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Los guías del Camino de Santiago

06 agosto 2017 / Mundicamino

Flora Liñares y Julio Lameiro atienden a los peregrinos que visitan las iglesias dezanas de Castro, en el municipio Dozón, y Taboada, en Silleda.

Solo hace falta hablar dos minutos con ellos para dejarse contagiar por su entusiasmo. Son los encargados de abrir las iglesias de Castro, en Dozón, y la de Taboada, en Silleda, a los peregrinos que atraviesan estas tierras siguiendo el Camino de Santiago.

Julio Lameiro Nogueiras lleva, con esta, ocho temporadas ejerciendo esta labor, sellando las credenciales de los que pasan y explicando las maravillas del templo de Taboada, una parroquia en la que se siente como en casa. Explica que «antes esta era única igrexa aberta dende Sevilla ata Santiago pola Vía da Prata».

Ahora desde hace algo más de un año -esta es la segunda temporada para ella- «teño xa unha compañeira ». Julio se refiere a Flora Liñares Doval, que hace lo mismo que él pero en la iglesia de O Castro, en Dozón. Ambos fueron elegidos por los respectivos párrocos. Las iglesias se abren a peregrinos y visitantes en aras de un convenio firmado por el Obispado de Lugo con la Xunta, concretamente con la Dirección Xeral de Turismo.

Y los dos están bajo la supervisión de Francisco Moreiras, el sacerdote a cargo del secretariado de Santuarios y Peregrinaciones de la Diócesis de Lugo, a quien le trasladan puntualmente los datos de visitantes y su procedencia. Son quince las iglesias que se abren, estas dos en la zona. Julio y Flora coinciden en que este año el número de peregrinos aumentó. Su trabajo se prolonga desde el 15 de marzo al 15 de octubre. Los dos descansan los martes. Julio atiende la iglesia de Taboada de 8.30 a 15.00 horas y Flora de 15.00 a 21.40 horas. Flora Liñares explica que «ata maio ou xuño hai máis camiñantes estranxeiros, de Canadá, Francia, Italia, Estados Unidos -tivemos unhos de Texas-, de Irlanda, Noruega, Arxentina, algún xaponés, moitísima xente». Algo con lo que coincide Julio Lameiro, que suma a la lista otros países como México, Nueva Zelanda, Corea, Polonia o Rusia. Los meses de verano, en cambio, se incrementa el número de peregrinos españoles y llegan más familias, grupos de colegios o de asociaciones cristianas. Julio Liñares, que recibe tanto a los peregrinos de la Vía da Prata como los que llegaron por el Camiño de Inverno, comenta el paso de grupos grandes con uno de Badajoz, formado por 72 personas, entre las que iba el párroco. Explica que «moitos grupos que veñen cun sacerdote como este aproveitan para facer unha misa». Por Dozón el peregrino más joven que pisó la iglesia de San Salvador de la O este año fue un pequeño de nueve meses que viaja con sus padres, una pareja francesa que empezó el camino en Sevilla en bicicleta.

Cuenta que «levaban o neno metido nunha especie de tenda de campaña, e ía tan ricamente». Comenta que muchos de los que llegan «cren que a igrexa é románica, pero é neoclásica». En el techo, nos señala la inscripción en piedra del año de construcción: 1803. Las pinturas de este coqueto y acogedor templo son de principios del siglo XX. Son curiosas las líneas de los arcos y los motivos y llaman la atención unos ángeles. Explica que «houbo un señor que era profesor e que vivíu aquí un tempo e foi o que pintou os anxos».

Tanto Julio como Flora coinciden sin saberlo en sus respuestas. Ambos destacan lo gratificante de su labor. Un trabajo con alma que se empapa día a día de las vivencias de los que hacen el Camino. A casi todos, sean viajeros o peregrinos, les sorprende descubrir una iglesia abierta. Una vez dentro, hay los que miran y salen sin abrir la boca y los que abren su corazón. Julio Lameiro apunta que «compartes as vivencias, as penas e as alegrías e os cabreos que tamén che contan. Hai xente que lle caen as bagoas, lle acercas un paquete de pañuelos e é a persoa máis agradecida, este traballo é puro sentemento».

Muchos dejan constancia de su paso en el libro de visitas. En sus páginas, que agolpan mensajes en todos los idiomas, como «jinense con mochila. Ochios, ¡Viva Andalucía!, o quien da las gracias por ayudarle a cumplir unas promesas». Explica que «hai repetidores que fan o camiño por andar e quen incluso pasa en coche e para a saludar».

Describe la iglesia románica de Taboada como «moi acollida». Con una planta de unos diez metros de largo por algo más de cinco metros de ancho guarda muchas curiosidades que Julio seguro que desgrana a todo visitante interesado, explicando que «moita xente que entra dí que lle pon a pel de galiña polo cuca que é». Su magnífico retablo, que cumple 300 años, fue objeto de un estudio realizado por José Carro Otero y se evalúa su restauración.

Es de arte barroco popular coronado por una curiosa interpretación de la batalla de Clavijo. Dedicada a Santiago, a los peregrinos les llama la atención también, la figura de los pastores y la Virgen de Fátima. Julio y Flora destacan lo gratificante de un trabajo con corazón que engancha con tantas historias como razones tienen los peregrinos para hacer el Camino.