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Vía de Bayona

Etapa

3

Cultura

Hernani

La primera vez que Hernani aparece en un documento escrito es el día 17 de abril de 1014, en una copia del documento de donación que Sancho III de Navarra hace al Monasterio de Leyre «in finibus Ernani ad litus maris» en los confines de Hernani, a la orilla del mar, se trata de un pequeño monasterio bajo la advocación de San Sebastián, origen de la actual capital guipuzcoana. El acta de concesión de la categoría de Villa se quemó en uno de los múltiples incendios sufridos en el municipio, aunque se piensa que puede datar del siglo XII.
Para algunos investigadores la denominación de Hernani, antes que nombre del pueblo, fue un toponímico que designaba a un territorio o
proto-pueblo,
entre los ríos Urumea y Oria y que se extendía entre Arano (Navarra) y acababa en el mar, del que se fueron desprendiendo los nuevos municipios.
Los comienzos de Hernani como núcleo poblacional se encontraban indisolublemente unidos a Navarra políticamente, a nivel religiosos se dirimía una curiosa batalla de preeminencia entre Pamplona y Bayona.
Su economía se basaba en la agricultura, en la ganadería y en la industria del hierro. El puerto era el punto de paetida del ocmercio del trigo y era también astillero.
Hernani representaba el nexo comercial de Navarra con el mar.
No sólo la paz y la prosperidad forman parte de la historia de Hernani. Este territorio fue escenario de numerosas y cruentas batallas durante toda la Edad Moderna. El siglo XIX dejó en este territorio la indeleble huella de las mortíferas acciones del ejército francés de Napoleón.
También sufriría en sus carnes las consecuencias de las Guerras Carlistas.
En las décadas 50 y 60, gracias al aumento de la industrialización, Hernani experimentó una gran emigración, procedente, en su mayoría, de Extremadura y Castilla y León, que fueron creando sus propios barrios en la periferia del casco urbano. Esto suspuso un enorme enriquecimiento cultural debido a la fusión de idiomas y costumbres.

Urnieta

El testimonio más antiguo que poseemos en Urnieta es la cueva de Marizulo. El año 1961, D. Manuel Laborde explora esta cueva situada debajo del caserío del mismo
nombre y ya citada por Gorosabel en su Diccionario-Descriptivo.
Está ubicada en la parte meridional del monte conocido por Pardaki´ko Arkaitzak (peñas de Pardaki). La cueva está a 200 m. sobre el nivel del mar y tiene varias entradas orientadas al sur, obstruidas en parte por peñascos, árboles y maleza.
La sospecha de que pudiera estar habitada se ve refrendada con la aparición de restos humanos en excavaciones posteriores, realizadas entre los años 1962 y 1963 por D. Manuel Laborde, D. Miguel de Barandiarán, D. Tomás de Atauri y D. Jesús Altuna.
En los montes de Urnieta, tenemos algunos monumentos megalíticos: cromlechs, dólmenes y un túmulo, todos ellos reconocidos y catalogados por D. Luis Peña Basurto.

Andoain

Antiguamente existían dos poblaciones: Leizaur, situada en la confluencia de los ríos Oria y Leizarán, y Andoain, nombre que prevalecerá desde el siglo XIV, localizada en las faldas del Buruntza.
De los siglos XII, XIII y XIV datan las casas torres, residencia y propiedad de ciertas familias que, aparte de la explotación agrícola y ganadera, ejercían el oficio de defender el territorio contra posibles incursiones de enemigos. Situadas en posición estratégica, Andoain contaba con las casas torres de Izturitzaga, Leizaur, hoy conocida por Jauregi, Berrozpe, Bazkardo y Sagarmendi.
Hasta febrero de 1615 la localidad se mantuvo anexionada a Tolosa o San Sebastián. Es en este año cuando logra constituirse en villa con la jurisdicción civil y criminal que concede el rey don Felipe III, previo pago de 80.950 reales.
El siglo XVIII supondrá un cambio considerable ya que el municipio se unifica geográficamente y el centro vital de la vida andoaindarra pasa desde las faldas del monte Buruntza al lugar que hoy en día ocupan la iglesia parroquial y el ayuntamiento.
Ya en pleno siglo XIX Andoain quedará vinculado a uno de los nervios impulsores de la economía guipuzcoana al surgir, además de nuevas industrias, el tren Irún-Madrid, línea inaugurada en 1864.
A partir de mediados del siglo pasado comienza a registrarse una fuerte evolución de la población. Este importante crecimiento está directamente relacionado con la instalación de la Algodonera que crea nuevos puestos de trabajo y provoca la llegada de trabajadores de otras poblaciones vecinas. Esta marcha ascendente se detiene en los primeros diez años del siglo por la tendencia de la época de emigrar a América.

Villabona

Villabona aparece como tal en las Juntas Generales de Guipúzcoa de 1398 y se puede afirmar que empezó a constituirse en el agrupamiento de vecinos de Amasa bajados para dedicarse al comercio, la industria casera, servicio de viandantes, etc., justamente en la Calzada que unía Castilla con Francia a través de Segura, Tolosa, Hernani. Otra razón para el asentamiento de aquellas gentes en lo que sería Villabona, fue la creación de un lugar de reposo para los peregrinos que recorrían el camino de Santiago. En 1480 Villabona deja de ser un barrio de Amasa y tiene su propio Alcalde con jurisdicion civil y criminal, aunque continúa estando mucho menos poblado que Amasa. Esta situación crea graves desavenencias y conflictos entre ambos concejos, que tras largos años deciden en 1619/20 crear una única villa.

Anoeta

Anoeta se encuentra en las cercanías de Tolosa. Está separada del municipio de lrura por el río Oria. La localidad carece de un núcleo destacado de población ya que sus viviendas se hallan dispersas. Siendo independiente decidió, en 1374, unirse a Tolosa, para posteriormente adquirir el título de Villa en 1615.
Destaca en la localidad la Casa-Torre de Arteaga, grandioso caserón con escudo de armas. Se trata de un lugar que ha sido muy valorado por la nobleza como lugar de descanso, la Reina María Cristina y la infanta Eulalia pasaron una temporada de descanso en esta casa.
En las proximidades de la localidad encontramos la cruz de piedra labrada donde, según la tradicción, se llevaba a los niños para aprender a andar.

Tolosa

La primera aparición de la Villa en la Historia es en un documento fechado en el año 1.025, con motivo de la donación del Monasterio de San Salvador de Olazábal (Altzo), en él aparecen los topónimos que en el futuro le serán propios a la villa.
Durante el reinado del monarca leonés Alfonso XI (1.185-1.230), la población ya contaba con sus propios Fueros, Usos y Costumbres. Años más tarde, Alfonso X El Sabio, en 1.254, le otorgó el preciado título de Villa, a la vez que dispuso su fortificación, desviando, incluso, el curso del río Oria para convertir a la población en una especie de isla que garantizase su protección.
Este mismo monarca, especialmente interesado en el avance demográfico de la zona, les concedió numerosos privilegios y eximentes tributarios. Bastante antes del año 1.256 la Villa poseía considerable importancia; en el año 1.200, en su Iglesia de Santiago, se reunieron los Procuradores provinciales para tratar el tema de la incorporación de Gipuzkoa a la Corona Castellana.
Entre 1.374 y 1.392 reúne en régimen de vecindad 25 pueblos de los alrededores; esta situación duraría hasta el siglo XVII, momento en que comienzan a desgajarse para configurarse como municipios independientes.
El siglo XV fue especialmente significativo para Tolosa, ya que el monarca Juan II ordenó que todo el comercio realizado entre Nafarroa y los puertos guipuzcoanos pasara por esta villa.