad Fiel, Leal y Valerosa.
El primer tercio del Siglo XX el puerto de Vigo quedó asociado con la imagen de miles de gallegos que se embarcaron rumbo a América.
La Guerra Civil apenas se notará en Vigo, en donde apenas hubo resistencia al golpe de estado franquista y solamente tuvo lugar la batalla de Vigo durante un periodo de 10 días, que abarcó del 18 de julio al 28 de julio de 1936. No sucedió así en Lavadores, donde existió más resistencia al golpe militar.
En las décadas de 1960 y 1970 Vigo sufrió un crecimiento urbano acelerado y a veces desordenado, motivado por el desenvolvimiento industrial. La oferta laboral atrajo numerosa inmigración de las zonas rurales de Galicia, especialmente de la provincia de Orense, que arraigaron en barrios tan populares hoy como Teis, Coia y en el Calvario.

Los primeros restos de población permanente en esta zona del Pirineo se remontan al Eneolítico (3000 a. C.) pues hay varios dólmenes que rodean la villa y se han encontrado en la Cueva de Las Güixas restos de cerámica e incluso monedas romanas que hablan de su utilización permanente como vivienda y refugio hasta el siglo IV d.c.
En la localidad también se han hallado restos romanos, que se asocian al paso de la Vía del Summo Porto por el municipio, cuyo trazado coincide, además, con el itinerario del Camino de Santiago. Para defender la vía romana de la incursión de enemigos procedentes de la vertiente norte, entre los siglos VII y VIII se creó el Señorío de Aruej.
A principios del siglo XX, Villanúa alcanzó su máxima población, superando el millar de habitantes. Dos hechos explican este incremento poblacional. Por un lado, hay que destacar que los primeros años de 1900 coincidió con el máximo desarrollo de la actividad agropecuaria y, por otro y más importante, con las obras del ferrocarril del Canfranc.

Como en tantas otras pequeñas aldeas de esta región, lo único destacable de Pradeda es la ermita de Los Remedios, de sencilla y típica construcción.

Esta localidad contiene un moderno templo, dedicado a Nuestra Sra. del Rosario y edificado hacia 1824 gracias a los dineros aportados por Don Juan Francisco López del Diestro, natural de esta población, emigrante a la ciudad mejicana de Veracruz y benefactor de la Escuela de Primeras Letras afincada en la población de Santa Cruz de Bezana.

Su iglesia parroquial de las Mercedes destaca sobre el paisaje por estar situada en un alto.

En época púnico-turdetana se la conoce con el nombre de Cvnbaria, topónimo que aparece acuñado en las monedas que emite esta ciudad entre los siglos II y I a. de C. El general cartaginés Aníbal ordenó construir numerosas torres que se mantuvieron durante toda la colonización romana (Turris Hannibalis), siendo heredadas por los árabes, que cambian su nombre por el de Atalayas de Montúfar. El actual responde a su situación orográfica sobre una serie de pequeños cerros o “cabezos” conquistados por la Orden Militar de San Juan de Jerusalén.
Es famosa sobre todo porque aquí proclamó el entonces Teniente Coronel Rafael del Riego la “Constitución de 1812” el día 1 de enero de 1820, contra la política absolutista de Fernando VII, dando lugar al primer período de monarquía constitucional de la historia de España, el llamado Trienio Liberal (1820-1823).
La localidad sigue conservando en buena medida la morfología almendrada que ha tenido históricamente, con largas manzanas orientadas aproximadamente de norte a sur.
Monumentos importantes: Iglesia de San Juan Bautista, Ermita de San Roque y Capilla de Jesús Cautivo. Destaca también su importante Complejo Endorreico.
Foto: Las Cabezas de San Juan, Plaza de la Constitución

Tiene su origen, en la decisión de varios caseríos de agruparse para formar un solo municipio. Esta pequeña puebla, situada en territorio de la anteiglesia de Lumo, mantuvo durante largo tiempo una enconada rivalidad con esta última villa.
En 1366, Don Tello, conde Vizcaya y hermanastro del rey Pedro I el Cruel de Castilla, la fundó como villa y le otorgó el Fuero de Logroño. En el siglo XV se convirtió por su ubicación geográfica en el lugar de reunión de las Juntas de Vizcaya, que eran las Asambleas representativas de los pueblos de la zona. Allí juraban defender las libertades y discutían de los asuntos de su tierra, resolvían los conflictos entre los pueblos, elegían diputados generales cada dos años y decidían en materia de impuestos. Estas reuniones se llevaban a cabo en una ermita, que tenía frente a sí un hermoso roble. Con el paso del tiempo, el roble devino el famoso Árbol de Gernika y la humilde ermita se transformó en la iglesia juradera de Ntra. Sra. de la Antigua.
Las Juntas desaparecieron en 1877, para reaparecer con el Estatuto de Autonomía en 1979.
Poco a poco fue creciendo por su importancia simbólica y por su situación estratégica y de privilegio en el valle del río Oca.
Al ser un importante nudo de comunicaciones y punto de reunión de los diferentes caminos de Santiago que venían por la costa, junto con los marítimos que desembarcaban en Bermeo, hizo que se convirtiera en la capital comercial de la comarca y, ante todo, en el centro político de Vizcaya.
El mundo volverá los ojos hacia Guernica el 26 de abril de 1937, cuando un bombardeo de la aviación alemana, durante la Guerra Civil Española, destruya la ciudad. Este hecho la haría formar parte de la Historia más reciente, pero también de la Historia del Arte mundial, al ser representado este suceso por el pintor Picasso en su cuadro titulado Guernica.
Del patrimonio artístico de la ciudad que se libró del bombardeo, caben destacarse la iglesia gótica de Santa María con una hermosa portada gótica a la que se accede por una escalinata. El templo comenzó a edificarse en estilo gótico, se continuó durante el Renacimiento y se terminó con su espadaña en pleno siglo XVIII. El palacio de Montefuerte, casa-palacio con fábrica de sillería y totalmente reconstruido en el siglo XVIII. En la actualidad acoge el Museo de Euskal Herría. Por último, el convento de Santa Clara, cuyos orígenes datan de 1422, pero cuya construcción es del año 1880.
Cerca de Guernica se encuentran las Cuevas de Santimamiñe mundialmente conocidas por sus pinturas rupestres del Paleolítico, que desarrollan escenas de caza. Próximo a estas cuevas se alza un magnífico castillo reconstruido en el siglo XIX por la emperatriz Eugenia de Montijo, que vivió en él durante un tiempo.

El topónimo Benetússer tiene origen en la cultura árabe. En el año 1240 el municipio aparece en el «Llibre del Repartiment», código que recogía con gran minuciosidad el reparto de tierras tras la conquista de Jaime I.
La forma en que aparece es «Benitúzem», composición de Beni- (plural de Ibn = hijo de) y Túzem (antiguo topónimo de Túnez).
El origen de esta villa como alquería musulmana “de los hijos o descendientes de Túzem” está confirmado igualmente por la cerámica encontrada durante las excavaciones arqueológicas de 1987 en la plaza de la Iglesia. Es una cerámica bellísima que presenta una combinación de verde y manganeso. Está datada en la segunda mitad del siglo X, durante el Califato de la dinastía Omeya, época en la que se imitaba la inigualable decoración cordobesa.
Tras la Reconquista y la inclusión de estos territorios en el sistema feudal, Benetússer pasó a ser repoblado por familias originarias de Cataluña, Aragón y Montpellier (Francia). Los Giner de Rabassa, por ejemplo, eran los señores feudales del municipio en 1351, aunque el linaje derivó en 1412, en la familia señorial de los Rabassa de Perellós.
En esta época se construyó la Iglesia, que era templo parroquial y capilla de palacio.
Finalizando el siglo XIX, en 1884, la hija de los marqueses de Dos Aguas y señores de Benetússer, doña Sofía Dais Puigmoltó, se casó con el conde de Berbedel, y el matrimonio heredó el palacio de Benetússer, con todas sus posesiones y tierras. El edificio fue derribado en 1934.

Cultura:

Desde el Neolítico, los prados altos de Zegama estuvieron poblados por grupos humanos dedicados al pastoreo;los túmulos y los dólmenes son testigos de su cultura funeraria.
Es posible que, ya desde la Prehistoria, el paso natural de Otzaurte fuera utilizado como comunicación entre la vertiente mediterránea con los territorios cantábricos. Aunque de forma aislada, también se han encontrado restos de época romana, lo que sostiene la teoría de que Otzaurte fuera una vía utilizada por los romanos.
Ya en los siglos medievales, Zegama aparece como colación o universidad en un documento del 12 de junio de 1384, por el cual se anexionaba a Segura junto a Zerain, Idiazabal, Ormaiztegi y Mutiloa. Juan I de Castilla en 1387 y Enrique III en 1393 ratificaron dicha incorporación. Esta unión tuvo lugar en plena pugna entre navarros y guipuzcoanos por la situación estratégica de Zegama. Asimismo, la guerra de los parientes mayores hizo necesaria la unión de los pequeños núcleos para su autodefensa.
En 1401 se forma la Parzonería de Alzania integrada por las poblaciones de Zegama, Zerain, Idiazábal y Segura, para el común aprovechamiento, explotación y conservación de las zonas de montaña, de primordial importancia para la alimentación del ganado y la obtención de la leña con la cual hacer el carbón que movía las ferrerías.
Zegama hizo suyo el escudo de los señores del palacio de Jaureguía, los Ladrón de Guevara, que ostentaron el patronato de su iglesia hasta el año 1495.
El rey Felipe III concedió a Zegama el título de «villa de por sí» el día 4 de febrero de 1615. Pero la concesión no era gratuita y los vecinos tuvieron que abonar 85.615 reales para obtener su independencia. Tras la obtención de este título, su representante tomó asiento en las Juntas Provinciales y formó Concejo Municipal separado de Segura.
A partir de 1637 quedó asociada a Zerain, Mutiloa, Ormaiztegi, Astigarreta y Gudugarreta, en la llamada «Unión de Cegama», cuyo objetivo era unificar su representación ante las Juntas de la Provincia. Esta colaboración duró aproximadamente un siglo.
El paso de San Adrián es protagonista de uno de los capítulos más importantes de la historia de Zegama.
Un túnel horada la roca por el collado Lizarrete entre las sierras de Aizkorri y Alzania, en la antigua Calzada Real, perteneciente al Camino de Santiago, que enlazaba la comarca del Goierri con Zalduendo, ya en tierras de Araba; por lo tanto era la vía de comunicación entre Castilla y Europa. Según la tradición oral, los romanos eligieron este lugar para su progresiva penetración en las dos mesetas.
En su interior han aparecido diversas monedas de los siglos XI y XII lo que confirma que fue un lugar de tránsito durante los siglos medievales. Desde la incorporación de Guipúzcoa a Castilla en el año 1200, esta vía fue la alternativa al paso de Otzaurte dominado por los navarros.
El Papa Nicolás IV otorgó en 1290 indulgencias a favor de los peregrinos, transeúntes y pobres que visitasen en el día de su festividad la iglesia del hospital de San Adrián de Zegama.
La gruta de San Adrián hacía las veces de fortaleza, por lo que contaba con vigilancia permanente y un alcaide al frente.
Aproximadamente a tan sólo 500 mts. del túnel de San Adrián, en el antiguo camino a Castilla, estaba la ermita de Santi Espíritu, junto a la que puede que hubiera un asentamiento templario. En el año 1503 el Papa Julio II le otorgó el título de priorato, fundación medieval, otorgada a los lugares situados en el Camino de Santiago, generalmente donde antes se hubiera establecido alguna orden de caballería. Se sabe que en 1512 este priorato tenía hospital para peregrinos, quemado por las llamas poco después. El Prior de la ermita era uno de los beneficiarios de la parroquia de Segura, de la que dependía Zegama.
En la actualidad, Zegama se proyecta al exterior como una población de primer orden. Su extraordinario patrimonio natural, un sector terciario en crecimiento y el dinamismo industrial de su red de pequeñas y medianas empresas, son los elementos en los que se apoya esta población de cara al futuro.

Yacimientos arqueológicos importantes ­Orense, Meire­ señalan tambien a los romanos como amantes de estas tierras. Lo corrobora la calzada romana ­itinerario 18 de Antonino o ‘Vía Nova’­ de Astúrica Augusta (Astorga) a Bracara Augusta (Braga) que nos cruza. Luego se convertiría en Camino Medieval usado por los peregrinos que se dirigian a Compostela -Ruta Jacobea- y por mercaderes; cuando las naves que transportaban la plata de las Indias Occidentales empezaron a usar el puerto de Bayona la Real para escapar de los buques piratas que las asaltaban, la ruta sirvió de enlace

Por el este se entra en Boadilla del Camino donde se encuentra una curiosa fuente en la que para extraer el agua es preciso hacer girar una rueda metálica en forma de timón de barco, no hay peregrino que no se refresque en su pilón o que no descanse entre las piedras que la guarnecen. Pero lo más conocido y emblemático es su bellísimo rollo Jurisdiccional o de justicia, adornado con motivos góticos y platerescos de claro sabor jacobeo. Junto al «Rollo» se juzgaba a los reos, y amarrados a él, eran ajusticiados.
También hay que hacer especial mención a su iglesia de Santa María Monumento Nacional de tres naves, casi tan ancha como larga. Mucho arte alberga en su interior, además de una pila bautismal del siglo XIII.

Tiene un gran patrimonio monumental, con descubrimientos que datan ya de la edad jurásica como son las huellas de dinosaurios encontradas en los acantilados de la Vega.

La alquería musulmana de Silla fue entregada en donación por el rey Jaime I en el año 1233 a la Orden Militar de San Juan del Hospital, siendo el Gran Maestre Hugo de Fullaquer, el cual se haría célebre por conquistar la torre musulmana, que actuaba como centro neurálgico de la zona. Él mismo otorgó el 31 de octubre del año 1243 la primera Carta Puebla a esta localidad. La repoblación se llevó a cabo con gentes extranjeras que establecieron aquí su casa y trabajaron sus tierras.
Tras la expulsión general decretada en 1248 contra los musulmanes que habitaban en Valencia, será el «castellano» de Amposta, perteneciente a la Orden Hospitalaria, Pedro de Alcalá, quien conceda la Segunda Carta Puebla para Silla.

Los primeros villalpandinos, hacia el 350 antes de Cristo, fueron celtas de origen indogermánico. El diccionario de Simón y Montaner no duda en identificar Villalpando con Intercacia. Ciudad doblemente amurallada en la época visigótica (200 a.C.), y en la dominación romana (400 d.C.). Despoblada por Alfonso VII, fue repoblada por Fernando II en 1170.
En 1179 fue dotada de fuero en el que se incluían privilegios y exenciones destinados a fomentar la población.
Al igual que otras villas presenta la unión de dos elementos, el recinto amurallado y los arrabales. El recinto tenía como núcleo originario el Castillo. Una doble muralla circundaba la Villa.
A partir de 1297 se celebraba un mercado por privilegio de Fernando IV.
En 1369 Enrique II de Trastámara premia al capitán Arnao de Solier por sus servicios en la lucha por el trono de Castilla y le concede la villa de Villalpando, pasando ésta de ser Real a ser Señorío de la Casa de Velasco

El personaje histórico por antonomasia de Soutomaior, Pedro Madruga, podría tener una trayectoria mucho más rica si se confirmase la vertiente de varios investigadores gallegos, que apuntan a que sería la identidad de Cristóbal Colón. Esta tesis fue iniciada por García de la Riega a finales del siglo XIX.
Los argumentos están basados en la reinterpretación de la firma del navegante, formada por una siglas que coinciden con el árbol genealógico de Pedro Madruga. Además, también hay un texto del crosnista Francesillo de Zúñica que, en el siglo XVI, menciona a Diego de Sotomayor (hijo de Pedro Madruga) como descendiente de Cristobal Colón, descubridor de América. Otros de los argumentos presentados son la falta de conocimiento del italiano, supuesto origen que se le ha atribuido hasta ahora, y las maneras portuguesas, muy similares a las gallegas, con las que se presentó ante los Reyes Católicos en su momento.
Otra de las bazas con las que se juega para apuntar al origen gallego de Colón es el escudo, en el que puso cinco anclas indicando que no era el primer almirante de su familia, (cada ancla significa un almirante). Esto concordaría con el hecho de que la única familia gallega con cinco marinos de esta graduación era la de Sotomayor.

Es una población fundada en el siglo XII, que conserva recuerdos Jacobeos: restos de la vieja calzada, las ruinas de la iglesia románica de Santa Juliana (reformada en el siglo XVI) del mesón molino y de un puente de peregrinos. Si a la salida del pueblo nos desviamos hacia el valle de Garcipollera veremos la Ermita románica de Santa Isabel. Siguiendo el camino a Jaca encontraremos el puente de Torrijos (se acaba de construir uno paralelo al antiguo); la calzada antigua discurre por la derecha y pasa al lado del puente medieval de Grajos y la ermita de San Cristóbal.

Se sabe que en esta localidad hubo una comunidad franciscana, fundada en el año 1457, que se dedicaba al cuidado de los peregrinos.
Lo realmente destacable de Vilabade es su preciosa Iglesia Parroquial de estilo gótico, con la parte exterior porticada, y reformada en el siglo XVII.
En su interior se puede apreciar un espléndido retablo, y adosado a la misma se halla el Pazo de Abraira – Arana de fachada blasonada y hoy dedicado a turismo rural.

En el siglo XVII el concejo de Laredo comprendía, además del casco urbano, los barrios de Mellante, Pereda, Salviejo, Seña, Serna, Tarrueza y Valmejor, extendiéndose su jurisdicción a Ampuero, Cereceda, Hoz de Marrón, Oriñón y Udalla. En la siguiente centuria, la jurisdicción de Laredo se redujo con la emancipación de Ampuero y Seña y la limitación de las prerrogativas que la villa tenía sobre Guriezo y Liendo. Más allá del casco urbano, seguían bajo su gobierno Tarrueza y la Junta de Parayas ..

Pequeña aldea que se sitúa en la misma N-120.
Tiene un sencillo templo dedicado a la Asunción, y también destaca una casona con grandes balconadas.

Dentro del término municipal de Utrera se han encontrado numerosos restos arqueológicos: ídolos, hachas, puntas de flecha, cerámicas, así como diversos utensilios de piedra que reflejan la presencia del hombre desde tiempos prehistóricos. Es destacable el hallazgo de monumentos funerarios de la cultura megalítica, que tuvo lugar entre el Neolítico y el Eneolítico, extendiéndose hasta la Edad del Bronce —circa 2500 a. C.— y la Edad del Hierro —circa 800 a. C.—.
Hay vestigios de un intenso comercio en la zona durante el período prerromano. Los hallazgos más significativos son de origen fenicio, tartésico y turdetano.
De época romana son los primeros datos escritos sobre la existencia de poblaciones importantes en la zona. Estrabón, en el libro III de su Geografía, relata: “La poblaron soldados del César que fueron eméritos y veteranos”.
Su intensa romanización queda confirmada por los diversos monumentos y asentamientos, necrópolis y demás vestigios que dicha cultura dejó en su término municipal.
Por el “Puente de La Alcantarilla”, de época romana, transcurría la “Vía Augusta” camino de Hispalis. En su término hay abundantes asentamientos de dicha cultura. Asimismo, en Torres Alocaz (perteneciente a su municipio), se ha querido localizar la mansio romana Ugia, que formaba parte del trazado de la citada vía de comunicación.
Se han encontrado restos de sepulturas visigóticas de la época paleocristiana, como demuestran las lápidas y terracotas, los anagramas de Cristo presentes en los enterramientos, así como los símbolos del Antiguo Testamento y las leyendas alusivas a la escatología cristiana.
No existen muchos datos en torno a la Utrera islámica, pero la vaga presencia de la población en los libros de repartimiento de Sevilla denota que no existió una presencia árabe importante. Hay que señalar que los restos arqueológicos indican que existía una mezquita en el lugar donde actualmente se levanta la Iglesia de Santa María de la Mesa.
Los primeros datos de Utrera con rigor histórico se encuentran a partir de la Reconquista cristiana. En 1253, Alfonso X lleva a cabo el repartimiento de las tierras conquistadas en la provincia de Sevilla. A lo largo de los siglos XIII, XIV y XV, la ciudad toma un papel destacado como punto militar estratégico en la defensa de la frontera entre el territorio musulmán y el cristiano.
La población de Utrera tiene su origen en las repoblaciones que se llevaron a cabo durante el siglo XIII, cuando se asentó en la zona una importante colonia musulmana y judía. Tras la conquista de las tierras por Fernando III, a muchas de las familias musulmanas de la zona se les permitió permanecer como mudéjares y continuaron habitando el lugar, dedicándose fundamentalmente a la agricultura y a otros oficios manuales. Se tienen noticias de la existencia de asentamientos de gitanos en la localidad desde el siglo XV. Este grupo ha permanecido desde entonces y en la actualidad la comunidad gitana de Utrera constituye un colectivo plenamente integrado en la sociedad utrerana.
El reinado de Felipe II marcó el punto álgido de la bonanza económica de la localidad. En 1570, Utrera era la primera población del reino de Sevilla después de la capital.
En 1649, la peste bubónica afectó con virulencia a la población de la ciudad. Esta epidemia y los problemas generalizados derivados de la política de los Austrias menores marcaron el fin del auge económico vivido por Utrera durante el siglo anterior.
A lo largo del reinado de Carlos III, entre 1759 y 1788, se puso un especial interés en la repoblación de la comarca y se llevaron a cabo importantes trabajos para mejorar las infraestructuras del pueblo.
Durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas ocuparon Utrera. Este hecho causó gran perjuicio tanto a la población como a su arquitectura, dejando a la villa en una difícil situación. Obtuvo la consideración de ciudad en 1877, durante el reinado de Alfonso XII.
Históricamente, la localidad de Utrera ha tenido un papel importante como nudo de comunicaciones. Esto se debe a que, además de estar bien comunicada por carretera, era el enlace ferroviario entre las ciudades de Sevilla, Cádiz y Málaga. Gracias a esto, la ciudad mantuvo un importante número de empleos fijos en el sector ferroviario. Tras la remodelación del trazado viario, este enlace ha sido trasladado a la cercana ciudad de Dos Hermanas.
En cuanto a la agricultura, es el olivar su mayor riqueza, teniendo una variedad de mesa llamada «gordal», de gran fama, y que se recolecta manualmente en otoño. El término municipal de Utrera abarca unas 67.687 hectáreas, de las cuales 8.465 eran de regadío según los datos del año 2007, número que anualmente sigue creciendo. Además, mantiene su producción tradicional de olivar, girasol, cereal, legumbre, tubérculo, hortaliza, cítrico, algodón y remolacha.
Personajes utreranos importantes son: Rodrigo Caro, poeta, historiador, arqueólogo y abogado utrerano, coetáneo del Siglo de Oro; los dramaturgos hermanos Álvarez Quintero; El Abate Marchena, ilustrado afrancesado; los cantaores Fernanda y Bernarda de Utrera, entre otros.

Inscripción romana AVGVSTVS PONTEM en el Puente de Las Alcantarillas

De tradición ferrera y torre fuerte nos encontramos a Elejalde, primitivo núcleo de la anteiglesia de Santo Tomás de Arrazua. Este templo tiene tres naves casi a la misma altura, repartidas en tres tramos, con un interesante coro alto a los pies del templo y torre en esa misma dirección. De la cubierta sólo conserva el presbiterio. La torre y el pórtico son del siglo XVII. Muy interesante para comprender el estilo de vida de estas zonas es la casa cural, construcción propia de los pequeños núcleos de las anteiglesias vizcaínas.

El Monasterio de Sobrado dos Monxes no sólo es el punto de origen y el referente histórico del municipio en el que se sitúa, sino también ha tenido mucho que ver con la historia de la comarca a la que pertenece.
La historia de este Monasterio se puede dividir en diferentes etapas, debido a los cambios políticos y sociales que tuvieron lugar a lo largo de los diez siglos de su existencia.
Fundado en el año 952, por orden de los condes de Présaras como monasterio familiar, donándole su patrimonio, tenía carácter dúplice: una sección para los hombres y otra para las mujeres de la familia. Esta iniciativa responde a la corriente de repoblación propiciada por los reinos cristianos del norte que intentaban garantizar su supervivencia y contrarrestar el poderío islámico del sur.

Salvatierra nació en el año 1256 cuando el rey castellano Alfonso X el sabio paseaba por estas tierras y observó que la aldea estaba situada en un estratégico punto geográfico; una inmensa llanada en medio de las montañas y de las principales vías de comunicación. Alfonso X fundó sobre la pequeña aldea de Agurain una nueva villa, a la que llamó Salvatierra, dándole el fuero de población. Toda ella se amuralló, y ser le concedió el derecho a celebrar un mercado semanal, que hoy, desde entonces, se sigue celebrando cada martes.
Una fecha destacada y trágica fue el año 1564 en el que la peste hizo estragos entre la población, y en el que se produjo un incendio que arrasó casi por completo la villa. No se sabe a ciencia cierta, pero cabe la posibilidad que el incendio fuera provocado para acabar con la peste, aunque tuvo peores consecuencias.
Después del incendio la villa tuvo que reconstruirse casi en su totalidad, y de ahí surgió el pueblo que vemos hoy en día.
Hoy, en el inicio del siglo XXI, podemos hablar de Agurain, una ciudad que sin olvidar las raíces rurales de la vieja Hagurahin, ni la trayectoria histórica de Salvatierra, establece un espacio de encuentro, y de relación, un modelo cultural basado en valores de convivencia y de respeto.

La situación y los recursos de esta zona originan problemas jurisdiccionales ya desde mediados del siglo XII. El monasterio de Celanova ejerció durante mucho tiempo su dominio sobre varios pueblos. También ejercieron su jurisdicción, civil y militar, los condes de Ribadavia.
Posteriormente, la jurisdicción de Entrimo promovió un pleito cuya resolución puso fin al dominio y patronato de Celanova, y también es de suponer que la de los demás señores, pasando a realengo.

Antes de entrar en el núcleo de población, lo primero que encuentra el peregrino es la ermita de Santiago también llamada del Otero.
La iglesia de San Martín de Frómista, perteneciente al monasterio del mismo nombre, que un incendio destruyó en el siglo XV; es sin duda uno de los edificios más bellos y más significativos del románico Europeo.
Frente al monumento a San Telmo, patrón de los navegantes que nació en esta ciudad, se encuentra la iglesia parroquial del siglo XV de San Pedro, que junto a la antigua fortaleza de Santa María del Castillo, completa el conjunto monumental de una villa que también es conocida como: «La ciudad del Milagro».
«El mayordomo del Hospital de San Martín, excomulgado por no haber devuelto a su tiempo el préstamo que había tomado de un judío para realizar reparaciones en el albergue y con olvido de la pena eclesiástica que aún le pesaba, pese a haber saldado la cuenta, se acercó a comulgar quedándose la Hostia pegada en la patena, que se dejó desde entonces, 1453, en un relicario a la veneración de los fieles». (Texto: Pablo Arribas. Guía Adeco-Camino)
Varios hospitales, además del de San Martín, tuvo Frómista. El Hospital de Santiago, que ocupaba el solar donde ahora se encuentra el Ayuntamiento, el de los Romeros y el Hospital de los Palmeros, que es el único que aún se conserva, aunque transformado en hostería desde 1971.

Sus monumentos mas destacados son, La Casa Palacio de Los Condes de la Vega del Sella y el Torreón de Aguilar de San Jorge, ambos del Siglo XVII-XVIII.

El 9 de octubre del año 1238 nacía el Reino de Valencia, quedando repartdo en Gobernaciones. La Font De La Figuera quedaba adscrita a la Gobernación del Xúquer (1244-1707) cuya capitalidad se encontraba en la ciudad de Játiva. Durante el proceso de la Reconquista fué frontera con los reinos de Taifas de «Al-xarq-Al-Andalus» para ser más tarde un anexo de dicho termino, limitando con los términos de Capdet o » Caudete Valenciano», como era conocido entonces, el Xúquer y frontera entre el Reino de Castilla y el Reino de Valencia.
Tras el matrimonio de los Reyes Católicos, el reino de Levante será testigo cercano de muchos cambios políticos. Entre ellos, el descubrimiento de América, la expulsión de los judíos y el acceso de un valenciano al solio pontificio : Alejandro Borja.
El siglo XVII, traerá a la zona levantina, como al resto del país, el decreto de expulsión de la población musulmana. Esta desastrosa decisión política sería la causante de una acusada decadencia económica.
El siglo XVIII trae a la Font de la Figuera un periodo de resurgimiento por su situación de proximidad a Játiva, capital de cuatro provincias.
El primer tercio del siglo XIX, con la reorganización administrativa del Ministro Javier de Burgos, convierte a esta localidad en parte integrante de la provincia de Jàtiva convirtiéndose en su límite occidental.

Si bien se desconoce su origen, al estar situado en la calzada romana de Astorga a Cesaraugusta, es posible que la zona ya hubiese estado habitada en dicha epoca.
A partir de la repoblacion tras la reconquista de estas tierras por las tropas cristianas, se cita a San Esteban del Molar.
En el Convento de Santa Cruz de Villalobos se lee que ya en 1384 existia San Esteban del Molar.
La denominacion de la localidad se debe a la existencia de un molino, debido a la riqueza harinera de estas tierras, conocidas como Tierra del Pan.

El origen del topónimo de Jaca aparece vinculado a un pueblo prerromano denominado «Iaccetano». La etapa histórica más conocida se remonta, sin embargo, a cuando el Conde Aznar se apoderó de la ciudad y de sus tierras, durante la segunda mitad del siglo IX, nombrándose Conde de Aragón. Posteriormente el primer rey aragonés, Ramiro I la convirtió en 1054 en capital de su nuevo reino. Durante ese siglo Jaca vivió una de sus épocas de máximo esplendor: en 1077 Sancho Ramírez otorgó a la ciudad su célebre Fuero, trasladó la sede episcopal desde Sasave hasta Jaca y acuñó en ella la primera moneda de oro aragonesa, los mancusos.
Fue durante estos años cuando también se construyó su catedral dedicada a San Pedro y cuando se convirtió en etapa clave para los peregrinos que se dirigían a Santiago siguiendo la ruta jacobea.
Jaca conserva abundantes restos de su pasado medieval, con importantes construcciones.

Durante la Edad Media, Castroverde fue el feudo de la Casa de Lemos hasta que la familia Altamira compró esta villa, fortaleza y tierras en el siglo XVI. La prueba es el antiguo castillo de la villa, erigido en el siglo XV sobre las ruinas del viejo castro que dio nombre a la zona. Fortaleza y residencia señorial, conserva esculpidos en sus muros los roeles de los Altamira.
Castroverde fue lugar de paso en la ruta jacobea durante los siglos medievales como queda demostrado por la existencia de una escritura del siglo XVI en la que encontramos una referencia de un hospital de peregrinos.
El hecho histórico más famoso fue el conocido como Hito del Monte Cubeiro, en él Don Silo derrotó a una coalición de nobles gallegos que se atrevieron a sublevarse contra su soberanía.
Las parroquias que actualmente constituyen este municipio pertenecieron a tres jurisdicciones diferentes: Castroverde (señorío del Conde de Altamira, compartido con el Cabildo de Lugo, los Osorio y los Pardo en algunas feligresías), Monte Cubeiro (del convento de Santo Domingo de Lugo) y Picato (del Marqués de Castelar).cercana a nuestra época nos habla del fusilamiento de dos carlistas en el año 1836.

Larrabezua

Antiguamente se la conocía más por Ibeas del Camino que por el nombre actual.
La iglesia de San Martín queda algo alejada de la ruta. En la actualidad por su proximidad con los yacimientos de Atapuerca, cuanta con el Aula Arqueológica de Emilio Aguirre www.atapuerca.net donde se pueden apreciar algunos restos encontrados en Atapuerca.
Desde Ibeas parten también algunas visitas guiadas a los yacimientos.

Su estructura probablemente sea renacentista y ha sido reforzada en épocas recientes.. Junto a él hay una casa , Zubiaulde, que nos ofrece en su escudo de armas una imagen idealizada del aspecto de este renombrado puente en el siglo XVI. Cercano al puente se encuentra un núcleo urbano, la anteiglesia de Arbatzegi, que conserva la iglesia de San Vicente de Arbatzegi, diseñada en 1851 por Mariano José de Laruskain en estilo neoclásico. En la actualidad conserva original su torre, de forma prismático-cuadrangular y diseñada por Fray Marcos de Santa Teresa en 1725. Más interesante para nosotros los romeros es la imagen de Santiago peregrino en la ermita de Santiago de Aldaka, bella figura con todos los símbolos santiaguistas, salvo el bordón que ha perdido.
GERRIKAITZ.-
Se fundó como villa en 1366 bajo el nombre de Munditibar. Esta población forma un solo municipio con la anteiglesia de Arbatzegi. La principal ocupación desde antiguo de esta villa eran las ferrerías dadas las buenas condiciones de explotación de las aguas del río.Los elementos arquitectónicos de su núcleo urbano son las torres fuerte de Kantokoa y Txikitone y la iglesia de
Santa María con su torre parroquial.
Afectada por un incendio fue reconstruída por los vecinos,encargándose la reedificación de nueva planta al arquitecto Hermenegildo de Belaunzarán,
que se decantó por el estilo neoclásico en varios de sus elementos.

La cueva de Cualventi (Oreña-Caborredondo) fue identificada en el siglo XIX y fue publicada en 1877 con el nombre de Cueva de Oreña o Royales por Augusto González de Linares y J. Calderón. Las primeras excavaciones se realizaron en 1976. En aquella y sucesivas campañas arqueológicas se ido descubriendo restos que van desde la Prehistoria a la Edad Media. Entre los hallazgos más llamativos se cuenta un bastón de mando decorado con el perfil de un ciervo así como diversos testimonios de arte paleolítico localizados en una sala del interior. Fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica en 1985.