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Pacita pone casa a los peregrinos en Salas

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16 marzo 2010 / lne.es

Una vecina del concejo cede un local de su propiedad para convertirlo en el nuevo albergue y ocuparse de los caminantes.



La responsable de que los peregrinos del Camino de Santiago tengan a su paso por Salas un nuevo y confortable albergue donde descansar tiene nombre y apellidos. Pacita Martínez decidió hace unos meses ceder un local de su propiedad que no utilizaba para que el Ayuntamiento lo acondicionase y los caminantes tuviesen «un lugar digno en el que quedarse a su paso por la villa salense». El proyecto se convirtió en una realidad el jueves con la inauguración de unas instalaciones que ya han recibido las primeras visitas.

Pacita Martínez, muy conocida en Salas por regentar una casa de comidas durante 25 años, es ahora la hospitalera del albergue de peregrinos de Salas, ubicado en la plaza de la Veiga del Rey. La mujer se deshace en atenciones con los peregrinos por los que siempre ha sentido debilidad. «El jueves llegaron unos jóvenes de Canarias y como están acostumbrados al calor se quejaron de que hacía frío. Entonces fui a mi casa a por mantas y un radiador. También les hice un chocolate caliente casero y bizcochos, me llevé un gran chasco porque cuando volví al albergue no me los encontré allí, debían de haber salido a dar una vuelta», explica esta vecina de La Peña.

La relación de Pacita con el Camino de Santiago viene de lejos, porque aunque nunca haya tenido tiempo para hacer la ruta, siempre ha ofrecido un buen plato de comida caliente a los peregrinos en su establecimiento para reponer fuerzas. «Son todos muy agradecidos y tienen buen apetito, siempre me felicitaban tras la comida o cena. Uno de ellos me comentó una vez que otro caminante le había dicho que no podía hacer el Camino sin parar en Casa Pacita», comenta orgullosa.

La mujer recuerda también que su marido «tuvo que llevar a más de uno en su coche al albergue que había entonces en Godán porque ya no podían más de cansancio». Ahora, tendrá la oportunidad de seguir cuidando de ellos.

El nuevo albergue de 16 plazas cuenta con dos habitaciones, sala de estar, cocina comedor, dos aseos y tres duchas y sustituye al antiguo albergue de la villa. «Todo el mundo decía que era muy deprimente, allí estuvieron los calabozos y Salas se merecía algo mejor, así que fui a ver al Alcalde el verano pasado para contarle mi propuesta y aceptó rápidamente.

El Ayuntamiento asumió los gastos de acondicionamiento. Pacita insiste: «Era una pena tener este espacio cerrado muerto de risa, ahora creo que presta un servicio importante».

La hospitalera de Salas recorre las instalaciones del albergue y no oculta su satisfacción. Su local tiene ahora las puertas abiertas de par en par los 365 días del año