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Santiago no es el final del Camino, es el principio, como acredita Paulo Coelho

01 junio 2017 / Mundicamino

Como sostiene Xesús Palmou, director de la Academia Xacobea, el Camino de Santiago, declarado primer itinerario cultural europeo por el Consejo de Europa en 1987 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, refuerza su importancia simbólica en la construcción política de la UE.

Johann Wolfgang von Goethe escribió que «Europa se hizo peregrinando la Compostela». El Camino de Santiago, que es tradición desde la Alta Edad Media, ha ejercido un papel integrador de personas, bienes, arte y literatura. Esta filosofía marcó también la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, primer paso hacia la construcción de la Unión Europea, alforxa valeira que fue llenándose a medida que se avanzó hacia una unión países más amplia. De hecho, como sostiene Xesús Palmou, director de la Academia Xacobea, el Camino de Santiago, declarado primer itinerario cultural europeo por el Consejo de Europa en 1987 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, refuerza su importancia simbólica en la construcción política de la Unión Europea.

En ese proceso histórico se eliminaron los principales obstáculos, se abrieron las fronteras, se trató de conquistar la unidad, se creó la moneda única, siguiendo e imitando a un árbol fuerte, con hondas raíces, capaz de tener la flexibilidad precisa para moverse sin romper, incluso con temporales. Se buscaba, en definitiva, que la UE, al igual que Santiago, fuera capaz de reunir sobre un mismo territorio a personas de distintas nacionalidades, ideologías y creencias.

Compostela es una ciudad de joyas arquitectónicas, coronada con una universidad moderna y nueva a pesar de sus más de 500 años, en la que se están formando los actores del futuro. Como riveirense de nacimiento, pero compostelana de adopción, tuve siempre en Santiago una esquina de acogida y cariño.

Santiago es, para Otero Pedrayo, el corazón del eje diamantino de Europa, el legado del misterio de Prisciliano y del impulso a peregrinar hacia Occidente. Bajo su manto de estrellas es la esencia de un rincón de Galicia que, sin mar está llena de puertos a los que mirar.

Santiago no es el final del Camino, es el principio, como ha acreditado Paulo Coelho, de suerte que está todo abierto para que el futuro sea nuestro, de los gallegos, porque es el único que aún está por escribir.