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De Roma a Roma sin un euro

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24 marzo 2016 / diariodeburgos.es

Más de 10.000 kilómetros lleva recorridos a pie desde 2013 el peregrino valenciano Alberto Castelló que ahora se ha propuesto ir de Roma a Roma pasando por Santiago de Compostela. El levantino ha recalado esta semana en Briviesca y ha contado a DB su experiencia en el camino. Viaja sin un euro en el bolsillo y porta una credencial jacobea que mide siete metros. El hospitalero de la capital burebana no había visto nunca cosa igual.



Castelló ha realizado cuatro veces el Camino de Santiago, en sus distintas vertientes pero ahora, viene desde Italia. Comenzó una marcha por la paz el 1 de septiembre en la localidad de San Francisco de Asís. Después continuó hasta Valfabbrica y luego hasta Gubbio. Desde allí retornó a Roma y puso rumbo a Francia y España con el fin de acabar regresando al Vaticano. Cruzó Italia, Suiza y Francia. Llegó hasta Calé y fue bajando hasta los Pirineos. Entró por San Sebastián. Por el camino, ha pedido trabajo y ha dejado algunos amigos. Viaja sin dinero. Duerme en albergues, en casas y algunas veces en la calle.



Come lo que dan. Se considera un peregrino «privilegiado» porque le ayuda la gente, las familias que va encontrando. En Italia y Francia le han acogido más amigablemente que en España. «Por los lugares que yo he pasado, no hay un exceso de peregrinos y te reciben muy bien», apunta. Varios medios de comunicación italianos se han hecho eco de su gesta como el Ischiablog que ha titulado la aventura del español así: Il cammino di Alberto.



El valenciano no lleva teléfono ni está pendiente de internet. Él anda y anda y así lleva desde que perdió su negocio y su vida conyugal. Alberto se dedicaba a la doma natural de caballos en el centro de equitación de su propiedad que poseía en Bocairent, una localidad valenciana de poco más de 4.000 habitantes. Era como todos los demás: tenía coche, casa, esposa… pero cuando todo saltó por los aires decidió no mirar atrás y echarse a andar. «Caminando me he dado cuenta de que ahora que no tengo nada, tengo mucho», apunta. En este momento, el mañana no le preocupa.



Durante su estancia en Briviesca, contactó con el hospitalero para poder pasar una noche en el albergue del Ferial y también con el párroco para pedir algo de cenar. La Policía Local también echó una mano al peregrino facilitándole el contacto con el personal de Cáritas. «Haznos una lista con lo que necesitas», le dijeron y él contestó: «no necesito más que un poco de fruta y leche; no me hace falta nada más». Alberto aprovechó su estancia para ir a misa en San Martín. El camino le ha incrementado mucho la fe, dice. Y también añade que «el camino es para rumiar la vida». Alberto afirma que en todo este tiempo no le ha pasado nada malo y ni siquiera se ha puesto enfermo. Reconoce que la concha jacobea le ha abierto muchas puertas. Entre las anécdotas curiosas que ha vivido, cuenta la de la piedra de corazón. Mientras atravesaba Italia, se tropezó con una pequeña piedra en forma de corazón y se la guardó en el bolsillo. Días después, le ayudó de forma extraordinaria una mujer que en su casa... coleccionaba piedras. «El Dalai Lama decía que nosotros, cada día, caminamos hacia lugares y personas que nos esperan desde siempre», concluye.