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El Camino de Thomas Fouillat, pasos en homenaje a la historia de su vida

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14 marzo 2016 / ileon.com

El peregrino francés, que fue concebido en el Camino de Santiago y alumbrado en la ciudad gallega del mismo nombre hace casi 28 años, retoma la misma ruta que realizó en el vientre materno para descubrir su verdad, su filosofía. Con una manera sencilla y natural de entender el mundo, Thomas avanza en compañía de Olivier, Ulk y Calimero.



Te habla de su verdad, de su manera sencilla de entender el mundo, y el entusiasmo de sus ojos al compartir sus creencias te hacen partícipe de sus metas, de sus sueños. Thomas logra que tu también te vuelvas 'un hijo del Camino', como él, como le bautiza todo el mundo a su paso, y bien merecedor de este título. "Si alguien quiere caminar conmigo, ¡que venga!", invita el peregrino francés, que comparte sus pasos con Olivier -diseñador gráfico que inició su peregrinaje en París-, Calimero -un burro joven que abre la comitiva-, y su inseparable Ulk -un Dogo Canario de tremenda envergadura, sólo superada por el carácter tranquilo y sosegado de un can de 12 años y medio.



Un destino que parecía escrito, y que comenzó a forjarse mucho antes de que fuese consciente, iluminó el corazón de Thomas Fouillat, que aunque durante muchos años negó la magia de una historia que iniciaron sus padres -Yves Fouillat y Nadège Dussart-, a los 18 años sintió una "llamada espiritual" que le hizo replantearse no sólo su presente, sino la necesidad de sentirse completamente realizado, feliz; una reflexión en la que, contradictoriamente para algunos, cuanto más dejaba más plena encontraba su vida. "Trabajaba, tenía un sueldo bastante bueno, y todo en mi vida era correcto. Por fuera era un chico que transmitía alegría, pero por dentro necesitaba algo más. Debía tomar una dirección, para completarme, y pensé, ¿Por qué no Santiago -Santiago de Compostela-? El lugar dónde se pone el sol"... y el lugar dónde el nació, un 3 de julio de hace algo más de 27 años, después de que sus padres se conocieran ya caminando, le concibieran en Bargota -Navarra- y siguieran disfrutando de una vida nómada algunos años más.



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Sin obligación, un camino con la necesidad espiritual de encontrar respuestas



Y así, contagiando buen humor y una experiencia cada vez más labrada, Thomas comparte episodios vividos, anécdotas, y hace preguntas, para conocer más y más de las personas de las que se va rodeando en este Camino vital, que comenzó en 2010 partiendo de Los Alpes. Peregrina sin prisa y la meditación compone una parte importante de su rutina, que suele saldarse con "unos 20 kilómetros diarios", aunque, como en el caso de León, si se siente a gusto en el lugar, puede alargar su estancia sin pensar en el agobio de tener que llegar al próximo punto. "Tomo mi camino sin obligación".



En 2010, Thomas se echó a la carretera con un objetivo primordial: 'rescatar la esencia de la humanidad', la verdadera historia de las personas, dejando de lado todo aquello que tiene que ver con el capitalismo y animando a quien le quiera escuchar a que siga su camino, el personal de cada uno, "porque no existe nada que te lo impida".



Unos seis meses más tarde, en los alrededores de Toulouse, Thomas detuvo su ruta durante tres años para compartir el amor de una mujer. En 2014 retomó su peregrinaje, pero a los pocos días, su amigo Ulk apenas podía caminar. Decidió entonces volver de nuevo a casa, a esperar la inevitable despedida de su perro, al que veía incapaz de continuar por su propio pie, y que incluso llegó a cargar a sus espaldas durante varios kilómetros. "Tres días después de estar esperando a que mi perro muriera me pregunté, ¿pero qué estoy haciendo?", y fue entonces cuando Calimero entró a formar parte del grupo, como conductor indispensable del carrito que transporta a Ulk. "Si mi burro se pone malo y no puede caminar me compraré un elefante", bromea el chico más fotografiado durante los últimos días en la capital leonesa. De esta forma, con el mejor equipo -humano y animal- posible, Thomas va saciando su hambre de saber más, muchas veces sin probar bocado, pero con la sabiduría del paso del tiempo, y con el cariño que la gente le va regalando tras su visita. Su ilusión es crear una 'casa de la filosofía' en el norte de Toulouse junto a su novia, pensada para peregrinos con poco poder adquisitivo, pero de espíritu puro. Y como todo lo que se propone, si Thomas lo desea lo logrará: "El mundo no es un negocio, se basa en el empeño que uno ofrece para que las cosas salgan bien".