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Logroño, un alto en el Camino

30 mayo 2013 / Mundicamino

El fielato ha registrado este año la cifra récord de 350 peregrinos en una mañana.

A estas alturas nadie cuestiona que el Camino de Santiago sea una moda y prueba de ello son los cientos de personas que siguen llegando a Logroño desde todas las partes del mundo. Entran discretamente por el Puente de Piedra y se despiden enfilando el camino de La Grajera, convertido estos días en un reguero de caminantes como en los mejores años medievales.

Es un ritual que forma parte ya de la cotidianidad de la ciudad sin distinción del momento del año. Y es que no fallan. Siempre hay peregrinos, ni el rigor del invierno los disuade. Sin atender a consignas del comercio turístico, desde cualquier punto del planeta se ponen en ruta en Roncesvalles y en un momento dado se presentan en la capital riojana, para coincidir como si estuvieran citados en el fielato del puente de Piedra, junto al Ebro, donde reciben la bienvenida.

En este punto de información, que gestiona la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, el libro de registros echa estos días humo: en una mañana han llegado a pasar por la estrecha oficina hasta 350 caminantes, todo un récord que viene a corroborar las últimas estadísticas, según las cuales el número de peregrinos a Santiago de Compostela ha aumentado en los primeros meses del 2013 el 42,26% respecto al mismo periodo del año pasado. De hecho, el 2013 ha arrancado con más participantes que en el último Xacobeo.

«Nosotros contabilizamos las personas que han entrado a pedir información, pero hay otras muchas que pasan de largo. así que serán más», calcula Carmen, la hospitalera de los lunes. Como corrobora, en este punto se habla francés, inglés, danés y desde hace un tiempo también coreano, pero cada vez menos español. «Siempre suele haber más extranjeros que españoles, pero este año el número ha bajado más». «Tiene que ser la crisis. -razona- no todo el mundo puede pagar los 40 euros de media para gastos de albergue, comida.. Porque, hay que ser sinceros, esto barato no es». En todo caso, si se hace otra lectura, el Camino es rentable y enriquece, «pero por dentro», como trata de explicar esta veterana peregrina con argumentos repetidos, pero que siguen dando sentido a esta Ruta a la luz de todas las personas que la transitan. «Descubres la solidaridad, te sientes útil ayudando, conoces gente. El Camino no lo acabamos de descubrir nunca y lleva siglos… Al principio, es el interés turístico, pero luego surgen otras motivaciones».

En su caso, no ha repetido la experiencia porque es dura, pero no ha querido desvincularse del todo y por ello se apuntó como voluntaria para atender a los peregrinos. «Lo que siento es no saber idiomas para hablar con ellos. Hay una chica francesa y ella es la que se entiende con todos en inglés y francés», afirma. Pero ella compensa la falta de lenguas con su simpatía y buena disposición para echar una mano en lo que sea: llamar a un taxi, indicar dónde ir para curarse las ampollas («tendría que haber un servicio de socorro en el Hospital Provincial»), explicar dónde está la calle Laurel («todos preguntan lo mismo»), el albergue, lo que surja…

Ver pasar a todos los peregrinos desde esta pequeña guarida es a veces puro entretenimiento («una vez vi a uno que hacía el Camino con el carro de la compra»), pero también puro ejemplo de superación como el caso de un hombre que caminaba con una bombona de oxígeno a sus espaldas. Hay gente que va a Santiago y vuelve y regresa de nuevo, «locos» del Camino que prácticamente hacen la vida en él. «Mi marido le dijo el otro día a una coreana que se equivocaba, que la flecha amarilla indicaba hacia el otro lado y le contestó que ella volvía.». Mil historias, mil anécdotas que hacen que la Ruta esté más viva que nunca.